viernes, 1 de febrero de 2013


Atahualpa Yupanqui,  
el poeta del viento



Aldo Roque Difilippo


Cuando Héctor Roberto Chavero (1908-1992) decidió llamarse Atahualpa Yupanqui, nacía para América uno de sus más grandes cultores de la música popular. A los 13 años decide cambiar su nombre por Atahualpa Yupanqui adoptando una postura netamente consustanciada con la tierra y el hombre.
Yupanqui significa en lengua amauta "has de contar, narrarás", como en un presagio de lo que sería la característica fundamental de su vida y obra.


Hace 105  años, el  31 de enero de 1908 nacía  Chavero, o  mejor dicho Yupanqui. Autor de composiciones fundamentales del cancionero popular americano. Su obra, basada en las raíces americanas, resultaría imposible de compilar sin caer en  omisiones u olvidos. No solo fue músico y poeta. Su prducción literaria no termina con el par de libros habitualmente citados ("El payador perseguido" y "Canto del viento"), además realizó una impresionante labor rescatando composiciones de autores anónimos trasmitidas en forma oral, y cantadas por músicos intuitivos que deambulan por los campos americanos.

VOLVERSE GOLONDRINA
   La relación de Atahualpa Yupanqui con Uruguay no solo se dio a través del poeta Romuildo Risso. Tras participar de la revolución  frustrada en apoyo a Hipólito Irigoyen, debió exiliarse en nuestro país. "Y Uruguay era una tierra generosa conmigo y con todo el mundo, expresaría Yupanqui  años después. A
veces digo, en serio y en broma, que soy tan antiguo en su tierra que el
Teatro Solís se hizo conmigo adentro".
Recorrió  la campaña uruguaya, dejando también sus impresiones sobre nuestros músicos: "Escucho a jóvenes cantores de hermosa voz y simpática apariencia que andan por ahí, entonando cantares de Brasil, de Argentina, de México, de Chile. No está mal, pero está  mal. Es que no se han hecho amigos del viento. Es que no se han aprendido la gran lección de los desvelados...
Y son uruguayos. Y aman su tierra. Pero la urgencia de vivir les va acortando la vida. Y han de pasar por la tierra sin haberla traducido". Yupanqui prefería a los músicos nómades, los anónimos que andan encontrando sonidos  en la tierra, "el anónimo payador de viejas estancias, el trovero sin suerte de los Pueblos de Ratas, el narrador de cuentos que endulza los enero en  Aiguá, el cantor de los anchos caminos entre Rocha y Lascano, el florido juglar de Valle Edén".

LA CEGUERA DE LA TORTURA
   Tras la amnistía para los radicales, en 1934, Yupanqui vuelve a su país, instalándose en Rosario, pero ese primer exilio uruguayo no fue el último. Perseguido y torturado en 1948, en tiempos de Perón, vuelve a nuestro país siguiendo viaje hacia París. "Me acusaban de todo, hasta del crímen de la semana que viene -expresaba Yupanqui recordando esos años-. Desde esa olvidable época tengo el  índice de la mano derecha quebrado. Una vez más pusieron sobre mi mano una máquina de escribir y luego se sentaron arriba, otros saltaban. Buscaban deshacerme la mano pero no se percataron de un detalle: me dañaron la mano derecha y yo, para tocar la guitarra, soy zurdo. Todavía hoy, a varios años de ese hecho, hay tonos como el Si menor que me cuesta hacerlos. Los puedo ejecutar porque uso el oficio, la maña, pero realmente me cuestan".
Después París lo adoptará en una relación que durará más de cuarenta años. Hasta fue nombrado "Caballero de las Artes y las Letras de Francia", distinción por demás singular.
"Nosotros, los del cabello lacio y el rostro de bronce, los hijos de la  pampa y la montaña, decimos gracias Francia, por señalar un día el camino de la libertad", expresa Yupanqui en su cantata celebrando el bicentenario de la Revolución francesa.
Durante el pasado régimen militar vinieron nuevas persecuciones para Yupanqui, aunque pocas veces, o nunca, habló de su ideología política. En 1967 vuelve a París, desde donde obtiene el reconocimiento mundial que en su suelo le era negado. Sus libros forman parte de los textos de primaria y secundaria en Francia, en Alemania Federal en 1985 fue premiado como autor del mejor disco grabado en lengua extranjera, y en su tierra, sus obras circulan solo en un reducido núcleo de seguidores. En gran medida porque desde sus inicios optó por cantar y decir bajo una premisa bien definida: "Si la pena mía es la pena de mucha gente, si el tajo que yo recibo es el de muchos, entonces ya empieza a interesar a los demás. La consecuencia de mi  trabajo es reflejar la realidad de los hombres, la pobreza no la inventé yo...  pero a veces le canto".


Yupanqui por Baglietto - Vitale 

Yupanqui por  Diego El Cigala, Andrés Calamaro y Juanjo Domínguez


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