“A Neuquén
vinieron artistas exiliados chilenos y uruguayos”
Entrevista realizada por
Rolando Revagliatti
Rolando Revagliatti
Tomás Watkins tocando el cajón Dibujo de Sebastián González |
Tomás Watkins nació el 20 de junio de 1978 en Neuquén, capital de la
provincia homónima, donde reside, República Argentina. Ha recibido primeros
premios y otras distinciones, integrado jurados de concursos y participado en
Festivales y Encuentros de escritores en su país y en Chile. También tiene su recorrido como gestor
cultural, de manera independiente y desde el Estado. Entre las antologías
soporte papel en las que fue incluido citamos “Desorbitados. Novísimos poetas del sur de la Argentina” (2009) y “Si Hamlet duda le daremos muerte” (Ediciones
de la Talita Dorada, 2010), así como la de soporte digital“Máquina
sur. Poesía actual de la Patagonia”
(2013). Poemarios publicados: “Grito” (2003), “26” (1ª edición en 2004; 2ª edición en 2007), “Mitología” (2012), “Hora blanca”
(2015) y “Bien de consumo” (2015).
1 — ¿Abundaban los libros en tu
infancia?...

Conservo la impresión de haber
pensado alguna vez: “¿Qué hay en los
libros que incita a los adultos a que tengan la cabeza metida en ellos tanto
tiempo?” De ahí la sospecha, la benigna sospecha que luego se transformó en
constatación. Interesante esos procesos cuando todavía es el tiempo del
“durante”, antes de cualquier posible reflexión. Ahora se me ocurre que los
asuntos que perduran nacen o se llevan en las entrañas.
Y en mi juventud: el mismo hogar, la
misma sospecha sobre los libros. Había algo ahí que hacía sucumbir a toda la
familia. Cambiaron, eso sí, algunas lecturas. Ahora alcanzaba, literal y no
tanto, los estantes superiores de las bibliotecas. Di de frente con varias
obras del Divino Marqués. La memoria, en estas lides, efectúa recortes. Hay
tantos autores y tantas obras que querría traer ahora, pero me quedo con que
Marco Denevi fue el autor argentino que más había leído hacia mis dieciocho
años. Otro autor que frecuenté es Montaigne. Leía con fruición sus ensayos, aun
sin comprenderlos del todo. Estaba eso en las palabras, a veces tan
difícil de definir. Me parece que fue Adolfo Bioy Casares quien adujo que, en
general, de los libros nos quedamos con una sensación por haberlos transitado
más que con tramas o argumentos. Denevi significó un norte y un reino de mi
adolescencia, hasta que conocí a Borges alrededor de los veinte años. Creo que
hay un antes y un después de Borges en mi vida (y en la de muchos, o en la de
todos). Él fue el apuntalamiento de este lector que lee por placer casi
malicioso, casi perverso.
