sábado, 26 de diciembre de 2015

CINE Y ARTE: Monet, Renoir, Rodin y Degas capturados por la cámara de cine en 1915

Monet, Renoir, Rodin y Degas en registros fílmicos de 1915. - ENFILME.COM
por Luis Fernando Galván


En 1874, los artistas de vanguardia, entre ellos Claude Monet, Pierre-Auguste Renoir y Camille Pissarro, montaron la primera exposición pública por el grupo que se posteriormente se conocería como “Los impresionistas”. Pintando las escenas de la vida cotidiana –parques, avenidas, cafés, y el campo cerca de París–, los impresionistas emplearon tonos brillantes y pinceladas visibles para capturar los efectos transitorios de la luz y provocar un juego entre la imagen y los campos de visión del espectador. Este nuevo enfoque de la pintura ha sido ampliamente celebrado por su singular belleza y su impacto en el desarrollo del arte moderno. Cuando el arte impresionista se presenta junto a la pintura académica y realista se obtienen un panorama complejo sobre el amplio espectro de las fuerzas artísticas, sociales, políticas y culturales que transformaron París en las décadas de 1860 y 1870.

El Salón de París
Durante siglos, el Salón de París había sido la más importante exposición en Francia, donde la fama, la fortuna, la reputación y la posteridad de un artista era establecida o aniquilada. Un bastión del conservadurismo, así fue catalago por los impresionistas aquel Salón que favoreció temas y convenciones que fueron de suma importancia para las instituciones tradicionales como la Academia de Pintura y Escultura. Los más altos honores eran otorgados a las pinturas que transmitían mensajes moralmente instructivos a través de imágenes tomadas de la mitología, la religión, la literatura clásica y la historia. Estas narraciones vinculadas a los ideales y aspiraciones de la sociedad moderna, con antecedentes en la antigua Grecia y Roma, el Renacimiento y los incidentes históricos que reflejaban el triunfo de lo racional y lo espiritual eran temas dignos de representación. Los pintores académicos de más éxito emplean superficies muy pulidas, composiciones clásicamente equilibradas y tonos apagados para transmitir la claridad intelectual de estos antiguos ideales como una manera de trascender los caprichos de la vida cotidiana. Con frecuencia, se le dio importancia a las imágenes del desnudo, no como carne y sangre, sino como una forma de realización de valores como la pureza, la abnegación y el amor espiritual.

Adolphe-William Bouguereau, Nacimiento de Venus, 1879.

Courbet, Millet y el surgimiento del Realismo
Mientras que muchos académicos utilizaban las alusiones clásicas para perpetuar los valores tradicionales, otros trataron de explorar el mundo natural y la experiencia humana que se vivía en el presente de aquella época. Pintores como Jean-François Millet, Jules Breton y Jules Bastien-Lepage representaron el campo y su población rural con una combinación de sentimentalismo y empatía. Por el contrario, Gustave Courbet, el mayor realista de su tiempo, representa los aspectos comunes, incluso vulgares de la vida con honestidad y franqueza. En la década de 1860, la inmediatez con la que estos artistas retrataron su entorno rústico comenzó a influir en pintores como Claude Monet y Camille Pissarro, dos miembros fundamentales de la primera generación de impresionistas.

Jean-François Millet, El Ángelus, 1859.

La guerra civil (1870-1871)
En julio de 1870, las poderosas fuerzas del nacionalismo empujaron al emperador Napoleón III a entrar en la guerra con Prusia, un miembro de la Confederación Alemana. La guerra resultó desastrosa para los franceses, que sufrieron la derrota en Sedán. En septiembre de 1970, los alemanes sitiaron París. La ciudad sufrió bombardeos, hambre y enfermedad durante cuatro meses hasta su caída a principios de 1871. Poco después del final de la guerra, un grupo de izquierdistas, que se hacían llamar “La Comuna de París”, se rebelaron contra el nuevo gobierno que se había establecido en Versalles. Los Comuneros tomaron el control de la ciudad, buscando establecer una “república social y democrática”. Durante la “Semana Sangrienta”, a finales de mayo de 1871, las tropas del gobierno reprimieron brutalmente la insurrección; un estimado de 20,000 comuneros fueron ejecutados, otros 7,500 encarcelados o deportados. Los acontecimientos del “año terrible”, como Victor Hugo llamó a este periodo, se produjeron en un momento crucial en el desarrollo del impresionismo: muchos de los principales miembros del grupo alcanzaron la madurez artística. Algunos, como Édouard Manet y Edgar Degas, sirvieron en el ejército; otros, como Paul Cézanne y Claude Monet, se refugiaron en otras regiones o naciones. Al regresar a sus estudios, después de la guerra, se convirtieron en parte de la amplia transformación política y social que París experimentó en un intento por reconstruirse y modernizarse.

