viernes, 29 de julio de 2011

EDITORIAL

Hijos de aquellos escolares
del 70, nos despertaron la noción de Patria




Aldo Roque Difilippo


El desempeño de la Selección uruguaya de fútbol, tanto en el Mundial Sudáfrica 2010, como en la reciente Copa América, ha desatado una serie de manifestaciones que tiempo atrás parecían producto de otras culturas, y no de los grises y nostálgicos uruguayos. Banderas y caras pintadas han inundado las calles de todas las ciudades, en un hecho que más allá de lo deportivo –que no es el motivo de esta reflexión- nos mueve a un par de consideraciones.
Tiempo atrás  -no tanto- era  extraño ver a un joven enarbolando una bandera uruguaya. Incluso muchos solían vestir orgullosos indumentarias con la bandera británica o norteamericana, pero nunca o casi nunca  la bandera nacional. Es que los que actualmente tenemos entre 40 y 50 años somos  los liceales o escolares de la dictadura. Es decir las generaciones que nos formamos en ese período oscuro de nuestra historia,  y que recibimos mensajes subliminales o a veces directos pretendiendo someternos. 
 En las escuelas uruguayas era común en la década de los años 70, formar fila, no cuestionar a maestros y directores, o concurrir puntualmente a los actos patrios donde se cantaba “con unción patriótica” el Himno Nacional. Una bella melodía que por rebeldía susurrábamos por el simple hecho de contradecir a aquellos que nos sometían a aburridos y largos actos patrios.
Al ingresar a la Educación Secundaria las situaciones se repetían con el agregado de que debíamos lucir  una primorosa e inútil corbata, junto con la insignia que tampoco podía faltar. En la puerta de la Escuela “Pedro Blanes Viale” de Mercedes había un dibujo de un rostro masculino de perfil, y un funcionario que solía controlar que  nuestro cabello tuviera el mismo largo que el de aquella figura. Es decir que no tocara el cuello de la camisa. Incluso se llegó al extremo de prohibir  el ingreso de un alumno porque cometió la osadía de concurrir a clases con zapatos marrones, y no negros como correspondía.
En ese ambiente crecimos y nos educamos los que hoy tenemos entre 40 y 50 años, y en ese ambiente nos acostumbramos a relacionarnos con nuestros símbolos patrios, con nuestros héroes, que eran personajes de bronce en centro del patio escolar o liceal; y hasta con nuestros mayores.  Cantábamos el Himno Nacional pensando en cómo zafar de esa situación, y la bandera era un símbolo que flameaba en el mástil que no nos pertenecía. Era una suerte de reflejo de esos padecimientos.
Las nuevas generaciones, o sea los hijos de los liceales y escolares de aquellos años, afortunadamente se han relacionado de otra manera con nuestros símbolos patrios; y en gran medida nos han contagiado ese sentir como propia la enseña patria. Que va más allá de un falso sentimiento patriótico sectarista, que pasa por reconocerse parte de  algo, como individuos gregarios que somos.
Podría decirse que a casi 3 décadas de la recuperación democrática, los hijos y nietos de aquellos escolares y liceales de la dictadura, comenzaron a revertir esa situación, y el ser uruguayo más que una carga está empezando a ser un motivo de orgullo. 

El cuentito medieval

De cómo se fueron conociendo detalles de la vida de palacio; y de la ausencia de dignidad de algunos personajes de la aldea



