sábado, 15 de diciembre de 2012



La niñez y su abordaje periodístico





El abordaje periodístico de la niñez debe encararse con “un inmenso afecto, con alma de abuelo”, porque de esa manera las posibilidades de los niños se ven con lente de aumento, reflexionó Javier Darío Restrepo.





Aldo Roque  Difilippo




Temas de niñez deben tratarse "con alma de abuelo", dijo el periodista colombiano Javier Darío Restrepo en Seminario Internacional “Comunicación, niñez, adolescencia y género: Promoción y protección de los derechos en la Agenda Pública. El rol de los medios. Desafíos éticos y profesionales” realizado en Montevideo.
El evento fue organizado por la Agencia Voz y vos, UNICEF- Uruguay, y el Proyecto “Uruguay unido para poner fin a la  violencia hacia mujeres, niñas y adolescentes”.
Javier Darío Restrepo es un referente para el periodismo latinoamericano, con más de 50 años de experiencia profesional, experto en ética periodística. En su disertación sobre “Un periodismo adulto para informar sobre los niños”  definió a los niños “como gotas de agua”, porque “siempre están buscando soluciones” a los problemas que se les presentan, en tanto el mundo adulto “buscamos la negativa porque creemos que no se puede”.
Indicando que “el niño tiene mucho que aportarnos, ese es un punto de vista que debería destacarse en el periodismo sobre ellos”, ya que   “puede surgir un periodismo nuevo y revelador”.
Afirmó que el abordaje periodístico de la niñez debe encararse con “un inmenso afecto, con alma de abuelo”, porque de esa manera las posibilidades de los niños se ven con lente de aumento. “Nos hacen sentir padres o abuelos universales”, y “porque en afecto que son capaces de  elimina barreras de todo tipo”.
Lo que sigue es  un resumen de su extensa e interesante conferencia.




Como gotas de agua
    “Porque tan impropio como un niño que está trabajando o como un niño que es llevado a la guerrilla, o como  un niño que es explotado  para la prostitución, también es impropio un periodista inmaduro, comercializado, que pretende informar sobre niños. Informar sobre niños supone una gran  madurez personal y profesional”.
Reflexionado “qué es lo que no se informa sobre los niños, teniendo en cuenta que esa parte de la humanidad exhibe unas características totalmente distintas, y tal vez por esa razón no  hace parte de nuestra agenda informativa”.
Explicando: “los niños son humildes, y que falta le hace a la humanidad una buena dosis de humildad. Son humildes porque  saben  que son débiles y lo aceptan sin reticencias. Saben que dependen de los demás y no lo disimulan”. Agregando “ellos no tienen ningún empacho en admitir que tienen hambre o que quieren comer más o que tienen frío, o que tienen miedo. Aunque pocas veces los niños tienen miedo. Una gran enseñanza que consigné en un libro es que los niños no le tienen miedo a morir.  Pensaba yo, ¿Por qué no le tienen miedo a morir? Y encontré la respuesta  porque no tienen nuestros miedos de adultos. Salvo que nosotros se los hayamos contagiado; y además porque ellos no ven la muerte rodeada con los mitos que nosotros la rodeamos. El Ser Humano acude al mito cuando no tiene una  explicación, y ante la muerte no hay muchas explicaciones. Ellos la admiten así, espontáneamente. Esa frescura para enfrentar la vida y la muerte es otro  aporte que los niños le dan a la sociedad y la sociedad no se  da cuenta.
Porque siempre decimos, son cosas de niños, una frase que hemos acuñado para desacreditar la sabiduría que ellos están practicando y comunicando constantemente”.
Agregando más adelante: “los niños están siempre inventando soluciones. Son como las gotas de agua. El agua llega, tropieza con un muro y busca un camino alternativo. Los niños  tropiezan con una dificultad y  buscan un camino alternativo”. Ya que “el niño cree en lo posible. Los adultos afincamos nuestros  pesimismos en creer  en  lo imposible. El  niño cree siempre en lo posible”.



