viernes, 20 de julio de 2012

Apuntes de Pintura

Génesis de la pintura uruguaya



La semana pasada hablábamos de la influencia de las escuelas europeas en la pintura universal, particularmente en Francia y Alemania. Hoy comenzamos con la primera de varias entregas de la pintura en nuestro país.
Desde sus orígenes, la “Banda Oriental” fue catalogada como “tierras sin ningún provecho”, sin metales preciosos, sin lugares de asiento para el poder político de la Corona, solamente dedicadas a la reproducción libre del ganado vacuno y caballar, a la faena y al comercio de carnes y cueros, y a las vaquerías de mar.
Montevideo, fundada hacia 1725, comenzó a recibir a principios del siglo siguiente algunos viajeros europeos interesados en las ciencias naturales, a la investigación geográfica, de la flora y la fauna, pero también al estudio de las costumbres locales.
Así llegan los primeros dibujantes y pintores, muchos de ellos provenientes de academias italianas, alemanas y francesas, a bordo de navíos que participaban de campañas científicas y militares en la región. Ellos son los primeros relatores gráficos de estas tierras, pero su obra no constituye un aporte sustantivo a la creación de bases para un arte nacional.
Solo parece posible hablar de una pintura uruguaya a partir del momento en que esta técnica, de larga tradición en las escuelas europeas, comienza a ser practicada por artistas uruguayos ante el compromiso de plasmar imágenes que ayudarían a definir una idea colectiva de la historia y la familia nacional. Es por este motivo que suele considerarse a Juan Manuel Blanes, nacido en Montevideo en 1830 y muerto en Italia en 1901, el primer pintor uruguayo (o “el pintor de la patria) ya que, habiendo realizado estudios en Europa (1860-1864), buscó a su regreso representar los hitos de la nación, sin perder de vista su aspiración de convertirse en “pintor americano”. Sus temas van desde el retrato de personas de su amistad y del ambiente social y político, hasta la fijación de pequeñas escenas costumbristas rurales, y la interpretación de momentos decisivos en la historia nacional y americana. Su pintura es académica, por cuanto sigue en general las normas de perspectiva, composición, y claroscuro utilizadas para la representación de los cuerpos y dele espacio por la academia italiana del ottocento. Sin embargo, no es una aplicación estricta de esas normas las que realiza Blanes; él se apoya en ese sistema de base naturalista buscando conjugar elementos dela escuela clásica y de la escuela romántica europeas, para utilizarlo como instrumento, como una “máquina de crear imágenes” dirigidas a idealizar la realidad regional sudamericana a través de la evocación del gaucho, la reconstrucción imaginaria de los episodios de la independencia, y la representación de figuras políticas y personajes del patriarcado oriental. En Blanes, el espíritu academicista se subordina a una finalidad descriptiva y ejemplarizante, a una finalidad de persuasión moral que era parte de su concepción del arte y la política.
Entre sus cuadros mas conocidos e importantes habría que citar el retrato de su madre, el retrato de Carlota Ferreira, un episodio de la Fiebre Amarilla en Buenos Aires, el Juramento de los Treinta y Tres Orientales, La Paraguaya, La Revista de Rancagua, La Conquista del Desierto por el Gral. Roca, entre tantos otros.
Hacia fines de siglo, en Europa se habían producido grandes controversias en materia artística, de las que había emergido una pintura cuya finalidad no era la representación de grandes temas, sino la captación de estados anímicos a través del paisaje al aire libre, analizando la atmósfera de la luz natural, con interés por el estudio de los fenómenos ópticos, por la compleja dinámica del color, y por la geometría compositiva del cuadro.
Los uruguayos que viajan a Europa a estudiar pintura hacia el ´900, reciben de modo indirecto estas primeras lecciones de pintura moderna. En sus obras experimentan la rapidez con que el pincel o el grafito registra el movimiento, el instante fugaz de la vida cotidiana, o los cambios de apariencia de los objetos bajo la luz.
Juan Manuel Blanes muere, precisamente, al iniciarse en el Uruguay este movimiento de pintores coloristas destinado a plasmar esa mezcla de cosmopolitismo pujante y solariega nostalgia que caracterizaba la sociedad montevideana del ´900.
Carlos Federico Sáez, que comienza a pintar siendo casi un niño, realiza una obra vigorosa que anuncia una nueva etapa de la pintura nacional. Obra que pone de manifiesto el acto mismo de pintar, el acto de aplicar sobre la tela el empaste y el color mediante gestos vibrantes y seguros; el acto de exaltar “la realidad interior” del artista, su mirada libérrima y juvenil.
Entre esos primeros años del ´900 y finales de la década del ´20, se suceden en el Uruguay instituciones que promueven la formación, la producción, y el intercambio de ideas entre los artistas. Con la fundación de la Escuela de Círculo de Bellas Artes en 1905, y la aprobación de la Ley de Becas en 1907, surge una nueva promoción de pintores formados principalmente en París y que, con el ejemplo de Carlos María Herrera y Pedro Blanes Viale como pintores uruguayos que irradian su magisterio en Montevideo, extenderán su producción, por lo menos, entre 1915 y 1939.

(Continúa la próxima semana)

Fuente: Gabriel Peluffo Linari (Breve Panorama de la Pintura uruguaya 1830-1980)
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