viernes, 2 de diciembre de 2011

EL CUENTITO MEDIEVAL


Copia fiel de las memorias de un siervo halladas en el ático de un antiguo
y  coqueto palacio ubicado a orillas del gran lago negro


Ángel Juárez Masares

Cierto es que el estado de deterioro de los pergaminos encontrados no permiten hilvanar una historia, pero estimado ha este escriba que el contenido dellos será de interés para las gentes honorables y cultas y fieles a estas crónicas antiguas. He lo aquí:

“A puesto el Señor pena de vida (de suprimidla entiéndese) a los cochinos onvres que entrasen en esta casa a hurgar en lo que no les incumbe, tanto como de muerte a pollos y marranos verdaderos que osen hollar los patios de palacio.
Ocurre que un día el Noble Ferdinand D´Vors  asomóse a mi humilde aposento y díjome: -inmundo paje, alza tu sucio culo de la paja donde lo has depositado y asómate a ver quién gruñe. No sea cosa que ande por ahí algún espía enviado por el pueblo ha enterarse de los reales asuntos de palacio-
Y como no estaba de ganas de propiciar la cólera del alcahuete mayor del Señor, fuíme presto a averiguar el motivo de su alarma. Pero, ¡oh! envío de los Dioses (no por Time Post, porque el bicho estaba sano) veo que los gruñidos eran emitidos por un marrano que se regodeaba osando ozar en un plantío de Can avis (planta que comían los perros y las aves para sentirse felices, antes que a alguien se le ocurriese quemarla hecha un rollito).
Tomamos entonces al cochino, con alluda de otro siervo, y arrastrámoslo a las caballerizas, donde acogotámosle hasta que el bellaco dejó de existir como cerdo vivo. Una vez bien  muerto y comprobado que hubimos su deceso, procedimos a cortarle el gaznate colocándole en bajo una tinaja para recoger la sanguis para batir morcillas, mientras mi otro como yo encendía una fogata para asar el marrano con cuero y sólo quitándole las vísceras.
Pero el cumplimiento de aquella comisión nos traería problemas, pues al rato apropincuóse el mesmo Señor feudal Don Guillerme Del Campo Vesozzo y Arroz Cena de los Small Horses, acompañado por Ferdinand D´Vors (conocido como Mer-Lin, por su arte en hacer desaparecer grandes montones de monedas de oro), y por el inefable Alex Unvago (como buen plebeyo sin más apellidos) quien reclamaba el derecho a escribir una obra teatral sobre la muerte del porcino. Completando la comitiva, Pietro “El Ralo” corría alrededor del Amo gritando: -¡marcha!... ¡marcha!.. ¡el vil asesinato de este pobre porcino amerita una marcha de caballería para reivindicar su memoria!..-
Tanto escándalo atrajo también la atención de Joan de Las Correas, escriba que solía rondar el palacio para destacar los aciertos del Señor en las lides de gobierno, pero que ¡oh..! ¡cuanta pena!... carecía de memoria para relatar los errores.
Finalmente el  Señor no tuvo otra alternativa que apelar a su carácter (bue… de alguna manera hay que llamarlo) asestándole un puntazo con su bota a Pietro “El ralo” (por imbécil sobre todo), y ordenando callar a Alex, que ensayaba unos pasos de ballet (torpes, of course).
El episodio finalizóse –como era de esperar- con el marrano asado en la mesa del Señor, y con mi otro siervo y yo hambrientos, y limpiando la sanguis derramada en la decapitación del mamífero paquidérmico doméstico de orejas grandes y jeta cilíndrica.

Como destacado que hemos en el acápite, el estado calamitoso de los escritos no hizo posible conocer detalles posteriores a lo antes dicho. Sí pudimos intuir que los asesinos del cochino invasor fueron sum arriados, es decir, instituyóseles cargos varios por “mala praxis en carneada clandestina”.
El resto del documento dice:
…con injusticia ha obrado el Señor hacia nosotros, pues castigónos con severidad por haber degollado al guarro que invadió sin permiso su jardín, pese a lo cual él y sus acólitos comiéronse su carne y relamiéronse con las morcillas elaboradas con su sanguis.
Mientras tanto, mi otro como yo y el resto de los siervos y lacayos de palacio, vemos sin tener que ver como se dilapidan los bienes que destinados al pueblo deberían estar.
Así están destrozados los carruajes, esquimadas las arcas de palacio, llenos de gentes ociosas los pasillos y scriptoriums, y adquiridos con dádivas los miembros del  Sind y Cato (Logia de hombres supuestamente al servicio de los demás). Y nosotros acusados de chanchicidio con premeditación y alevosía en reiteración real.
Tuvímosles entonces desta manera mi otro como yo, y yo, chupándonos como sanguijuelas mientras cumplimos la pena impuesta por el Señor, que entre otras comisiones obligábanos a matar las inocentes y emblemáticas palomas que habitaban la abadía, sólo porque al Señor Abad Charle´s Marie le molestaba que le cagaran la fachada y como el otro Señor, el más viejo, le impedía matarlas, nos impuso la tarea a nosotros… total… si los siervos no tienen derecho a comerse un cerdo… ¡cuanto menos a ingresar al reino de los cielos!...
Pero como todo llega y la justicia es terrenal…

Tarea imposible es continuar con la lectura de este pergamino, pero aunque leer mas historias no nos deja, lo extractado antes nos exime, de acudir a una tonta moraleja.
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