sábado, 30 de mayo de 2015

Oficialmente asesinado por el régimen franquista
Un documento silenciado por el franquismo se revela como prueba irrefutable de que el célebre poeta y dramaturgo español García Lorca fue asesinado, junto a otra persona desconocida, por orden directa de las propias autoridades franquistas.

Foto FUNDACION FEDERICO GARCIA LORGA
El dictador Francisco Franco dijo en plena guerra civil: “Se ha hablado mucho en el extranjero de un escritor granadino; se ha hablado mucho, porque los rojos han agitado este nombre como un señuelo de propaganda. Lo cierto es que en los momentos primeros de la revolución en Granada, ese escritor murió mezclado con los revoltosos; son los accidentes naturales de la guerra”.
Esta versión perduró durante los 40 años de dictadura, siendo esgrimida aún por la actual derecha española, ya que haber asesinado a tan reconocido poeta, que ni siquiera militaba ni integraba milicia alguna, supone y supuso siempre un tremendo peso histórico que delata la naturaleza genocida del golpe de Estado de 1936.
El último resquicio de hermetismo respecto de este tema ha sido eliminado por un documento que redactó la Jefatura Superior de Policía de Granada el 9 de julio de 1965 en respuesta a la petición que en ese año realizó a las autoridades franquistas la ya difunta amiga del poeta Macelle Auclair (Montluçon 1899-París 1983), que preparaba su biografía. Esta periodista francesa, sin saberlo –ya que el régimen nunca le contestó–, dejó abierta una puerta que hoy sirve para desenmascarar definitivamente el asunto, ya que hizo a los funcionarios del fascismo hacer memoria sobre un tema que prefirieron volver a olvidar.
El documento en cuestión reconoce que Federico García Lorca “fue sacado del gobierno civil por fuerzas dependientes del mismo y conducido en un coche al término de Víznar (Granada), y en las inmediaciones del lugar conocido como Fuente Grande, en unión de otro detenido cuyas circunstancias personales se desconocen, fue pasado por las armas después de haber confesado, (…) siendo enterrado en aquel paraje, muy a flor de tierra, en un barranco situado a unos dos quilómetros a la derecha de dicha Fuente Grande, en un lugar que se hace muy difícil de localizar”.
Entre las causas de su detención que se especifican en el documento figura que “estaba conceptuado como socialista” debido a sus diferentes declaraciones, así como por su vinculación con diferentes personalidades de la izquierda española del momento. También se indica que “estaba tildado de prácticas de homosexualismo” calificadas como “aberración que llegó a ser vox pópuli”. Y por último, es acusado de masón “perteneciente a la logia Alhambra, en la que adoptó el nombre simbólico de Homero, desconociéndose el grado que alcanzó en la misma”.
El documento en cuestión corrobora aspectos del crimen que ya se sabían, pero a la vez siembra nuevas incertidumbres. Como el hecho de que únicamente se haga referencia a un solo acompañante –cuya identidad no se aclara en su condena–, y no a tres como se pensaba anteriormente.1 También es objeto de múltiples especulaciones la vaga referencia que se hace a su supuesta confesión, de la que por desgracia nos podemos imaginar las circunstancias. Según el historiador irlandés Ian Gibson, Lorca fue acusado de espiar para la Unión Soviética, comunicándose con Moscú a través de una radio que los franquistas nunca encontraron. En el documento sin embargo no se referencia cuestión alguna relacionada con esto.
Con respecto a su detención, en el documento se habla de dos registros efectuados en su domicilio tras los que, presa del miedo, acudió a refugiarse en casa de su amigo el poeta derechista Luis Rosales Camacho, cuyos hermanos eran destacados falangistas y de los cuales esperaba que le sirviesen de protección. Esto no pasó, pues la tarde del 16 de agosto, según aclara el documento, se presentó en esa casa el ex diputado derechista Ramón Ruiz Alonso junto a “milicias y fuerzas de asalto que tomaron todas las bocacalles y tejados próximos” y lo llevaron al calabozo del gobierno civil de Granada.
El documento señala a su vez que sus amigos, los hermanos Rosales, acudieron junto a otros destacados falangistas a entrevistarse con el gobernador civil de la provincia pidiendo su libertad, sin éxito, aunque se fueron con la impresión de que su vida no corría peligro.
UN POETA DISPUTADO. Este tema ha vuelto a la agenda periodística española casualmente un mes y medio después de publicitarse (incluso en Uruguay) una investigación del profesor universitario español Jesús Cotta, admirador del líder falangista José Antonio Primo de Rivera. En esta obra, titulada Rosas de plomo, Cotta plantea que el poeta mantenía amistad con miembros de la Falange española, así como con el propio Primo de Rivera. Según explica este autor en varias entrevistas, no existe prueba material de la relación entre ambos pero sí testimonios de gente cercana a ellos. Con esto Cotta trata de vincular a estas dos figuras como similares almas incomprendidas que fueron asesinadas por extremistas de diferentes bandos; en sus palabras: “dos seres libres, clarividentes e inclasificables”.
Las amistades de Lorca con falangistas no eran un secreto ni una excepción en la España de los años treinta, donde era común que familias y amigos fueran atravesados por el eje ideológico. Tampoco lo era su catolicismo, o su postura apartidista en pro del amor al prójimo desideologizado. “Yo soy un español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más, yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista, abstracta. (…) El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula, pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos. Desde luego no creo en la frontera política”, dijo el poeta poco antes de su asesinato en una entrevista al periódico madrileño El Sol.
Sin embargo es muy difícil vincular sus posturas con la derecha política, y más aun con el fascismo de Primo de Rivera, por muy amigos o no que fueran. Pues Lorca con su obra devolvió la dignidad que el tradicionalismo español había arrebatado a la etnia gitana, dinamitó los roles de género inherentes a la España oscura y feudal que el franquismo restauraba y, aunque nunca llegó a presentarlo, su surrealista drama teatral El público, al que se refirió como “una obra para ser silbada”, supone la primera obra de teatro española en la que se aboga por la libertad sexual, entendida como una declaración secreta que el poeta sólo pudo mostrar a sus círculos más íntimos.
Por ello, por más que la derecha quiera verle caminando hacia los cielos de la mano de Primo de Rivera, Lorca fue asesinado por “rojo y maricón”. Aunque fuera reacio a definirse políticamente, inevitablemente su tiempo histórico le situó en un bando. Su figura y obra representan un símbolo para aquellos individuos que difieren del hombre blanco heterosexual, aspecto incompatible con la moral conservadora.
Por eso lo mataron, “en Granada, ¡en su Granada!”, como exclamó Machado, y lo siguen matando cada día como a otros 180 mil,2 sepultados por el olvido. Recordar las circunstancias de su muerte no les conviene, ya que por justicia sólo podría llevar a España a una tercera república.
1. El maestro de primaria Dióscoro García y los banderilleros anarquistas Francisco Galadí y Joaquín Arcollas.
2. Cifra aportada por el historiador hispanista británico Paul Preston, en El holocausto español.


Extraído de: http://brecha.com.uy/
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