Un gigante del Pleistoceno en Soriano:
hallan restos de un Glossotherium en la Cañada Paraguaya
Integrantes del Museo Lacán Guazú de Dolores lograron el rescate de la
pelvis de un perezoso terrestre que habitó la zona hace miles de años. Eduardo Poloni, presidente de la institución,
detalló la compleja logística bajo el agua para extraer la pieza y el minucioso
proceso de laboratorio que permitirá su futura exhibición
Integrantes del Museo Lacán Guazú, de Dolores, extrajeron restos fósiles de un Glossotherium, un perezoso terrestre del período
Pleistoceno, en la Cañada Paraguaya, afluente del Río San Salvador. El hallazgo
de la pieza, correspondiente a una pelvis, fue realizado el 3 de enero por
Eduardo Poloni y Álvaro Achigar.
Debido a la ubicación del fósil, y al nivel del curso de agua, el operativo de
rescate incluyó el sellado de la parte superior de la estructura ósea y el
apuntalamiento con tablas en la base para su retiro. El espécimen se encuentra
bajo resguardo temporal siendo
trasladado al Museo Lacán Guazú para su estudio y posterior exhibición.
Eduardo Poloni,
presidente del Museo Lacán Guazú en
diálogo con @gesor brindó detalles del trabajo realizado, y de
las etapas que seguirán para la preservación de esta pieza arqueológica y posterior exhibición.
¿En que
consistió el trabajo para sacar a la superficie los restos de este
animal prehistórico?
-“Nosotros tenemos un grupo de aficionados a la paleontología que hace años que intentamos rescatar fósiles de lo que es la megafauna. La megafauna se le llama a esas bestias, mamíferos que vivieron hasta durante los últimos dos o tres millones de años, hasta su extinción hace muy poco, en términos geológicos, hace ocho mil, diez mil años.
Es una zona muy rica en esos fósiles, desde
hace muchísimos años hay aficionados que se han dedicado a esto. Y bueno,
nosotros tenemos un grupo que salimos especialmente a recorrer cañadas de lo
que es la zona de la cuenca de San Salvador, porque en las cañadas es donde
afloran. Se ven en las barrancas, es donde aparecen los huesos en
el nivel geológico que corresponde a esa época.
Se llama Formación Dolores porque se describió
ese tipo de nivel geológico en la zona de Dolores.
O sea que nosotros hace años que estamos en
esto, y este fue el último hallazgo que hicimos en la Cañada Paraguaya, que es
una cañada afluente de San Salvador”.
¿A qué distancia está de Dolores?
-“A unos 20 kilómetros, más o menos”.
Para ponerlo en contexto, ¿está cerca o muy lejos del hallazgo
de los restos del griptodonte que se dió años atrás?
-“Está muy lejos. La cola de griptodonte que tenemos en el Museo,
que es una de las pocas colas enteras que hay en el país, fue un hallazgo que hicimos en la Cañada de
Nieto.
En general son todas cañadas afluentes de San
Salvador, no es toda la cuenca de San Salvador”.
¿Estos
restos estaban bajo la superficie del agua? ¿Estaban semienterrados? ¿Cómo los
encontraron?
-“Como están realmente bajas las cañadas, lo
que sobresalía era apenas una parte de un hueso, que incluso debe estar hace
mucho tiempo así, porque tenía lama, estaba medio verdecito, pero era una
pequeña parte de ese hueso que salía. Entonces, a partir de ahí, estaba bien a
nivel actual del agua. O sea que en
general, con el nivel de la cañada normal, nunca lo hubiéramos visto.
Bueno, empezamos a cavar. El hueso seguía, seguía y seguía. Fuimos varios días hasta descubrirlo todo.
Es un hueso realmente grande”.
Estamos hablando de un animal prehistórico que
pesaba una tonelada y media, más o menos.
-“Más o menos, sí. Estamos hablando de la pelvis, la cadera
entera, de un Glossotherium, que
era un perezozo de los medianos. Había perezozos enormes. Nosotros tenemos
restos del Megatherium , que
es el perezozo más grande que había en el museo.
Este es un perezozo mediano. Los adultos deben andar en 1.500 kilos.
Y bueno; después de descubrirlo todo, el hueso que es
muy grande, tiene un metro y medio, más o menos, para protegerlo lo enyesamos todo
por arriba. No lo pudimos enyesar del
lado de abajo, porque estaba bajo el agua.
Entonces lo tuvimos que fortalecer de otra
manera. Lo envolvimos todo, y después
que estaba todo enyesado tuvimos que ver la manera de cómo lo íbamos a sacar. Ahí inventamos una técnica, que ya debe estar
inventada, que es meterle por abajo tablas.
Cavando por debajo, dentro del agua.
Le pusimos tablas por debajo, le hicimos como una camilla de tablas, que después tuvimos que hacerla más firme, con otras
tablas atravesadas. Cuando tuvimos esa camilla, y todo el hueso encima de la tabla, lo fuimos sacando. Éramos seis para sacarlo, por
la cañada, del otro lado de la barranca, que hay una pendiente. O sea, es una barranca con pendiente.
Tuvimos que hacerle como escaleras, con palas. Toda una logística que nos llevó
aproximadamente un mes, desde el hallazgo, que fue por allá por el 6 o 7 de
enero, hasta el martes pasado, que fue cuando ya teníamos todo dispuesto para
ir a sacarlo.
Una vez que lograron estabilizar el hueso y
poderlo sacar, lo trasladaron a Dolores”.
¿Cuál es el trabajo posterior que se va a
realizar?
-“Ahora es el trabajo de preparación del
fósil, porque tenemos que descubrirlo. Sabemos que en alguna parte está partido.
