viernes, 6 de abril de 2012

Publican correspondencia completa de Julio Cortázar





Alfaguara publica en Buenos Aires, el próximo mes de abril, los tomos 4 y 5 de la serie Cartas, cuyos tres primeros volúmenes aparecieron en febrero, y que completan la serie dedicada a la correspondencia del escritor argentino Julio Cortázar, además de incluir fragmentos suprimidos en la primera edición (2000), a cargo de Aurora Bernárdez, albacea de Cortázar, con la colaboración de Gladis Yurkievich.
“Odio las cartas literarias, cuidadosamente preparadas, copiadas y vueltas a copiar; yo me siento a la máquina y dejo correr el vasto río de los pensamientos y los afectos”, confiesa el autor de Rayuela en su correspondencia, de la que esta edición publica mil cartas hasta ahora inéditas.
El epistolario permite sentir de nuevo a Cortázar “como si estuviera escribiendo en la mesa de al lado”, a la vez que pone de manifiesto “la formidable coherencia entre vida y obra” del escritor argentino, apunta el editor y filólogo español Carles Álvarez Garriga.
Bernárdez colaboró con Álvarez
Garriga para la publicación de la
correspondencia de Cortázar
Ya que el escritor guardó muy pocas copias de sus epístolas (“Hay que conocer muy mal a los cronopios para imaginar que guardan cartas”), tuvo que consultarse a amigos, conocidos y especialistas que sí atesoraban páginas suyas.
Así, más de 1.800 misivas, telegramas y tarjetas postales forman la versión corregida y aumentada de la correspondencia de Cortázar por cuenta de Bernárdez, su primera mujer, y Álvarez Garriga, quienes ya editaron Papeles inesperados y Cartas a los Jonquières. En los próximos meses se publicarán las Cartas en otros países de Latinoamérica, y a España llegarán en mayo.
Estos textos del cronopio, que respiran humor e ironía, permiten reconstruir la gestación de algunas de sus obras cruciales como Historias de cronopios y de famas (1962) y Rayuela (1963), así como la consolidación del boom de la literatura latinoamericana, que lo tuvo entre sus protagonistas.
En las epístolas emerge su admiración por Carlos Fuentes y La región más transparente (“Con usted hay que tirarse a fondo, devolver golpe por golpe la paliza que nos pega a los lectores con cada página”), Gabriel García Márquez y Cien años de soledad (“En estos últimos años, no veo nada comparable a esa novela y a Paradiso de Lezama Lima en nuestras tierras”) y Octavio Paz (“uno de los hombres más inteligentes que he conocido entre los poetas”).
Y a José Lezama Lima le escribe: “En estas islas a veces terribles en que vivimos metidos los sudamericanos (pues la Argentina, o México, son tan insulares como su Cuba) a veces es necesario venirse a vivir a Europa para descubrir por fin las voces hermanas”. Y Cortázar vuelca sus esfuerzos en ayudar a las voces no consagradas, como por ejemplo un joven Mario Vargas Llosa.
A lo largo de cientos de páginas también manifiesta sus desvelos políticos, entre ellos su acercamiento a La Habana: “Si ya no fuera demasiado viejo para estas cosas, y no amara tanto a París, me volvería a Cuba para acompañar la revolución hasta el final”, aseveraba en 1963.
Respecto de su patria, el escritor nacido en Bruselas en 1914 explica a mediados del 60: “Por ahora soy un argentino que anda lejos, que tiene que andar lejos para ver mejor”. O con tono más duro: “Nada ha cambiado básicamente desde que me fui del país, como no sean los nombres de los jugadores de fútbol, los diputados nacionales y los precios de los trajes”.
Del epistolario también surge el ser sensible que extraña a sus amigos: “Creo que la vida enseña a no equivocarse en materia de amistad. Los únicos errores son los geográficos, el absurdo de que unos tengamos que irnos a Francia mientras otros viven en el Uruguay o la Argentina”. Que se ilusiona con las visitas de sus afectos a París y también lamenta sus silencios epistolares, aunque muchas veces se disculpe por no tener tiempo para responderles.
Muchas misivas están destinadas a sus editores, como su amigo Francisco Porrúa: “Me emociona mucho que usted lleve el afecto y el heroísmo hasta el punto de meter a los cronopios entre dos tapas de cartulina”. El cuentista y novelista que corrige con minuciosidad también advierte: “Nada que me manden últimas pruebas, cuando no se puede tocar prácticamente una línea sin que el impresor haga una cirrosis hepática”.
Cortázar describe en varias cartas sus andanzas como traductor de organismos internacionales por diversos rincones de Europa y Asia. Trabajo que le resulta sumamente aburrido, pero al que se ve obligado por cuestiones económicas.
Entre las epístolas inéditas que aparecerán hay un filoso Cortázar que dispara al danés Niels Blaedel: “Si tuviera que elegir mi peor editor del mundo, me temo que usted sería el elegido”. Asimismo despide al recién fallecido poeta y traductor estadunidense Paul Blackburn, como “un amigo maravilloso, el primero y más maravilloso de los cronopios, a los que amaba y dio vida en inglés”.
En 1982 manifiesta gran preocupación por su tercera mujer, Carol Dunlop: “Estoy viviendo un momento harto angustioso de mi vida, porque Carol está muy enferma y por el momento no hay ninguna certeza de que pueda superar una situación que se prolonga desde hace más de dos meses”.
Antes de fijar su residencia en París, en 1951, el espigado escritor relata su paso como docente por pueblos de la provincia de Buenos Aires. “Siento que me rodea el vacío, que cualquier cosa es preferible a caer en ese pozo vegetativo que es un Chivilcoy, un Bolívar...”. O aun más lapidario: “Los microbios, dentro de los tubos de ensayo, deben tener mayor número de inquietudes que los habitantes de Bolívar”.


Extraído de: www.letralia.com
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