viernes, 7 de septiembre de 2012


Apuntes de pintura

“El pintor de los sueños”

 

A 102 años de la muerte de Henri Rousseau

 

 

 

Ángel Juárez Masares

 

 
Henri Julien Félix Rousseau, llamado "El aduanero”, nació en Laval, ciudad del valle del Loira en el norte de Francia, el 21 de mayo de 1844 y murió en París el 2 de septiembre de 1910. Fue uno de los máximos representantes del arte naíf. Su padre era un pequeño fabricante de lámparas de aceite y hojalatero y su madre nieta de un oficial de infantería de Napoleón.

En 1855 el negocio del padre quebró y la familia se vio forzada a abandonar la casa, quedando prácticamente en la indigencia. A raíz de esa situación, Rousseau empezó a alternar trabajo y estudios. Intentó estudiar Derecho, pero las circunstancias eran precarias y no logró graduarse. Trabajó como pasante en un bufete de la ciudad de Angers, un trabajo mal pagado del que fue despedido por hurtar estampillas. Durante esta etapa se despertó en él un gran interés por la poesía y la música.

Tras la pérdida del puesto de trabajo buscó refugio en el ejército y, en 1863, se enroló en la infantería durante cuatro años.

En 1868 contrajo matrimonio con Clémence Boitard, con la que tuvo siete hijos, de los que solo una niña llegó a la edad adulta. Ese mismo año murió su padre, y Henri decidió ayudar a su madre, para lo cual se trasladó a París, donde consiguió un puesto de funcionario (agente de aduanas de segunda clase, douanier) en la Oficina de Recaudación de Arbitrios de París.

Empezó a pintar en serio con poco más de cuarenta años, y a la de edad de 49 se retiró de su puesto en la administración para dedicarse de lleno a la pintura.

En 1888 falleció su esposa Clémence, y el artista, nuevamente en situación de penuria económica, fue acogido por el escritor Alfred Jarry.

A pesar de las intenciones "realistas", en la obra de Rousseau destaca el tono poético, la búsqueda de lo exótico y, sobre todo, su estilo naíf, reflejo de una aparente sensibilidad infantil propia de los artistas con poca o nula formación académica; esta ingenuidad otorga con frecuencia a sus trabajos un aspecto involuntario de caricatura. En el caso del pintor de Laval, es efectivamente su formación autodidacta junto a una primacía de la fantasía sobre lo real lo que determina este estilo, de difícil inclusión en movimientos artísticos de la época. A pesar de desconocer las técnicas compositivas, logró dotar a sus obras de un sugerente y complejo colorido, muy elogiado entre sus seguidores.

Aproximadamente desde 1890 se observa una maduración en su lenguaje pictórico. Si bien durante toda su carrera artística pintó obras de corte realista, con frecuencia también dejó que su fantasía se potenciara hasta casi el surrealismo. Por ejemplo, en La gitana dormida (1897) se ve a una mujer durmiendo plácidamente en medio de un exótico desierto mientras un león la observa muy de cerca; el paisaje y el león podrían ser una fantasía onírica de la gitana. En El Sueño (1910), esta potenciación de lo realista es igual de perceptible.

A menudo se incluye a Rousseau dentro del post-impresionismo francés. En cualquier caso, se le reconoce un estilo naíf original y muy intuitivo que le otorga un lugar destacado en la pintura francesa de finales del XIX y principios del XX, junto a sus coetáneos impresionistas, fauvistas y cubistas.

Sus cuadros más conocidos representan escenas selváticas, a pesar de que nunca abandonó Francia ni vio una jungla. Carecen de rigor las historias difundidas por admiradores suyos sobre un supuesto servicio en el ejército. Rousseau frecuentemente desconoce u olvida las perspectivas y las proporciones. En su obra, los claroscuros no sirven para dar profundidad ni una impresión de contorno, con lo que sus figuras suelen parecer "planas".

Su técnica habitual era la de capas de óleo, comenzando por los cielos y el fondo y concluyendo con la figuración de los personajes y animales. En algunas pinturas repintó ciertas áreas (principalmente los follajes de primer plano), motivo por el que en la actualidad tales áreas se encuentran cuarteadas. Cuando pintó "junglas" llegó a usar unas cincuenta tonalidades de verde.

Generalmente el acabado de la superficie es con un "glaseado", una especie de satinado y/o barnizado, sabiamente dispuesto que le aporta un brillo equilibrado a la obra.

Su virtuosismo y rigor en el manejo de los materiales, fueron sin  duda la clave para que hoy esté entre los grandes de la pintura universal.
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