sábado, 5 de noviembre de 2011

Circe, la dama del no sé



Ángel Juárez Masares
Aldo Roque Difilippo


Llegamos a Tacuarembó a presentar una muestra pictórica. Los cuadros ya habían sido distribuidos en los salones del MUART (Museo de Arte Tacuarembó), y nos quedaba la tarde prácticamente libre. Llovía. Cuando caminábamos rumbo al Hotel, Ángel comentó: -Por aquí vive Circe Maia.
-Y si vamos a verla –sugerí.
Así, sin  una cita previa, sin saber siquiera si estaba en su casa.
Teníamos grabador, cámara fotográfica y el entusiasmo de poder encontrarla. Qué más. En la puerta de un Banco un policía dijo no saber de quién se trataba, y  tuvimos que repetir su nombre un par de veces: “Circe Maia. Circe Maia, la poeta”, dijimos y casi al instante caímos en la cuenta que sería raro  que la conociese. A los uniformados suelen prepararlos para recordar otras cuestiones y no

“¿a veces, sí, se puede?
abrir puertas cerradas hacía días remotos;
las mañanas del sol y un aire limpio, fino,
los bancos de
madera
por el borde del parque,
las veredas desiertas,
un viento decidido contra la cara, frío,
y en la mano, tibieza de la mano materna”.

Aunque también hay excepciones.

En un balcón una señora elegante, casi de la misma edad de Circe, contemplaba cómo las personas escapaban de la lluvia (menos nosotros), y ella sí nos dio la pista: -¡Cómo no! Por esta calle, pasando la plaza, frente al Hotel.
El resto fue caminar, casi correr, hasta tocar ese timbre.
Lo que sigue es parte de esa larga charla.
Lamentablemente no sabemos reproducir la ternura y el afecto con que fuimos recibidos. Si ella hubiera escrito estas líneas seguramente que si podría reflejarlo, porque Circe  sabe que un buen poema, como todo buen texto, debe escribirse desde la sensación que lo genera y no simplemente de la peripecia del evento.

Queremos conocerla

Golpeamos la puerta de calle y tras el vidrio esmerilado comenzó a dibujarse su figura. Cuando abrió la puerta lo único que nos bastó decir para trasponer el umbral fue: -Queremos conocerla.
-Pasen, estaba haciendo un café. ¿No quieren acompañarme?
Ella no sabía quiénes éramos, cuáles eran nuestras intenciones, pero igualmente nos franqueó el ingreso a su hogar.
Así, sin dobleces, ingenuamente franca es Circe Maia. La poeta, la mujer sencilla que vive en su casa del centro de Tacuarembó, y que aún hoy con más de siete décadas encima continúa trabajando, escribiendo, haciendo teatro, recibiendo incipientes poetas a quienes rehuye aconsejar, no por falsa modestia, sino por un inconmensurable  respeto hacia el otro. La mujer coqueta que no nos dice su edad, pero que se brinda al otro como si lo conociese de toda la vida, porque para ella no hay otra forma posible de ser.
Su casa es el espejo de quien la habita, recibiendo al visitante con una austera calidez que invita a quedarse. Algunas bibliotecas con obras en diferentes idiomas, en griego por supuesto, inglés, y en lenguas tan lejanas como el sueco o el árabe; y aunque a Circe le da cierto pudor  reconocerlo, son sus obras las que han sido traducidas y publicadas en esas ignotas regiones que han sabido valorar su poética. Seguramente que  venciendo las supuestas barreras de los idiomas sigue y seguirá habiendo lectores que como ella sepan que lo importante  más que cómo se dice es la comunicación con el otro. Y la poesía es únicamente el vínculo para hacerlo.


Queríamos hablar con Ud. sobre su poesía, su obra; y porque Ud. es  una referente literaria.
-Yo estoy muy mayor. Estoy un poco retirada de la actividad.

Pero lo que ha hecho  bien hecho está. ¿Qué está escribiendo actualmente?
-¿En este momento? Es un libro que saldrá a fin de año, pero no es poesía.  Como tenía mucho trabajo de traducciones y comentarios, me parecía que podía reunirlos. Algunos son inéditos, y pensé que los podía reunir y formar un librito.
A pesar del lío de entreverar papeles, a mi me resulta mas fácil todavía, tenerlo materialmente. En eso estaba. Quería tener una idea del libro, materialmente.
“La casa de polvo sumeria”, porque en Sumer estaba lo más viejo de la poesía. Las leyendas, de los héroes anterior a Babilonia. Y como el poema el de Gilgamesh es el poema más viejo, dije tengo que empezar por él. Sobre todo porque es la idea de una casa hecha de polvo. Uno de los personajes va bajando a la casa hecha de polvo, que en realidad es la imagen que está en todos los otros textos, que en realidad es la muerte. Está herido de muerte, mientras tiene tiempo  describe todo lo que va viendo.
Va bajando a la casa de polvo y cuenta, y yo comento ese tema. Y después otro montón de textos y yo comento eso. Los caballos de Aquiles, por ejemplo. El canto 17 de la Ilíada cuando los caballos ven a Patroclo, se ponen a llorar.
Es una idea tan interesante. Yo comento bastante eso, porque un poeta griego contemporáneo, Kavafis (Constantino) hace un poema que se  llama Los caballos de Aquiles y toma casi el mismo fragmento, pero con una visión final diferente. Y en el fondo también está la idea de la muerte…
Y lo que está detrás de mucha de mi poesía es el tema de la muerte. Por la muerte de mi hijo, pero eso no se puede tomar como un tema. Es algo tan  horrible, pero me ha quedado, pero no es un tema. Pero a su vez uno no puede escribir de nada sin que resuene aquello que dice Quevedo, una cosa donde poner los ojos que no fuera el recuerdo. Entonces en forma indirecta como tienen que ser las cosas…

