viernes, 4 de mayo de 2012


Ahora lo leés, ahora no lo lo leés
Eterna Cadencia y una agencia de publicidad diseñaron un libro que empieza a borrarse apenas el lector lo abre. Sus creadores dicen que no hay antecedentes en el mundo editorial y que lo hicieron para difundir la obra de escritores latinoamericanos.



CECILIA BOULLOSA

“E libr qu no p ede esper r”. No es un error de tipeo ni uno de sus jueguitos que circulan por las redes sociales para probar que las personas no leen letra por letra sino palabras dentro de un contexto. Es el título, tal como figura en tapa, de un experimento editorial pergeñado entre Eterna Cadencia y la agencia de publicidad DraftFCB para crear un libro con un contenido que desaparezca en un plazo máximo de dos meses. Párrafo por párrafo, cuento por cuento, prólogo y créditos, como en un pase de magia. Este ejemplar perecedero, cuya tinta es fucsia y huele a algún tipo de solvente (la fórmula es secreta, aunque se sabe que se imprimió en serigrafía en lugar de offset), fue creado con una intención evidente: que el lector lo lea rápido. Que no lo arrumbe entre una pila de novedades o en la biblioteca, confiado en esa frase que alguna vez pronunciara Pedro Mairal de que “los libros te esperan”. En este caso el que no lee, pierde. En poco tiempo tendrá un cuaderno de hojas lisas en lugar de un libro. Para efectuar la prueba –de eso se trata, al fin y al cabo– se eligió la antología de cuentos de escritores jóvenes latinoamericanos “El futuro no es nuestro”, a cargo del peruano Diego Trelles Paz, que ya se había publicado en versión tradicional en 2009. Y no por casualidad. “Los autores jóvenes necesitan del boca a boca para ser conocidos y publicar tal vez un segundo libro. Necesitan ser leídos”, dijo Javier Campopiano, director de la agencia DraftFCB durante la presentación. Silvia Hopenhayn, a su lado, convocada para decir unas palabras, aclaró que todo el asunto está vinculado más con el “orden de la experiencia que con el de la acumulación”. Antes de que la conferencia terminara y todos fueran a por las “tangibles medialunas” de invitación, parte del público cuestionó por qué no se había ido elegido un libro que no se hubiera impreso antes. Y de esa manera transformar el experimento en una verdadera performance. Finalmente, un consejo para los que logren hacerse de un ejemplar (próximamente en Eterna Cadencia a un precio simbólico): el proceso se desencadena en el minuto cero, apenas se extrae el libro de la bolsa. Cuanto más se exponga a la luz, más rápido desaparecerá. Eso lo convierte en un libro ideal para leer en el subte y en uno muy desaconsejable para la playa.


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