viernes, 6 de abril de 2012


El Lazarillo de Ciegos Caminantes descubre a los gauderios


Por Daniel Vidart (*)

Allá por el año de 1773 se publicó un libro de viajes verdaderamente curioso...
Curioso por su nombre, que remitía a la literatura picaresca, por entonces en franca retirada de las letras españolas ; curioso por su asunto, ya que configuraba una especie de guía dedicada a los viajeros que partiendo desde Montevideo se dirigían, previo paso por Buenos Aires, hacia Lima, trayecto arduo y extenso donde la necesidad y el azar, si bien ahuyentados por las medidas previsoras de las autoridades coloniales, siempre andaban rondando tras los pasos de los viandantes; curioso por la inusual inclusión de los escenarios geográficos, descriptos con maestría en tiempos que contaban poco el sentimiento de la naturaleza y los valores estéticos del entorno; curioso por la incorporación de puntos de vista antropológicos y sociológicos - aunque avant la lettre - para describir y calificar los tipos humanos encontrados a lo largo de un itinerario en cuyo transcurso los paisajes culturales adquieren tanta importancia como los paisanos y ciudadanos que los construyen y los habitan ; curioso por la intensidad y acierto con que se tratan las aparentes minucias del camino, las costumbres de las comarcas visitadas, los personajes que las caracterizan, las faenas rurales que otorgan sentido y sabor folklórico a las actividades económicas ; curioso , finalmente, pues durante mucho tiempo se discutió quién era su autor: si un español que escondía su personalidad o un mestizo de ojo avizor y buena pluma literaria. A todo ello se suman misterios menores como son las razones secretas que impulsaron su publicación y el exacto lugar donde fue impreso. ( 1 )
El libro, que quizá fuera editado en Lima y no en Gijón, como se dice en la portada -escrito por el visitador de Correos y Estafetas don Alonso Carrió de la Bandera, o por su ayudante el mestizo Calixto Bustamante Carlos Inga- revela, como lo expresara el general Mitre, las dotes intelectuales de una “persona erudita y conocedora de las costumbres de la América española".
Actualmente se sostiene, con mucho fundamento, que seguramente fue el español y no el descendientes de los incas el responsable de este documentado, deleitable y, sobre todo, verídico relato de las formas y géneros de vida imperantes en las vastas campañas de las regiones sudamericanas donde se levantaban las ciudades de Montevideo, Buenos Aires, Córdoba, Salta , Potosí, Chuquisaca y Cuzco.

