sábado, 12 de abril de 2014

En octubre aparecerá 23ª edición del Diccionario de la lengua española


Entre las nuevas entradas del Drae se encuentran palabras que los hispanohablantes usamos desde hace mucho tiempo, como audioguía, hipervínculo o precuela.

Álvarez de Miranda: lexicografía responsable.
La Real Academia Española (RAE) cerró el viernes 14 de marzo la 23ª edición del Diccionario de la lengua española, que se publicará en octubre de este año con motivo de la conmemoración del tercer centenario de la institución. Esta nueva obra panhispánica es fruto de la colaboración de las veintidós corporaciones integradas en la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale).

El director de la RAE, José Manuel Blecua, entregó el 17 de marzo a la representante de la editorial Espasa, Ana Rosa Semprún, el contenido del Diccionario en un dispositivo electrónico. Al acto, celebrado en la sala Dámaso Alonso de la institución, asistieron el secretario de la corporación, Darío Villanueva; el académico director del Diccionario desde 2011, Pedro Álvarez de Miranda; el secretario general de la Asale, Humberto López Morales, y la directora técnica de la obra, Elena Zamora.

Durante los próximos meses, hasta agosto, se llevará a cabo el proceso de revisión y corrección de pruebas, de modo que el Drae pueda entrar en la imprenta después del verano. La obra se distribuirá simultáneamente en España y América.

Este diccionario tendrá 2.400 páginas y se editará en un solo tomo cuyas dimensiones serán de 17,5×26 centímetros. También se publicarán una versión en dos volúmenes, destinada a América, y otra especial para coleccionistas.

Este es el Diccionario más modificado de las 23 ediciones de su historia. El número de artículos de la 23ª edición ascenderá a algo más de 93.000, unos 6.000 más que los incluidos en la anterior (2001) y más del doble de los aparecidos en el primer diccionario de uso de la RAE, publicado en 1780. En total, el Diccionario recogerá cerca de 200.000 acepciones —entre ellas 19.000 americanismos— y alrededor de 6.000 artículos nuevos.

Las enmiendas de esta vigesimotercera edición superan las 100.000, sobre un total de 45.300 entradas, y las supresiones de artículos serán aproximadamente 1.350. Estos datos pueden experimentar ligeras variaciones en el proceso final de diseño y maquetación, que comienza ahora.

En ese bloque se incluyen desde cambios menores, como la supresión de una coma, a otros radicales, como la eliminación de palabras caídas en desuso (bajotraer: “abatimiento, humillación, envilecimiento”) o la incorporación de americanismos como jonrón (del inglés home run), muy utilizado en países de América con gran afición al béisbol.

“Queremos que sea el Diccionario de referencia para todo el mundo. Se nos criticaba que en el lenguaje del deporte estaban sobre todo representados los de España y en esta edición hemos introducido términos americanos”, explica Villanueva.

Puede que algunos cambios lexicográficos contenten demandas de colectivos —se eliminan acepciones sexistas del tipo de femenino: “débil, endeble”, masculino: “varonil, enérgico”, huérfano: “Dicho de una persona de menor edad: a quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre”— pero Álvarez de Miranda subraya que desaparecen porque han dejado de ser “definiciones veraces”.

Continuarán términos que irritan por hirientes porque siguen circulando en la lengua, aunque se puntualizan con una marca: mariconada aparecerá identificada con la mencionada etiqueta de “malsonante”. “Hay que procurar no herir la sensibilidad de nadie pero la lexicografía no puede hacer dejación de su responsabilidad, que es consignar lo que en la lengua existe”, señala Álvarez de Miranda. “El lexicógrafo que recoge en un diccionario la palabra maricón no es homófobo. Esa palabra existe”, añade.

Villanueva recurre a una cita de Aristóteles para exponer la visión de la RAE: “La palabra existe para manifestar lo conveniente y lo dañino, así como lo justo y lo injusto”. “Sería absurdo”, añade, “que el Drae sólo recogiese las palabras bonitas. Incluir palabras que no son políticamente correctas en el Diccionario no es una forma de avalarlas. La lengua es de todos, también de quienes son menos sensibles y usan el lenguaje para insultar”.

Para Álvarez de Miranda, la cosa está clara: “La lengua es así, no es de la academia ni de los lexicógrafos. Con quien hay que enfadarse es con nosotros mismos, los hablantes. Un diccionario es bueno si es veraz. Lo otro es matar al mensajero”.

Entre las nuevas entradas del Drae se encuentran audioguía (“dispositivo electrónico portátil de uso individual que, a través de grabaciones, proporciona información en la visita a una exposición, paseos turísticos, etc.”), dron (“aeronave no tripulada”), hipervínculo (“enlace”), pilates (“método gimnástico que aúna el ejercicio corporal con el control mental, basado en la respiración y la relajación”) o precuela (“obra literaria o cinematográfica que cuenta hechos que preceden a los de otra obra ya existente”).

La aparición, entre 2009 y 2011, de un importante grupo de obras académicas (la Nueva gramática de la lengua española, la Ortografía de la lengua española y el Diccionario de americanismos) ha hecho necesario el desarrollo de trabajos de armonización entre los contenidos de estas obras y el Drae. Con ello se consolida la doctrina lingüística común que subyace a toda la producción académica.

En esta línea, cabe destacar la regularización en el Drae del tratamiento de las marcas geográficas americanas y la revisión del tratamiento de los extranjerismos.

La versión electrónica del Drae, publicada en 2001 y accesible gratuitamente, ha sido actualizada en cinco ocasiones, entre 2004 y 2012.



Extraído de: www.letralia.com

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