Ángel Juárez Masares

Había una vez en una pequeña y lejana comarca un Señor feudal que reinaba sobre su pueblo desde un coqueto y antiguo palacio.
Vosotros sabéis -estimados contertulios- muchas historias que han trascendido a través de los siglos acerca de la vida de la aldea a orillas del gran Lago Negro. Algunas trasmitidas oralmente, y otras rescatadas de viejos pergaminos y libros palaciegos.
Sin embargo esta vez os referiré algunos pormenores de las actitudes de la gente de palacio, así como detalles (nimios) del funcionamiento de tan real Casa.
Cuentan que una vez, un invierno particularmente feroz abatióse sobre la comarca, provocando que los lacayos de palacio que atendían (atendían? bue…) a los aldeanos en uno de los primeros scripturioms, encendieran un anafe para calentarse y pusieran encima un cazo con agua (siglos más tarde esto sería como poner bajo una mesa un calentador eléctrico con una pava encima) dando una imagen de calidez hogareña muy enternecedora, pero nada decorosa en realidad. Pero todo sea para mantener calentitos los pies de los lacayos de marras, mientras comían galletas y comentaban el resultado del último Torneo de Caballeros, donde el equipo de Celeste Estandarte había vencido a los Caballeros Roji-blancos.
Destacábase además en esos tiempos, el odio que los lacayos profesaban contra quienes osaban criticarlos, que no podían disimular pese a algunas sonri-muecas que solían esbozar. Pero como hemos señalado, esos eran sólo “detalles nimios”.
También se supo por esas fechas –séptimo mes del año del Señor de 1.511- que un escriba solicitó información sobre cuántos maravedíes había costado construir una pista de carreras de carros en las afueras de la aldea, solicitud que fue ignorada por los acólitos del Señor (y también por el Señor, pero eso no era novedad porque ignorar todo era su especialidad).
Ocurrió entonces que los jueces de la Gran Aldea ordenaron proporcionar esos datos, asunto que los asesores del Amo cumplieron, aunque parcialmente y bien entreverados, como para que nadie entendiera nada.
De todas maneras la vida en la pequeña y lejana comarca transcurría con normalidad, es decir, con el Jefe de la Guardia metido en su recinto mientras los ladrones asolaban la aldea; con los carros de palacio corriendo por calles y caminos con total impunidad, y con los Caballeros de la Junta de Notables haciendo la plancha (error, debió decirse: “haciendo la Plana”) donde iban anotando viajes y prebendas obtenidas (en beneficio del pueblo, claro está).
Otro de los aspectos que llamaba la atención por esas fechas, era la ausencia de dignidad que ostentaban algunos personajes de la aldea, quizá porque los tenía sin cuidado; porque ignoraban de qué se trataba, o porque el afán de protagonismo era más fuerte que la aplicación de tal precepto.
Así se vio al triste Caballero Pietro, conocido como “El Ralo” no sólo por su escasa cabellera sino por su escaso pensamiento, subiéndose al estrado sobre el que –tarde a tarde- vociferaba sus virtudes un mozo Navarrense. Teniendo en cuenta que Pietro había tenido su propio estrado público, el cual había perdido precisamente por su escaso pensamiento, no era muy digno eso de “garronear” protagonismo, y menos aún para levantar la voz a favor del desdichado Osmar de Baharía, que rebuznaba su ignorancia supina sin ningún prurito.
También en ese estrado graznaba su pobreza de espíritu el desgraciado Oskar “El Cigala”, llamado así porque –además de interrumpirlo cada vez que pretendía emitir un graznido- solía ser expulsado sin contemplaciones del estrado Navarrense, al cual luego retornaba servilmente.
Pero como la dignidad no se compra en la taberna, sino que se trae desde la cuna y se consolida con la vida, convengamos en que cada quien actuaba de acuerdo a los caminos elegidos para ejercer esa vida (claro…si a “eso” podía llamarse vida).

Moraleja:
             Cuando los hombres no se trazan derroteros ni procuran que sean dignas sus acciones, pasarán por la vida dando lástima y dejando en el camino sus jirones.

