viernes, 10 de febrero de 2012

EDITORIAL

Bienvenida la polémica




Aldo Roque Difilippo



Algunos comentarios vertidos a través de las redes sociales –y otros personalmente- sobre el artículo del periodista Matías Rótulo sobre Domingo Faustino Sarmiento,  (ver http://humbral.blogspot.com/2012/02/sarmientoel-hijo-matiasrotulo-fue-unode.html#links)  nos generaron un par de reflexiones que no tienen otro cometido que repensar algunas actitudes propias y ajenas.

Si bien es bueno, y debería ser motivo de toda publicación (de cualquier formato) que se generen debates en torno al material que se publica; esta discusión generada en facebook nos movió a escribir estas líneas. Vale aclarar que lejos de evitar la polémica, HUM BRAL  siempre ha intentado incentivarla. No para crear rencillas, sino porque entendemos que luego de la contraposición de ideas estaremos más próximos a desentrañar las claves de un hecho o una información. Por lo general, si el debate se desarrolla desde el terreno del respeto y la confrontación sana, surgirá que no hay verdades absolutas, y que cada parte tiene su cuota de razón.

Esa polémica generada en la red social en torno al artículo “Sarmiento, el hijo”  nos mueve a preguntarnos: ¿Cuántos realmente hemos leído concienzudamente sobre éste u otro personaje como para opinar en forma contundente? ¿Cuántos podemos despojarnos de nuestra carga ideológica, religiosa, filosófica, o política, como para opinar sobre un personaje, que aunque sea histórico,  tiene una proximidad geográfica y hasta generacional con nosotros.

Es muy fácil opinar sobre cualquier personaje  del cual nos separan varios siglos, que pertenece a una cultura diametralmente opuesta a la nuestra, porque en gran medida ese comentario no nos involucra. Por poner un ejemplo, si mañana decimos que tal emperador chino era un déspota, salvo que nuestro eventual interlocutor  fuera un chino el comentario no pasaría más  que de eso. Lo mismo pasa cuando opinamos sobre la homosexualidad, o la infidelidad de  algún monarca de  un país remoto. Pero traslade esos mismos comentarios a un personaje histórico local. Cualquiera. Seguramente no lo hará en el mismo tono porque intuirá que podrá estarlo escuchando o leyendo algún descendiente. Porque ese personaje quizá no coincida con nuestro pensamiento político pero si religioso; y eso llevará a que el comentario no sea tan concluyente como en el otro caso.
La proximidad de un hecho histórico, de un personaje o gesta, genera indefectiblemente pasiones, porque nos sentimos involucrados.  Estamos hablando de cosas que de alguna manera nos pertenecen porque respondemos a una condición política, social, familiar, religiosa y hasta étnica particular; y ese personaje o ese hecho lo esta rozando.
Para toda publicación el problema radica cuando, generando información no genera polémica. Por eso, bienvenida la polémica. Seguiremos buscándola y con ella contrincantes con quienes confrontar, porque en ese camino, seguramente, nos aproximaremos un poquito más a la verdad.
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