sábado, 10 de octubre de 2015


Osvaldo Bayer: La historia oficial no trae justicia

María Alejandra Crespín Argañaraz

María Alejandra Crespín Argañaraz y Osvaldo Bayer

En este momento me gustaría hablar del Osvaldo Bayer en la niñez. ¿Cómo era? ¿Dónde fue tu infancia?

Yo nací en Santa Fe en 1927 y a los 40 días mi familia se trasladó a Tucumán. Viví desde los 40 días apenas hasta los cuatro años en Tucumán. Me acuerdo de la casa, de esas casas muy antiguas. A los cuatro años dejé Tucumán y me acuerdo de todo. El otro día lo comentábamos con mi hermano Francis que es mayor que yo. En la calle Lamadrid vivíamos nosotros. Siempre, todavía me acuerdo, por la calle esta pasaban los carros cargados de caña de azúcar. Me acuerdo también del amigo de mi hermano mayor que siempre venía a visitarnos y de doña Josefa, una criolla que venía siempre a conversar con mi madre y mi padre. A los cuatro años nos trasladamos a Bernal en la Provincia de Buenos Aires. En Bernal viví hasta los siete años y después vinimos a vivir a Belgrano en Capital Federal, en esta casa misma, en el año 1934. Ahora vivo en una parte de aquella casona que era grande y que después se subdividió.


La historia verdadera tiene que manejar la historia, interpretar la historia a través de la ética, de la defensa de la vida y nuestra historia no.

Fue una infancia con mucha curiosidad. Mi padre nos traía siempre lecturas, mi padre era entre gran lector y escritor, también escribía cosas. Empezamos ir al colegio acá con mis hermanos, yo era el menor de los tres, tres varones éramos. Íbamos al colegio de Belgrano, al colegio Casto Munita, un colegio del Estado. Y justamente la semana que viene tengo que ir a Casto Munita a hablar porque siempre me piden que vaya a hablar al colegio donde estuve hace casi 80 años. Increíble. Se ha reformado un poco, pero está en el mismo lugar que antes.

Me acuerdo de que jugábamos al fútbol a la tarde e íbamos a jugar a la parroquia de Belgrano, en la parte de afuera de la Iglesia, que había una especie de galerías hacia la calle. Esa era nuestra vida. También jugábamos acá en la calle Arcos, donde vivo actualmente, casi todo el día a la pelota porque pasaba un carro cada media hora, cada veinte minutos, así que cuando dejábamos pasar el carro seguíamos jugando a la pelota. Bueno, ahora hay que ver lo que es esta calle Arcos, un auto atrás de otro y dos líneas de ómnibus, así que no se ve ni un solo niño. Cómo se ha perdido calidad de vida para los chicos. Yo les pregunto a los vecinos: “¿Dónde están los chicos? No los veo”, y me dicen: “Están ante la pantalla” o viendo televisión o en la computadora. Cómo se ha cambiado la vida. Era otro Buenos Aires, claro, con árboles por todas las calles y muchas calles de tierra todavía. Acá, por ejemplo, la calle Blanco Encalada era de tierra y la calle Arcos también, pero apenas llegamos ya las asfaltaron.
¿Cuándo comienza su amor por los libros y por la historia?

Desde muy chico y esto se lo debo a mi padre, que nos enseñaba con claro entusiasmo, siempre nos hablaba de las novelas, de los libros de cuentos. Cuando éramos chicos nos traía primero libros de cuentos de los hermanos Grimm, de Hans Christian Andersen, de Charles Perrault, de todos ellos. Después, cuando yo tenía 10, 11 años, nos traía la revista Bompland, era una revista que salía cada 15 días con una novela completa. Pero nosotros leíamos primero Alejandro Dumas, por ejemplo Los tres mosqueteros, Veinte años después, y Emilio Salgari, todos los libros de aventura primero y después ya nos fuimos metiendo en otros textos. Nos fue trayendo libros de poesía, de Curter leímos mucho, yo fui el principal entusiasta de Curter Buter, en mi adolescencia todos sus libros, un clásico. Para mí su libro Alberta fue la mejor novela de amor y gracias a Alberta me enamoré muy joven y varias veces.