Siglo XIX, aportes de la masonería a la transformación de la sociedad mercedaria

Alfonso Fernández Cabrelli


La Masonería, al capacitar a sus adherentes para asimilar y difundir las ideas renovadoras (tolerancia, libertad, igualdad, y fraternidad) de su doctrina, pudo participar eficazmente en la preparación de los grandes sacudimientos políticos y sociales ocurridos en los tres últimos decenios del siglo XVIII, en un tiempo en que se estaban produciendo en el mundo trascendentales transformaciones en los modos de producción y en las relaciones entre los pueblos.
A partir del triunfo de la Revolución Francesa y su Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, cumbres de aquel proceso, los fundamentos de la autoridad de los gobernantes y los proyectos, urgencias, y expectativas de las gentes habían sufrido alteraciones sustanciales.
Tales innovaciones reclamaban, lógica consecuencia, una diferente estructura de la sociedad y –como primerísima exigencia- la creación de organismos idóneos que facilitaran a las personas el mejor ejercicio y defensa de los derechos teóricamente reconocidos y la satisfacción de sus nuevas necesidades, tanto aquellas de carácter material, como de orden espiritual.
Por otra parte, para los Gobiernos democráticos surgidos de aquella conmoción, resultaba obligación inexcusable asegurar aquellos derechos a todos los integrantes de la comunidad, y en especial, dado el obstáculo que representaba la existencia de una iglesia oficial y exclusivista, el de la libertad de expresión y creencias y el acceso a una educación adogmática.
En resumen, se hacía imprescindible para adecuar el funcionamiento de los mecanismos sociales a las exigencias de la hora:
a)     Secularizar la sociedad, fundando asociaciones particulares, laicas, capaces de cumplir las funciones para las que no eran aptas las antiguas formas de asociación (cofradías, congregaciones, o compañías de santos de las respectivas devociones) propiciadas y dirigidas a la iglesia oficial.
b)     Secularizar al Estado separándolo de sus compromisos con la iglesia oficial.
c)      Modificar forma y contenido de la educación que se daba al pueblo. Para abordar esas tareas y viabilizarlas era preciso que alguna fuerza capaz asumiera la responsabilidad de impulsar la creación de tales agrupaciones, así como preparar una opinión pública que pudiera actuar como factor de presión y apoyo a los gobiernos para que estos adoptaran las medidas secularizadoras de su competencia y decidieran la reforma de la enseñanza.
En el nuestro, como en todos los países, la Masonería tomó a su cargo ese compromiso y sus afiliados se colocaron al frente de los trabajos encaminados a hacerlo efectivo, en ese empeño, y en todos los casos, los masones contaron con la adhesión de los sectores interesados en la modernización de la sociedad.
Uruguay: La Masonería y los masones en las tareas secularizadoras.

La aparición de una nueva clase de organismos sociales – Las Logias Masónicas- significó, en un tiempo de cambios, factor fundamental para una nueva conformación y funcionamiento de nuestra sociedad.
De esos “talleres” salieron los más activos propulsores de la fundación de las primeras sociedades particulares, laicas, que se encargarían de reunir a los habitantes del país en atención a sus intereses materiales inmediatos y de sus inclinaciones culturales del más diverso tipo.
Desde sus comienzos, tales trabajos contaron con el concurso de muchos elementos ajenos a la Institución Fraternal y significaron un poderoso removedor de inquietudes ciudadanas y –por ende- de la propia vida de la comunidad; así como la aparición de las asociaciones de nuevo tipo provocarían importantes modificaciones en el entramado social y en la mentalidad de sus integrantes.
Los habitantes de los centros poblados de mayor importancia de la República, contaron a partir de entonces con ámbitos donde poder reunirse para proyectar, discutir, e impulsar con la fuerza que les proporcionaba la unidad, la solución de los problemas específicos que atendía cada corporación, así como relacionarse con quienes participaban de los mismos gustos artísticos, científicos, deportivos, etc.
Con la fundación en todo el territorio nacional de decenas y decenas de esas agrupaciones –que para nada interferían con los precedentes organismos creados por motivos piadosos y dependientes de la iglesia católica- se posibilitó la participación activa de los particulares en la promoción y defensa de sus intereses, y en el progreso cultural de la comunidad. Quedaron así, sentadas las bases para el desarrollo de una nueva sociedad, moderna, y más libre.
Eso aporte masónico a la modernización y el adelanto de nuestra sociedad no ha sido hasta el presente objeto de atención y relevamiento, y por lo tanto resulta absolutamente desconocida. Por ejemplo, la circunstancia de las primeras organizaciones culturales de artesanos, de trabajadores gráficos, periodistas, maestros, médicos, obreros en general, y aún de industriales, fueron fundadas por elementos pertenecientes a la Masonería, y esa tarea comenzó aún antes de finalizar la primera mitad del siglo pasado.

En Mercedes

Desde 1852 hay noticias de la vida masónica que se desarrolló en la Capital del departamento de Soriano. Se trata de la siguiente información recogida por el Profesor Manuel Santos Píres:… “Recurrimos a una viejas crónicas escritas por Don Juan H. Soumastre (destacado miembro de la masonería) en el año 1909, el que afirma que –según referencias de algunos masones- existió una Logia en Mercedes entre los años 1852-1860, la que se reunía en la casa de uno de sus integrantes. Allí concurrían, entre otros, Don Manuel Chopitea (que fuera Jefe político de Soriano), Don Juan José Pazo (receptor de Aduana del departamento), Don Manuel Fontans, Don David Stodat (comerciante inglés) y Don Bernardino Echeverría”.