La blancura del niño
   “¡Hay del abuelo que crea que cuando dice “No”, es  definitivo! Es provisional, porque ellos  buscarán otros caminos para llegar al si. Esa creatividad del niño, proviene de que cree en lo posible. Los adultos afincamos nuestros pesimismos en creer en lo imposible. El niño cree siempre en lo posible. ¿Por qué  los niños   aman tanto a los súper héroes?  Esas figuras emblemáticas  que combaten contra el mal. Los adultos nos reímos de los súper héroes. Los niños se disfrazan súper héroes porque creen en ese mundo posible en donde el mal puede ser derrotado. Y esa es parte de la sabiduría que los niños nos dan.
El niño mantiene una capacidad de sorpresa constante. Todo lo sorprende. Todo lo alegra. Vive  la fiesta de las sorpresas, y es porque el niño tiene la humildad  de reconocer: “esto no lo conocía”. Los adultos nos reconocemos adultos cuando exhibimos esa coraza de cinismo para decir  “ya eso lo conocía yo”, “yo ya nada tengo que me pueda llegar a sorprender”. El niño dice lo contrario “todo me sorprende porque todo para mi es nuevo”.  Y es la realidad, ellos están descubriendo  el mundo, y por eso mantienen intacta la capacidad de sorpresa que es la que ha permitido los grandes descubrimientos. Métanse ustedes en la mente del científico y el científico echará de menos la transparencia  y la blancura del niño. Cuando uno va a acometer una investigación cualquiera lo primero que tiene que hacer es limpiar la mente para que los prejuicios no se conviertan en obstáculos. El  niño mantiene limpia la mente y  mantiene intacta la capacidad de sorpresa.
Alguna vez haciendo un decálogo de lo que  pueden ser las condiciones del buen periodista, con mis colegas periodistas anotamos en la última (condición): mantener intacta la capacidad de sorpresa. Un periodista que haya perdido la capacidad de sorpresa, la capacidad de dudar, de preguntarse, es un periodista que se anquilosó  y que ya no avanza más.
Esa capacidad de sorprenderse, necesaria para el científico, el niño la da espontáneamente.  Es otra de las contribuciones que niño hace  a la humanidad.
Pónganse la mano sobre el corazón y pregúntense como periodistas, o como simples lectores: ¿han visto que esto que hemos estado mencionando se haya convertido en noticia en los medios de comunicación? Y se van a dar cuenta que es una parte ignorada acerca del niño.
Yo mismo en alguna ocasión con una de mis hijas  me preguntaba  qué es lo que los niños le aportan a la humanidad.  Y la pregunta nos cayó a los dos de sorpresa.  Por eso  me propuse hacer esta reflexión que  me ha dado frutos, y sobre todo una inmensa admiración por el niño.  El niño está aportándole a la humanidad,  no elementos materiales ni económicos, sino aportándole factores del espíritu. De ahí esa recomendación si no os hicieres como niños, no entrareis al reino  de los cielos. ¿Por qué? Ahí está la respuesta, y sin embargo esa dimensión positiva, enriquecedora del niño no hace  parte de nuestra agenda.
En cambio, si hacen parte de nuestra agenda  otros capítulos: los niños de la guerra. ¡Ese es un tema fascinante! ¡Espectacular! Que da lugar a unas crónicas muy vivas, y de pronto es una crónica que merece premios. He leído más de una crónica vivísima, ejemplar, desde el punto de vista técnico sobre el dolor de los niños de la guerra.
Otro tema, los niños que están vestidos  de trabajadores, tiznados después de salir de las minas de carbón. Los niños doblegados por el  peso de unos ladrillos  que acababan de ser cocinados en el sur de Bogotá. El niño que ya tiene cara de adulto, camina como adulto, porque alguien le robó el paraíso de la niñez. Esos niños si entran en nuestras noticias”. (…)