Aparecen los gauderios
El fragmento del citado libro que a continuación se transcribe versa sobre algunos tipos humanos que entre los años 1771 y 1773 habitaban el campo de la Banda Oriental. En esas soledades engramilladas transcurría la libérrima existencia de unos ociosos y " mal entretenidos" personajes de avería, dueños de un pequeño imperio ecuestre, llamados gauderios.
”Estos son unos mozos nacidos en Montevideo y en los vecinos pagos. Mala camisa y peor vestido procuran encubrir con dos o tres ponchos, de que hacen cama con los sudaderos del caballo, sirviéndoles de almohada la silla. Se hacen de una guitarrita, que aprenden a tocar muy mal y a cantar desentonadamente varias coplas, que estropean y muchas veces que sacan de su cabeza, que regularnete ruedan sobre amores. Se pasean a su albedrío por toda la campaña y con notable complacencia de aquellos semibárbaros colonos, comen a su costa y se pasan las semanas enteras tendidos sobre un cuero, cantando y tocando.
Si pierden el caballo o si se lo roban, les dan otro o lo toman de la campaña enlazándolo con un cabresto muy largo que llaman rosario. También cargan otro, con dos bolas en los extremos, del tamaño de las regulares con que se juega a los trucos [billares],que muchas veces son de piedra que forran con cuero, para que el caballo se enrede en ellas, como asimismo en otras que llaman ramales, porque se componen de tres bolas con que muchas veces lastiman los caballos, que no quedan en servicio, estimando este servicio en nada, así ellos como los dueños.
Muchas veces se juntan de estos cuatro o cinco, y a veces más, con pretexto de ir al campo a divertirse, no llevando más prevención para su mantenimiento que el lazo, las bolas y un cuchillo. Se convienen un día para comer una vaca o un novillo; le enlazan, derriban y bien trincado de pies y manos le saca, casi vivo, la rabadilla y haciéndoles una picadura por el lado de la carne, la asan mal, y medio cruda se la comen, sin mas aderezo que un poco de sal, si la llevan por contingencia.[ Ignoraba el viajero que la sal se agenciaba pasando el filo del cuchillo sobre las ancas de los caballos, donde el sudor seco florecía en granos de sal.
Quien escribe esto se crió en el campo y mucho cabalgó por sus soledades] Otras veces matan solo una vaca o novillo para comer el matambre, que es la carne que tiene la res entre las costillas y el pellejo. Otras veces matan solamente por comer una lengua, que asan en el rescoldo, Otras se les antojan caracuces , que son los huesos que tienen tuétano [no, al revés: en guaraní la voz caracú significa tuétano] que revuelven con un palito y se alimentan de aquella admirable sustancia; pero lo mas prodigioso es verlos matar una vaca, sacarle el mondongo y todo el sebo que juntan en el vientre, y solo con una brasa de fuego o un trozo de estiércol seco de las vacas [ la “leña petiza”], prenden fuego a aquel sebo, y luego que empieza a arder v y comunicarse a la carne gorda y huesos, forma una extraordinaria iluminación, y así vuelven a unir el vientre de la vaca, dejándolo que respire el fuego por la boca y orificio, dejándola toda una noche o una considerable paerte del día, para que se ase bien, y a la mañana o tarde la rodean los gauderios y con sus cuchillos va sacando cada uno el trozo que le conviene, sin pan ni otro aderezo alguno, y luego que satisfacen su apetito abandonan el resto, a excepción de uno u otro, que llevan un trozo a su campestre cortejo”[ es decir, a su rancho].
Tiene sabor esta trascripción. Tanto como el rico asado con cuero. Pero no mas, que es preciso, pensando en los espacios reservados a los demás compañeros que escriben en Bitácora, actuar como ruega lo escrito al borde de algunos ojos de agua en los oasis del Sahara: “Bebe, y deja el pozo al que viene tras tuyo”.

