sábado, 12 de septiembre de 2015

Un Olimareño secuestrado en Argentina: "Lo único que hice fue cantar"

El cantante uruguayo Braulio Lopez, miembro de Los Olimareños, fue secuestrado por la dictadura argentina en abril de 1976 y estuvo seis meses desaparecido. Ayer declaró por videoconferencia en el megajuicio de La Perla. Lo interrogaron sobre letras que hablaban del Che y sobre la izquierda uruguaya. Sospechan que su caso fue parte del Plan Cóndor.
Por: Juan Manuel MannarinoCuando “Los Olimareños” llegaron por primera vez a Córdoba, en 1965, los recibieron como si fueran héroes del folclore latinoamericano. Cuatro años después, en la antesala del “Cordobazo”, los uruguayos volvieron a la provincia y cantaron “Cielito del ’69”, con letra de Mario Benedetti. “Que vengan o que no vengan/al pueblo nadie lo asfixia, que acabe la caridad/y que empiece la justicia”, repitieron a coro en la multitud. No sabían que la inteligencia del Ejército argentino los tenía marcados  y que al inicio de la dictadura uno de sus miembros, Braulio Lopez, sería secuestrado  en Argentina.
En abril de 1976 Lopez viajó a un pueblo cordobés llamado James Craik a buscar un equipo de sonido. A la vuelta, mientras esperaba el colectivo lo rodearon cuatro personas de civil acompañados del comisario de la zona. Lo encapucharon y metieron en un auto. Preguntó por qué  y adónde lo llevaban: solo le dijeron que estaban cumpliendo órdenes.
Braulio López declaró por videoconferencia desde Uruguay en el megajuicio de La Perla. El músico describió el itinerario de su detención en el ex centro clandestino de Campo de la Ribera. Dijo que lo interrogaron sobre por qué cantaba “letras subversivas”. Seis meses permaneció allí hasta que fue trasladado al pabellón 10 de la UP1 junto a otros presos políticos.
Los interrogatorios fueron de dos tipos. “Por un lado, había represores que le preguntaban sobre dónde estaban las letras subversivas. Y eran canciones públicas. Eso demostraban el poco nivel de instrucción que tenían”, contó el fiscal Facundo Trotta a Infojus Noticias.
-Por esas letras del Che te vamos a castigar. Basta de pavadas – le dijo un verdugo.
López narró una secuencia que le pareció cómica. “Había un tipo que me pedía que le dicte la canción del Che, entonces le iba cantando ´seguiremos adelante…´ hasta que frenaba en el estribillo. El tipo se volvía loco y me decía ´dale, pelotudo, decime la parte donde aparece el Che Guevara´. Y yo le daba otra vuelta más”.
La otra clase de interrogatorio fue más incisiva: le preguntaban si conocía a los movimientos de izquierda uruguayos. Braulio leyó un documento de la dictadura oriental que fue desclasificado por el Frente Amplio. Allí se explicita una comunicación entre los Ejércitos de Argentina y Uruguay. “Le preguntaron si sabía información de grupos de izquierda, y eso comprueba que había información cruzada. Es una muestra que su caso estaba dentro del Plan Cóndor, porque esa información era imposible saberla de acá. Es notorio que esa inquietud vino desde el otro lado del Río de la Plata y que había una vinculación entre las dictaduras”, precisó el fiscal.
De niñas y gallos
De la Unidad 9 de La Plata lo llevaron a la cárcel de Devoto durante un mes. Finalmente fue conducido a la Policía Federal de Buenos Aires, donde le dijeron que “sería expulsado por su relación con la subversión”. Cuando lo dejaron libre, se exilió en España.
-Estuve seis meses desaparecido y seis meses legal. Lo único que hacía era cantar –contó el músico.
Sus interpretaciones, para el fiscal, eran “un bálsamo entre tanta tortura”.
Cierto día, los represores lo llevaron de la UP1 a la Ribera. “Unas mujeres me pedían que cantara ´La niña de Guatemala´, un poema de Martí. Entonces un  interrogador me dijo “si vas a cantar, cantá esa, pero otra no”. Se referían a temas como “Los dos gallos”, que la juventud de izquierda entonaba al son de “si cantara el gallo rojo otro gallo cantaría”. Esa clase de situaciones sucedía cuando el Ejército dejaba la guardia. “Ellos eran los duros. Pero la cosa se ponía menos rígida cuando venía la Gendarmería. Varias veces nos sacaban al patio pero siempre con la venda. Me ponía al lado de un compañero que me contaba una película, y yo le cantaba una canción”, describió.
En la Navidad del ’76 le pidieron desde el pabellón de mujeres que les dedicara una canción. “Siempre nos rebuscábamos con la comunicación. Allí pensé por dónde podía cantar para atravesar las paredes.  Entonces me hicieron escalera humana, subí hasta una ventana que tenía vidrios rotos, me agarré de los barrotes y asomé la cabeza. Y les canté ´La niña de Guatemala´. Esa imagen me quedó grabada en la memoria. Las mujeres sacaron los pañuelos blancos y saludaron”, contó, emocionado.
Braulio cerró su declaración con un pensamiento. “En esos momentos límites, o sos un hijo de puta o te aparece la bondad. Te salta quién sos. Con el tiempo me encontré con compañeros detenidos y la dimensión de la solidaridad siguió intacta”.
Y concluyó: “No podemos esconder la verdad, eso es cobarde, agradezco a los compañeros que vinieron a testimoniar”.


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