Gustave Doré, El enigma, 1871.

El impresionismo
A partir de 1874 y hasta 1886, Claude Monet, Pierre-Auguste Renoir, Camille Pissarro, Alfred Sisley, Edgar Degas, entre otros, organizaron ocho exposiciones colectivas independientes del Salón oficial. En la primera de estas exhibiciones un crítico de arte, Louis Leroy’ se mofó de las obras lanzando chistes sobre la pintura de Monet titulada Impresión: Sol naciente (1873), asegurando en tono burlón: “Me quedé impresionado con ese cuadro”. A pesar de ello, los artistas encontraron gracia en el nombre de “Impresionista” y decidieron continuar con sus exploraciones estéticas bajo ese título. Deleitándose en las apariencias del mundo físico, los impresionistas trataron de capturar los efectos atmosféricos transitorios en los entornos rurales, suburbanos y urbanos, y de vez en cuando en las pinturas figurativas y bodegones. Para aproximar sus “impresiones” ópticas de juegos de luz a través de las superficies de la naturaleza, los impresionistas emplearon pinceladas firmes y colores intensos.

Claude Monet, Impresión: Sol naciente, 1873.

Monet, Renoir, Rodin y Degas capturados por la cámara de cine
Antes de su muerte ocurrida en 1917, el pintor y escultor, Edgar Degas  cerca de los 80 años de edad se vio obligado a abandonar su residencia que lo albergó durante muchos años en la calle Victor Massé y se trasladó a el Boulevard de Clichy, donde vivió sus última etapa de la vida caminando lenta y tranquilamente por las calles de París. En 1915, el entonces novedoso invento conocido como cámara de cine, registró a Degas en una caminata cotidiana.

Pero mientras Degas recorría París, otros pintores y escultores franceses dedicaban horas, compromiso y arduo trabajo en la creación artística. A los 74 años de edad, Claude Monet continuaba pintando al aire libre; el registro de 1915 retrata al artista pintando al aire libre en su jardín de Giverny.

Otro de los artistas capturados por la cámara de cine fue Auguste Rodin. El siguiente video recupera cuatro momentos específicos en los que el escultor francés estuvo frente a la cámara. 1) Caminando sobre las escaleras de una obra arquitectónica. 2) En un jardín. 3) En su casa, que después se convertiría en el Museo Rodin. 4) Trabajando al interior de su estudio.

El siguiente “retrato fílmico de artista” muestra a Pierre-Auguste Renoir. El artista de 74 años está sentado frente al caballete aplicando pintura en un lienzo, mientras que su hijo menor, Claude, de 14 años, lo asesora colocándole la paleta de colores y los pinceles para que su padre pueda disponer de ellos. La otra persona que en algunos momentos entra a cuadro para platicar con padre e hijo es Sacha Guitry, el hombre que en 1915 realizó el registro visual de un artista que, a pesar de sus manos debilitadas por su edad, continuó creando hasta el final de su existencia.

TEXTOS CONSULTADOS:
Origins of Impressionism, escrito por Gary Tinterow y Henri Loyrette (1995).
Impressionism: Paint and Politics, escrito por John House (2004).
Critical Readings in Impressionism and Post-Impressionism: An Anthology, escrito por Mary Tompkins Lewis (2007).
OTRAS FUENTES CONSULTADAS:
“Monet, Renoir & Rodin Creating Art” en Open Culture.


Extraído de: http://enfilme.com/ 
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