El otro
   “¿Qué se necesita para cubrir el tema de la infancia? Hay un primer elemento. Se necesita una fina sensibilidad  hacia el otro y todo aquello por lo cual el otro es otro. Es decir,  un respeto por las diferencias,   y no solo respeto que sería una actitud pasiva, hay que llegar activo: una  admiración por lo que nos diferencia del otro. Y desde luego frente al niño nos diferencian muchas cosas.
Hay un periodista que yo he considerado mi maestro y admiro profundamente que es el polaco Ryszard Kapucinksi. Cuando a él le dieron el doctorado Honoris Causa en la Universidad de Barcelona, comenzó su  discurso de aceptación haciendo alusión a lo que son sus pensamientos  en el momento en el que está aterrizando el  avión en el que llega a hacer un nuevo cubrimiento  informativo.  Hace parte de las rutinas de este hombre  el pensar quién será ese otro con el que me voy  a  encontrar. Y dice él: de las relaciones que yo tenga  con ese otro depende todo.  Es decir los Seres Humanos, y particularmente nosotros los periodistas  dependemos del otro,  que es fuente, que es receptor de la información, del otro que está trabajando conmigo. Uno depende del camarógrafo, del fotógrafo, depende de un maldito chip. Es decir, dependemos  constantemente cuando hablamos de autonomía con una cierta soberbia, estamos haciendo metáforas porque de hecho nosotros estamos dependiendo constantemente. Pero la   gran dependencia es la dependencia del otro, que tiene que convertirse más bien en admiración y gusto de estar con el otro.  Uno como reportero, llevo 53 años, llega a convencerse que está ejerciendo el oficio  más bello del  mundo porque te da la oportunidad todos los días de ingresar en un continente  inexplorado  que es el otro. Cada Ser Humano es un continente que no ha sido explorado. Y si lo estoy diciendo así en general. Cuando  pienso en el niño, pienso en ese continente, ese sí doblemente inexplorado, porque apenas se está inaugurando, pero además  ese continente es difícil de escrudiñar. Creo que para los reporteros  una de las  tareas más difíciles que existen es la de entrevistar a un niño. Todas tus  habilidades reporteriles, toda esa capacidad que uno tiene de sacar información a fuentes a veces tan inconmovibles como una piedra. Todo eso  fracasa frente a un muchacho. Porque tú llegas y le preguntas y te desarma con un “si”, “no”, y de ahí no  lo sacas, porque él no está para esos juegos. Él está para poner el tema no para que se lo pongan ni se lo impongan, pero es el continente que hay que empezar  a explorar, y uno se da cuenta que allí hay toda una riqueza que está oculta, y que es necesario llegar a descubrir. ¿Y cuáles son las llaves para ese descubrimiento? Allí es donde uno se da cuenta de que el arte de convivir con el otro  es un arte que se enriquece cuanto más está en contacto con los niños, que ese si es el verdadero otro. El vive en su mundo, que es siempre diferente del nuestro”.
(…)
“A medida de uno  ahonda en el mundo del niño se da cuenta que es el paraíso que los adultos  hemos perdido. ¿Cuál es el gran atractivo los relatos  sobre niños? Particularmente cuando son relatos que interpretan cabalmente el mundo del niño. De modo que cuando uno tiene esa sensibilidad  hacia el otro –sensibilidad que tiene su manifestación en obras cumbres como El Principito-, allí es donde  se da cuenta que ser periodista que cubre habitualmente el mundo del niño exige un alto costo para disfrutar  de ese privilegio.
Esa sensibilidad hacia el otro se manifiesta  particularmente  cuando uno reconoce y encuentra la razón de ser de los derechos de las personas. Y cualquier persona civilizada sabe que lo es porque respeta espontáneamente los derechos de las personas con tanta mayor razón si se trata  de los derechos de los niños”.



La responsabilidad social
   (..) “Otro valor: la responsabilidad social. Con el niño toda precaución es poca para no  herir su sensibilidad  ni entrar en su mundo como un elefante en una cristalería. Con el niño hay que tener  en cuenta que su mundo es distinto, y que sus derechos son superiores si cabe esa palabra a los derechos de las otras personas.  (…)
Cuando se trata de informaciones sobre los niños o para los niños, todo  cuidado es poco en materia de  prevención de los efectos que puede llegar a producir.  Lo que está de por medio en todo es un valor: responsabilidad social. Ser responsable es tener capacidad de responder  los efectos que esto tendrá. Implica  una visión de futuro y hacerse cargo de los efectos que tiene lo que uno está comunicando.
Lo sabemos muy bien los periodistas que no hay comunicación  sin efecto, y las  comunicaciones sobre niños  tiene un efecto todavía mayor. Tienen efecto sobre la población, pero tienen particulares efectos  sobre los niños. Por tanto si hemos de pensar en una calidad necesaria  para ser periodista que cubre este tema, esa calidad está vinculada a la responsabilidad social. Es  decir capacidad de respuesta ante toda la sociedad. ¿Cuál es el efecto que están produciendo todas nuestras informaciones  sobre la mente de la sociedad?;  y allí es donde   caben muchas preguntas, muchas dudas sobre el periodismo que estamos haciendo sobre niños. ¿Estamos nosotros creando una sociedad  permisiva frente a los abusos contra los niños? ¿Estamos nosotros creando  una sociedad  indiferente ante el drama  de los niños? Hay que recordar que uno de los efectos que tienen las  informaciones, cuando son frecuentes y superficiales,  es crear una  especie de costra impenetrable en la opinión pública de modo que la gente ya no se  conmueve ante nada que sucede ante los niños. (…)




Como el tábano
   Al reflexionar sobre el papel que debe desempeñar el periodista Restrepo afirmó “nosotros no hacemos periodismo para entretener a nadie”.  Definiendo al periodista “como el tábano” que parado en el lomo del caballo lo pica, evitando que se duerma. Por tanto en su definición el trabajo del periodista es “impedir que la sociedad se duerma”.
(…) Que yo busque una noticia hoy porque me parece que los niños o los adultos necesitan conocer un aspecto  sobre “La verdad” y acomodo todo”, puso a modo de ejemplo, “ese, es una especie de periodismo moralista  que deforma la realidad y que la acomoda  a condiciones ideológicas previas. El periodismo no es eso. Ese s es un periodismo  de tesis. Lo acostumbran los políticos, los religiosos; porque están siempre tratando que  la realidad demuestren lo que ellos  previamente han pensado. Es la realidad la que nos tiene que estar enseñando; y como periodistas estamos interpretando. Lo importante es  llegar a la convicción de que para nosotros los  periodistas la principal  arma es el hecho. Son los  hechos los que tienen una contundencia propia, y los hechos hablan más que muchos discursos. Hay una frase muy sabida, que una imagen vale más que mil palabras.  Yo utilizaría esa expresión para decir  un hecho vale más que mil discursos, y por tanto los  hechos presentados  como ellos son, están contribuyendo  a crear una cultura,  y es esa cultura la que los periodistas  tenemos que construir alrededor de la defensa de los derechos del niño.  
Antes que cualquier tema, yo pondría la siguiente palabra: hechos.  Pueden ser hechos que sean desalentadores, desconocimientos de los derechos del niño.  Pueden ser  hechos inmensamente positivos,  el reconocimiento que se hace de esos derechos con alguna conducta colectiva o individual. Pero siempre el hecho; y un hecho mirado   a través de esa preocupación por los derechos del niño”.

