viernes, 2 de septiembre de 2011

El cuentito medieval

De como algunos proverbios morales no pudieron ser interpretados cabalmente por los gobernantes medievales




Ángel Juárez Masares


Como vosotros sabéis, estimados contertulios, las historias recogidas en estos breves relatos son producto del estudio de antiguos documentos, y en otros casos han llegado por la trasmisión oral de esos acontecimientos.
En esta oportunidad, este humilde escriba hurgador de mohosos pergaminos ha tenido la fortuna de dar con algunos versos de un poeta llamado Rabbi Dom Sem Tob escritos en español antiguo, y del cual no se han encontrado más datos (solamente se puede asegurar su condición morisca). De todas maneras, lo importante es la interpretación que a los mismos dieron los Señores feudales.
Solicitaré entonces a vuesas mercedes algo de tiempo para comprobar lo dicho.
            Quando el alto cae,
            El baxo se alça luego;
            Vida al humo trahe
            Quando se mata el fuego.

Interpretación palaciega:
            Cuando alto llega uno
            Que no se alce el lego
            Si no lo ahuyenta el humo
            Matémosle con fuego.

Naturalmente los Señores no se molestaron en comprobar la fidelidad de tal interpretación de los Proverbios morales del poeta, pues carecían de capacidad para indagar en ello (y además era más cómodo quedarse con esa).
Veamos un verso más:
            Fases ricos los onbres
            Con su prometimiento;
            Después fallan-se pobres
            Odres llenos de viento.

Interpretación palaciega:
            Hagánse ricos, hombres
            Sin cumplir y prometiendo:
            Denle después a los pobres
            Odres vacíos de viento.

Estas traducciones no dejaban dudas en cuanto al objetivo de los Señores feudales que por aquellas épocas regían los destinos de los pueblos. Tan clara es esta interpretación, que omitiré aclaraciones que ofenderían la inteligencia de vuesas mercedes.
La cantidad de ejemplos de este tenor es tan grande que nos quedaremos con los anteriormente explicitados. Sin embargo debemos anotar algunas situaciones curiosas que se dieron en determinadas circunstancias, y que si bien no tienen que ver con la literatura de la época, complementan la visión omnipotente de los Nobles que accedían a lugares de Poder.
Ya hemos relatado las controversias generadas en torno a la barca que al sonido de trompetas y címbalos, fue botada al gran Lago Negro para solaz y recreo de los visitantes a la pequeña y lejana comarca (¿).
Tampoco será novedoso recordar la pista de carreras de carros construida a las afueras de la aldea, y cuyo costo en maravedíes nadie pudo nunca exactamente conocer. No entraremos además en especulaciones sobre las obras en beneficio de los aldeanos que se pudieron realizar con ese oro, ni en los emolumentos asignados a gentes que no se supo qué hacían para merecerlos. Recordaremos aquí brevemente el caso del maestro de la región de las Colinas Largas convocado para gestionar el trabajo de los artistas comarcanos, quienes –pese a ello- continuaron en el mismo abandono de siempre.
Buena cosa es, respetables cofrades, reconocer que aquellas sociedades –y en especial la pequeña comarca de nuestros desvelos- no estaba exenta de culpa en sus padecimientos. La actitud permisiva que formaba parte de su idiosincrasia lo dejaba en claro. Allí nadie protestaba por nada –acaso dos o tres ignorados- mientras el resto se conformaba con las migajas que pudieran caer de la mesa de los poderosos. Siglos después, alguien acuñaría una frase que les hubiera calzado perfectamente:
“Cada pueblo tiene el gobierno que se merece”.


Moraleja:
               Ni citas de sabios pensadores, ni versos de poetas sembradores de simientes; podrán jamás despertar la conciencia de los pueblos  si la pereza los transforma en obsecuentes.
Publicar un comentario