Porque hasta no es bueno negarse a expresarlo cuando surge esa cosa indirecta.
-¡Claro! Surge la expresión indirecta ante la imposibilidad que surja nada directo.
En general trato que en mi poesía no esté el yo en primer plano.  Machado (Antonio) decía algo así:  da doble luz a tu verso para mirarlo de frente y al sesgo; o sea que hubiera una posibilidad de caracteres indirecto.


Ud. pertenece a una generación que hizo un...
-No me vas a poner en la del 45, que era una nena.

Pero...
-No me gusta ubicar en generaciones. Los que llamábamos generación del 45 éramos tan distintos. ¿Qué tiene que ver la forma de Benedetti con Idea Vilariño? Eran amigos, pero nada que ver en poesía.

Pero culturalmente significó una ruptura en lo que venía siendo el proceso intelectual uruguayo. ¿En perspectiva cómo ve ese proceso?
-Esas son las preguntas difíciles para mi. No soy una experta. No soy siquiera profesora de literatura. No tengo conceptos generales, estudios literarios de épocas y de autores; no me preguntes, porque son difíciles para mi...

Le decía porque hace algún tiempo hablando con  Ida Vitale, me decía: capaz que los de la Generación del 45 fuimos demasiado autocríticos. Como que rompieron con muchos moldes.
-No se. No me doy cuenta con qué moldes. Porque a todos los veo tan diferentes que no veo que formen un grupo.
No se. No me gustan esos temas. Me va a ir mal en esta entrevista. Muy mal. Porque no me gusta ni del romanticismo, ni del modernismo, ni de todos los ismos que quieras.

A ver, hay una cosa que es clara. ¿Ud. está consciente de su ubicación como creadora?
-No.

No me diga que no. ¿Ud. es consciente del alcance de su  obra? De su alcance; si…
-O no.

O si.
-No porque el alcance es…

Y no hablamos de soberbia ni mucho menos
-Es que intervienen muchos factores, como la casualidad. Por ejemplo que pase por acá pase un hombre que se le ocurrió comprar un libro mío y lo hizo conocer en Inglaterra. Eso fue una casualidad. Un amigo le dice de mi, y se lleva el libro, le gusta, lo traduce, lo publica; y todo sin que yo tenga nada que ver. A su vez otros lo leen en Inglés y a su vez me lo publican en sueco. Yo en este momento estoy sorprendida porque lo último que me mandaron es un libro en árabe. Alguien que leyó el libro en Internet, en inglés,  y lo tradujo al árabe.

¿Cómo explica que tenga semejante  repercusión?
-Las repercusiones no van para nada en relación con la calidad. Los que tienen más repercusión en estos días, ustedes lo saben muy bien, son los Best Sellers. Si le vamos a preguntar al autor de un Best Seller qué piensa de su repercusión  va a decir maravillosa. Pero, ¿qué  importancia tiene literariamente una obra de esas?
Me alegro cuando alguien dice que le gustó. El tema de la repercusión es algo muy complicado. Mi padre me decía tenés que leer a Anatole France. ¿Quién lo lee ahora al pobre Anatole France? No sé. No es algo importante.

Y que es lo importante en la literatura?
-No sé tampoco. Yo no soy experta en literatura.

Pero desde su visión de escritora.
-Pienso que la literatura, la poesía en concreto, nos permite compañía. ¿No estamos acompañados con un buen libro? Eso es muy importante. No estamos solos. Con la literatura entramos en relación con un montón de gente que está muerta. Lo decía Quevedo: ando en conversación con los difuntos, y escucho con los ojos a los muertos. Escuchar con los ojos.
En mi caso por lo menos la poesía es sonora. Hay corrientes que le dan una gran importancia a lo escrito, incluso a la parte visual. En mi caso sigue siendo oída.


¿La poesía está  emparentada con la música?
-¡Ahí esta! Ahí me gustan más tus preguntas.
Creo que sí. Íntimamente  nace emparentada a la música, y ahora vemos muchos casos que son verdaderos poemas. Las cosas que hace Darnauchans (Eduardo); son poemas.