TW — Tuve
buenos incentivos. A los dieciocho en las categorías de Relato de Vida, Poesía y
Cuento, en concursos organizados por la “Casa del Neuquén 2020”, perteneciente
a la Secretaría de Estado del COPADE (Consejo de Planificación y Acción para el
Desarrollo). La presidenta del
jurado era ni más ni menos que la gran Irma Cuña [1932-2004]. Fue un hito en mi
vida aquel concurso; me fue enseñando que tenía un destino literario al que no
podría obviar. A los veinticuatro conocí a varios poetas con quienes
conformaríamos el grupo músico-poético “Celebriedades” (denominación que adoptamos del libro “Celebriedad”, del ecuatoriano Edwin
Madrid). Recorrimos entre 2003 y 2007 gran parte de la Patagonia
argentina y la región de la Araucanía, en Chile, ofreciendo un espectáculo de
poesía, música y humor. Éramos Miguel Ángel Sabatini, Raúl Mansilla, Pablo
Betesh, Carlos Blasco, Juanse
Villarreal, Cristian Carrasco, Sebastián González y yo: más de una veintena de
presentaciones en los más diversos escenarios. Fue el lapso de mayor
creatividad hasta ahora, de “estar en poesía”, como decía la poeta
Macky Corbalán [1963-2014]. Las presentaciones celebrias eran más bien
caóticas, no siempre hacíamos lo mismo ni de la misma manera. Empezamos leyendo
nuestros textos de manera “convencional”, uno por vez, en línea, parados y
sentados…: como cualquier mesa de lectura. Con el tiempo empezamos a
despegarnos de ese formato porque nos aburríamos e inferíamos que el público
también se aburría. De a poco fuimos incorporando histrionismo, improvisación
—como la inolvidable versión del poema del brasileño Affonso Ávila [1928-2012]
que Carlos Blasco y Raúl Mansilla hacían en vivo, o el “Poeta Universal DJ
Ámbar” que ponía yo en escena disfrazado de bailarín de danzas contemporáneas—
e instrumentos musicales. De ahí que hacia el final dimos forma a una puesta
tutelada por la noción de espectáculo, algo ameno, entretenido y divertido. El
grupo, más que durar, ardió (en términos barthianos), y hoy nos queda el bello
e hiriente recuerdo. Ahora, después de casi diez años del último recital,
estamos urdiendo una reunión. Ya veremos qué pasa.
Tomás Watkins con Dante Sepúlveda |
En 2004, con veintiséis años,
publiqué mi primer libro en la editorial El Suri Porfiado, dirigida por el
poeta y docente Carlos Juárez Aldazábal, y además obtuve el Primer Premio de Poesía
del último concurso literario organizado desde la UNCo. Importante en lo íntimo
porque el primer ganador de un certamen convocado por esa institución fue Raúl
Mansilla, en 1984: él abrió y yo, 20 años después, clausuré. Todo en casa (je).
Raúl es mi compadre de casamiento y del alma, o sea que hay cosas que pueden
mutar, pero no desaparecer.




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Foto Campillay - en 2009 |
4 — Trabajás en el Estado.
TW — Sí,
desde los 21 años. Y en el mismo lugar desde entonces, el Centro de
Documentación e Información Educativa “Alicia Pifarré”, dependiente del Consejo
Provincial de Educación de Neuquén, y ocupando diversos puestos. Ahora, por
ejemplo, estamos aventurándonos en la puesta en funcionamiento de un organismo
editor propio del Centro de Documentación. En 2015 fui convocado para
desempeñarme como referente del área de Letras de la, entonces, Dirección
Provincial de Cultura. Actualmente, ese organismo fue jerarquizado como
Subsecretaría Provincial de Cultura, y ese cargo lo ocupa la poeta y profesora
Carina Rita Medina. Es interesante y movilizador laburar desde el Estado
apuntando al grupo de pares. Siempre habrá críticas, pero lo importante es otra
cosa. No es extraño para mí recorrer pasillos y golpear puertas para que
presten atención a lo que tengo para proponer. Bueno, así fue que con Carina comenzamos
a coordinar, a partir de 2016, el proyecto biministerial “Puentes”, un grupo de
acción literaria que opera con entidades gubernamentales y no gubernamentales
en procura de concretar objetivos vinculados a las letras y los libros
producidos desde y en Neuquén. Además de presentaciones literarias como parte
de una línea de trabajo que comenzó en 2015 y que continúa, ahora bajo el formato
de ciclo, pusimos en marcha actividades como el Programa de Desarrollo
Profesional “Dar de leer”, junto a los poetas y profesores Romina Olivero y
Carlos Duarte, fundamentales en este grupo maravilloso que tengo la suerte de
integrar. El “Dar de leer” apunta a reparar la práctica lectora de literatura
surgida en Neuquén, así como su inclusión en la currícula.
