viernes, 28 de octubre de 2011

El cuentito medieval

                                                                                                                             
El día de la minúscula rebelión de  los habitantes de la pequeña y lejana comarca

Ángel Juárez Masares

Obra en un Acto de autor anónimo, encontrada por un siervo encargado del ático donde solían guardarse los elementos de limpieza de un coqueto y antiguo palacio, que erguíase al borde del gran Lago Negro.

Personajes:
Alex Unvago: Hombre de edad mediana encargado de redactar los bandos del reino (conocido por su costumbre de disfrazarse de soldado).

Olivié: médico devenido en administrador de los asuntos feudales (por la compatibilidad entre ambas funciones…obvio)

Ganso Del Castello: escriba privado del Señor feudal (conocido entre sus pares como “Elbo Cina”).

Joseph Louis: Señor caído en desgracia por haber pretendido sentarse en el sillón de Palacio, al que le asignaron la tarea de atraer visitantes a la comarca (asunto más difícil que cepillarse los dientes con una escoba)

Ferdinand De Vor: Encargado del tesoro del reino (llamado “El Cotorra”, porque aseguran que se llevó más de un palito para su nido).

Abdul Alí: Moro convertido, experto en construir escaleras.

Madame Lurdés: Noble Dama a cargo de la cultura de los habitantes del reino (aunque aseguraba  que no pudo hacerlo porque “el puevlo era muy vurro”)

Guillerme Del Campo: Señor feudal de la pequeña y lejana comarca de la insignia del Zor-ete, de quien se decía era experto en” hacerse el oso”.


ACTO UNICO

Al levantarse el telón, está Alex Unvago sentado a una rústica mesa. Lee algo que ha terminado de escribir.

Alex Unvago: En los años que llevo promoviendo y exaltando como es de merecimiento las bondades y virtudes de mi Señor, jamás me he preocupado por destacar mis propias bondades y virtudes. Ahora  que mis actos me han dado la razón, he resuelto dejar para la posteridad un completo compendio de los mismos, con la seguridad que en los tiempos futuros no habrá escriba que pueda igualar mi brillante talento.

Entra Ganso Del Castello portando varios rollos de pergaminos que deposita groseramente sobre la mesa. Alex, protegerá su tintero.
Alex Unvago: ¡Qué haces torpe mozalbete! ¡Osas interrumpir mi trabajo de tan vil manera!

Ganso Del Castello: ¡Trabajo dices!.. ¿Cuándo has trabajado tu?... Si te has pasado todos estos años subiéndote a caballos que no te pertenecen.

Alex Unvago: ¡Nada más falaz podríais haber dicho, Ganso! Tú eres el que se ha subido a caballos ajenos, pero sobre todo a los del Señor. Seguro porque son tan pequeños como tu.

La discusión se interrumpe cuando ingresan en escena hablando animadamente, Guillerme Del Campo y Madame Lurdés.

Guillerme Del campo: En resumen, mi querida consejera… ¿Cuál es la conclusión a la que has llegado acerca del nivel cultural de nuestros aldeanos?

Madame Lurdés: Creo mi Señor, que educarlos sería contraproducente para nuestros intereses. Seguro que lo primero que harían sería inventar un sindicato.

Guillerme Del Campo: ¿Tan peligrosa es la educación pública…. a esos extremos?

Madame Lurdés:  Y vaya  usted a saber qué ocurrirá cuando se inventen las ceibalitas, pero por fortuna para eso habrá que esperar algunos siglos todavía.

Alex Unvago y Ganso Del Castello permanecen escuchando en silencio. Desde fuera llegan cánticos del pueblo.

Coro: ¡Se siente, se siente, el pueblo está presente!
            ¡el pueblo unido, jamás será vencido!

Madame Lurdés: ¿Ha escuchado mi Señor?... creo que el socialismo llegó a las puertas de Palacio.

Guillerme Del Campo: ¡Basta!... ¡no entrevere los tiempos Madame Lurdés!... esos cánticos son producto de la imaginación. Recuerde que la historia sólo existe si alguien la escribe.
Alex Unvago: (Se levanta y esgrime sus manuscritos) “¡Yo lo estoy haciendo mi Señor! ¡Para que vuestro triunfal paso por Palacio trascienda los siglos de los siglos!

Ganso Del Castello: “¡Y yo mi Señor!….hablo aquí de sus lindos caballitos, y lo he pintado sobre su corcel al frente de todas las marchas de Caballería, besando niños pobres, viejas desdentadas, mirando por la ventana cuando  Ferdinand De Vor s “pierde” algunos maravedíes de las arcas de Palacio, y más aún, abrazado a Pietro “El Ralo”, que es más traidor que el Caballero Amodio.

Coro: ¡El que no salta es un feudal!
         ¡el que no salta es un feudal!”

Guillerme Del Campo: ¡Cerrad las ventanas! ¡Tapiadlas! ¡Levad el puente!

Alex Unvago: Puente no tenemos Mi señor.

Guillerme Del campo: ¡Llamad a Abdul Alí, y que construya uno!

Alex Unvago: ¡Imposible mi Señor!...hace tantos años que no “toca madera” que se olvidó… ¿Le sirve Serrat?

Guillerme Del Campo: ¡No…ese aún no ha nacido…y cuando lo haga será comunista!

Ante el escándalo ingresan a escena: Olivié, y Joseph Louis. Se detienen alarmados.

Olivié: ¿Quién está enfermo? (mira a todos buscando síntomas de fiebre) ¡traigan un brujo, yo me olvidé como se cura!

Joseph Louis: ¿Ensuciaron acaso nuestras playas?... ¿Plantaron nabos en nuestra pista de carreras? ¿Abrieron un rumbo en nuestra hermosa barca de pasear visitantes?

Ganso del Casatello: ¡No, zopenco de cuarta!... ¡Playas no tenemos porque se inundaron, y el único nabo sin rumbo eres tú!

Ahora el pueblo ingresa a escena, pero en realidad son sólo seis personajes porque Ferdinand De Vor escatimó las monedas para contratar extras (aunque en su libro de caja figuran sesenta).

Coro: ¡Guillerme, Del Campo, el pueblo, te quiere!
          ¡Te quiere, Guillerme, te quiere, y se nota!
          ¡no importa, lo que hagas, el pueblo, te vota!

Saltan y bailan todos abrazados mientras el telón desciende lentamente. Todos están felices porque como alguien escribirá siglos después: “todo pueblo tiene el gobierno que se merece”.

FIN


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