viernes, 11 de octubre de 2013

Un revolucionario



Enero 2010 (*)
El 4 de octubre pasado dejó de existir don Bonifacio Fernández. El hecho pasó desapercibido aunque merece ser rescatado por tratarse del último combatiente del Combate de Paso Morlán, contra la dictadura de Gabriel Terra, en 1935.





Aldo Roque Difilippo


El 28 de enero de 1935 un grupo de revolucionarios enfrentó a las tropas  de la dictadura de Gabriel Terra en el Paso Morlán (Colonia). De esa acción armada participaron varios sorianenses.  El único hecho de armas protagonizado en el oeste de nuestro país. Participaron de él un grupo de ciudadanos de Soriano, Colonia, San José, Montevideo, entre otros lugares, provenientes del Movimiento Blanco Radical,  batllistas, o sin una filiación política definida, pero envalentonados en su  rechazo al gobierno de facto encabezado por el Dr. Gabriel Terra.
Entre ellos estaba Bonifacio Fernández, quien recientemente, el  4 de octubre pasado dejó de existir a los 97 años. El último revolucionario que quedaba de esa gesta.

De a caballo

Enero 2010 (*)
Bonifacio Fernández en 1935 tenía 19 años. En 2010 la Intendencia de Colonia y la Junta Departamental de Soriano rindieron homenaje a los  revolucionarios de 1935, en el mismo lugar de los hechos. Allí se erigió una pirámide recordando el punto exacto donde ocurrió el combate. Un acto en el que participó don Bonifacio Fernández, por ese entonces el único sobreviviente de aquel hecho.

En esa oportunidad lo entrevistamos. Don Bonifacio rememoró aquellos  acontecimientos en un relato escueto y pausado. “Salimos con tres hermanos míos y otro  compañero de Carmelo, a caballo” comenzó diciendo. “Éramos muchachos todos. Dijimos vamos, y vamos”. Cuando llegaron “ya se estaba armando la gente” y se desató el tiroteo. “Vi al finau Saavedra” que se había subido a  un árbol. “Me decía de acá  se ve bien” el movimiento de las tropas del gobierno. “No te subas hermano, le grité, y justo lo limpiaron. ¡Pobre Saavedra!”.   Don Bonifacio no recordaba cuánta gente se  había reunido. “Se que vinimos y nos fuimos como pudimos. No era poco. Nosotros nos marchamos en seguida”.


La investigación

Para ilustrar la situación conviene repasar algunos pasajes del libro de Roberto Sari Torres (“Combate

Un grupo de revolucionarios que
participaron en el encuentro,
reunidos sobre
el campo de la acción

de Paso Morlán, urdimbre histórica de la épica gesta”, 2010) donde recoge su investigación realizada durante muchos años en torno a la participación de los sorianenses en este hecho. En el  Roberto Sari Torres realiza una minuciosa investigación recogiendo documentos y anécdotas, completando la lista de guerrilleros sorianenses que participaron del combate.
Una de las ametralladora pesada
utilizada por las fuerzas gubernistas.
La República debe al episodio y a sus victoriosos actores la recuperación de una profunda fuerza moral destruida, al parecer, por la inversión de valores a que la condena el aparente triunfo de corrientes exitistas. El encuentro del Paso Morlán demuestra que en el fondo de la conciencia pública alienta la austeridad incontaminada del culto al deber por el deber mismo, exaltado en la figura de esos tres jóvenes ciudadanos –Magariños Solsona, Saavedra y Sosa- que entregan la ofrenda de su vida al ideal superior de una patria mejor y más justa” (diario El Día, de Montevideo, enero 1937).