Seguimos con los recuerdos…

Después ya entré en el Colegio Nacional Manuel Belgrano, allá en Palermo, cercano al centro hasta tercer año. Después de tercer año comencé a trabajar y a rendir libres las materias, entonces ya no fui más al colegio sino que rendía libre, estudiaba solo en mi casa, siempre con mi hermano mayor que me guiaba los títulos que tenía que leer en cuanto a las diversas materias. Fui rindiendo libre y luego comencé a trabajar en una oficina de seguros de un alemán, medio loco el alemán, se la pasaba jugando a la lotería, a la quiniela, a todo lo que podía jugar, se iba a Mar del Plata, pero obsesionado por el juego. Pero me venía bien porque cuando ganaba siempre me regalaba algo de lo que ganaba, así que yo quería que siguiera jugando y que ganara. Allí empecé a trabajar en la oficina.

Mi hermano era oficial de un buque mercante y me gustaba eso también, esa aventura, y entré y aprendí como marinero timonero en los buques de carga que iban en el Paraná de Buenos Aires hasta Asunción del Paraguay, todavía más allá del norte hasta otros puertos paraguayos. Fue un tiempo realmente maravilloso, vi lo que es la naturaleza, ese Paraná increíblemente hermoso.

Me tocaba siempre la guardia nocturna de cero a 4 de la mañana y también de 12 del día a 4, ocho horas. El capitán Almiron era totalmente loco, veía bajar los fantasmas a la noche. Los otros marineros me decían: “Mira, te toca a vos la guardia y empieza a ver visiones este hombre, tené cuidado, no le lleves el apunte”. Me acuerdo en la primera noche, muy oscura, de pronto la luna se reflejaba en el río, y el capitán Almiron empezó a hablar solo y me dice: “¿No ves? Ya bajan, están bajando”, y yo no veía nada. Decía: “Están subiendo por la proa, ya suben”. Yo pensé que me iba a llevar, porque es el que daba la dirección el capitán. Pero no, me acostumbré y decía: “Sí, sí, los veo venir a los fantasmas”. Fue un tiempo muy lindo porque así conocí todos los puertos del río Paraná hasta el norte de Paraguay, esos puertos de Chaco, de Formosa, ahí conocí mucho del país.

Navegué seis meses y justo me tocó la gran huelga de marítimos en el año ‘50 porque Perón quería que los marítimos ingresaran a la CGT (Confederación Nacional del Trabajo) y ellos tenían su propia central obrera. Entonces declararon el paro general. Yo fui a la asamblea, escuché los argumentos y la mayoría votó por la huelga y yo cumplí con la huelga. Ya habíamos salido a bordo cuando empezó la huelga, se dio un plazo de 48 horas para empezar y empecé la huelga. Fui el único en los años ‘50 que hizo la huelga en el barco Madrid. Entonces el capitán llamó a prefectura en Rosario, entró una delegación de la prefectura y me hizo bajar, me hicieron desembarcar, me llevaron a prefectura detenido y de pronto entró el subprefecto de Rosario, me miró y me dijo: “Mire lo que voy a hacer con su libre de embarcación”, y la cortó en tiritas. Me dio una gran pena porque para mí la libreta de embarque era un testimonio de los puertos que habíamos tocado. Después de que rompió la libreta me dijo: “Ahora puede irse y recuerde lo que le digo: usted nunca más, ¿me entiende?, nunca más va a volver a pisar los buques de la patria”. Y tuvo razón, nunca más pude entrar a los buques de la patria. Pero lo que son las cosas, cincuenta años después, en el año 2000, el Centro de Comisarios Navales, porque yo había entrado como aprendiz comisario, pero porque no había lugar en el resido, pero fui como aprendiz timonero, pero figuraba como aprendiz comisario, es el que hace las oficinas, los papeles, las cargas y todo lo demás, me hizo un homenaje cincuenta años después porque había sido el único tripulante del barco Madrid que había cumplido con el paro. Fue todo un orgullo. Me dieron un acta, aplausos, todo muy lindo.
¿Cuándo comienza su dedicación al periodismo?