Del año 1864 en la primera referencia documental con respecto a una presencia masónica organizada en Mercedes. Se trata de la Logia Luiz, al frente de la cual se encontraban ese año José Del Pozo, y José M. Díaz. 
Serafin Rivas Rodríguez
(1833-1913)
En 1881, con elementos de aquella Logia, otros allegados de Montevideo, caso de Alejandro Bellini, se instala la Logia Armonía. Participan en la apertura de este taller muchos látomos de grados superiores: Eduardo Brugulat, Bernardo Echeverría, y Serafín Rivas Rodríguez, todos del grado 32; Alejandro Bellini, Constancio Magliano, Luis Vespa, Nicolás T. Gabito, Manuel Moreira, Pedro Blanes, y Juan B. Soumastre, quienes ostentaban el grado 18.
En 1882, con motivo de una escisión producida en el seno del Gran Oriente, se instaló en Mercedes la Logia Porvenir. Su actuación continuó, por lo menos, hasta el año siguiente.
Una vez más se debe al estudioso y fraterno coterráneo Profesor Manuel Santos Píres, la inestimable colaboración que significa el haberme hecho llegar la noticia, detallada, de la primera sociedad particular fundada en Mercedes, que es al mismo tiempo la primera del interior de cuya existencia y fecha de fundación se tenga conocimiento hasta ahora.

Lápida de la tumba de
Rivas Rodríguez.
Cementerio de Mercedes
(Foto: Noelia Rostán)

Se trata de la denominada Sociedad de la Constancia, fundada el 13 de mayo de 1855. La información acerca de tal asociación laica fue recogida por Mariano C. Berro Chopitea, hijo del botánico Don Mariano Berro, y nieto del Presidente Bernardo Prudencia, y fue dada al público en una extensa nota aparecida en 1899 en el periódico El Diario de la ciudad chaná. Fuente de esa noticia fueron los manuscritos dejados por los ascendientes del autor.
Los siguientes son los párrafos del artículo mencionado que para el caso resultan más interesantes:
“La reunión preparatoria para echar las bases de la Asociación, acto al cual concurrió una numerosa asamblea, se verificó el 13 de mayo de 1855. Nuestros abuelos eran breves en todos sus procedimientos; aquel mismo día se declaraba inaugurada la sociedad. Dábase reglamento para normalizar sus destinos, alquilábase local, la casa propiedad de la señora Gertrudis Sienra, que conservó “La Constancia” hasta su extinción, y que actualmente es del Excmo. Ministro de Gobierno Don Saturnino A. Camp, y que en el día ocupa la sombrerería “Aux Armes de París” y el telégrafo brasilero, calle Montevideo 223 esquina Colón frente a la plaza independencia.
Salvo diferencias de detalles, en los años 1855-60 era igual a lo que es hoy, y por último, se nombraba la primera C. Directiva la cual quedó constituida así: Presidente, Señor Manuel Chopitea, Vice, Señor Joaquín T. Egaña, Tesorero, Señor David A. Silveira, Vocal, Señor José González, Secretario, Señor Juan Basilio F. Braga, y pro Secretario, Federico A. de Vasconcellos.
Isidoro de María
La primera junta se verificó el 10 de junio de 1855. Asistieron a ella los señores Chopitea, Silveira, González, y Vasconcellos, quien desempeñó por dos meses la Secretaría pues el señor Braga obtuvo dos meses para recibirse de ella urgido por atenciones de otra índole. Una segunda asamblea realizada el 27 de mayo había facultado a la C. Directiva para contraer un empréstito de trescientos pesos corrientes, y prestáronse a llenarlo por iguales partes los señores, Francisco Olascoaga, Antonio Sampayo, y Vasconcellos, “bajo la condición de que quedaran afectos al pago de este empréstito todos los haberes de la Sociedad, hasta que quedó amortizado con las cantidades sobrantes de los gastos ordinarios, que a su pago son destinados”. El Señor Silveira quedó encargado de percibir el empréstito y las cuotas mensuales de los asociados, y comprar muebles y útiles necesarios para establecer un gabinete de lectura, uno de los primordiales propósitos de “La Constancia”.
Según refiere más adelante el relato de Berro, contribuyeron también a la fundación de esta Sociedad: Francisco Albín, y Lisandro Cumplido. El artículo finaliza diciendo que “el 23 de mayo de 1860, disolvíase la asociación …habiendo sido el primer centro de Mercedes y uno de los más antiguos de la República, que contribuyeron a sentar las bases de civilización nacional.”
Sólo cabe agregar que en la fundación de esta Sociedad participaron los masones: Manuel Chopitea, David A. Silveira, Federico A. de Vasconcellos, Frencisco Albín, y Lisandro Cumplido, todos los cuales ostentaron altos grados en la jerarquía de la Orden.
La actividad fundadora cumplida por los masones mercedarios fue intensa a partir de 1872; del lapso anterior sólo he registrado además de lo ya mencionado, la noticia de la existencia de la Sociedad Filarmónica de la Lira, fundada por el maestro de música y pianista, el francmasón Fernando Alzola. Precisamente en 1872, un periódico de la capital chaná publicó una citación para una “reunión para fundar nuevamente esta simpática Sociedad”. Se refería a La Lira, y manifestaba que Alzola había sido su anterior director.

