viernes, 9 de noviembre de 2012


Una carta



 DE ALDOUS HUXLEY 
A GEORGE ORWELL


En octubre de 1949, pocos meses después de publicarse la obra maestra de George Orwell, 1984, este recibió una fascinante carta de su compañero escritor Aldous Huxley (quien, 17 años antes, había publicado su propia visión terrorífica de la sociedad como "Un mundo feliz"). Lo que empieza siendo una carta de alabanza, pronto se convierte en una breve comparación de las dos novelas, y su explicación de por qué Huxley prefiere la suya por ser una predicción más realista.
 


Wrightwood. Cal.
21 de Octubre, 1949

Querido Sr. Orwell,

Fue muy amable por su parte pedir a sus editores que me enviaran una copia de su libro. Llegó mientras estaba en medio de un trabajo que requería mucha lectura y consulta de referencias; y dado que mi pobre visión ha hecho necesario que racione mis lecturas, he tenido que esperar mucho tiempo antes de poder embarcarme en 1984.

Estando de acuerdo con todas las críticas que se han escrito sobre él, no tengo que decirle, una vez más, cuán fina y profundamente importante es el libro. En vez de ello podría hablar de las cosas de las que trata el libro. ¿La revolución definitiva? Los primeros indicios de una filosofía de la revolución definitiva - la revolución que va más allá de la política y la economía, y que tiene como objetivo la subversión total de la psicología y fisiología individual - se encuentran en el Marqués de Sade, que se consideraba a sí mismo como el continuador, el consumador, de Robespierre y Babeuf. La filosofía de la minoría dominante de 1984 es el sadismo que ha sido llevado a su conclusión lógica, yendo más allá del sexo y negándolo. Parece dudosa que la realidad de la política del "pisotón en la cara" pueda durar indefinidamente. Mi propia creencia es que la oligarquía gobernante encontrará maneras menso arduas y derrochadoras de gobernar y satisfacer su ansia de poder, y esas maneras se parecerán a las que describí en Un mundo feliz. Recientemente he tenido ocasión de ver la historia del magnetismo animal e hipnotismo, y me ha sorprendido bastante la manera en la que, durante ciento cincuenta años, el mundo ha rechazado tomar conocimiento serio de los descubrimientos de Mesner, Braid, Esdaile, y el resto.

Por una parte por el materialismo imperante y por otra por la respetabilidad prevaleciente, los filósofos y hombres de ciencia del siglo XIX no estaban dispuestos a investigar los hechos más extraños de psicología para hombres prácticos, como políticos, soldados y policías, para aplicar en el ámbito del gobierno. Gracias a la ignorancia voluntaria de nuestros padres, la llegada de la revolución definitiva se retrasó cinco o seis generaciones. Otro golpe de suerte fue la incapacidad de Freud para hipnotizar con éxito y el consecuente desprestigio del hipnotismo. Esto retrasó la aplicación general del hipnotismo en psiquiatría en al menos cuarenta años. Pero ahora el psicoanálisis está siendo combinado con la hipnosis; y la hipnosis se ha simplificado y hecho indefinidamente extensible a través del uso de barbitúricos, que inducen un estado hipnótico y sugestionable incluso en los sujetos más recalcitrantes.

En el curso de la próxima generación creo que los amos del mundo descubrirán que el condicionamiento infantil y la narcohipnosis son más eficaces como instrumentos de gobierno que los garrotes y los calabozos, y que el ansia de poder puede satisfacerse completamente sugiriendo a la gente a amar su servidumbre como si a latigazos y puntapiés se le impusiera la obediencia. En otras palabras, en mi opinión la pesadilla de 1984 está destinada a modularse, llegando a ser así la pesadilla de un mundo que se asemejará más al que imaginé en Un mundo feliz. El cambio de se producirá como resultado de una sentida necesidad de mayor eficacia. Mientras tanto, por supuesto, puede desarrollarse una guerra biológica y atómica a gran escala, en cuyo caso tendremos que soportar pesadillas de otro género, apenas imaginables

Gracias de nuevo por el libro

Le saluda atentamente,
Aldous Huxley
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