viernes, 8 de marzo de 2013


La Uned concede doctorado honoris causa a José Manuel Caballero Bonald


El autor español abogó por una toma de posición del escritor ante “los presuntos desvíos y abusos del poder”, no sólo por su obra sino también a través de sus “reacciones personales y de su conducta cívica”.

El poeta y narrador José Manuel Caballero Bonald aseguró este 28 de febrero, tras ser investido doctor honoris causa por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (Uned), que el escritor “debe ser un vigilante del poder, de cualquier poder”, y ha de colaborar en “la regeneración moral y cultural de la sociedad”.

El escritor debe ser “un testigo de cargo de los presuntos desvíos y abusos del poder, no necesariamente a través de su obra sino por medio de sus reacciones personales, de su conducta cívica”, afirmaba Caballero Bonald, ataviado ya con el birrete y la toga azul claro, característicos de los doctores de la Facultad de Humanidades de la Uned.

Esta distinción se suma a la larga lista de reconocimientos que posee Caballero Bonald, cuya carrera se ha visto coronada por el Premio Cervantes 2012, que el escritor recogerá el próximo 23 de abril.

Su amplia trayectoria fue elogiada por Francisco Gutiérrez Carbajo, catedrático de literatura española de la Uned, para quien el autor de Manual de infractores es un escritor “de máxima excelencia ética y estética de la literatura contemporánea”. Detrás de su obra “está el alma de Caballero Bonald, un espíritu que nunca se ha dejado vencer ni convencer, ni manipular”.

El compromiso del escritor con la sociedad fue el eje central del discurso de agradecimiento de Caballero Bonald, para quien este doctorado “tiene mucho de premio a la constancia”. Lleva ya 65 años como escritor, “y esos son muchos años”.

“Siempre he pensado que la literatura es el trabajo que mejor me justifica y, en cierto modo, el que me permite un más perseverante ejercicio de la libertad”, decía Caballero Bonald en presencia de su mujer, Pepa Ramis; del secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle; de escritores como Luis García Montero y Clara Sánchez, del cantante Joaquín Sabina y del editor Chus Visor.

El autor de Entreguerras, ese poemario —el último hasta ahora— del que se siente especialmente orgulloso, trató de explicar en su discurso cómo entiende él la función de escritor “en la forja de una sociedad donde la cultura no se quede en un mero enunciado teórico, sino que consista en la práctica consecuencia de una moral colectiva, en la búsqueda de un bien común”.

Caballero Bonald pertenece a una generación, la del cincuenta, que vivió “el infortunio histórico del franquismo”, y para la gente de su edad el compromiso del escritor debía anteponerse a su trabajo como creador. El escritor tenía que “poner al descubierto, sacar a la luz las injusticias y carencias que se producían a su alrededor”.

Pero, desde que España recuperó la democracia, no hace falta que el escritor condene en su obra “las averías sociales” que ve en su entorno, sino que “puede ejercer una concreta actividad política o social, y elegir que su obra circule libremente por unos derroteros estrictamente literarios, sin ninguna dependencia de esas actitudes acusadoras”.

La voz del escritor, prosiguió, puede alcanzar “un eco que lo sobrepasa”. “No sin optimismo”, podría afirmarse que lo que dice “es escuchado, y lo que calla también es tenido en cuenta. Poner el dedo en la llaga supone una dignificación moral, y guardar silencio una perfidia”.

Aunque suene a “juicio algo trasnochado”, Caballero Bonald cree que lo único que puede hacer el escritor “para corregir las erratas de la vida” es intervenir en la realidad con los medios a su alcance, esto es, “enriqueciendo con su escritura la sensibilidad ajena”. Su ideología quedará reflejada en su obra, aun sin proponérselo.

Pero hay épocas, y la actual es una de ellas, en que “ningún artista puede sustraerse al papel de testigo, de crítico de la sociedad en que vive y del poder que la representa”, y más cuando esa función crítica “siempre será tildada de prescindible por parte de quienes disponen del poder”, señaló Caballero Bonald.

Algunos opinan que, en plena democracia, ya no es necesario el compromiso social del escritor, que puede tener ya algo “de trasnochado, de anacrónico”.



Extraído de: www.letralia.com
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