Esto va a ingresar después por lo siguiente, yo me recibí de bachillerato haciendo cuarto y quinto año libre e inmediatamente dije: “Quiero estudiar filosofía”, pero cuando iba a ingresar a filosofía me dije que antes del alma y de la mente del ser humano tenía que aprender al menos el primer año de medicina, la anatomía descriptiva e histología, que eran dos materias. Fíjese los principios que tenía en esa juventud. Entonces, ingresé a medicina muy bien, hice el primer año con todas las prácticas en Monte Grande para aprender la anatomía descriptiva que aprendíamos con los libros de Testut, un libro famoso de aquel tiempo. Aprobé las dos materias e ingresé a filosofía, pero justamente eran los años del primer peronismo y Perón había entregado en sí la Facultad de Filosofía a la Iglesia Católica y yo me di cuenta. Conocí a David Viñas y Rodolfo Walsh, que estaban allí. Éramos del mismo año, del 27. Rodolfo Walsh me decía que me había ganado porque él era de enero de 1927 y yo era de febrero de 1927; David Viñas era de julio de 1927.

Solamente vi que aprendíamos a Tomás de Aquino y David Hume. Además, como mi padre era socialista, yo seguía la línea de mi padre políticamente en el socialismo. Entonces en la Facultad de Filosofía estaba la Alianza Libertadora Nacionalista, ultra de derecha que apoyaba a Perón y dominaba los cursos ahí. Cuando se enteraron de que yo era socialista me dieron tres o cuatros palizas, tremenda la violencia que había, y decidí irme. Mientras tanto yo estaba de novio con una niña que se había ido a visitar a Alemania a sus parientes así que me vino bien. Cuando yo llegué a Hamburgo ella me estaba esperando. Esa misma noche empezamos a vivir juntos. Fue muy linda estada. Ahí empecé a estudiar filosofía. Pero digamos, ingresé en la puerta de filosofía, pero otro cambio más hice, porque me dije: antes de conocer el alma y el espíritu tengo que conocer la historia del hombre, tengo que conocer la historia, y estudié historia en la Universidad de Hamburgo. Fue una experiencia para mí porque Alemania había perdido la guerra, las ciudades todavía cuando llegué estaban totalmente destruidas, no había casi hombres porque habían muerto millones y millones de prisioneros, estaban las mujeres, las que reconstruyeron Alemania fueron las mujeres, es impresionante, las veía yo trabajar levantando las ruinas, los ladrillos mano a mano y los chicos colgándoles de las piernas. Qué calidad de trabajo, cómo trabajaron y cómo se fueron levantando las ciudades. Fue una experiencia porque esa juventud se atributaba cómo nuestros padres judíos votaron locos como Hitler, un asesino con ese sistema, además de que terminó en esas guerras, racismo y todas estas cosas.

Hice un gran aprendizaje en ese sentido político e histórico. Allí me adherí a la juventud socialista del Partido Social Demócrata, a un ala más izquierdista que era muy antiautoritaria, un ala de ese socialismo quería luchar por un socialismo antiautoritario, que todo se resolviera en asamblea y no bajo autoridades o presidentes. Ahí tomé esa línea de socialismo libertario. Mientras tanto fue mi distensión en el periodismo, porque un periodista amigo de mi hermano se enteró de que yo estaba en Alemania y de que yo escribía, porque escribía poesía, ya había escrito un libro de poesía a los 14 años. Entonces este hombre trabajaba en Revista Continente, que era una revista de notas políticas, de filosofía, de historia y notas de actualidad. Muy buena revista. Me pidió por favor que le mandara colaboraciones de Alemania y así me inicié en el periodismo. Cuando salieron las primeras notas también me empezaron a pedir notas de un diario de música que se llamaba Buenos Aires Musical, sobre música clásica que también traía todas las cosas del Teatro Colón y los conciertos. Otra revista que se llamaba Gente de Cine, sobre cine alemán principalmente que eso interesaba, así que todas las semanas y meses salían mis notas en esas revistas.

A los cinco años regresé a Buenos Aires, ya teníamos dos hijos varones con mi esposa. Acá directamente ya me arrojé hacia al grupo del secretario de redacción del diario Noticias Gráficas. El secretario me dijo: “¿Te interesa hacer periodismo?”, le digo que me interesa mucho y yo quiero hacer investigaciones históricas, pero quiero tener un estilo muy directo, muy claro, no hacer idioma cita para que los demás me digan profesor, sino traer al idioma muy periodístico diciendo la verdad histórica, pero que la entienda todo el mundo; le interesó mucho y entré en el diario Noticias Gráficas, donde estuve un año y medio. Después del año y medio me dije: creo que he conocido Buenos Aires y quiero conocer el interior del país, quiero hacer periodismo en el interior del país.