En el primer número del periódico El Sol, “liberal, literario, noticioso, y comercial”, fundado el 1 de Enero de 1872 por Miguel Díaz Ferreira, miembro de la Orden, se publicó una nota titulada: “Un centro de reunión”, en que se dijo: “demuestra las necesidades de un centro donde se reúnan los hombres de algunas luces y de donde más tarde surjan grandes mejoras para el departamento…a última hora hemos sabido que se trata de dar forma y vida a la idea apuntada por nosotros y que parece pronto será un hecho merced a la actividad reconocida de la persona a quien se lo comunicamos….”
La idea estaba lanzada, el 21 de enero tuvo lugar la primera reunión encaminada a cristalizarla, y se llevó a cabo en el teatro propiedad del “hermano” Juan H. Soumastre. Allí se decidió fundar el Club Social  Casino, y en su primera directiva figuraron los látomos: David A. Silveira como Presidente, como vice el Dr. Serafín Rivas Rodríguez, secretario, José M. Díaz Ferreira, y Lisandro Silveira, Eduardo Brugulat, Juan H. Soumastre, Enrique Reffino.
Juan Idiarte Borda, mercedario y masón.
Unico presidente uruguayo asesinado
mientras ocupaba el cargo (1897)
En el año siguiente se concretó la creación del Nuevo Club, a cuyo acto concurrieron los masones: Vicente Victorero, Lisandro Silveira, y Timoteo Muñecas.
Se funda en 1873 la Sociedad Amigos de la Educación Popular. Impulsaron la tarea los periódicos, El Sol, de Díaz Ferreira, y La Regeneración, de Bernardo Echeverría, ambos masones. A la reunión preparatoria concurrieron los “hermanos” Francisco Albín, Juan H. Soumastre, José Miguel Díaz Ferreira, Bernardino Echeverría, Gregorio Gareta, Juan Idiarte Borda, Pedro Alzaga, Rómulo Chopitea, y Serafín Rivas Rodríguez. En la sesión siguiente se integra la C. Directiva en la que figuran: Albín, Echeverría, Alzaga, Díaz Ferreira, Rivas Rodríguez, Camp, y Chopitea.
Ese mismo año se crea la Comisión encargada de recaudar fondos para la construcción del edificio del hospital. Sus miembros: Eduardo Brugulat, Luis Vespa, Juan H. Soumastre, y Antonio Sampayo, todos miembros destacados de la Orden.
También en 1873, Francisco Milans, Jacinto Tode, y Pedro Apesteghi, profanos, fundan la Sociedad Extranjera de Socorros Mutuos.
En 1880, los masones italianos deciden la fundación de la Sociedad Italiana de Mutua Protezione, idea que se concreta en la reunión del 27 de abril de 1880. De los 18 socios fundadores, al menos 9 pertenecían a la Logia local: Gaetano Giuzio, Vincenzo Ducatelli,  Luigi Salvo, Nicola Reffino, Pietro y Felice Beltramo, Antonio Battro, Luigi Ferrari, y Ángelo D. Vespa. Entre los miembros de su primera C. Directiva, figuran los “hermanos”, Luis Ferrari, Vicente Ducatelli, y Antonio Battro.
Del Orfeón español, asociación privada de carácter social y artístico que tuvo larga y destacada vida, tenemos la primera noticia en 1879.
Concurrieron a su fundación los “hermanos” de la Logia Luz, Vicente Victorero, Antonio López, Díaz Ferreira, Pedro Blanes, Ángel Braceras, Melchor y Timoteo Muñecas, Bernardo Echeverría, el maestro Alzola, y Juan Soumastre.
