viernes, 28 de septiembre de 2012

Hablando de Bueyes Perdidos

Catón “el censor”,
hubo uno solo
 
 
Muchas veces cuando uno se pone a “hablar de bueyes perdidos”, acuden a la memoria episodios de la vida que se ponen en palabras teñidas por nuestras propias vivencias, asunto que no sería cuestionable ante la imposibilidad de evadir la subjetividad natural que ello implica.
Sin embargo en alguna oportunidad se nos ha reprochado que nuestras “crónicas” tienen un trasfondo de esa “moralina” que tratamos siempre de evitar. -Tus “Bueyes Perdidos” parecen escritos por Catón “El Censor”- nos dijo alguien una vez…y nos dejó preocupados y pensando en el asunto. Eso nos llevó esta semana a repasar someramente la vida de Marco Porcio Catón, político, escritor y militar romano nacido en el año 234 a. C. y fallecido en 149.
Catón (apodado El Censor), procedía de una antigua familia plebeya que se había distinguido por sus servicios militares, fue criado a la manera de sus antepasados latinos y educado en la agricultura, a la que se dedicaba cuando no estaba integrado en el servicio militar. Sin embargo, Catón llamó la atención de Lucio Valerio Flaco, que lo llevó a Roma, donde, gracias a su influencia, fue ascendiendo a través de las diferentes etapas del Cursus honorum: tribuno en 214 a. C.,cuestor en 204 a. C., pretor en 198 a. C., cónsul en 195 a. C. y finalmente censor en 184 a. C.
Como censor, Catón se distinguió por su conservadora defensa de las tradiciones romanas en contraposición con el lujo de la corriente helenística procedente de Oriente. Además, y en el marco de su labor de censura, protagonizó un duro enfrentamiento con Publio Cornelio Escipión (el Africano). Como político, Catón se distinguió por ser el mayor defensor e impulsor de la guerra con Cartago, aunque prefirió servir al Estado escrutando la conducta de los candidatos a hombres públicos y de los generales en el campo de batalla. Revisó con una severidad inusitada las listas de senadores y caballeros, expulsando de su orden social a aquellos a los que consideraba que no eran merecedores del mismo, ya fuera por motivos morales o por la ambición de estos.
Naturalmente una personalidad tan rica como la de Catón no puede resumirse en cuatro párrafos, pero basta para dejar –por lo menos- dos reflexiones interesantes; la primera, que cualquier intento de comparación con los humildes divagues de nuestro “Bueyes Perdidos” sería una torpeza de marca mayor que no admite mas comentarios. La segunda, y la mas importante, que volver sobre estos tribunos de la antigua Roma que marcaron el sendero del sistema democrático en el mundo, nos hace desear la existencia de un nuevo Catón “El Censor” siglo XXI.
Descartada la tarea de “escrutar la conducta de los generales en el campo de batalla”, nuestro Catón podría dedicarse (incluso desde su casa, y vía internet) a “escrutar la conducta de los candidatos a hombres públicos”, y como le asignaríamos para tal ocupación un salario mas o menos decoroso, también podríamos encargarle que hiciera un “seguimiento” de sus públicas acciones.
Claro…Catón “El Censor” –o “El Viejo”-  como también solía llamársele, hubo uno solo, y como siempre nos aferramos a la idea que “no todo está perdido”, confiemos en que cada ciudadano entienda que a la hora votar el “poder” está en sus manos, y su condición de “censor” a la altura del viejo Catón. Mas aún en nuestro Uruguay, donde los poderes del Estado mantienen una independencia que muchas veces los ciudadanos no valoramos, aunque para ello solo nos baste lanzar una mirada a algunos países de la región, donde los Gobiernos tienden a fagocitar el “Estado” por ambiciones personales que sin duda serían duramente condenadas por nuestro Catón “El Censor”….en fin…lástima que hubo uno solo…
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