Otras acciones del
Proyecto Puentes son “Autores a la carta”, la posibilidad de que lectores de
Neuquén puedan contactarse con sus autores, la Feria Trashumante del Libro: una
locura que se lanzó en octubre emulando el pastoreo del tipo trashumante, que
consistió en llevar los libros, las editoriales y las librerías a reunirse con
sus lectores del interior de la provincia en una suerte de inversión de la
lógica que centraliza la muestra acá, en la Capital. Creemos en las acciones
que emprendemos porque consideramos que es necesario volver a evaluar las
literaturas producidas en las provincias, y vemos que no estamos errados: hay
un nuevo auge, al menos en Patagonia, de repensar las realidades regionales en
tanto contextos de surgimiento de la literatura actual. La región literaria
debe ser (i)limitada por los hitos dispuestos por la palabra, no por la
geografía, sin folclorismos ni accesorios inútiles. Cambiar el sentido a cómo
se entiende la tradición, la herencia: la literatura de calidad siempre pondrá
en valor su contexto de enunciación.
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Tomás Watkins con Cristian Carrasco, Pablo Aguiar, José Moya y Javier Fernández |
Tomás Watkins con Guillermo Saccomanno y Raúl Mansilla |
También fui convocado a trabajar en
la posibilidad de reactivar el Fondo Editorial Neuquino: una gran falencia y
deuda que el Estado provincial mantiene con la comunidad. No sé qué pasará con
estas acciones, hay factores que no dependen de uno, pero me entusiasma lo que
está en curso desde 2015, orientado a agitar el avispero, y todo lo que
encaramos en un año de transición o de desguace como lo fue el 2016.
5 — Bien del presente es ese otro
proyecto denominado “Almacén Literario”.
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Tomás Watkins con Osvaldo Bayer |
TW — Efectivamente.
Es un banco de datos multisoporte sobre escritores neuquinos, que obtuvo una
beca del Fondo Nacional de las Artes en dos oportunidades. Multisoporte, porque
posee material audiovisual y en formato pdf de lxs autores incluidos: Macky
Corbalán, María Cristina Venturini, Eduardo Palma Moreno, Raúl Mansilla, Miguel
Ángel Sabatini, Héctor Ordóñez, Mariano Villegas. Llevamos cuatro años
desarrollando la plataforma www.almacenliterario.com y esperamos en breve poder retomar el trabajo junto
con mis adláteres Cristian Carrasco y Bruno Revello. Hay mucho por recorrer,
muchxs autores que registrar.
Algunos videos del Almacén Literario
fueron exhibidos en distintos puntos del país. Recuerdo ahora la inclusión del
video de Macky —probablemente el último registro en vida de una de nuestras
mayores y más queridas poetas— en el Festival de Poesía organizado por el
Centro Cultural Kirchner, en Buenos Aires, en 2015. Tuvimos el enorme placer de
que el poeta Gerardo Burton haya presentado el video en esa oportunidad, ya que
yo no pude viajar.
6 — ¿Y la revista “Coirón 2.0”?...
TW — Es un mítico órgano de difusión cultural post-dictadura
que otorgó visibilidad a las producciones del Centro de Escritores Patagónicos,
un ardid que rápidamente prendió fuego y ganó adeptos en aquel momento
histórico. Muchxs escritores patagónicxs se situaron bajo la tutela del CEP. La
revista es dirigida desde entonces por el escritor chileno Eduardo Palma
Moreno, arribado a nuestro país “becado” por Pinochet, como él dice.
Verdaderamente fue uno de los primeros instrumentos que en los ‘80 recorrieron
la Patagonia literalmente, dado que Palma Moreno, junto con los poetas Raúl
Mansilla y Sergio Sarachu —integrantes del Consejo de Redacción del organismo—,
surcaron el territorio en busca de corresponsales con apenas una carpa que
nunca abrieron, según cuenta la leyenda, dada la hospitalidad y el cariño de
lxs pares que los recibían en cada ciudad. Eduardo lo ha mencionado en alguna
oportunidad como “Poesía patagónica a dedo”, lo que ahora parece ciencia ficción,
con tanto dispositivo comunicacional bien o mal intencionado. Lo cierto es que
la “Coirón” le torció el brazo al lema de que las revistas culturales no
superan los cuatro números: en efecto, fueron cuatro en su primera época, y
desde su resurgir como “Coirón 2.0”, en 2012, lleva más de 10 números. Con
Cristian Carrasco también estamos juntos en esta aventura de representar la
revista en Neuquén.