Los aciertos y los errores
La lectura de los fragmentos del libro del Inspector de Correos y Estafetas español revela, como ya se dijo, un espíritu observador, si bien no todos los datos históricos en él consignados son fidedignos. Como, por razones de espacio, suprimí una buena parte de sus observaciones, baste con lo que a continuación explico para subsanar dicha carencia.
La ciudad de Montevideo, por ejemplo, no fue fundada en el año de 1731 ni el número de familias canarias , que llegaron desde las islas atlánticas para sumarse a los pobladores iniciales provenientes de la vecina orilla, es el registrado por el autor. En efecto, el periodo fundacional de Montevideo va desde el año 1724 al l726. Hasta el 19 de noviembre del 1726 - día del desembarco de los canarios - Montevideo contaba solamente con treinta y cuatro habitantes venidos desde Buenos Aires, de los cuales veinticinco estaban emparentados entre sí. Salvo Burgues -el italiano Borghese cuyo apellido se había españolizado - los demás cabezas de familia eran de origen militar y entre ellos figuraba el soldado de caballería Juan Antonio Artigas, abuelo de nuestro prócer.
Las familias canarias, que fueron dieciséis , y no "catorce o quince", sumaban en total ochenta personas, las cuales, luego de noventa días de viaje, abandonaron el aviso Nuestra Señora de la Encina y desembarcaron en la minúscula ciudad - campamento , tipificada como Presidio por sus fundadores, librándose así de las molestias y penurias impuestas por una larga travesía.
Ya en tierra , si bien contaban con mayor holgura espacial, buen aire y comida fresca, debieron vivir los primeros tiempos en tiendas de varas techadas con cueros, hasta que se les adjudicó solares urbanos para edificar -modestísimas chozas en el comienzo- , chacras para cultivar y suertes de estancia para emprender en ellas la explotación predatoria – y no la cría- del ganado.
Los ochenta canarios desembarcados el 19 de noviembre de 1726, mas los treinta y cuatro pobladores entonces existentes, en su inmensa mayoría españoles, salvo el citado italiano y algún criollo o " español de Indias" llegado en la primera tanda pobladora, totalizaban el número de ciento catorce personas.
En cuanto a los gauderios conviene efectuar una serie de precisiones históricas y lingüísticas acerca del tipo humano y su denominación. En primer lugar los documentos de época, anteriores a la semblanza de aquellos mozos haraganes y descarriados, trazada por Carrió de la Bandera, prueban que el término gauderio estaba en circulación mucho antes del arribo del inspector itinerante.
Dichos documentos, localizados por laboriosos archivistas e investigadores, fueron incorporados por Fernando Assunçao al capítulo que dedica a estos descarriados personajes en su estudio sobre el gaucho ( 2 )
De tal modo antes que el autor del Lazarillo se ocupara de los gauderios de las cercanías de Montevideo - es decir, los mozos sueltos que pululaban en el hinterland de Colonia del Santo Sacramento, punta de lanza del imperio portugués hincada en el flanco español del Rio de la Plata - ya el nombre corría de boca en boca en las vastas campañas tendidas al sur del Rio Negro. Hago énfasis en este punto porque por mucho tiempo los historiadores creyeron que fue en las páginas del Lazarillo donde primeramente se había mentado a los gauderios, aquellos "pasianderos" caballistas de las cuchillas.
En efecto, hacia el año de 1746 la voz gauderio aparece en sendas cartas remitidas por Francisco Bruno de Zavala al Gobernador del Río de la Plata. En una dice que el rancho de un tal Felipe Álvarez "...servía de hospedaje a los que aquí llamamos gauderios, gente que vive como quiere sin saberse donde viven o de que se alimentan, pues no trabajan..." En la otra se refiere al gauderio Juan Fernández, quien había sido apresado al cabo de " varias travesuras por estos campos". En tal caso dicho calificativo parecería demasiado benigno. Pero no lo era por ese entonces.
Travesura deriva de travieso, una voz que se echa a rodar en el siglo XII español. Significaba enredador, inquieto, y se había originado en el latín : trans quiere decir “mas allá” y versus deriva de vertere, “volver”. Significaba, literalmente, atravesado o puesto al través. Inicialmente una travesura merecía, por ser una acción culposa, ser reprendida y castigada. Este es el sentido que se le otorgaba en el documento. En nuestro tiempo la travesura ha perdido su halo maligno: queda reservada a la inquietud y picardía de los niños.
Vuelve a encontrarse la voz gauderio en el Diario Histórico de la Rebelión y Guerra de los Pueblos Guaranís situados en la Costa Oriental del Río Uruguay, publicado en el año de l754 y escrito por el padre jesuita Tadeo Xavier Henis. Allí se da cuenta de los contingentes portugueses que iban a combatir contra los indios misioneros durante la sangrienta Guerra Guaranítica, y entre esas fuerzas figuran los "hombres paulistas", entiéndase riograndenses, " que tienen propiedad y costumbre de vender lo que no es suyo, a los que en el país llaman Gauderios".
