viernes, 6 de diciembre de 2013

El viaje



  Arturo Madrid Lindsay




Tres hombres uncieron a una entoldada carreta tres magros bueyes cornilargos de lerda molicie.
En la noche, los tres hombres en la entoldada carreta, con sus tres guitarras emprendieron viaje hacia la luna.
Con quejidos de bujes a lo largo del lomo del tiempo, a paso quedo, va la carreta con tres bueyes cornilargos uncidos…
Tartajean su burla los lechuzones entre los chucientos pajonales del camino, pero los hombres bajo el toldo de la quejumbrosa carreta, puntean sus antiguas canciones de fe; y los bueyes cornilargos bajan la cerviz al peso de los milenios. Su tardo paso se bambolea sobre el camino arqueado del lomo del tiempo…
Tres hombres iban hacia la luna en una quejumbrosa carreta.
Nubarrones desgarrados, semejando viejas caducas con los senos secos de lluvia, hilachaban el cielo con manos de dudas que quisieran estrujar la luz. Su oscuro embozo flequeaba al trompeteo largo de aullantes canes.
Entre retorcidos caminos, tres hombres en una carreta iban hacia la luna.

Tres bueyes de lerda molicie, unidos a una entoldada carreta, van hacia la luna.
Entre chirriantes ejes, en el toldo, en las llantas, se entrecruza el sonido de una inquebrantable voluntad.

Mientras a paso lerdo los bueyes siguen hacia la luna, tres hombres, caídos a lo largo del camino entre chucientos pajonales se pudren lenta e ingenuamente. Entre tanto sus guitarras, bajo el toldo de la quejumbrosa carreta siguen punteando sus antiguas canciones de fe…

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