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Tomás Watkins en 2012 con Paula Maciorowski, Martín Pucheta, Tony Zalazar, Fernanda Maciorowski, Natalia Soto, etc. |
7 — ¿Qué
otras actividades o grupos integrás actualmente?
TW — Formo parte desde sus inicios del ENIE, Encuentro
Nacional Itinerante de Escritores. Movimiento, movida más que encuentro
convencional, que reúne poetas y narradores de todo el país vinculados por
intereses literarios comunes, por lo general, y que nos fuimos conociendo en
los márgenes de otros encuentros. Por eso, la naturaleza del ENIE, además de su
carácter itinerante, es la de disponer horizontalmente las relaciones, los
vínculos, el trabajo. Desde el 2008 venimos recorriendo este camino y hemos
visitado localidades de las provincias de San Luis, San Juan, Mendoza, Neuquén,
Entre Ríos, Chaco, Corrientes, Formosa, Córdoba y Santa Fe. Este año volveremos
a la provincia de Mendoza, la sede será Uspallata. Un placer integrar ese
colectivo atravesado por todas las realidades disponibles, las personales, las
provinciales, políticas, ideológicas, de edición, de circulación.
8 — Si encomillo “El mundo del trabajo” te retrotraerás a 2009.
TW — Me llevás al momento del concurso lanzado por la CTA. Yo
integré la comisión de lectura, junto a los escritores Rafael Urretabizkaya,
Pablo Yoiris, Gabriela Grünberg y Guillermo Saccomanno, además del maestro Nano
Balbo, en este certamen convocado por la Central de Trabajadores de la
Argentina (CTA) Neuquén, para elaborar la edición de un volumen que compilara
relatos y poemas escritos por trabajadores.
“El mundo del trabajo”, como bien señalás, fue el título. Labor de una
satisfacción enorme porque ejercieron la palabra quienes conocen el mundo del
trabajo desde adentro, ésa era la consigna, no pararse desde la observación y,
ajeno, describir, sino que la cuenten desde adentro lxs protagonistas. Nietxs
que entrevistaron abuelxs, personas que contaron alguna anécdota laboral, hubo
de todo. Se pudo publicar la antología y se le entregaron, en una emotiva
presentación que tuvo lugar en el Salón Azul de la Universidad Nacional del
Comahue, varios ejemplares a cada unx de quienes habían participado del
proyecto. Había poemas, relatos, crónicas y alguna que otra nota denunciando
maltrato por parte de alguna patronal. Una experiencia inolvidable.
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Tomás Watkins con Carlos Blasco, Miguel Ángel Sabatini, Sebastián González, Raúl Mansilla y Mauro Calil |
9 — Además de la isla Watkins y de un
navegante irlandés (Patrick), tu apellido es el de, por lo menos, un músico, un
director de cine, un deportista, un pintor, un dramaturgo, un director de
televisión y fotografía, un actor…
TW — En un poema llamado “Lilíada” dedicado a mi hija
Lila, menciono que la isla Floreana, del archipiélago de las Galápagos, era el
lugar de residencia de un pariente mío, el navegante Patrick Watkins. Hace unos
años pude conocer la cueva que hacía de hogar de este bucanero que trocaba
carne y grasa de tortugas gigantes por ron, armas y municiones. Los Watkins
somos una gran familia.

