sábado, 15 de septiembre de 2012

En el país de los Charrúas

 

 

Roberto Sari Torres
 
Malón de Zapicán arrasando Fuerte zaratino
Sebastián Gaboto parte de España con la orden de ir por el canal interoceánico descubierto en 1520 por Magallanes, hasta las “islas de  las especies”. Lógicamente  que él y sus capitanes traen copias de planos de los navegantes anteriores y también el convencimiento de que la leyenda de  los “caciques de oro” es verdad; ampliada luego que vuelve a escucharla en la costa atlántica brasilera. A comienzo de abril de 1527,  surta la flota en el Arroyo de las Vacas (campamento de San Lázaro) envía a Antón de Grajeda río arrba  hasta que, probablemente a fin de mayo de ese año “descubre” y bautiza el río San Salvador, y río adentro (no en la boca indudable y en costa muy baja) tal vez a varios cientos de metros de la alta barranca izquierda del “Lacán Guazú” de los charrúas, levanta el legendario “Fuerte de Tierra firme de San Salvador” (o fortín) e inicia la  siembra del trigo euroasiático que traía a bordo de la Trinidad y la Santa María del Pinar (¿o Esinar?).
Gaboto en cambio navega  el río Paraná y en la confluencia con el río Carcarañá levanta el “Puerto de Sancti Spítitus”. Es junio de 1527 y en  1528, coligado con la flota de García de Moguer, río arriba por el Pilcomayo va tras el brillo del “Dorado” en su ambición. Con el fracaso a popa retorna al “Sancti Spíritus” el que es destruido por  los indios Timbúes. Encuentra que el “San Salvador” también ha sido acosado y que Grajeda murió. En diciembre de 1529 tiene lugar la tercera y última trilla en la  chacra del fortín, con lo que el trigo cosechado pasa a ser la primera exportación cerealera de estas negras  tierras sudamericanas. En 1574 Juan de  Garay derrota a los charrúas en el combate de San Salvador (donde caen heroicamente los tibuchá –caciques- Zapicán, Abayubá, Anagualpo, Yandinoca. Magalona y Tabobá. Tras ello viene Ortiz de Zárate a levantar sobre el mismo perímetro de los restos del fortín de Grajeda su “ciudad carabina” que apenas durará hasta 1577. en 1607 pasa la exploración de Hermandarias, quien entre 1611 y 1617 desembarca ganado en el río Negro, Carmelo y San Salvador; genética de descendencia lusitana y proveniente del  épico arreo, de Río de Janeiro a Asunción, de 7 vacas y un toro llevado por  “un fulado Gaeta” a pedido de los  hermanos Goes.
En 1680 Lobo funda Colonia del Sacramento. A la vasta campiña Colinia/Soriano comienzan “a caer” (desde Agentina sobre todo) los “mozos sueltos”, en busca de libertad y comida.
En 1719 Bruno Mauricio de Zabala, gobernador de buenos Aires, otorga en gracia, a “los  capitanes”, 13 grandes estancias que rodean Colonia; desde el río San Juan hasta el río San Salvador. Esta última a Juan Cabral de Melo, de 41.920 hectáreas. Se fundan los rancheríos de “Víboras” (al Sur de Nueva Palmira) y el “del Espinillo” al Sur de Dolores (territorio de la Estancia de Cabral) el que  luego es trasladado para ir a fundar “San Salvador” (hoy Dolores). Hasta 1774 Víboras tenía jurisdicción sobre Espinillo, hasta que en noviembre de  1774 se creó el “partido del Espinillo” a partir del de Víboras, con la cuchilla de San Salvador como frontera entre ambos. Todos los documentos del nuevo “partido” y los restos de los muertos en Espinillo, debieron ser trasladados desde “Nuestra Señora de los remedios de Víboras” hasta aquel, en la cuchilla del Arroyo Espinillo.
Ortiz de Zárate
De los legendarios fortines de 1527 y 1584 no hay todavía ningún rastro. Muchos han seguido al pie de la letra confusos y erráticos relatos y croquis  antiguos, copiando historias sin lógica y falta de realismo. Pero  la Historia” requiere para ser tal el apoyo de la teoría, que es lo que el autor hizo al señalar el lugar donde estuvo “Espinillo”. En este  resumen hay tres siglos de una interacción histórica. Tres siglos (desde 1501 a 1800). Una historia de descubrimientos, épica, trágica, fundacional y productiva. Cultural, de civilización de nuevo tipo en un “nuevo mundo”. En el libro del mi autoría “San Salvador. El país de los Charrúas” (aún no editado)  integra sus páginas con intransigente realismo, imaginario basado en el mismo y la resultante, como contribución que ayude al  hallazgo de los restos de los antiguos fortines de 1527 y 1574. Para curar  también esta persistente nostalgia por las cosas y los hechos ancestrales que fueron causales de nuestro presente; de los que  de muchos sabemos no tuvieron lugar pero aun no sabemos, balizamos exactamente, el lugar en el que se manifestaron sobre el terreno.

Sebastián Gaboto
La Ilíada” es el relato de una historia verdadera (la de Troya), con lo exótico del imaginario de la época y del propio Homero, aumentado con ello la belleza de su urdimbre literaria.
Los fortines de “San Salvador. El País de los charrúas” no son como ésta, porque ellos no contaban con Elena, ni Paris, ni Odiseo, ni Aquiles. Mientras estuvo sepultada bajo el suelo de Anatolia, pasó más de  dos milenios  fuera de la Historia. Los fortines salsalvadoreños parecen perdidos aun bajo la tierra doloreña y en eso, solo en eso, se parecen a la Troya homérica, esperando que algo aparezca en los sitios señalados.
Como literatura, la narración histórica en su prosodia debe contener el colorido del arte esencial que es; teoría, pensamiento, detalles objetivos o imaginarios. Detrás de ella podría percibirse  manifestándose, a la relatividad, la incertidumbre, el transfinito, la  filosofía, la entropía, etc. Lidiar  con todo eso en la materia confieso que no es fácil. Pero si un error tuviera hoy la historia cualquiera, ella evolucionará hacia el acierto mañana, aumentando la entropía de su urdimbre, la complejidad y la incertidumbre del relato. Pero así es la historia… a resolver con los años.

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