La noticia más noticia
    (…) “Hay una pregunta que a veces los periodistas nos hacemos: ¿Cuál es la noticia más noticia? Que aplicada  a nuestro caso, ¿cuál  es la noticia sobre niños que es  más noticia? Ustedes saben que en cualquier Concejo de Redacción se proponen  20, 30  hechos y los periodistas tienen que resolver cuáles son los más importantes,  puesto no que vamos a poder cubrirlos a todos. Entonces de 30 se escogen 20. ¿Con qué criterios se escogen esos 20  como si fueran las noticias más noticias?
Hay que tener en cuenta los siguientes elementos. Una noticia suscita comentarios. Y si la noticia que yo publiqué  es la que más comenta todo el mundo, la que comenta la radio, la televisión, yo tiendo a pensar que esa es la noticia más noticia.  Esa sería una percepción.
Hay sin embargo otra: noticia más noticia es la que  produce cambios, y   por tanto es mucho más exigente que la anterior. No solo comentarios, sino produce cambios; y es a  esto a lo que habría que tender. Cuando hago periodismo  y convencido que es un instrumento que me ayuda a cambiar algo, aquí tengo que recordar las palabras de García Márquez: ser periodista es tener la oportunidad  de  cambiar algo todos los días.
Pues bien, si esa es mi preocupación, mis noticias deben aspirar   a producir cambios  y ya esto es mucho más exigente”.



Eficacia e ineficacia del trabajo periodístico


(..) “Si una denuncia no da resultado inmediatos  es porque la  sociedad se ha vuelto incapaz de asimilarla. O de dar una respuesta. Es preocupante en nuestro tiempo. Creo que nunca antes el periodismo había  hecho  tantas denuncias sobre corrupción. En  todos los países hay unidades investigativas  que están destapando todas esas cañerías de la corrupción. Hay trabajos que se destacan sobre los demás. Sobre todo cuando uno asiste a premiaciones  de concursos de periodismo, generalmente hay dos o tres trabajos  de investigación  maravillosos, y sin embargo  la corrupción sigue galopando. Más  aún, está entrando a ser parte de la cultura, hasta  el punto de pensar que quien no aprovecha  el momento es porque es bobo. Y los honestos son mirados algo así como  una especie de tarados que no aprovecharon su momento. Eso está entrando en la cultura, sobre todo en las clases altas, lo digo por mi país, donde todo lo que se ha destapado últimamente  en materia de contratistas tiene que ver con gente de muy alto  nivel. (…)
Uno como periodista tiene que mantener cierta austeridad en materia de reclamos de resultados. Tiene  mucho de vanidad, de arrogancia creer que lo que uno escribió tiene valor. La cuestión es que nosotros estamos manejando un material del instinto, y moviéndonos en el interior de las conciencias. O sea, manejando movimientos del espíritu, y eso no se ven ni se pueden registrar en estadísticas (…) Los periodistas somos trabajadores del espíritu, por tanto necesitamos creer en esa realidad  que no se ve ni se toca pero que se vive, y por esa razón siempre que estamos haciendo trabajos  como estos. ¿Eso va a cambiar de hoy a mañana?, no. Por tanto me parece muy importante tener muy claro que el poder del periodista  no es un poder de resultados inmediatos, sino que se va gestando.
Me acuerdo de la célebre anécdota del arqueólogo que en una de las tumbas de los faraones  encontró  una semilla de trigo. Se maravilló que a los faraones los enterraran con semillas de trigo. Tuvo la audacia de robarse unas semillas, y tuvo la lucidez de sembrarla: y la inmensa sorpresa de ver que las semillas reventaban.  Lo que nosotros hacemos es sembrar semillas con la seguridad que la vida de las semillas es tan larga que supera  el lapso de nuestra propia vida. Hay que tener  fe, confianza   en la fuerzas de las ideas, y tener la generosidad y la humildad de pensar que eso reventará después que nosotros  hayamos muerto”.
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