viernes, 23 de marzo de 2012

EDITORIAL

De dictaduras y otras tragedias

                                                          

 Aldo Roque Difilippo


Esta semana, acatando un fallo internacional, el Gobierno pidió perdón por las atrocidades cometidas por la dictadura cívico-militar. En este caso por la tortura, asesinato y posterior desaparición de la nuera del poeta Juan Gelman y el cambio de identidad   de su nieta. Un hecho inédito y singular en el país, y también a nivel mundial donde el Estado reconoce  en gran medida que el relato de las víctimas en el pasado período de facto no solamente es válido, sino también la vigencia  de  aquellos hechos  a más de 30 años de ocurridos. Recordemos que muchos han insistido  por décadas (incluido algún ex presidente)  que revisar todo aquello es tener “ojos en la nuca”  y que no tiene sentido insistir en eso.
Todavía, a más de 30 años,  quedan varias Macarenas sin saber dónde depositar las flores para su madre muerta. Todavía hoy quedan varias Luisa Cuesta con sus manos arrugadas  y sus espaldas encorvadas por los años y el dolor, reclamando con firmeza por conocer  sobre el destino de sus hijos. Todavía hoy, incluso para los que generacionalmente no vivimos esas funesta décadas, quedan muchas preguntas sin respuesta.
El Presidente José Mujica leyó frente a representantes de los partidos políticos (aunque con algunas ausencias) este mea culpa frente a la mirada atenta de Juan y Macarena Gelman, y también frente a todo el país ya que  el hecho fue difundido por cadena nacional de radio y televisión. Y no era para menos, un hecho de estas características lo merecía.  Los canales de televisión cumplieron a cabalidad con la ordenanza, por lo que los uruguayos pudimos verlo como si estuviéramos en el mismo Palacio Legislativo. Culminado ese acto ocurrió un hecho no menor, pero que en gran medida pasó desapercibido de los comentarios posteriores. Canal 5, el canal oficial, dispuso un móvil en directo, al igual que Canal 4 que comenzaron a recabar las repercusiones del discurso del Presidente Mujica. Pero los canales 10 y 12, una vez que cumplieron con la cobertura  del acto, continuaron con su programación habitual sin  emitir comentario alguno. Una rápida recorrida por la oferta televisiva uruguaya a esa hora nos mostró que mientras el movilero de Canal 4 recababa repercusiones de personalidades en las puertas del Palacio Legislativo, y que su par de Canal 5 hacía sus comentarios desde el interior del recinto donde un instante después se realizaría una conferencia de prensa,  los canales 10 y 12 haciendo gala de la banalidad que campea en la televisión nacional, y especialmente en el horario vespertino, se dedicaban a difundir un par de  programas argentinos donde se exhiben impunemente intimidades de seudo celebridades.
Unos minutos después solamente Canal 5 continuaba difundiendo la conferencia de prensa brindada por  Macarena y Juan  Gelman, junto al pro Secretario de la Presidencia, Alberto Breccia, y el Canciller Luis  Almagro.  El Canal 4, especulamos que quizá acicateado por el  rating se sumó a sus colegas privados y comenzó a difundir un programa de dudosa calidad.
Concretamente, uno de los hechos políticos más importantes del último tiempo,  para los canales de televisión privado no significó más que cumplir con el mandato de una cadena de radio y televisión. El hecho de que el Estado  uruguayo reconociera su culpa en una parte del horror de la dictadura, apenas si significó para los canales de televisión privados, ajustarse a pie juntillas a lo que estaban obligados. 
Ni siquiera fue relevante para ellos el hecho de que un ex guerrillero, convertido en presidente constitucional, pidiera perdón en nombre de un Estado que lo torturó, lo vejó, lo convirtió en un rehén de  la  dictadura, frente a los representantes de todos los partidos políticos, militares y representantes argentinos; y ante la atenta mirada el mundo entero.
Mas allá de compartir o no este hecho político. Más allá de coincidir o no con el discurso del Presidente Mujica. Más allá incluso de cualquier conjetura previa o posterior que pudiera realizarse,  la pregunta cabe: ¿No ameritaba instalar uno o varios móviles para informar debidamente desde el ángulo que se le quisiera dar?
Algunas semanas antes esos mismos canales de televisión apostaron sus periodistas, sus costosos móviles en directo, y un gran despliegue ante la conmoción y la hecatombe que significó que la directiva del Club Peñarol despidiera a su Director Técnico. El rostro de  Don Gregorio Pérez, devenido en mártir de la situación se vio en todos los canales de televisión, en vivo, en directo, en la mañana, en la tarde y  noche; ¿o quizá esa “tragedia” futbolera lo ameritaba?
Esta verdadera tragedia nacional, aún relatada en tiempo presente, ya que siguen apareciendo  restos de los mal llamados desaparecidos de la dictadura, ameritó apenas ajustarse a las normas  con una trasmisión lacónica. ¿Será que realmente vivimos bajo otra dictadura?, la del rating. Habrá que esperar entonces una cobertura acorde, cuando como toda dictadura, cobre sus muertos o sus desaparecidos, que hoy ocupan las banales ofertas vespertinas traducidas en  programas de chimentos.
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