sábado, 6 de septiembre de 2014

ACERCA DEL RECIENTE PREMIO NACIONAL DE ARTES VISUALES






Ángel Juárez Masares





Las épocas de crisis suelen desembocar en etapas de transición, quizá hasta como un hecho natural teniendo en cuenta que toda época histórica es un tránsito. Los límites para determinarlas se desdibujan, pero indudablemente en todas vive la herencia del pasado y alientan esperanzas de futuro.
Quizá la crisis del Renacimiento sea una de las más importantes  en la historia de arte, pues significó el punto de inflexión entre el estatismo de la Edad Media Cristiana, y la dinámica de La Edad Moderna. Naturalmente la época aludida también podría denominarse Crisis del Humanismo, pero ingresar en tales asuntos excedería el espacio adjudicado para nuestras reflexiones.
¿Cuál es el vínculo entre lo dicho anteriormente y el título?


La respuesta a tal interrogante puede sin duda tener un cúmulo de interpretaciones pues aquí tenemos la definición del Arte como el meollo del asunto, de manera que trataremos de enfocar el tema lo más claramente posible.
La adjudicación del 56 Gran Premio Nacional de Artes Visuales a la obra: “Banda Presidencial”, cuya autoría pertenece a María Agustina Fernández se encuentra enmarcada en el llamado Arte Conceptual, movimiento artístico en el que las ideas son un elemento más importante que el objeto o su representación física. Recordemos que varios autores hablan del arte contemporáneo como un arte post-conceptual, tomemos como punto de partida (muy aleatorio por otra parte) la obra: “Fuente” -exhibida en 1917 por Marcel Duchamp- un mero mingitorio de porcelana común en el Salón de Artistas Independientes, como una manera de cuestionar la naturaleza del arte, dejando claro que cualquier cosa, con una buena idea como soporte, podía ser arte.
En ese sentido podríamos también mencionar el “Dadaísmo”, que se manifiesta contra la belleza eterna, contra la eternidad de los principios, contra las leyes de la lógica, contra la inmovilidad del pensamiento, contra la pureza de los conceptos abstractos y contra lo universal en general.
De cualquier modo nos parece desacertado –o cuando menos fuera de tiempo- adjudicar un Premio tan significativo a una obra de esta naturaleza, en un país donde un porcentaje altísimo de artistas –en relación a su población- se ocupan y preocupan cada día por avanzar en el estudio de las artes, que dejan horas al pié del caballete, o que se arriesgan en la altura de un andamio pintando un muro.
Quizá la alternativa sea instrumentar un evento dedicado especialmente al Arte Conceptual, evitando de esa manera el choque de tendencias que en definitiva desestimulan a los artistas que no adhieren a tal Movimiento.

Estamos seguros que la autocrítica y el rigor que le pongamos a cada obra nos hará crecer, y condenamos al aplauso por el aplauso mismo. Sin embargo también deberíamos tener en cuenta que muchos talentos de frustran por falta de incentivo.
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