viernes, 2 de marzo de 2012

EDITORIAL

De morochos, negros, y sudacas


 Aldo Roque Difilippo

 Desde que Luis Suárez protagonizó el entredicho con el  futbolista francés  Evra cuando se disputaba un partido en la  liga inglesa,  en Uruguay se han  suscitado una serie de comentarios y discusiones sobre el racismo. ¿Somos racistas los uruguayos?  ¿Cuántos lo han sufrido? ¿Es una actitud racista calificar al otro como “negro”? Más allá de la discusión futbolística y hasta política del asunto,  la penalización del futbolista uruguayo y sus repercusiones cuando Suárez regresó a la competencia deportiva, generó y sigue generando consideraciones que  involucran a la política en la gestión de este deporte. No se debe perder de vista  que el hecho tuvo y tiene connotaciones de índole económica.
Más allá de justificar, respaldar, solidarizarnos o no con el futbolista uruguayo, sigue estando planteado el tema del racismo. ¿Cuánto de racista tiene nuestro pensamiento actual?  
Sin embargo cuando las discusiones parecían aplacarse, un hincha de Central Español ingresó al campo de juego y lanzó bananas al arquero de Progreso, Jorge Rodríguez, una persona afrodescendiente. Esta situación generó que la  Comisión honoraria contra el Racismo y la Xenofobia pidiera a la  Asociación Uruguaya de Fútbol que “genere gestos de condena al racismo”.
“Lo del fin de semana fue un acto ilícito, y un hecho notorio, por lo cual la Justicia debería operar de oficio, tal como ocurrió en el clásico donde se agarraron a golpes de puño”, opinó el Dr.  Javier Miranda, Presidente de la Comisión honoraria contra el Racismo y la Xenofobia, agregando que generalmente estos hechos son tolerados ya que “en la sociedad uruguaya hay problemas de racismo, y esto se vio en el caso Suárez”.
Son dos casos separados, aislados geográficamente, y diferentes en cuanto a las actitudes. Por un lado un morocho (atemperemos el término para no ser calificados de racistas) que parece utilizar su color de piel para victimizarse y sacar algún rédito de la situación. En el otro, un individuo que ostensible y premeditadamente descalifica al otro con una actitud.
La situación vivida por el futbolista Luis Suárez generó repercusiones diversas, hasta la solidaridad  pública del propio Presidente de la República, José Mujica, un hecho no menor y cargado de un simbolismo político importante en esta sociedad donde el poder político mantiene relaciones estrechas con aquellos que  dirigen el deporte.
Pero a nuestro entender estos casos no han generado un par de consideraciones o de verdaderas reflexiones de fondo. Evra calificó a Suárez de racista porque usó, en su opinión, para descalificarlo el término “negro”. Pero nadie, ni siquiera el Presidente Mujica tan preocupado por defender a los humildes (y que hizo mención incluso al origen humilde de Suárez) puntualizó  que el futbolista franco-senegalés inició el incidente a calificar al uruguayo de “sudaca”, un término peyorativo utilizado por los europeos para descalificar a los hispanoamericanos.  Allí no se aplicó la regla del racismo y hasta los propios sudamericanos lo aceptamos como algo normal.
Otra consideración en el terreno local que debería generar toda esta polémica en torno al racismo es no solamente lo que decimos, sino lo que hacemos. ¿Somos racistas solamente cuando decimos “negro”, o por nuestras actitudes como sociedad?  Casi el 6% de la población uruguaya es de origen afrodescendiente. ¿Cuántos –con excepción de Edgardo Ortuño, actual sub secretario del Ministerio de Industria- en 182 años de vida del país han llegado a cargos de relevancia en el gobierno?...

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