A mi no me cierra ver a Circe Maia con tantos “no sé” como he escuchado hasta ahora
-Creo que todos deberíamos comenzar por ahí, por los no sé. Ser conscientes de lo que no sabemos. Una conciencia de la ignorancia desde lo más antiguo. Todo somos ignorantes. Todos tenemos zonas, todo es fragmentario.

Si ahora viniera un chiquilín y le dijera quiero escribir poesía. ¿Qué recetas tengo que seguir para ser un buen poeta?
-No hay recetas, pero no hay duda que el escritor primero lee mucho, es casi una condición exclusiva.

¿Los chicos les traen sus poemas para que los lea?
-Si por supuesto. Alumnos del Liceo, y a mi me parte el alma porque me parece tan feo decir algo. Porque han puesto el alma a veces, pero, ¿quién es uno para decirles algo?
Les digo que tengan confianza en sí mismo. Que corrijan mucho, pero no llevarle al otro, a ver corríjame, como un deber. Es una tarea extraordinariamente personal.
No confíe en otros escritores, porque si tiran para mi lado, si es una poesía similar a la que yo escribo, de repente la voy a ver con otra óptica.
Tengo cierto rechazo a la poesía sentimental, romántica, pero los muchachos tienen 15, 16 años,  es lógico que escriban cosas de amor. ¿Cómo me voy a poner a leer un poema en voz alta y criticarlo? No soy profesora de literatura. No soy crítica. No  se qué es bueno y qué es malo. Es donde uno más tiene que tener conciencia que no sabe. De lo mucho que a uno lo entusiasma, trata de hacer partícipe al otro. Ahí está. Ésa es la fórmula; hacerlo partícipe  de algo que a uno lo entusiasma.
No se precisa ir muy lejos, que la tarea social, que la tarea cultural; tengo un rechazo a las grandes palabras. En general la poesía que me gusta habla de cosas muy concretas. Pero no que el tema sea una cosa concreta, es otro el problema serio. Uno no escribe sobre un tema en si. Escribe desde una situación, no sobre una situación.

Y hay mucho de uno.
-Es inevitable. Así como empiezas  a escribir estás tú también. Haces a una persona a hablar sobre otra y hablando de otra cosa en realidad uno está exponiéndose. Pero la exposición directa, el mostrar cuáles son los sentimientos no me gusta. La luz directamente sobre tu yo la evito.
Creo que la poesía todavía está muy autocentrada en el propio autor. Tiene un exceso de yo. Nos queda del romanticismo.

Ud. dice que no cree mucho en las recetas.
-Si.

Pero nos dijo que hay que leer mucho, que hay que corregir mucho más
-La corrección generalmente tratando de mirar desde lejos, con ojos fríos, después de un tiempo de escribir.

Y qué no hay que seguir el modelo del maestro, si no buscar el camino propio.
-Es cierto.

Esos elementos serían los centrales cuando Ud. se impone un trabajo.
-En realidad uno no se propone un tema, por lo menos no es mi caso.


¿Y de dónde nacen sus poemas? ¿De una sensación? ¿De un sentimiento?
-De algo vivido. De una simple sensación. Por ejemplo hay poemas que tienen que ver con que al planchar una tela se rajó, y el ruido de la rotura como que interrumpió aquel silencio. Esa sensación auditiva fue de desgarro, y como ves, la palabra desgarro se empieza a asociar a otras que no son solamente que la tela se raje. Se asocia a experiencias más profundas.  Es decir se empiezan a asociar, pero uno tiene que tratar de no seguir escribiendo sobre eso. Tenés que empezar a sugerir.
Trabaja mucho menos la memoria, aunque yo la veo más asociada a la percepción. Lo de Proust (Marcel), un sabor que trae toda la infancia. Entonces tenés que hablar de esa sensación, que te trajo a la infancia sin que te pongas a contar toda la infancia, que a quién le interesa.

Y si ese mismo chiquilín le preguntara ¿Qué autores tengo que leer para nutrirme?
-Yo no sé, porque no sé cuál te entusiasma.
Además el contacto con la poesía es lento. Se absorben ritmos distintos de distintos autores, eso es muy importante. Hay un aspecto formal, que es  decisivo en poesía. La diferencia cuando escribís en prosa, con la poesía, es la manera, el ritmo que va llevando, forma parte del sentido mismo.
Al niño o el joven que quiera escribir tiene que leer todo lo que pueda. Por algo quiere escribir, algo leído. Bueno que siga escribiendo y auto cultivándose. Eso si es personal, el formarse. Ir descubriendo.


¿El español sigue siendo el idioma más difícil de manejar, para escribirlo correctamente?
-Creo que toda lengua  tiene su propia dificultad,  y su propia belleza. No hay una que se diga esta es la más rica.
Decía un lingüista que la lengua es como nuestra casa.
Uno sabe más de su propia lengua aprendiendo otras, te sentís que te abrís más,  sentís que comprendes mejor.
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