En 1881 el periódico El Oriental nos informa que la directiva del Orfeón ha creado una biblioteca pública cuya dirigencia integran miembros de la recién creada Logia Armonía: Mariano Pereira Núñez, el Dr. Camp, y Don Isidoro de María, por entonces en la ciudad chaná. Ese año la asociación española había fundado una Escuela gratuita de canto y música a cargo de Facundo Alzola.
Otro acontecimiento importante de ese año es la creación del Club Progreso, centro se sociabilidad de larga trayectoria. Concurren a su fundación los “hermanos”: Blas Solari, Albino Benedetti, Pedro Blanes, Díaz Ferreira, Isidoro de María, Juan H. Soumastre, Serafín Rivas Rodríguez, Juan A. Silveira, y Simón Baratau.
Por su parte otros miembros de la Logia Armonía, los doctores Rivas Rodríguez, Brugulat, y Blanes, fundan ese año el Club Infantil, dirigido por niños y dedicado a organizar espectáculos teatrales infantiles. Lo integran los hijos de Rivas, Gabito, y Bellini, quienes figuran en su directiva.
El Club Progreso patrocinó la creación de la Sociedad de Niñas Protectoras de los Pobres. En la directiva figuran: Sara Gabito, Amelia López Álzaga, Haydee Chopitea, y Herminia Gabito.
También en 1881 se instala la Sociedad Española de Socorros Mutuos, siendo sus fundadores los “hermanos” Rivas Rodríguez, Brugulat, Severino García Lois, Simón Baratau, Melchor Muñecas, José Cabanelas, y Marcelino Laborde. Designan socio honorario al Dr. Matías Alonso Criado, miembro de la Orden en grado 30.
En 1882, luego de un largo e interesante proceso que –promovido por la Logia Armonía- fue acompañado por la población y las propias autoridades departamentales, se creó la Sociedad Protectora de la Educación. Entidad destinada a recoger y administrar fondos para el pago de los atrasos que sufrían los sueldos de los maestros del departamento.
La Comisión Directiva de ese año estuvo integrada por: Rivas Rodríguez, Pedro Blanes, Albino Benedetti, Eduardo Brugulat, Blas Solari, Santiago Eguileor, Eduardo Díaz y Sienra, J. Soumastre, y Francisco Albín, todos miembros de la Logia local.
Ese mismo año se crean: la Sociedad de Ocaristas, fundada por José Bibiloni, de La Armonía; la Sociedad de Beneficencia, en cuya directiva figuraban familiares de masones locales: Elvira Chopitea, Dominga Díaz, y Manuela P. de Solari, el Trío Musical Progreso, integrado por los látomos: Alzola, Vicente Ducatelli, y Justino Tió; la Biblioteca Pública Progreso, a cargo de Isidoro de María y Gerardo Campos; el centro de Educación Secundaria, cuya directiva integraron: Carlos Warren; Bernardo Echeverría, y Pedro Blanes Viale.
Indudablemente, la sola mención de este esfuerzo fundador realizado en Mercedes –que por entonces tenía unos diez mil habitantes- por los masones locales, da la pauta de la importancia de la tarea secularizadora llevada a cabo en la capital de Soriano por los miembros de la Orden Fraternal.