TW — Sí, he recibido varias invitaciones a participar de
muestras colectivas. Yo me crié leyendo antologías de todo tipo. De poesía
latinoamericana, de narrativa, hechas por los mismos autores, selecciones a
veces afortunadas y otras no tanto. Pero lo cierto es que leí con entusiasmo
las que cayeron en mis manos. Y cuando me llegó el turno de sumarme a varias
propuestas colectivas, no lo dudé ni un instante. Bueno, los premios de los dos
concursos que gané en Neuquén consistieron en mi inclusión en antologías. Hay
una plaqueta cuyo título es “16 Poéticas” (2004) y que integré junto a poetas
de la Editorial Limón, dirigida por Andrés Kurfirst, y quienes estábamos en
“Celebriedades”, entre otras y otros poetas. Están las antologías del Taller
“Ananga Ranga” de Corrientes, convocadas por Tony Zalazar; “Confluencia”, que editara Cristian Carrasco con poetas de Neuquén
y Río Negro; “Desorbitados. Novísimos
poetas del sur de la Argentina”, con selección a cargo de Cristian Aliaga
para el Fondo Nacional de las Artes; “Antología
federal de poesía” (región Patagonia) del CFI (Consejo Federal de
Inversiones); el maravilloso “Álbum de
poesía Brasil 2014”, que se repartió por miles en los estadios de fútbol
brasileños durante el campeonato mundial en ese país, y seguro que me olvido de
varias.
Otros casos han sido los de las
muestras antológicas que aparecieron con revistas literarias, como las
mexicanas “Blanco Móvil” y “Círculo de Poesía”, la pampeana “Museo Salvaje” de
Sergio De Matteo, la sanjuanina “Champa”, comandada por Damián López, y “Chirlo”,
la muy buena revista cultural federal que organizan poetas de Tierra del Fuego
residentes en tu ciudad. Algunas de ellas también vieron la luz en formato
impreso, y la mayoría aprovecha las bondades de las comunicaciones actuales
para su difusión.
Considero que las antologías, en tanto muestrario, recorte,
selección, deben motivar la aparición de más antologías, con lo aparentemente excluido.
Esto lo digo como lector, pensando en el beneficio de descubrir más y más
autores con la esperanza de dar con algunos de nuestro agrado.
11 — Así
comienza un párrafo del relato “El maestro de escuela de pueblo” de Franz
Kafka: “La mayoría de los viejos se
conducen con respecto a los jóvenes de una manera algo confusa, un tanto
engañosa.” ¿Cómo te resuena…?
TW — Lo
primero que se me viene a la mente es algo que leí hace poco, “El héroe de las mil caras” de Joseph
Campbell. En el prefacio, Campbell introduce una cita de Freud que establece
que hay toda una tradición en decirle la verdad a los niños pero camuflada de
símbolos. Al desconocer qué significa ese andamiaje simbólico, el niño tiende a
desconfiar de los mayores. Que ahí radica el inicio de una desconfianza y hasta
una hostilidad hacia el mundo adulto.
Por otra parte, estimo que la vejez puede tornarse un lugar común: la
etapa donde ocurre el olvido de que alguna vez se fue joven. Personalmente no
creo que sea algo que pueda generalizarse, no acepto que ninguna edad presente
trabas para las comunicaciones.
Me queda una tercera resonancia, una que va por el lado del parricidio
literario. Como autoficción, no me parece que se justifique; sí creo que es fundamental
en casos donde el supuesto padre funciona como punto de fuga; tuve la fortuna
de aprender mucho de los mayores “escritores
del barrio”, como sugirió Ernest Hemingway.
12 — ¿Habrás leído alguna novela una
segunda vez inmediatamente después de haber concluido su lectura? ¿Tenés o
tuviste algún tipo de práctica de lectura que pudiésemos denominar “peculiar”?
TW — Me pasó con una sola, “El perfume”, de Patrick Süskind. La
leí varias veces, incluso dos en un par de semanas. Me atraparon las
descripciones e imágenes olfativas. Me enganché mucho con esa obra, a pesar de
que no con el autor. Ésa es la novela que más leí, junto con “Los infortunios de la virtud” del
Marqués de Sade. Pero en general soy del tipo de lector salteado, como
categorizó Macedonio Fernández. Hay algunos libros siempre en curso, una pila
sobre la mesa de luz: vamos picoteando.