Quería hacer periodismo en la Patagonia y recibí un pedido interesante, ser secretario de nota en Esquel, una ciudad en Chubut cercana a la cordillera. Entonces me fui allí. Empecé con mucho entusiasmo, pero me di cuenta de que esa zona vivía en la edad media, la explotación, las estancias, el trato a los pueblos originarios. Comencé una defensa de todo eso, yo siempre me dije que el mecanismo tiene que servir para llevar la paz y la igualdad a la gente, y empecé a defender. Entonces al propietario del diario no le gustó nada y me dejó cesante. Para no pagarme la indemnización me acusó de doble tentativa de homicidio. Un disparate total, yo jamás manejé un arma, ni un cuchillo, para comer un bife sí uso. Me llevaron detenido, una experiencia en la comisaría increíble porque allí hay descendientes de galeses que son ingleses de Gales, un hijo de galeses llegó a ser comisario de Esquel cuando me detuvieron, me llamó a su despacho y me dijo que había cometido un gravísimo error, que iba a ser juzgado por la justicia y que me iba a mandar al calabozo mientras tanto con los chilotes presos. Además, me dice: “¿Ustedes saben que no hay calefacción? ¿Usted juega al ajedrez?”, le digo que sí, “Entonces puede jugar conmigo”. En la ciudad de Esquel nadie sabía jugar al ajedrez y se encontró con Osvaldo Bayer que sabía. Me arrepentí de haberle dicho que sí, porque jugamos toda la noche, y le gustaba el whisky a este hombre, y mientras jugaba al ajedrez le daba al whisky, en un momento tomó tanto que se cayó del sillón y el preso Osvaldo Bayer lo alzó al comisario de la Policía. Después eso me ayudó a que me dieran la libertad condicional, tenía un abogado que me defendió a muerte, finalmente no pudieron comprobar nada.

Decidí quedarme en Esquel y fundar un periódico propio que llamé La Chispa, y puse el primer periódico independiente de la Patagonia. Fueron cinco números hasta un día que vino la Gendarmería Nacional, me tocó la puerta, salí y me dijo: “La Gendarmería Nacional le da 24 horas a usted para dejar porque sus publicaciones traen inquietudes en la población”, y me mostraron una hoja firmada por el comandante de la zona que me daba 24 horas para dejar Esquel, porque si no me iban a detener. Yo lo hablé con mi mujer, ya teníamos cuatro hijos, tres varones y una nena, que les encantaba esa zona, es un lugar precioso Esquel con lagos cercanos y montañas.

Fueron casi diez meses los que estuve, conocí los pueblos originarios, los mapuches, las colonias de ellos y de cómo eran explotados también, concurría a sus fiestas. Me hice muy amigo de ellos y empecé a conocer su cultura, me sirvió mucho. Mientras tanto, Rogelio García Grupo, mi amigo, tenía en Buenos Aires una audición en Radio Belgrano, que antiguamente se hacía en cadena con cinco o seis cadenas del interior. Tenía una audición muy escuchada y todos los días comenzó a decir que yo estuve preso. “Hay un nuevo parte de la libertad de la Patagonia, Osvaldo Bayer”; hizo una gran propaganda y cuando llegué a Buenos Aires ya era popular. Tanto es así que al segundo día de llegar a Buenos Aires me encontré con un periodista de Clarín y me dijo “Osvaldo, ¿qué te pasó en la Patagonia? Hemos escuchado todos los periodistas”, y le cuento. Entonces me dice: “Mira, yo trabajo en Clarín, ¿querés venir a trabajar a Clarín?”, yo como no tenía trabajo le dije: “Bueno, cómo no”. Al día siguiente empecé a trabajar en el diario Clarín, donde estuve trabajando 12 años en la redacción.

Me siguió interesando siempre el periodismo, de cómo uno conoce, me gustaba el periodismo de calle, pedir notas. Pero ya a los pocos meses vienen a verme del Sindicato de Prensa, la organización de periodistas de aquel tiempo, que habían leído todas mis actuaciones en Esquel, que yo había defendido a los pueblos originarios, y yo tenía el nombre para ser candidato a secretario general, cargo máximo del sindicato, entonces yo digo: “No, no tengo ninguna experiencia en el mecanismo, si quieren acepto otro cargo”, y fui secretario general adjunto, como si fuera un vicesecretario. A los seis meses el secretario general pasó a ser secretario general de la federación, de la organización de toda la república, entonces yo quedé a cargo del sindicato de la Capital Federal, que era el más grande de todos, aquí están los diarios más importantes del país y demás.

