sábado, 19 de octubre de 2013


 Es mala en general la poesía en español, sostiene Cardenal

Hay poetas a los que les gusta que la obra no se entienda; ha sido una especie de plaga.




ERICKA MONTAÑO GARFIAS



La poesía debe acercarse a la gente, que se entienda, porque de lo contrario no comunica nada, hoy la poesía en lengua hispana es mala en general, afirma el poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, invitado al Hay Festival para charlar acerca de Nicaragua como país de creadores.
Escribir poesía que el lector no entiende ha sido una especie de plaga, dijo el sacerdote durante una conferencia de prensa. Los poetas ya no hablan de lugares, por ejemplo, escriben lo que Cardenal llama “poesía del Hotel Hilton, que son lugares exactamente iguales en El Cairo o Jerusalén. Son lo mismo. Ahora no mencionan sitios geográficos, o un nombre propio; no mencionan un Zapata o un Juárez, las pirámides o la cocina mexicana, que son cosas que sí se encuentran en el muralismo de Diego Rivera, pero no en la lírica. Eso hace que la poesía sea poco leída, o si la leen, no la entienden. Hay poetas a los que les gusta que la poesía no se entienda.
“Yo lo he dicho francamente ofendiendo a otros países, por ejemplo cuando me preguntan qué me parece la poesía española. Mala les digo, y se espantan, Pero no hay nada nuevo ni nada propio.


Todo cabe

Hay que transformar la poesía, acercarla al pueblo; lo primero, que se entienda, y después escribir sobre temas que interesen, no sólo la aventura que uno tuvo en un burdel; todo puede informar. El gran poeta estadunidense Ezra Pound decía que en la poesía cabe todo, como en la prosa. Se puede poner lo que pasa en la calle, secretos de los bancos que tanto nos afectan, la guerra, la política nacional o internacional; todo eso cabe en la poesía; el amor también, los amores secretos caben. La poesía entonces se leería tanto como se lee la prosa. La decadencia de la poesía se debe a que se restringió y no escribe de todo.
Una de las cosas que más le preocupan, añade, es “la independencia. Estamos en la lucha de la segunda independencia, ya tuvimos la primera, que fue de la corona española, ahora nos estamos independizando de la corona del imperialismo de Estados Unidos. Hay unos que lo han logrado, otros que están en vías de conseguirlo.
México ha tenido altas y bajas: la primera revolución del mundo moderno, una revolución poética y épica y lo que produjo en arte, en cultura, los murales, producto de la revolución... también la comida mexicana, que fue promovida por Vasconcelos, esa también es una revolución, mal vista, porque era la comida de los pobres. La gran comida mexicana fue promovida por un ministro de educación de la Revolución Mexicana, que fue el que promovió los grandes murales.
Dice que él no es un ícono de la revolución ni de la poesía, pese a los premios y reconocimientos que ha recibido a lo largo de su carrera. Soy un poeta de la revolución porque escribo sobre la revolución. No he tocado armas, no he peleado, no propiamente por cobarde, sino porque cuando fue la revolución armada en Nicaragua ya no tenía edad para participar: los guerrilleros decidieron que uno no tuviera más de 25 años, y yo tenía bastantes más.
Tal vez sea un ícono de la poesía, pero para quienes les gusta mi poesía.
Entre la revolución y la poesía puede o no haber una relación. Hay poetas que nunca han tocado la revolución en su poesía; los hay en México, evidentes, Octavio Paz, por ejemplo, ese no tocaba la revolución, era enemigo de la revolución, era antirrevolucionario.
Poesía, revolución y amor, para este sacerdote poeta, deberían ser lo mismo. “La poesía y el amor han estado unidos, probablemente desde que nacieron la poesía y el lenguaje. He descubierto que el primer lenguaje de la humanidad fue la poesía, y unos científicos lo precisan más: el canto más que la poesía. La primera poesía pudo haber sido la canción de cuna o la canción de los enamorados.
Y la revolución es amor, la verdadera revolución. Hay quien piensa que revolución son los fusiles, pero es cambio, evolución y revolución. La evolución es lenta y la revolución cambia todo en un momento.
Le preguntan su opinión sobre el papa Francisco: Está revolucionando El Vaticano, cosa que parecía inmovible. Revolucionar El Vaticano es revolucionar Roma y la Iglesia católica, y en cierto sentido el mundo. Eso está haciendo ese papa humilde, simplemente con actos sencillos, hasta lógicos podemos decir.




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