sábado, 31 de mayo de 2014


Veinte años después


Hace 20 años, el 30 de mayo de 1994, falleció en Madrid el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, uno de los pilares de la narrativa sudamericana del siglo XX y un novelista esencial para entender la literatura rioplatense.

Más allá de las opiniones, irremediablemente favorables, que reciba ahora su figura o de las anécdotas que se ensayen para reconstruir su pasión por las mujeres y su obcecación por permanecer en una cama, la literatura perdió, hace 20 años, a uno de los mejores narradores, el uruguayo Juan Carlos Onetti.

Pese a mostrar una gran originalidad, la obra de Onetti le debe mucho a su admirado William Faulkner. Como el escritor del sur norteamericano, el uruguayo creó un mundo autónomo, cuyo centro es la inexistente ciudad de Santa María. Pero también abrevó en el existencialismo: una angustia profunda se encuentra enterrada en cada uno de sus escritos, siempre íntimos y desesperanzados.

Montevideano por nacimiento, el primero de Julio de 1909, porteño por adopción, Onetti parece ser el hombre exacto para describir ese cruce cultural denominado "literatura rioplatense".


Pese a morir en una cama de Madrid, a punto de cumplir 85 años, ese autor uruguayo-porteño-madrileño (obtuvo la ciudadanía española en 1978) construyó una literatura, una ciudad y una leyenda que define la cultura de ambas orillas.

Autor de límites geográficos y culturales, Onetti trazó una escritura del desarraigo, una escritura en donde los personajes están siempre en falta y se instaló en un mundo ficcional que no respeta fronteras naturales.

Mantuvo en sus narraciones un estilo sobrio, por momentos lacónico, que impregna de angustia el clima de las historias: desasosiego, atmósfera de fatalidad, piedad y pudor por la condición humana son algunos de los topos que podemos extraer de su obra en conjunto.

Ese clima también se comprende desde las circunstancias que rodearon su vida: desde 1975 estuvo radicado en Madrid, a causa de las sucesivas dictaduras que asolaron primero el Uruguay y luegola Argentina, y también fue a Madrid porque el tirano Francisco Franco había pasado a la integrar la historia más terrible de España.

En 1978,la Academiade Letras le otorgó el Premio Cervantes de Literatura, el máximo galardón para escritores en castellano, y a partir de allí obtuvo la nacionalidad española, donde prometió quedarse hasta morir.

Una inmensa producción critica indagó en sus trabajos, ya sea en su escritura en sí, ya sea en la importancia que cobró en el panorama de la literatura latinoamericana como integrante del "Boom" que lo reunió a Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar, entre otros.

Fue el autor de novelas memorables como "El astillero", "Juntacadáveres", "El pozo", "La muerte y la niña", "Dejemos hablar al viento", "Los adioses" y "Para una tumba sin nombre" y de casi cuarenta nouvelles y cuentos.
 
En 1993, la editorial Alfaguara-Argentina publicó su última novela: "Cuando ya no me importe" que volvió a sumergirnos en ese mundo mítico y metafísico de la ciudad fatal que creó para sus lectores: Santa María con su doctor Díaz Grey incluido.

La misma casa editorial juntó un año más tarde sus relatos en un mismo volumen titulado "Cuentos Completos" que recoge su producción desde su primigenio "Avenida de Mayo-Diagonal Norte-Avenida de Mayo", publicado en el diario “La Prensa” en 1933 hasta "Ella" y "La Araucaria" dos cuentos inéditos.

Su amiga y par, la escritora uruguaya Cristina Peri Rossi, consideró que Onetti era “uno de los pocos existencialistas en lengua castellana”.

Por su parte, su compañero del “Boom”, Mario Vargas Llosa, quien realizó un ensayo sobre la obra del montevideano, sostuvo que fue “uno de los grandes escritores modernos” y se quejó porque “no ha obtenido el reconocimiento que merece como uno de los autores más originales y personales, que introdujo sobre todo la modernidad en el mundo de la literatura narrativa".

El peruano sostuvo que Onetti “es un escritor enormemente original, coherente; su mundo es un universo de un pesimismo que supera gracias a la literatura”.


Extraído de: http://www.gacetamercantil.com/

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