13 — ¿Qué aspectos humanos te parece
que están sobrevalorados?
TW — Si
entendemos como aspectos aquellos atributos o talentos que podrían resultar
naturales o inherentes a la especie, pienso que hay varios que merecen una
revisión. La libertad, por ejemplo, la fe o la bondad. Porque hemos tejido la
historia muchas veces con hilos falsos, es decir, con hilos impuestos. Creo que
todo aspecto condicionado por dogmas, como el religioso, está sobrevalorado.
14 — ¿Cuál fue el disparador de tu
“Perfil de usuario” en “Bien de consumo”?
TW — “Perfil
de usuario” es el extenso primer texto de “Bien
de consumo”, libro que apareció de manera bastante inesperada ya que no
responde a un proyecto escriturario como los otros, sino que es una antología
no tan prematura (no es un repaso sobre mi obra; no me atrevería a cometer
tamaña trampa del ego). Tuvo un fin específico: compendiar los textos que
formaban parte de las puestas en escena de “WATMAN”, una propuesta bastante
delirante que pergeñé con Raúl Mansilla luego de “Celebriedades”. El poema es
una especie de burla al modo en que una mayoría de hacedores de versos se paran
ante su creación. Lo digo al comienzo: que aún no estamos cansados de los
textos en primera persona que son un canto a la primera persona...; mi ego
intentó burlarse del ego, del que nadie escapa. Fue escrito con el fin preciso
de ser dicho —mayoritariamente leído— en público, de sacarle una sonrisa a la
gente.
15 — “El vértigo es algo diferente del miedo a la caída”, establece
Milan Kundera en su novela “La
insoportable levedad del ser”. ¿Algo tuyo querrías transmitirnos respecto
de tus vértigos o visión de ellos, y de tus eventuales miedos a la caída?
TW — El
vértigo puede resultar placentero, como el mareo y la embriaguez. No se me
ocurre ahora una sola circunstancia en la que el miedo pueda tener signo
positivo, salvo brindando alarma. Pero no genera bienestar en tanto goce. El
vértigo de la lectura, de la escritura, el vértigo de los sentidos alterados,
la vida y la obra en vértigo. El vértigo de posar los pies en el aire, como
dice el poema de Jorge Spíndola. He sabido darle el suficiente vértigo a mi
vida. No me arrepiento.
16 — Puesto a elegir: ¿en qué cuatro
poemas se expresa nítidamente la naturaleza de tu poética?
TW — Me
cuesta discernirlo dentro de ese margen. Desde los primeros ejercicios, o tal
vez sobre todo en ellos, mantengo una recurrencia sobre un par de asuntos que
considero esenciales. Esenciales no sólo porque dominan la dimensión de las
reflexiones sino porque también encarnan en texto. El tema más frecuente es un
repensar hasta el hartazgo, hasta la incomunicación, hasta la producción de
textos que sería difícil su ofrecimiento a la lectura, en qué es escribir, qué
es la palabra y sus poderes o atributos casi mágicos e invocatorios.
Ya en la adolescencia escribí bastante sobre la metaescritura, sobre la
metapoesía, impulsado por una convicción casi mística sobre la posibilidad de
escribir. Aún la conservo, a pesar de la diferencia de intensidades que un
pensamiento puede ejercer en el tiempo.
Un poema inédito finaliza de la siguiente manera: “No entiendas,
escuchá:/ el sentido aparece al oído.” Intento conducirme
por ese sendero para interpretar la poesía: hay que oír y otorgar sentido
prescindiendo de la comunicación.
17 — Animales legendarios: ¿Centauro,
grifo, hipogrifo, basilisco o dragón?
TW — Centauros,
sin dudas. Poderosos centauros capaces de las más altas proezas físicas e
intelectuales y de las más bajas aberraciones como la violación y el saqueo.
