viernes, 16 de noviembre de 2012


Cuentito medieval


El escriba se confiesa



Escriba Medieval


Amados Cofrades: confesaros debo que antes de comenzar a dibujar estos caminos de tinta para llegar a  vuesas mercedes, estuve pensando si oportuno era facerlo.
Como vosotros sabéis, me place y acostumbro contaros historias de otras gentes, y prefiero no gastar papiro en mi propia y escueta vida, que de tan insignificante debo pellizcarla todas las mañanas para ver si en realidad existe.
Pero ocurre que uno destos días posáronse en mi ventana algunas palomas mensajeras. Curiosamente no estaba con ellas el airoso y engreído macho “Ad-Inet”; ese que suele hacer ostentación de galanura hasta encima de mi scriptorium. Recogí entonces un anillo que portaba la pequeña y gris “Jotmail”, y leí: En fe del buen entendimiento y honra que hace Vuestra Excelencia a toda suerte de pergaminos que se digna compartir, y como hombre inclinado a favorecer las artes; que no se inclina ante los poderosos, y por cuanto está al servicio de los humildes, os ruego nos de a conocer algunos aspectos de su vida. No pido tal industria para facer dellas fabladurías de taberna, sino para comprender el espíritu de un Escriba Medieval, que por lo visto y leído atina a escribir con mas rigor sobre las vidas de los hombres que de los propios trabajos y existencia.
Fío en que vuesa merced faga a dispensar la osadía desta misiva, y anuencia otorgue a este humildísimo.
Suyo en el Señor: Don Juan De Las Aldeas
He aquí entonces de por qué dudé antes de la oportunidad de complacer tales curiosidades; mas luego decidí facerlo por esta primera y última vez. De cualquier modo Don Juan De Las Aldeas comprenderá las dificultades que contiene el fablar de uno mismo, pues tal menester siempre será tan subjetivo como la carga de emociones que cada uno porte en su talego.
Pero no rehusaré, Amados Cofrades, al desafío de poner al desnudo algunas debilidades propias deste humilde contador de historias, así como tampoco habré de esquivar otras facetas de carácter, aún cuando muchas dellas sean cuestionables, que deso trátase la sinceridad.
Uno de los asuntos que mas ha preocupado al viejo Escriba, ha sido desde siempre la amistad. Muchos hombres solos he visto a lo largo de mi azarosa y nada fácil existencia, y por tal puedo aseguraros que buena cosa es huir prontamente del hombre que no tiene un amigo, pues el problema no será de los demás, sino de él mismo. Verdad es que la desdicha acompaña a estos seres hasta su muerte, si antes no comprenden el carácter gregario de la especie.
La llave para no estar solo estriba en la capacidad que cada uno posea para no buscar en el otro la perfección, y adaptarse a sus creencias y diferencias de opinión. Algún día alguien llamará a eso tolerancia.
Por otra parte, Noble Juan De Las Aldeas, supe ver tempranamente que la religio era un invento del hombre para dominar por el miedo (a otros hombres), asunto que no me impide respetar a los adoradores de los dioses, siempre que ellos no procuren imponérmelos.
No tengo odios, que tal carga pesa demasiado sobre el hombre y face que al final camine por la vida con tal inútil aditamento.
En mi mesa siempre habrá medio pan para el menesteroso; en mi boca una palabra para el desamparado de espíritu, y en mi mano un dedo que señale la luz a quien esté en la oscuridad.
Del mismo modo aplastaré con mi sandalia al traidor, y mi mano empuñará la espada contra el asesino de igual manera que blandirá la pluma para escribir versos de amor. Nada es contradictorio en el hombre, porque el hombre mismo es una contradicción de la naturaleza.
Ninguno de nosotros es bueno, o malo, y entenderlo seguro habrá de ahorrarnos enemigos.
Verdad es también, Amados Cofrades, que los años despiertan ansiedades. Ver el final del camino amaina nuestro paso, pero nos pone a su vez atentos a todo lo que vemos a su vera.
En cuanto a los dichos de Don Juan De Las Aldeas: “…que por lo visto y leído atina a escribir con mas rigor sobre las vidas de los hombres que de los propios trabajos y existencia”.
Os digo que cada uno hará lo que para tal fin haya elegido. El herrero aplastará herraduras y fraguará espadas; el labrador zajará la tierra con la reja, y el escribidor escribirá historias y sucesos. Pero ningún herrero facerá espada perfecta, ni existe labrador que ahonde melga ímproba. Por tanto, escribidor alguno dominará nunca la palabra pues la letra es Universo, y el hombre al Universo es nada.
Moraleja:
                  No os preocupéis por conocer del viejo Escriba Medieval intimidades, es solo un sSimple mortal de poca monta, al que ya no le interesan vanidades.
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