Una serie de documentos originados en el rincón sudoeste de nuestro territorio a lo largo de buena parte del siglo XVIII confirman que dichos gauderios efectuaban sus correrías por dichos pagos, si bien en sus largas marchas atravesaban sesgadamente todo el territorio, desde el sudoeste al noroeste del río Negro. Y lo hacían arreando reses vacunas para el Brasil.
En el mes de junio de l761 Cevallos escribe que es muy importante perseguir a los ladrones que arreaban ganados ajenos hacia Rio Grande, pues se realizará un señalado servicio al Rey al " limpiar esta jurisdicción de semejante gente a quien en ella llaman gauderios, que no tienen mas oficio que hurtar las haciendas de estos pobres vecinos".
En posteriores oficios relacionados con el tema, las autoridades coloniales se refieren de continuo a los vagabundos o gauderios que roban las haciendas de los pobladores para venderlas a los portugueses. En dichas comunicaciones se encarece que es necesario "perseguir los gauderios y hombres mal entretenidos" y " correr las avenidas de los portugueses y los gauderios" puesto que estos últimos "se ocupan de cosas ilícitas y en esta Banda [ la Oriental] mas que en otra son de mucho perjuicio, por la comunicación que tienen " con el Rio Pardo [ Rio Grande del Sur]
En cuanto a la voz gauderio no es posible hallarla en el español, por más que nos remontemos al ayer y aun al anteayer de los arcaísmos idiomáticos. Es un término propio del portugués. Viene del latín gaudere, originado en el verbo gaudeo, esto es, " gozar, regocijarse, alegrarse, estar contento, satisfecho, alegre, risueño" según expresa Luis da Câmara Cascudo en su Diccionario do Folklore Brasileiro publicado en 1954.
Los portugueses de Colonia do Santo Sacramento y los avecindados en el Rio Pardo, sito en Rio Grande do Sul, tendían entre ellos un puente de reses robadas por los gauderios contrabandistas que poblaban el sudeste uruguayo y se dispersaban a lo largo y a lo ancho de los gigantescos pastizales donde engordaba el ganado cimarrón. Por extensión en el Brasil se le llama gauderio al tordo, que pone sus huevos en nido ajeno, y al perro escapado de las casas, que vive de lo que se agencia en sus correrías de animal sin dueño.
Estos gauderios del siglo XVIII estaban al margen de la ley dictada por España. Eran a su modo rebeldes, insurgentes, gente movediza y alzada. Oficiaban como corsarios ecuestres al servicio de los portugueses; comían a sus anchas, sin pedir permiso, de la provisión de semovientes que les brindaban los campos sin límites, y no con el consentimiento de "los bárbaros colonos", como expresa Concolorcorvo; gastaban el dinero obtenido por sus artes de contrabandistas en el juego y en bebidas alcohólicas; tenían una no explícita concepción del espacio y el tiempo nacida del ocio señorial que caracteriza a los hombres de a caballo; en sus largos ocios cantaban, se acuchillaban por cualquier motivo que rozara su honra o respeto, como el mirarlos fijamente en la pulpería; corrían, en perpetuo celo, detrás de las mujeres blancas, bronceadas o negras; vivían peligrosa y libremente, según se les antojaba.
Fueron los antepasados sociales de aquellos “mozos sueltos de la campaña” que pelearon bravamente en las montoneras artiguistas, y también como ellos se hallaban al margen de la economía impuesta por el coloniaje, aunque no por fuera de la vida económica. Cobraban por arrear hacia Brasil las reses que, al cabo, eran de todos, ya que las estancias cimarronas no conocían límites. El campo se tendía, de horizonte a horizonte, sobre un espacio indeterminado, abierto a los vientos y a los galopes. Y allí se movían ellos, enhorquetados en sus veloces caballos. Y allí vivían y morían. Fueron los antepasados del gaucho.


Notas
La portada del libro, textualmente, dice así EL LAZARILLO DE CIEGOS CAMINANTES desde Buenos - Ayres, hasta Lima con sus itinerarios según la mas puntual observación, con algunas noticias útiles á los Nuevos Comerciantes que tratan en Mulas, y otras Historicas. SACADO DE LAS MEMORIAS QUE hizo Don Alonso Carrió de la Vandera en este dilatado Viage, y Comisión que hubo por la Corte para el arreglo de Correos, y Estafetas, Situación y ajuste de Postas, desde Montevideo. POR DON CALIXTO BUSTAMANTE CARLOS Inca, alias CONCOLORCORVO Natural del Cuzco, que acompañó al referido Comisionado en dicho Viage, y escribió sus Extractos. CON LICENCIA. En Guijon, en la imprenta de la Rovada. Año de l773

( 2 ) Fernando O. Assunçao. El Gaucho. Estudio Socio - Cultural, tº II , Dirección General de Extensión Universitaria. División Publicaciones, Montevideo, 1979



(*) Antropólogo, escritor y poeta. Uruguay
Extraído de: www.bitacora.com.uy
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