miércoles, 26 de octubre de 2016

Las vinculaciones entre un cura artiguista, un horno de ladrillos y el primer partido de fútbol

Mil nueve  años  después:  ¿Qué  tiene  que  ver  uno con  otro?




Roberto Sari Torres



Cuando   Dámaso  Larrañaga pasó por  San Salvador (Dolores hoy) regresaba   de  “Purificación”  donde   había  ido  a  entrevistarse    con Artigas. Trae  la  venia del Jefe  para  fundar  la primera  Biblioteca  Nacional que  será  en 1816. El  sacerdote vadeó el río por el “Paso de  la cruz”; 300 metros  aguas  arriba  del  puente  de  ruta  21.  La  etapa culmina en la Capilla  Nuestra Señora  de los Dolores, pasando por calle  Zapicán (Barrio Calvo), entonces  el  segundo camino para conectar  con el Camino Real en el mismo  momento de la fundación el 22  de setiembre de 1801.
Es junio  de 1815  y Larrañaga pasa por  “Zapicán” anottando  que al costado  de  la hirsuta huella  humea  un horno ladrillero  y luego  que el breve  rancherío  de no  más  de 20  viviendas,  comienzan  a  levantarse  las primeras  casas con ladrillo cocido sobre  “el infierno”  de  boquillas atizadas con poderosa  leña  de   algarrobo,  espinillo,  coronilla,  del gran monte sansalvadoreño de  aquellos años.
La memoria legendaria   de   en dónde  comenzó  a practicarse el  fútbol acá, cuenta  que  la pelota picó una tarde de 1906 en campo abierto al noreste  del cementerio municipal,  casi  naturalmente  nivelado al Sur  de  la calle Zapicán, el  timbó e ibiriapitá.   La  marca  de la cava en la  tierra se distinguía hasta hace unos  30 años .
Y por ahí  estuvo uno de  los hornos, en Timbó y Florentino Calvo. Un viejísimo don  Miguel Basalle,  de Artigas casi Oribe,  recordaba en 1992 que el horno del Siglo XIX  estuvo hasta  1900.
Don  Miguel agregó  el haber  visto a unos  muchachos correr tras una pelota  de cuero, campo arriba de la cava del horno  apagado, al lsur de la calle Florentino Calvo,  abierta en 1960  paralela a Zapicán.
Don  Miguel  no muy seguro  decía que el horno había  sido fundado por un tal  Vasco  Arzú, y en manos  de sus  descendientes se mantuvo durante  todo el  Siglo XIX. Como  no n tenía otra  cosa,  di por  bueno todo   el dato… hasta  hace unos  meses, cuando  me  visitó un descendiente  de  novena o  décima generación  de aquel hornero de 1815.  No  era Arzú el apellido sino Amuz, y  genealógicamente no  era  vasco sino  turco, de  los inicios del  segundo milenio.
Dámaso Antonio Larrañaga
(Montevideo, 10 de diciembre de 1771 – 6 de febrero de 1848)
El  visitante Sr.Amuz, llegó en   busca  de alguna  referencia que despejase  la incógnita sobre la verdad  o leyenda  del horno y su histórico ladrillero…  y  estuvo  sentado en el  radio  de  50 metros  alrededor del horno bicentenario y del primitivo pisadero,  certificado por mi mismo  al  ver y  balizar bajo tierra del barrio Calvo  parte  de un  pilar de las boquillas de tal horno  sansalvadoreño del  silo XIX  (del año 1814 estimativamente).  En algún  momento del milenio  aquella génesis llegó al norte  de España y hace más  de  dos siglos  una rama de  aquel  árbol curo-asiático llegó hasta   estas tierras. El primer  Amuz aparece  en el año 1007  en el registro civil de Turquía. Me impresionó particularmente  la  dedicación   de sus   antecesores de este Sr.Amuz.  sentí que  aquel bicentenario Amuz  ladrillero, cuando llegó al barrio, ya  traía  una  habilidad ancestral ladrillera en  sus  manos,  un antiguo conocer  su técnica de  molde,  trabajo y quema aprendido en la evolución de la civilización.
Fotografía  extraída del libro "Centenario del Dolores Foot-ball Club
y  otros cuentos" de Roberto Sari Torres, 2008.
Pero no es  de evitar pensar que en 1868 se fundaba   la estancia La Concordia  de firma inglesa. Ellos venían  de un país que había inventado el  fútbol y fundado su liga rectora en 1863.  El nuevo deporte hacía furor y el rumor  al parecer llegaba a La Concordia, lugar propicio para su práctica con miles  de hectáreas de campo para correr  tras la pelota inglesa. A   solo  cuatro leguas de acá, el furor  del  futbolista llegó también a  los campitos orilleros  doloreños, en donde además vivía la mayoría  de  los más  de  100 peones que en aquel latifundio trabajaban y vivían.
Cuando en 1908 el  Dolores Football Club saltó  a la cancha de la Plazoleta Romero  a disputar   con el Independiente Football Cllub  el primer partido de  nuestra historia local, ambos cuadros lo hicieron  sin saber qué compleja urdimbre los  sostenía, entre ladrillos del  vasco-turco Amuz –origen año 1907- y el paso del Cura Larrañaga, todo  resuelto 1009 años después, nada más. Mil  nueve años!

Eso  explicaría  por qué a veces, sobre la urdimbre de la narrativa histórica, desde las alturas del tiempo, parece precipitarse mansamente  una lluvia de  melancólica  antigüedad   e inexplicable nostalgia.

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