viernes, 17 de febrero de 2012

HORACIO QUIROGA:
EL GENIO, EL HOMBRE



Hace 75 años moría uno de los más grandes cuentistas que ha dado el Río de la Plata: Horacio Quiroga. En su Decálogo del perfecto cuentista escribió:  “Cree en un maestro: Poe, Maupasant, Kipling, Chejov, como en dios mismo”…
Parafraseándolo nosotros incorporamos su nombre a esa lista.
Horacio Quiroga nace en Salto el 31 de diciembre de 1878 y muere en Buenos Aires el 18 de febrero de 1937.
Hombre de personalidad contradictoria y propenso a la soledad, tiene como escritor la iniciación literaria propia de la época: decadentismo, influencia de Rubén Darío, y pasión por la aventura. En 1886 integra la comunidad “Los Tres Mosqueteros” junto a Julio Jaureche, Alberto Brignole y José Hasda. La actividad fundamental sería la lectura de “los rebeldes, los raros, y los malditos”, entre los que se encontraría la figura de Edgar Allan Poe, cuya obra tendría en el futuro una influencia determinante sobre Quiroga.
En 1900 viaja a París. Cuando regresa a Uruguay funda el “Consistorio del Gay Saber”. En 1901 publica Los Arrecifes de Coral, volumen compuesto por dieciocho poemas, cuatro cuentos, y unas treinta páginas de prosa lírica. Ese mismo año la fatalidad coloca en su mano el arma con que pierde la vida su amigo Ferrando; a causa del desgraciado accidente se disuelve el Consistorio y Quiroga se traslada a Buenos Aires. En 1904 publica, “El crimen del otro”, volumen de cuentos que fuera elogiado por José Enrique Rodó, y a partir de 1905 colabora con la Revista “Caras y Caretas”, donde –entre otros relatos- publica “El almohadón de plumas”.
En 1903, gracias su amigo Lugones había conocido Misiones, donde mas tarde comprará tierras y finalmente se instalará, inaugurando a partir de 1908 una nueva etapa de su producción que se prolongará hasta 1915, año en que se suicida su esposa y se ve obligado a volver a Buenos Aires con sus dos hijos pequeños.
Casi simultáneamente, M. Gálvez le propone la publicación de “Cuentos de amor de locura y de muerte”, volumen que reúne un conjunto de cuentos ya publicados en diarios y revistas; en ellos Quiroga alcanza la perfección narrativa, exponiendo la combinación de la última etapa modernista con la influencia de Allan Poe.
1933 será el año de su regreso a la selva misionera. Casado por segunda vez, no consigue que su esposa se adapte a la vida agreste, y finalmente ella lo abandona volviendo a Buenos Aires con su hija. Quiroga confiesa su soledad y hastío a Ezequiel Martínez Estrada, al que en una carta de 1936 relata: “solo como un gato estoy”.
Finalmente en 1937 es internado en el Hospital de Clínicas de Buenos Aires  donde le diagnostican cáncer. En la madrugada del 19 de febrero del mismo año, es encontrado muerto junto a un vaso con restos de cianuro.

En Biblioteca HUM BRAL  podrá leer un cuento poco difundido de Horacio Quiroga y varios de sus clásicos
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