sábado, 22 de agosto de 2015

Las caras de un artista que se fue



Cuando la herida de Dahd "Ducho" Sfeir aún seguía fresca y se evocaban sus años formativos en la compañía independiente Club Teatro, la cultura uruguaya se vio forzada a enfrentar, como una absurda y desafortunada casualidad, el fallecimiento de Antonio "Taco" Larreta a los 92 años.
Los epítetos para describirlo son muchos, pero nunca se acercaron a la cantidad de creaciones, enseñanzas y elogios que dejó atrás. Él, director de cine y teatro, actor, dramaturgo, novelista, crítico y guionista, había tenido un contacto cercano con la cultura desde un principio, al nacer en el seno de una familia patricia en 1922.
Tanto Larreta como sus hermanos "no fueron a colegios, sino que fueron educados por institutrices y profesores particulares. En general, eso no siempre daba buen resultado, pero en este caso sí", comenta el poeta y ensayista Jorge Arbeleche, académico de número de la Academia Nacional de Letras, institución de la cual Larreta fue académico emérito.
Esos primeros años jugaron un rol neurálgico en su carácter y sus intereses, según el actor y exdirector artístico de la Comedia Nacional Jaime Yavitz. "Él mamó la cultura, la música, la escritura desde el biberón. Era un mundo que estaba abierto de forma natural para él", comenta a El Observador el artista, que fue alumno de Larreta a mediados del siglo pasado, durante sus años como docente en la Escuela de Arte Dramático.
"Taco era una persona que tenía una cultura a la que no estábamos acostumbrados. Cuando terminaba la clase los alumnos le negábamos la posibilidad de salir corriendo al diario El País porque veía nuestra desesperación por hablar de cultura. Él nos generaba esa necesidad de saber", agrega.
Aunque para Larreta "la cultura era una", señala Yavitz, el cine ocupó un lugar especial tanto en su vocación como en su agenda y sus conocimientos. Según recuerda Arbeleche, Larreta vivía solo y solía ir al cine sin compañía en las tardes. "Era un gran cinéfilo", agrega, que recién a los 67 años de edad tuvo la oportunidad de dirigir un largometraje, Nunca estuve en Viena, protagonizado por "China" Zorrilla. 
A pesar de sus costumbres, Larreta "no era un hombre solitario. Era un hombre lleno de amistades y que mantenía una excelente relación con sus hermanos y hermanas", señala Arbeleche, al tiempo que el actor y director Ricardo Beiro, colega de Larreta en el Espacio Cultural García Lorca, subraya el sentido del humor que lo unía a sus pares. "Quisiera recordarlo como una persona con la que nos reíamos todo el tiempo. Tenía un humor muy fino, muy inteligente", además de "una gran afabilidad. Nunca se enojaba".
Uno de los máximos representantes de una generación que poco a poco se apaga, Larreta, velado hoy en el Teatro Solís, mantendrá como varios de sus colegas un lugar privilegiado en la memoria cultural uruguaya. "Las generaciones se renuevan, pero por ahora no he visto ninguna figura como la de él", afirma Arbeleche, hablando no sólo del creador prolífico, sino de la persona. "Un gran artista, un hombre culto, fino, simpático. Uno sentía que compartir con él un café era ganar tiempo, no perderlo. Era enriquecerse". 

Extraído de: http://www.elobservador.com.uy/
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