viernes, 28 de septiembre de 2012

Apuntes de pintura

La “locura” de Doménico Theotocopuli
 

 

Ángel Juárez Masares

 

 

Históricamente la humanidad se ha burlado de lo que no puede comprender, y seguro es que lo seguirá haciendo. De esa manera se le atribuyó a Juana de Arco mas de una tara psicológica, y al afán perfeccionista de Miguel Ángel una obsesión patológica.

El Greco, innovador de genio, heredero de Bizancio y de los góticos, iniciador de la pintura española y precursor del arte moderno no podía ser la excepción.

Sus contemporáneos, no pudiendo entender la prodigiosa evolución de su arte, incapaces de penetrar el designio del Maestro, le tachaban de demente.

Dice Juan Pacheco: “hay dos manera de pintar. Una con arte y estudio, que es el procedimiento científico; otra por la práctica liberada de todo pre-concepto. De aquí dos clases de resultados para los que emplean estos dos métodos. Los pintores que trabajan a lo que salga, sin gran estudio y fijándose solo en el azar, no triunfarán siempre, faltos de conocimientos de los principios aún cuando apliquen a su obra la mayor diligencia. Pero si la pintura es un arte y si las artes son infalibles, es decir, que no fallan nunca y alcanzan siempre su objetivo, cada vez que un artista aplica los preceptos y las reglas del arte, debe obtener la perfección de la obra”.

Se comprende aquí todo el origen del conflicto -que aún hoy nos acompaña- pero el Greco, “el deformador”, no tiene cura. Rechaza el arte de pintar definido por Pacheco, y pronuncia la blasfemia que indigna al andaluz: “no, la pintura no es un arte”.

Habiéndole preguntado Pacheco qué era mas importante en el arte del pintor, si el dibujo o el color; el viejo Maestro respondió que el color, contestación que destruye las teorías de algunos que pretenden que El Greco no era un gran colorista.

Quien creería –escribe Pacheco tras una visita al taller de El Greco donde se amontonaban los estudios de todos sus cuadros- que Doménico toma a menudo sus pinturas y las retoca en muchas oportunidades, a fin de separar y desunir los tonos y producir esos crueles borrones como para afectar la valentía del estilo”.

Las “deformaciones” de El Greco, ecos de la influencia bizantina, abrieron los caminos para que se introdujeran los grandes maestros de la escuela impresionista, como Delacroix, Cézanne, Matisse, y Picasso.

Mas tarde, para muchos críticos de orejas largas, la causa de las deformaciones de El Greco debían buscarse en su astigmatismo. Para ellos no estaba atacado de delirio alguno, y por lo tanto no era digno de manicomio. Los doctores García del Mazo y Germán Beritens, aseguraban que padecía de astigmatismo miópico. Empleando lentes de tres drioptrias el doctor Beritens ha dado a los cuadros de El Greco un ritmo “normal”. Por el contrario, utilizando lentes astigmatizantes ha probado que la deformación se acentúa. Para Elías Tormo, los colores del maestro de Toledo serían debido a una anomalía de la visión, al igual que las líneas de su dibujo. De cualquier manera, todas esas teorías científicas mas o menos pedantescas no tienen la menor importancia a los ojos de un admirador de “La Asunción”, o de “La Pentecostés”. No es en las explicaciones científicas donde se encontrará el secreto del genio de El Greco. Recordemos que mas tarde otro artista fue acusado como él de demencia y astigmatismo; se trataba de Cézzane.

René Huyghe haría justicia ante estas pretendidas “invalideces”, señalando que “no eran mas que el desprendimiento de todo lo adquirido; el momento en que uno ve con la perfecta integridad de la sensación a la que no corrige ningún reflejo del pensamiento”.

No son errores –asegura- “sino por el contrario, un excesivo escrúpulo de la verdad”.
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