sábado, 14 de abril de 2012

El cordero de dios




Álvaro Parés
(Desde Francia, especial para HUM BRAL)




La exposición temporaria de Santa Ana de Leonardo da Vinci restaurada en el Louvre, como todas las temporarias ocupa un espacio relativamente chico (10 canchas de bochas + o -) en la planta baja del museo.
Por supuesto las fotos estaban terminantemente prohibidas.
En realidad habría que ir varias veces y estudiar más detenidamente las pinturas, esculturas y la profusión de documentos, tanto había para ver. Sobre todo los documentos.
Ese cuadro estaba (y vuelve) al pasaje de «los italianos» del segundo piso del Louvre donde siempre lo habíamos visto (justo antes de la sala de la Gioconda a la derecha) junto con el San Juan Bautista y la Virgen de las Rocas.
La restauración es impresionante, los colores volvieron a ser brillantes. Leonardo sorprendió a sus maestros siendo uno de los primeros en poner aceite con sus pigmentos, y en usar la técnica del «sfumati» (velos) hasta entonces los colores eran apagados, mas parecidos al pastel que al óleo.
No sé cuantos artículos he leído donde serios «expertos» en arte alabaron las «patinas marrones» de Leonardo que «daban un sentimiento de lejanía y de misterio sabiamente estudiado por el maestro durante años de labor encarnizado»... ¡En realidad eran 500 años de mugre!
Cantidades de santas Ana, de cuanto pintor italiano, holandés, flamenco te puedas imaginar, copias casi fieles de la de Leonardo y otras más libres, con paisajes a la Brueghel detrás, carretillas de pintores florentinos, milaneses, desconocidos, algunos más imaginativos que los «grandes». La versión de Raphael en realidad me gusto mucho más que las demás, sin faltarle el respeto a nadie.
Como siempre lo que mas me impresionó fueron las versiones populares en metal esmaltado o en terracota, probablemente fabricadas por algún campesino «con dones» para iglesias que no podían comprar la obra de un maestro, un « capo di opera ».
Detalle que tiene solo una importancia técnica: en el renacimiento no pintaban sobre tela, todos los Leonardo del Louvre, Mona Lisa incluida, así como los Raphael, Mantegna, Fra Angélico y otros están pintados sobre madera. Usaban planchas de madera bien baratas tipo roble o nogal.
Dicho sea de paso la de la Gioconda la tuvieron que restaurar con machiembrados allá por el año 1911 cuando un vidriero italiano la robó y la tuvo meses guardada abajo de la cama de la pensión donde vivía, ese fue el principio de la celebridad (justificada) de Mona Lisa...
Para todo pintor resalta el parecido que Leonardo pone en todas las caras, Santa Ana, María, San Juan Bautista, la Giconda, tienen un «aire de familia» evidente, sin contar el tono «aceituna» de la piel, sabiendo que cada uno tiene tendencia a reproducir sus propios trazos instintivamente, se puede suponer sin equivocarse mucho que Leonardo joven se debería parecer a esos retratos.
Había una cantidad enorme de copias de Santa Ana pero también de la Gioconda, no hechas por otros como estudios u obras originales inspiradas de lejos por Leonardo, sino copias que tenían una finalidad única de comercio. Copias hechas -diríamos hoy- de manera industrial, en los propios talleres de da Vinci, así se ve mucho mas claramente la verdadera importancia de la actividad de los maestros que no podían vivir de un solo pedido cada 5 o 10 años, y aceptaban pedidos de aristócratas que habían visto o escuchado hablar de tal o cual cuadro y pedían una copia (por supuesto con rebaja) que el maestro hacia ejecutar por un alumno. Viendo la copia de la Gioconda se puede suponer que el cliente podía hasta elegir la forma y los colores de la ropa...
Aparece claramente también la gran influencia que tuvo Santa Ana en toda Europa, por bosquejos hechos por otros, por descripciones o por haberla ido a ver realmente, cantidades de pintores del Mediterráneo hasta los fiordos nórdicos, la estudiaron, copiaron, interpretaron, como una obra «liberadora» por la composición, la libertad de interpretación (María y Santa  Ana representadas como dos mujeres «normales» de cualquier pueblito) además de los tres cuartos de perfil y otros detalles que se interpretaban como «osados». Fue una conmoción «rock» en su época.