Informe de la batalla

Antonio Paseyro, perteneciente al Movimiento Blanco Radical, quien encabezó el movimiento revolucionario contra la dictadura de Terra  describió en un informe: “A la hora una del día 28 dispuse el traslado del armamento en mi poder a la chacra del compañero Eleodoro Saavedra en el ejido de esta ciudad (de Dolores) y ordené la concentración de parte de los compañeros avisados. Distribuido el armamento y dispuestos cuatro automóviles y un camión para la marcha, ésta se inició antes de la hora tres. (...) En total eran veintiocho soldados ciudadanos portando veinticinco fusiles de largo alcance y más de cuatro mil tiros".  El número de ciudadanos que se plegaron al levantamiento, hizo que las armas no alcanzaran para todos, sumado a la precariedad de las mismas.
 "En Cañada Nieto ocupamos la comisaría local –continúa Paseyro- desarmamos en el camino a dos policianos a los que dejamos en libertad. Requisamos también tres automóviles en esta localidad y dos más en Palo Solo".  Rechazando como calumniosas “y viles las acusaciones de que nuestra partida procedió abusivamente al decomiso de mercaderías y elementos que no fueran indispensables para nuestro mejor desempeño en las circunstancias en que nos encontrábamos. Paso enseguida pues, a transcribir copia de la lista completa de artículos, vituallas y elementos requisados cuyo original debidamente conformado, no alcanza a doscientos pesos. (…) Después de varias horas de marcha se nos incorporó el contingente de Mercedes. (...) En Paso Méndez recibimos chasque informándosenos de la nueva que el Comandante Alonso estaba en Paso Morlán. Por indicación suya fruto de su perspicacia y sus condiciones de guerrillero experto, no ocupamos el Paso mismo sino que se acampó a unos 400 metros. (...) Puede asegurarse que a esta acertada disposición se debió el auspicioso resultado del combate que pocos minutos después se entabló con la fuerte columna gubernista. (…) La guardia nuestra que sostuvo el primer choque y contuvo en su primer empuje al contingente gubernista fue una reducida fuerza de seis hombres al mando del oficial Quintana, de la gente de Alonso. Las fuerzas gubernistas atacantes se componían de una compañía del once de infantería al mando del Capitán Díaz Armesto, reforzada por treinta hombres de la policía de Rosario, varios voluntarios y dos cadetes de la Escuela militar incorporados: en total ciento cuatro hombres perfectamente armados con tres ametralladoras, además. (...) A los veinte minutos de iniciada la pelea, cae herido de consideración nuestro jefe Ovidio Alonso. Retirado de la línea, siguió mandando la guerrilla el compañero Arturo González Viera, a quien también le es atravesado el brazo por un proyectil de metralla. (...) Como a la hora y media del terrible fuego  la formación gubernista empieza a dislocarse iniciando cautelosa retirada. Hubo momentos sin embargo, antes de notarse su aflojamiento, que los infantes llegaron a aproximarse hasta setenta metros de nuestra línea. Pronto observamos que el repliegue de la línea enemiga es general concentrándose a unos mil doscientos metros, donde están apostados en camiones. Fue entonces que con González Viera y una docena de compañeros bien municionados resolvimos intensificar el fuego en un amago de ataque lateral a lo que contestó ahora el enemigo con fusilería y la ametralladora pesada con que contaba hasta entonces sin utilizar. A esta altura, los componentes de la columna gubernista se apresuraron a ocupar sus camiones saliendo los cuatro primeros en dirección a Rosario y luego, parando de golpe el fuego de la ametralladora, se retiró el último en forma visiblemente precipitada. El enemigo dejó sus muertos en el campo de la pelea y abandonados por desaparecidos como consta en el parte que elevó a la superioridad, cuatro soldados del once de infantería que quedaron cortados en los montes del Morlán. Del contingente a nuestras órdenes resultaron muertos los compañeros Raúl Magariños Solsona, delegado de ese Comité, y Alberto Saavedra. Heridos Eleodoro Saavedra y Juan José Sosa a quien un proyectil rozó en la columna vertebral. De la gente de Alonso resultaron heridos éste y N. Sosa, falleciendo el último en el Hospital de Rosario donde fue conducido por mi orden. (...) De la gente de Mercedes fueron heridos Arturo González Viera y Doroteo Maneiro. A este último le fue amputado un brazo después. El enemigo tuvo las siguientes bajas: tres muertos, dieciocho heridos y cuatro desaparecidos. Dos de sus heridos hospitalizados, fallecieron después. Sólo la resolución y el valor moral del soldado ciudadano pudo realizar el milagro de contener y doblar a una fuerza casi cuatro veces superior en número y dotada de excelente armamento y ametralladoras, al mando además, de oficiales de escuela".


Enero 2010 (*)

Rescate
 
La investigación realizada por Roberto Sari Torres, además de rescatar el nombre de los combatientes sorianenses, rearma las circunstancias y las alternativas del combate, que en muchos casos forma parte de los relatos orales que han pasado de generación en generación de las familias, tanto de Colonia como de Soriano, que cuentan con orgullo que un abuelo o un tío estuvo en dicho combate.
El pasado 4 de octubre, a los 97 años murió el Dolores el último de los combatientes de esta gesta; don Bonifacio Fernández.







(*) Las  fotos  corresponden al homenaje de la Intendencia de Colonia y la Junta Departamental de Soriano a los combatientes de Paso Morlán (gentileza de Rúben Cabrera, Periódico Centenario).
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