sábado, 8 de octubre de 2011


El maestro del relato moderno



Aldo Roque Difilippo


Edgar Allan Poe (1809-1849) moría el 7 de octubre, hace 162 años dejando los mejores cuentos de suspenso, y una nueva manera de contar historias. Fundó el género policial y de terror moderno, incursionando en la ciencia ficción, además de ser un poeta de gran sentido y ritmo.

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Oscuro, estéril, luminoso, impenetrable, genial, frenético, lógico, lúcido, mediocre, enfermo, mágico, charlatán, profeta, mártir, sonámbulo, cruel, herido, monstruo, basura, ángel; con estos y un sinnúmero de adjetivos más ha sido catalogado Edgar Allan Poe. Un caso atípico dentro de la literatura  norteamericana, ya que sufrió el repudio de sus compatriotas, mientras era venerado en el extranjero. Basta con recordar que Charles Baudelaire realiza las primeras traducciones de sus textos en 1848, cuando Poe sufría  serias crisis debido al alcohol, y era despreciado por sus contemporáneos norteamericanos, y que nuestro Horacio Quiroga  expresa en el primer punto de su "Decálogo del perfecto cuentista" (1927) "Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en  Dios mismo".

UNA VIDA CONFLICTIVA
John Allan, el padrastro

Edgar Poe nació el 19 de enero de 1809, en Boston, Massachusetts. Hijo de David  Poe, comerciante mediocre, que murió poco después, y de Elizabeth Arnold, una hermosa actriz, que muere en 1811. Distintas familias se hacen cargo de los  tres hijos del matrimonio. John y Frances Allan, un acomodado comerciante de Virginia adoptan a Edgar, que a la postre adopta el apellido del comerciante como segundo nombre.  En 1815 la familia se dirige a Inglaterra y al año siguiente Edgar entra en la escuela Stoke Newingtong (Londres), volviendo a Estados Unidos en 1821 donde sigue sus estudios en un colegio de Richmond.  En 1826 ingresa a la Universidad de Virginia. Surgiendo las primeras discrepancias con el padre adoptivo que anhelaba verlo convertido en abogado. En 1827 agudizado su conflicto con John Allan,  se fuga del hogar y esconde su identidad tras diversos nombres. Va hacia Norfolk con un amigo haciéndose llamar  Henri le Rennet.  Publica sus primeros poemas, bajo el título "Tamerlán y otros poemas",  bajo el seudónimo de "Un bostoniano". Se enrola en el Ejército con el nombre de Edgar A. Perry. En 1829 publica "Al  Aaraaf, Tamerlane y poemas menores", con su nombre verdadero. Al morir su madre adoptiva en ese mismo año, Edgar se reconcilia con Jonh Allan. Este lo hace  ingresar a la Academia Militar de West Point, de donde es expulsado al año siguiente, debido a sus repetidas ausencias lo que causa la ruptura definitiva con su padre adoptivo. Junto con sus crisis, producto del alcoholismo aparece en 1831 la segunda edición de sus poemas. Apremiado por la estrechez económica, decide escribir cuentos para revistas y periódicos, publicando en 1832 su primer libro de cuentos. Un año después gana un concurso de cuentos organizado por el  "Saturday Visiter" de Baltimore, con su "Manuscrito encontrado en una botella". En 1934 muere John Allan, desheredándolo. Colabora activamente, ahora también como crítico literario, con varios periódicos y revistas. Entre 1835 y 1840 trabaja en diferentes periódicos, son empleos efímeros debido a sus prolongadas ausencias, debido al alcohol y a la inestabilidad emocional. En 1836 contrae matrimonio con su prima Virginia Clemm, de tan sólo 13 años. En 1840 publica "Cuentos de lo grotesco y lo arabesco", reuniendo toda su dispersa producción anterior. En 1843 gana un certamen literario, de cien mil dólares, con el cuento "El escarabajo de oro".  De redactor de "El espejo de la tarde" pasa, en julio de 1844, a propietario del "Periódico de Broadway", que vende ese mismo año. En 1845 publica el poema "El cuervo". Su esposa muere de tisis en 1847. Recrudeciéndose sus problemas con el alcohol lo que le provoca trastornos semi sicóticos. Publica "Eureka"(1848), "Las campanas" (1849). El 7 de octubre de 1849 muere  tras unos días de agonía, en el Hospital, tras ser encontrado, en deplorable estado en las calles de Baltimore.
La tumba de Poe.

 UN PROPÓSITO BIEN DIGERIDO

"Para mi, la primera entre todas las consideraciones es la de producir un efecto", expresa Poe en  su "Filosofía de la composición". Si bien este trabajo Poe lo ejemplifica con su poema más conocido, "El Cuervo", también es válido para la filosofía del cuento y de la obra narrativa del autor. Opinando sobre los elementos que se ponen en juego al escribir un cuento, Poe expresa: "La mayoría de los autores se sientan  a escribir sin ningún plan fijo, confiando en la inspiración del momento; en consecuencia no es de asombrarse que la mayoría de los libros no tengan ningún valor. La pluma nunca debiera tocar el papel, hasta que se establezca al menos un propósito general bien digerido". Concepto con el cual coincidía su admirador rioplatense, nuestro Horacio Quiroga que en el 5º punto de su "Decálogo del perfecto cuentista" expresa: "No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas".


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