Son un claro ejemplo de que el poder implica una responsabilidad no siempre
presente. Dicha carencia puede conducir a la desmesura, con sus consabidas
consecuencias. En “Mitología” les
dedico un poema.
18 — ¿Te sería posible
trazar un mapa de lo que podríamos llamar campo cultural en tu provincia
durante las últimas décadas?
TW — Neuquén tuvo una
importante afluencia de artistas hacia fines de la última dictadura
cívico-militar. En general, toda la Patagonia se había convertido en receptora
de gente que elegía escapar (o debía hacerlo) de sus ciudades. Gracias a esos
arribos hubo un auge del teatro, la plástica y la literatura. Había una vida
cultural tremenda en los ‘80. Sé que muchos se dirigieron a Neuquén dado que el
obispo, Jaime de Nevares, no compartía la posición pro-dictadura de la iglesia
católica, sino todo lo contrario: acompañaba a todos los que necesitaran
contención. Por eso también vinieron artistas exiliados chilenos y uruguayos,
varios de los cuales tuvieron incidencia directa en la gestación de
asociaciones culturales y gremios de artistas. Podría decir que no hubo
parricidio dado que todo estaba fundándose y maestros y alumnos trabajaban
juntos. Había grupos antinómicos, por supuesto: estaba la Sociedad Argentina de
Escritores y el Centro Sanmartiniano, vinculados a la iglesia y a la derecha, y
por otro lado el Centro de Escritores Patagónicos, el Teatro del Bajo,
organizaciones que apuntalaron el teatro, los títeres, la pintura y la
literatura incluso en el interior de Neuquén. En la ciudad de Zapala, por
ejemplo, se constituye el embrión de la recurrente revista “Coirón 2.0” en
medio de procesos dificultosos, de condiciones precarias ya que no había
editoriales y todavía se publicaba en otras provincias. El CEP fue importante
no sólo para Neuquén sino también para el desarrollo e intercambio cultural de
toda la Patagonia.
*
Tomás Watkins selecciona poemas de su autoría para
acompañar esta entrevista:
comenzó
a llover a tiros
el barro disuelve la tarde
calle abajo
la ciudad
humillada en los charcos
su cuerpo mudo sangra
bajo las ráfagas
(de “26”)
*
el cielo
se encapota y todo truena
bebo del vaso negro
hasta las últimas consecuencias
hasta que se cansan las ventanas
en la otra orilla
de esta cabeza doliente
yo vi a Li Po bajar por el Limay
con su sonrisa implacablemente ebria
con su viejo morral
de poeta gastado
esperaba una muestra de cariño
Li Po
nunca lo sabremos
el crepúsculo nos sorprende así
despacio
y para siempre
(de “26”)
*
Kadmos
Alfabeto entre los dientes
del dragón que nos condena
al futuro de los actos
Sueñan griegos y tebanos
en las fauces que devoran
la palabra empeñada
(de
“Mitología”)
*
Ícaro
Quiero para mí
la voluntad de la gota
que cae sin lastimarse
ni hacer daño
*
Sade
Pocos hombres
al reverso
del espejo
son lo mismo
(de
“Mitología”)
*
Celebriedades
Llevamos
el vino a la práctica.
No
fuimos tan jóvenes y daban
las 12 al sol de aquel diciembre.
Un auto con los ejes averiados,
nuestro techo alegre y todo
del río carnaval, y fue tanto
que florecen huellas crueles
cuando arrecia el apetito
del amor emocionante
(de
“Hora blanca”)
*
Fluidifica
Gris y terca la ciudad incendia
cada
noche; sosténganse, almas sedientas,
el
agua dejará correr la vida por sus muertes.
(de “Bien de consumo”)
Entrevista
realizada a través del correo electrónico: en las ciudades de Neuquén y Buenos
Aires, distantes entre sí unos 1100 kilómetros, Tomás Watkins y Rolando
Revagliatti, 2017.
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