Ahí donde habría que pasarse varios días, es en la sección de los carnets... Miles de hojas dibujadas y escritas (al revés lógico, era zurdo-ambidiestro) por Leonardo «him self». Unos carnets «de bolsillo» de más o menos 5 cm x 8 cm (no mas que un I Phone) donde hizo miles de bosquejos minúsculos y de una precisión impresionante, con un trazo más fino que un pelo, sobre los reflejos del agua, la fluidez de las corrientes, los movimientos de los animales, el vuelo de los pájaros, caballos espantados, pies, manos. Otros carnets «de taller» más grandes, del tamaño de un cuaderno de escuela, con proyectos de ensamblajes de madera complejos, mecanismos, cálculos, curvas, en fines la parte más emocionante de la exposición, te parece casi Leonardo acaba de dejarlos allí y se fue a fumar afuera y ya vuelve ¡Si. Si viviera hoy fumaría y viviría metido en los bar gay de Paris!
Un historiador del arte contaba el otro día en la tele que contrariamente a Miguel Ángel, que era un homosexual introvertido y algo huraño, Leonardo era tipo «coming out permanente». Por supuesto nada tiene que ver con el valor de su arte, simplemente se trata de verlo hoy como una persona en su globalidad sin juzgar, pero sin omitir nada.
Para hacértela corta, se lo ve vivo, es el logro mayor de la exposición, tanto el en torno, el contexto está ampliamente presente, al mismo tiempo que sus objetos personales.
No solo le gustaba pensar en maquinarias complejas, y tratar de explicar lo que no se ve a simple vista, sino que además hacia lo mismo en sus cuadros, hay muchas cosas escondidas, a algunas de las cuales se les perdió el sentido original, otras que se saben, como por ejemplo el consabido cordero que acaricia el bebe Jesús en el Santa Ana, no es un cordero sino un avatar de San Juan Bautista, el «agnus dei». En uno de los primeros bosquejos aparece San Juan Bautista pero en seguida lo transforma, además de invertir la imagen de derecha a izquierda. ¡Es como para preguntarse si San Juan Bautista no es en realidad el personaje principal! Hasta su muerte trabajo sobre este cuadro, como sobre la Gioconda, o sea mas de 20 años.
Esta exposición muestra muy bien el cortejo, la multitud que Leonardo logro, y logra aun hoy, mover con su pintura, pero sobre todo con su perspicacia e inteligencia. No era un gran trabajador como se lo describe a menudo, más bien lo contrario, dejó muy pocos cuadros, menos de 30 contando los frescos, y muchos hechos o terminados por alumnos (de donde muchos detalles «sospechosos» como por ejemplo el brazo «sin huesos» y la mano desproporcionada de su San Juan Bautista) pero los pocos que dejo son obras maestras, y sobre todo observó lo que otros no supieron ver.
Vivió solo 67 años, cuando se vanagloriaba de tener el secreto de la longevidad: «hacer lo que se quiere, cuando se tiene ganas», así erutaba o producía vientos odoríferos a la mesa del Rey Francisco I, como si se tratara de una obligación médica, con total desparpajo. Francisco I que le ofreció el castillo du Clos Lucé en la Loire, donde vivió sus últimos años y murió, pero no en brazos del Rey como lo cuenta la leyenda y varias ilustraciones de la época. Quedó en la historia como el Rey que importó el renacimiento a Francia.
A pesar de todo su talento de visionario, es muy probable que nunca se haya podido imaginar que un día sus cuadros y notas personales serían vistos por más gente que la que vivía en su época en Florencia y Roma reunidas, más aun que toda la humanidad del 1500 (cerca de 10 millones de personas visitan solo el Louvre por año y ninguno se va sin haber visto la Giconda) que vendrían de todas partes del mundo en metro, en bus, en aviones, habiendo buscado información sobre la vida de Leonardo en la gran tela de araña mundial, por medio de cientos de miles de laptop, Ipad, celulares y otras superficies pixelizadas e interactivas.
Es seguro que Leonardo se hubiera maravillado viendo todas esas maquinas rodantes, volantes e interactivas, como nosotros viendo su genial trabajo venido de otro mundo de hace cinco siglos.
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