viernes, 10 de mayo de 2013


CIENCIA

Develan detalles de un eslabón clave entre los hombres y el chimpancé


Medio mono, medio hombre: así describe un equipo internacional de científicos al Australopithecus sediba, un ancestro humano que vivió hace dos millones de años. Restos analizados durante cuatro años permiten conocer los detalles de cómo era su cuerpo y cómo integraba ser parte humano y parte simio.




En seis estudios que publica la revista Science en su edición online, los expertos señalan que este homínido que vivió hace dos millones de años tenía brazos y omóplatos similares a los monos, para trepar y colgarse de los árboles. Sin embargo, poseía pelvis, manos y dientes parecidos a los humanos modernos.
Los restos del Australopithecus sediba, pieza clave en la historia de la evolución humana fueron hallados en Sudáfrica en 2008 y desde entonces han sido analizados por científicos de diversos países. Ahora un consorcio de 15 centros de investigación dieron a conocer los detalles de cómo vivía esta ancestro humano.
El Au. Sediba, como llaman a este homínido, poseía el cerebro del tamaño de un chimpancé, de apenas 400 centímetros cúbicos, pero era mucho más evolucionado. Además se balanceaba entre los árboles, al tiempo que tenía dedos fuertes y pulgares largos con los que podía fabricar herramientas.
Para Lee Berger, autor principal del trabajo, se trata de “una mirada sin precedentes dentro de la anatomía y la ubicación histórica de un ancestro humano primitivo”. Así lo dijo Berger a Science desde el Instituto de Estudios Evolutivos de la Universidad Witwatersrand (Sudáfrica).
Sus estudios muestran que Au. Sediba, tenía piernas que lo hacían  caminar en una manera enteramente única: lo hacía con una rotación interna de la rodilla y la cadera y con sus pies ligeramente torcidos. Esta primitiva forma de andar habría sido un paso intermedio entre caminar erguido y trepar árboles, concluyeron los autores.
De hecho los científicos creen que algunos Au. Sediba treparon árboles, otros caminaron por la tierra y hubo quienes hicieron ambos. El tórax estudiado, por ejemplo, demostró el punto medio de la evolución. La parte superior era angosta, como la del simio, diferente del pecho amplio y cilíndrico visto en humanos. Sin embargo, la parte inferior sí era similar a la de los hombres actuales.
Por último, la columna vertebral poseía el mismo número de vértebras lumbares como los humanos modernos, pero tenía una espalda baja más larga y más flexible. Sin embargo, por ahora los científicos no tienen claro dónde colocarlo entre los antepasados del Homo Sapiens.

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