sábado, 5 de mayo de 2012

EDITORIAL
Asumir responsabilidades


  • En la libertad de informar también está  la responsabilidad de hacerlo.


Aldo Roque Difilippo


Los recientes acontecimientos en las cárceles uruguayas movilizaron a la población y a los medios de comunicación a opinar   sobre el tema. En muchos casos con liviandad  y  sin conocimiento de causa, donde personajes entrajados frente a una cámara de televisión opinaron a gusto y placer sobre el tema, sin siquiera haber traspuesto por curiosidad las rejas de acceso de un establecimiento carcelario. Y mucho menos sin el mínimo conocimiento del marco jurídico u otras cuestiones que involucran esta  intrincada y  dramática problemática. 
 Pero lo más preocupante de  todo –nos parece-  es el florecimiento de ciertos discursos seudo fascistas, similares a las que  se  pronunciaban en los años del  período de facto donde predominaba o bien la apatía hacia los presos políticos, o el discurso del “algo habrán hecho”.  “Por algo están donde están”,  o frases similares.
 En estos nuevos casos de motines en las cárceles uruguayas existen por lo menos dos elementos que deberían movilizar a una reflexión profunda y no caer en  discursos de ese tenor, donde la sociedad, de una vez por todas vea al que  está tras las rejas como un congénere, y no como alguien que no pertenece a esta sociedad.
 Por un lado reflexionar sobre el papel que deberían jugar las cárceles en una sociedad democrática, si realmente están cumpliendo con su rol de encauzar a los que se  apartaron de las normas de convivencia. Si cumplen algún cometido útil para la sociedad y para los propios individuos que allí van destinados.
Por otro lado el papel  y la responsabilidad de los medios de comunicación y las autoridades en temas tan sensibles como estos.  Basta recordar que los motines surgieron  por reclamos de los reclusos por situaciones en gran medida generadas extra muros: primero el incidente donde un recluso  dispara con un arma de fuego contra un policía (que días después terminó muriendo).  Luego, como consecuencia de este hecho,  los sindicatos policiales que deciden, como medida de protesta, limitar las visitas de familiares a todos los penales, algo que desencadenó los disturbios  en la Cárcel de Mujeres. Y de ahí en adelante una sucesión de situaciones  de todo calibre, y donde los medios de comunicación lejos de analizar y reflexionar sobre los acontecimientos en procura de explicar las verdaderas causas, insistieron morbosamente en la peripecia de los hechos, en continuas referencias a los colchones quemados por los presos  y el costo económico que  significaría reparar los destrozos. Llegándose al paroxismo de algunos informativistas, que haciendo referencia a los U$S 17 millones que costará reparar el COMCAR,  sin ningún reparo afirmaron que mientras al gobierno le costará esa suma reparar los destrozos “de estos muchachos, los ciudadanos honestos de este país muchas veces no tienen una vivienda digna” y cosas por el estilo.
Es paradójico pero se le pide responsabilidad, sentido común, ecuanimidad de criterios a esos individuos que están hacinados en lugares donde es casi imposible  emprender las tareas cotidianas  con un mínimo de sanidad mental, mientras quienes están frente a una cámara de televisión, frente a un micrófono o un teclado de computadora no solamente  no lo aplican sino que impunemente  expresan toda clase de conceptos sin que nadie los llame a responsabilidad.
Cabe apuntar, por si algún despistado todavía no se enteró, que el primer motín en Cárcel de Mujeres  se desencadenó al conocerse la información que los sindicatos policiales habían decidido suspender las visitas en represalias por la agresión sufrida por el policía a manos de un recluso en el Penal de Libertad. Un hecho dramático, repudiable, pero que es de justicia  aclarar que fue generado por un factor  extra muro. Alguien ingresó esa arma proporcionándosela al recluso. Por lo que los disturbios en Cárcel de Mujeres también fue generado por un hecho extra muros: la determinación de suspender las visitas por un hecho ocurrido en otro establecimiento carcelario. O sea  las presas fueron castigadas por un hecho que no cometieron, y se pretendía que  actuaran con ecuanimidad y raciocinio cuando las castigaban por algo que no cometieron.
Una  sugerente frase pintada en el COMCAR
(y no precisamente por los reclusos)
En el motín  desencadenado en el COMCAR y cuyas consecuencias todavía hoy siguen padeciendo algunos reclusos,  influyeron un cúmulo de factores que todavía viene investigando la policía y la justicia. Pero también los medios de comunicación tuvieron su parte de culpa y sería bueno que en algún momento lo reconocieran porque en la libertad de informar también está la responsabilidad hacerlo.
Muchos presos se enteraron en los informativos de televisión que las visitas seguían prohibidas, cuando en realidad a la tarde el Presidente José Mujica ya se había reunido con representantes sindicales de los policías, y se había decidido  deponer esa actitud para intentar llevar tranquilidad a toda esa situación. Pero los canales de televisión siguieron  difundiendo una noticia vieja, sin chequearla o actualizarla.  Después sucedió lo que  sucedió. Después muchos informativistas insistieron, morbosamente, en los U$S 17 millones que costará reparar el establecimiento carcelario, sin siquiera ruborizarse, sin reconocer su parte de culpa en todo este tema.
El razonamiento es al revés: el gobierno, los medios de comunicación, la  sociedad, en definitiva  los que mentalmente  podrían considerarse “sanos” deberíamos actuar en consecuencia, y  accionar sobre aquellos que están privados de libertad con la suficientemente ecuanimidad  de criterios que propendieran a su recuperación, pero curiosamente les reclamamos a ellos esas actitudes cuando las nuestras son solamente coersitivas, punitivas, represoras y arbitrarias.
Les pedimos ecuanimidad, serenidad, responsabilidad, a aquellos que diariamente sobreviven en un ambiente se hacinamiento enfermizo, físico  y sicológico. Y encima de todo eso nos damos el lujo de decir lo que se nos ocurra, bromear públicamente  sobre el asunto como algunos actores sociales, o intentar sacar rédito político  de una situación  lastimosa y que involucra a  un importante número de familias uruguayas.
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