Me interesó mucho el sindicalismo, la vida de los trabajadores. Era delegado ante la CGT en 1958, eran los tiempos en que ya había asumido Arturo Frondizi. Fueron años de aprendizaje de la lucha obrera, de ver lo que era la CGT, de la corrupción interna de ese nuevo sindicalismo que yo siempre lo comparaba porque había leído mucho de la historia del movimiento obrero, porque mientras tanto hacía investigaciones históricas. Lo que había sido aquel sindicalismo libertario de las primeras organizaciones de base de los anarquistas y mismo de los socialistas, y lo comparaba con esa nueva organización, donde había mucha corrupción, había también mucha gente sacrificada que daba todo su esfuerzo, pero también habían corruptos.

Una vez me llaman de Coronel Rauch, una ciudad en la Provincia de Buenos Aires, para dar una conferencia sobre historia, porque yo había empezado a publicar notas e investigaciones históricas en la revista Todo es Historia y en otras también. Me invitaron a dar una conferencia sobre el patronímico de esa ciudad.

Yo fui al Archivo General de la Nación y realmente ese hombre fue un genocida con los pueblos originarios. Es increíble lo genocida de ese tipo. Pero el primer culpable es Rivadavia, que contrata al coronel provinciano Federico Rauch para exterminar a los indios ranqueles; eso lo hizo Rivadavia en contraposición a todos los documentos fundamentales de mayo, los comunicados de Manuel Belgrano, de Juan José Castelli, y los escritos de Mariano Moreno sobre los pueblos originarios. Belgrano siempre luchó para darles los mismos derechos y él termina con la forma de esclavitud con que habían sido sometidos los pueblos originarios por los españoles. Belgrano al llegar al Paraguay hizo expediciones en 1810, Castelli lo mismo al llegar al Alto Perú, y de pronto Rivadavia apenas once o doce años después contrata a ese coronel para exterminar a los indios ranqueles. Más todavía, en la asamblea de 1813 se había dado la libertad de vientre, todo niño que nacía del vientre de un esclavo quedaba libre. En Estados Unidos en 1852 y en Brasil recién en 1874. El pensamiento de esos hombres de mayo fue traicionado por Rivadavia.

Hay que leer los documentos de Rauch cuando empieza la liquidación de los ranqueles; por ejemplo, el primer comunicado de una sola línea dice: “Hoy para ahorrar balas hemos degollado a 27 ranqueles”, y yo no lo podía creer. El segundo comunicado era más filosófico: “Los ranqueles no tienen salvación porque son anarquistas”. Era un sabio este señor, porque todavía no habían nacido los grandes teóricos del anarquismo, pero este señor ya sabía que había que liquidarlos. El tercer comunicado dice: “Los ranqueles no tienen sentido de la propiedad”, porque para los pueblos originarios todo siempre fue y es comunitario, no tienen el derecho de la propiedad porque para ellos no existe.


¿Existe o se puede hacer cierta justicia del pasado? ¿Qué son los anarquistas?

Claro que se puede hacer justicia de la historia y hay que hacerla, porque la historia oficial no trae justicia, no es la justa. La historia verdadera tiene que manejar la historia, interpretar la historia a través de la ética, de la defensa de la vida y nuestra historia no. ¿Quiénes son los grandes héroes acá? Los genocidas, como Julio Argentino Roca o Federico Rauch, que el nombre de una ciudad tiene en su gloria cuando fue realmente un asesino, lo dicen sus propios comunicados.

El peronismo positivista va a cambiar la historia, todo lo que trajo el “progreso” como decían ellos es lo bueno, lo ético. Entonces en base a eso Roca va a hacer el gran exterminio de los pueblos originarios en contraposición de los papeles de mayo, de la defensa de los hombres de mayo que hicieron en 1810 a los pueblos originarios. “Hay que exterminar a los salvajes”, dicen los bárbaros en su primer discurso.