En eso ya tenemos experiencia, y es lo
que en general nos lleva más tiempo.
Después tenemos que ver dónde lo vamos exponer, porque es un hueso muy grande. Supongo que la
preparación del hueso nos va a llevar varios meses”.
En el lugar, ¿encontraron vestigios de que
podía haber habido otros restos óseos que se pudieran haber ido degradando con
el tiempo? ¿Hay alguna presunción de eso?
-“No. En todas las zonas que excavamos, el
único hueso que encontramos fue ese; pero 20 centímetros para allá, o hacia debajo
de la barranca puede haber otros huesos.
Estos huesos, que encontramos, porque corresponden a varios huesos, son toda la pelvis, toda la cadera, por
llamarlo de alguna manera. Es muy grande,
por eso nos va a llevar unos cuantos meses de charla y de trabajo en el
laboratorio, que es lo que nos gusta hacer”.
Un trabajo más lento, pero que es el proceso
más interesante también para los que están en el tema.
-“Sí, claro.
Nosotros tenemos mucha experiencia, porque hemos
preparado varios fósiles. Nosotros decimos el laboratorio, pero es el fondo de
la casa de nuestro amigo, de Álvaro Achigar, que junto conmigo encontró el hueso. Ahí el laboratorio”.
¿Cuántas personas están habitualmente
participando de este tipo de trabajo?
-“En general somos pocos, somos tres o cuatro los que salimos.
En Dolores hay más aficionados, pero el grupo
nuestro son tres o cuatro. En Dolores hay muchos aficionados a la paleontología.
Hay colecciones de fósiles muy importantes, no solamente en el Museo
Laganguazú.
Hay otro museo, el Museo Saavedra, que era un veterano que
falleció, que tiene fósiles muy, muy importantes, casi únicos en el Uruguay.
Tiene la cabeza entera de un oso, del Arctotherium , que era un oso que vivía en la época de la megafauna. Creo que hay
dos cráneos enteros en el país, y uno está en Dolores.
Nosotros tenemos la
cola del Gliptodonte. Caparazones de Gliptodonte hay muchas. Ustedes en Mercedes tienen una que está preciosa. En
Montevideo hay muchas, en Colonia hay muchas, pero colas no. Nosotros en el Museo Lacán Guazú tenemos
una cola entera, que nos llevó también como dos meses sacarla de la barranca, enyesarla y después nos llevó como un año toda la
preparación”.
Usted
decía que el Museo Lacán Guazú tiene una
colección importante, ¿qué trabajo se
realiza para la difusión de todo este material?
-“Tenemos muy buena relación con una de las Cátedras
de Paleontología, con jóvenes
palentólogos del Museo Historia
Natural.
Cuando nosotros encontramos la cola de Gliptodonte
y empezamos a sacarla, vinieron dos paleontólogos, uno del Museo de Historia Natural y un paleontólogo argentino joven que nos dieron
una muy buena mano para la extracción de la cola. Y después esa cola fue
estudiada por otro paleontólogo joven que se dedica a los Gliptodones que, como era la única cola entera que había en el
país, nos pidió que le hiciéramos una tomografía. Se la hicimos gracias a la Mutualista CAMS,
que nos cedió un espacio para hacerla y mandarle a la Facultad de Ciencias ese
material, que es un aporte interesantísimo a la ciencia, especialmente a los
gurises jóvenes que están estudiando estos animales”.
Hay que tener en cuenta que Dolores, Villa Soriano, Mercedes y otras zonas son terreno propicio
para encontrar este tipo de materiales.
-“Claro. Ustedes tienen ahí en el Mauá una
colección enorme que debe ser la colección más grande que hay en el país.
Nosotros en Dolores estamos tratando de colaborar
con la ciencia.
En Dolores, para mí, la macana es que las colecciones están todas
desparramadas. En algún momento capaz
podamos hacer un inventario único de
todo lo que hay en Dolores, porque hay mucha gente que tiene fósiles muy
interesantes”.
Seguro, porque de ese trabajo también puede
surgir el hecho de que los paleontólogos puedan determinar si hubo en ese
periodo alguna fauna característica en esta región.
-“Más o menos ya se sabe la fauna que había.
Ante cada hallazgo nosotros siempre informamos, tanto a la Cátedra
de Paleontología como al Museo de Historia Natural. Ellos saben de nuestro
trabajo y casi siempre se están dando una vuelta para ver la colección.
Nosotros tenemos una colección muy grande en
el Museo, pero en lo que está expuesto debe ser el 5%”.
Sí, como todo Museo.
-“Sí, como todos, porque es imposible. Tenemos todo inventariado, y cualquiera puede acceder a verlo”.
Ahora se viene el trabajo más grande que es
poder recuperar esa pieza, y estudiarla.
-“Sí. . Lo más importante ahora es empezar a
prepararla, porque hay partes que ya
vimos que están un poco rotas. Tenemos
que armarla, armarle bien la estructura, consolidarla. Pero ya tenemos bastante
experiencia con otros fósiles. Y está, es la parte más linda. Nos juntamos, charlamos y vamos haciendo eso.
Creo que es un fósil que nos va a llevar muchos meses”.
NOTA:
Glossotherium (del griego "bestia lengua") es un
género extinto de perezosos gigantes de América del Sur de la familia
Mylodontidae. Poseían gran tamaño y hábitos terrestres.
Su extinción ocurrió hace 15 000 años, cuando el clima
cambiante, junto con la posible caza humana fueron reduciendo el número de
individuos hasta su desaparición. El último registro de un animal con vida es
de 8000 años de antigüedad, a unos 160 km de Buenos Aires (Argentina), donde ha
sido descubierto el fósil más reciente.


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