sábado, 4 de julio de 2015

Misterios del mapa de 1491 que guió a Colón


  • «Cuando lo miras ves menos del 10% de lo que hay escrito y dibujado»

  • La información del mapa proviene de los datos geográficos compartidos por tres etíopes


En la cuarta planta de la Galería de Arte de la Universidad de Yale descansa una obra excepcional del geógrafo alemán Henricus Martellus. Un mapa del mundo dibujado a mano con tinta ferrogálica, que data de 1491, y que normalmente da la bienvenida a los visitantes de la biblioteca Beineke de libros raros y manuscritos. A simple vista parece un mapa incompleto; una masa de tierra y agua sin nombres ni detalles, con España y África al Este y Japón al Oeste. Descolorido por los siglos y donado anónimamente en 1962, recuerda a los que se empleaban en los colegios para aprender geografía. «Cuando lo miras ves menos del 10% de lo que hay escrito y dibujado», dice Gregory Heyworth, profesor de inglés de la Universidad de Mississippi y fundador del proyecto Lazarus, quepretende «democratizar las imágenes multiespectrales» para que sean accesibles a bajo coste. Esta tecnología y el sistema portátil diseñado por Heyworth y su equipo han conseguido que el ojo humano pueda leer textos por todas partes del mapa. A continuación, sus cinco mayores revelaciones.
En agosto de 2014, un equipo de cinco investigadores, con el profesor independiente especializado en Historia de la Cartografía Chet Van Duzer a la cabeza, pasó 10 días tomando imágenes multiespectrales del mapa de Martellus para estudiar sus huellas imborrables. «La idea surgió en 2009, mientras preparaba una conferencia en la biblioteca del Congreso», recuerda Van Duzer, que destaca la influencia de esta obra en cartógrafos posteriores.
«Hay una buena razón para pensar que Cristóbal Colón tuvo en cuenta este mapa y la prueba más clara es cómo está dibujado Japón. No hay otro documento de ese periodo que diga que estaba orientado de Norte a Sur», dice desde California, refiriéndose a los escritos del hijo de Colón, Fernando. En estos, explica por qué esperaba encontrar Japón con detalles de su orientación.
Van Duzer habla con emoción de los descubrimientos en el interior de África: «Es una de las partes más increíbles». Por primera vez hay una información precisa con «ciudades, ríos, montañas en Sudáfrica en el siglo XV», remarca. Según él, la información del mapa proviene de los datos geográficos compartidos por tres delegados etíopes que acudieron al Consejo de Florencia en 1441. Aunque otros tres planos anteriores cuentan algunos detalles del continente, «el mapa de Martellus es el más completo», subraya.

Monstruos misteriosos

Los textos escritos en latín, señala Heyworth, hacen referencia a «información histórica específica» -del Sáhara por ejemplo- y también a fábulas. Algunos cartuchos -como denomina a las cajas de texto- hablan de monstruos como «un pez torpedo», una «orca de piel suave» o una «serpiente» en África. En la zona de Asia, tan pronto aparece una referencia a Tangut; un estado que existió entre el siglo X y XIII en lo que hoy es China, como a los panotii, gente de orejas tan largas que podían usarse como sacos de dormir.
un tablero de ajedrez. Dadas las proporciones del Martellus (y su antigüedad), el grupo de investigadores y expertos en ciencias de la imagen lo dividieron en 55 casillas y de cada una tomaron imágenes en diferentes frecuencias, hasta 38 en algunos casos. Eso supone más de 2.000 imágenes y tres terabytes de datos analizados desde el año pasado.
El procesador principal de las imágenes -aún se sigue trabajando concienzudamente en ellas-, el profesor Roger Easton del Chester F. Carlson Center for Imaging Science del Instituto de Tecnología Rochester, obtuvo los primeros resultados en días, explica Heyworth, que destaca la precisión del análisis de componentes principales -PCA por sus siglas en inglés- utilizado para revelar la información.

Bandas mágicas

«El mapa de Martellus no es plano, tiene ondas», dice Heyworth, lo que hace más difícil es el proceso de sacar a la luz estos textos escondidos durante siglos. Apasionado en sus explicaciones, describe la herramienta portátil usada para fotografiar el documento: un sensor de 50 megapíxeles monocromo, una lente de cuarzo -«hay sólo cinco en el mundo»- para enfocar ondas de luz más larga, como la infrarroja; dos filtros; y conocimientos para manejar material sensible. Heyworth se refiere a los «palimpsestos digitales», una modalidad de texto sobreescrito sobre un manuscrito, que se puede obtener si no se trabaja bien con las imágenes multiespectrales. Y que además puede dañar los documentos y objetos centenarios.

Extraído de: http://www.elmundo.es/
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