El exterminio de los pueblos originarios comienza con Bernardino Rivadavia para quitarles las tierras, cuando este país era tan tremendamente grande que había tierra para todos, porque querían toda la tierra para ellos que venían de afuera.


¿Cómo ve hoy que vivan las comunidades indígenas en un mismo territorio junto con los que no estaban dentro de las comunidades?

Llegó la reacción de los pueblos originarios, que los llamaban “malones”, pero eran reacciones. Tenían derecho de defender sus tierras; por ejemplo, ¿qué hicieron los rioplatenses ante las invasiones inglesas de 1806 y 1807? Recurrieron a las armas y desalojaron a los ingleses de la invasión. Entonces esos pueblos originarios, que habían vivido durante siglos acá cuando llegaron los colonizadores españoles, tenían derecho a defender sus tierras, y en general, no hubo grandes guerras entre los dos, porque fueron sometidos y muy pacíficos. Hubo defensa en Mendoza, los españoles llegaban y esclavizaban a los pueblos originarios, los llevaban a trabajar para ellos con el látigo en la mano. Los pueblos originarios reaccionaron. Hay que comprender eso y ponerlos en el análisis de la historia, no poner como héroes a los que cometieron el genocidio, que mataron a miles y miles de pueblos originarios. Otra cosa que nunca se nos enseñó, Roca restableció la esclavitud que había sido terminada en la Argentina en 1813, están los comunicados oficiales. Yo invito a todos a que vayan al Archivo General de la Nación, donde están los diarios de 1879 cuando termina la Campaña del Desierto. Los archivos oficiales: “Hoy reparto de indios. A toda familia que lo requiera se le entregará un indio varón como peón, una china como sirvienta y un chinito matadero”. Se esclavizó también a los niños. Están las crónicas y los diarios cuando se repartían en las plazas públicas de Buenos Aires los indios prisioneros. Siempre yo traigo cuando voy de conferencia de la lectura una crónica tremenda del diario El Nacional, muy conservador, que describe la entrega de indios en la Plaza de Buenos Aires, y describe cómo las madres indias lloran, gritan, abrazan y defienden cuando les van a quitar a sus hijos. Entonces los cronistas se preguntan: “¿Así que los salvajes saben llorar?”.


¿Por qué le parece, Osvaldo, que nos enseñan la otra historia?

Porque fue una línea que se armó liberal progresista, liberal positivista la de Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento y Julio Argentino Roca. Por ejemplo, Sarmiento tiene cosas positivas como la educación para todos y gratuita, pero era un racista insoportable, hay que leer sus libros, y su madre tenía la mitad de sangre india, pero él trató siempre de olvidar eso. Para él el modelo era Estados Unidos de América, por eso trae las maestras norteamericanas contratadas para que nos enseñen a ser como los norteamericanos, que los norteamericanos todavía en ese tiempo tenían esclavos.

Cuando Juan Bautista Alberdi hace un análisis de lo que fue la Campaña del Desierto y dice: “Estas enormes pampas han quedado vacías”, han sido exterminados los pueblos originarios, y dice: “Ahora hay que poblar con europeos esta zona”, y Sarmiento le responde: “Sí, pero con europeos del norte”, es decir, él solamente quería que vinieran alemanes, suecos, noruegos, holandeses e ingleses, porque esas fueron las emigraciones de europeos a Estados Unidos y formaron Estados Unidos de América. Pero yo digo con sorna que Sarmiento tuvo que conformarse con italianos y españoles, porque ya esos europeos del norte viajaban a Estados Unidos. Vinieron algunas minorías, pero en general vinieron italianos y españoles, la gran inmigración europea.

Todos esos documentos de ese liberalismo positivista hay que analizarlos por la falta absoluta de ética y ese racismo tremendo de Sarmiento, que siempre habla de los indios con enorme desprecio y está en la documentación. Mismo ese hecho cuando Mitre toma prisionero a ese caudillo de la Rioja, “Chacho” Peñalosa, un verdadero héroe que defendía su provincia contra los avances de Buenos Aires. Lo toma prisionero y le pregunta al presidente Sarmiento: “¿Qué hago con el prisionero?”, y está en el decreto de la carta de Sarmiento a Roca: “Córtele la cabeza y exhíbalo en la plaza pública”.


Extraído de: www.letralia.com/




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