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Nota:                                       
El presente trabajo, autoría del prof. Alfonso Fernández Cabrelli, es un extracto de varios capítulos  su libro libro: “Iglesia ultramontana y masonería en la transformación de la sociedad oriental”, con el agregado realizado por el propio autor sobre la presencia masónica en Mercedes.
Fernández Cabrelli, mercedario, profesor de Historia, dirigió en la década de los años 90 la revista “Hoy es Historia” y fue un incansable impulsor de la investigación y difusión de la historia. En la década de los años 90 nos unió una fraterna amistad, y fue uno de los desinteresados colaboradores de HUM BRAL en nuestra primera época.
Este trabajo que ahora rescatamos por azarosos motivos, hasta el momento permanecía inédito.

Sobre la pintura mural

Damián Ibarguren, una escalera, y una pared gigante
Ángel Juárez Masares


Quizá no exista nada tan parecido como arrojar al mar una botella con un mensaje como pintar un mural, y si el paralelismo suena un tanto absurdo, detengámonos por un momento en algunos aspectos puntuales.
Una vez a merced de las corrientes la botella de marras deja de pertenecerle a quien la arrojó, y queda librada a la posibilidad que su contenido sea descubierto por otras personas.
La pintura mural deja de pertenecerle a su autor en el momento que la da por terminada, y queda librada a la interpretación de quienes se detengan frente a ella y capten el mensaje.
Si la carta de la botella llega a manos de un pescador, quizá tenga una lectura diferente a la que pueda encontrarle un poeta que camina por la playa.
El mural tendrá el mismo efecto entre la gente que pase frente a él, pues cada integrante del lugar donde se encuentre habrá de elaborar su propia concepción intelectual del asunto.
Por otra parte, la diferencia entre la pintura de caballete, y la muralística, es demasiado obvia para entrar en detalles sin agredir la inteligencia de nuestros lectores, de manera que –por un elemental sentido de respeto hacia ellos- no lo haremos.
Sí es oportuno insistir en el esfuerzo físico que implica pintar una pared de varios metros cuadrados, porque si bien la carga intelectual puede ser la misma, la realización de la obra pasa por innumerables ascensos y descensos de escaleras o andamios, y por igual número de caminatas que alejen al pintor del soporte para tener una visión de conjunto de la obra que –además- irá “alterando” sus colores a causa de la incidencia de la luz.
A lo anterior debemos sumarle el factor tiempo, porque por lo general el muralista –sobre todo en nuestro país- no cuenta con el suficiente para distenderse o distraerse, y debe trabajar bajo presión en ese sentido. Acotación la margen, nunca juzguemos apresuradamente a quien –o quienes- trabajan en un mural, si no dedican demasiado tiempo a evacuar las preguntas de la gente sobre la obra. Es verdad que todos quienes hemos practicado esa disciplina sabemos que “ese tiempo” forma parte del trabajo, pero muchas veces la necesidad de optimizarlo puede confundirse con soberbia o antipatía, actitudes que –generalmente- no forman parte de la personalidad del artista.

El sábado 23 estuvimos en la localidad de Nuevo Berlín, en el Departamento de Río Negro, observando el trabajo de nuestro colega y amigo Damián Ibarguren Gauthier, mientras daba vida a una pared del Centro Democrático de la mencionada localidad.
Con la amabilidad que lo caracteriza, Damián nos dedicó tiempo para darnos algunos detalles de la obra, y las circunstancias que hicieron posible su realización.
“Esto surge por interés de Sergio Milessi, que es el Alcalde de esta ciudad -comienza diciendo Damián- quien en marzo nos invitó a venir a Nuevo Berlín, conocer un poco la gente, y entonces comenzamos a pensar en una “movida” como la de Piedras Coloradas (*) para más adelante. Pero de todas maneras queríamos que los artistas locales se involucraran. Es como un Proyecto a largo plazo, pero concretamente este mural surge en el marco del Bicentenario, donde además estamos haciendo diferentes actividades”.
Consultado sobre la respuesta de la gente, Damián destacó el interés por la obra, y las consultas permanentes sobre la misma, actitud que calificó como enriquecedora y divertida.
También señaló algunos aspectos de una charla mantenida con alrededor de una docena de artistas locales, a quienes dijo haberles contado sus experiencias y su postura ante el arte, invitándoles a aprovechar el interés del Municipio en darles apoyo. En ese sentido nos permitimos agregar que el contacto con los creadores locales -y en este caso podemos generalizar- es más importante de lo que se puede suponer, pues siempre quedará el incentivo que implica ver a otro artista trabajar. Naturalmente, cada uno lo canalizará a su manera y de acuerdo a su personalidad, pero lo medular es que la botella ya está en el mar y alguien descifrará su mensaje.
Dejamos Nuevo Berlín con la imagen de Damián cubierto de pintura de pié a cabeza, cansado de subir y bajar de la escalera, de caminar al otro lado de la calle para tener esa visión de conjunto de la obra de la que hablamos, pero con la satisfacción de estar haciendo lo que le gusta y sabe.
En resumen: un obrero del arte poniendo con humildad y trabajo, un ladrillo más en la construcción de la educación y cultura de los pueblos.




(*) Durante los días 3 y 4 de octubre de 2008, la Intendencia Municipal de Paysandú apoyó la iniciativa del Centro MEC de la localidad de Piedras Coloradas -a cargo del artista Mario Sarabi- reuniendo en esa oportunidad a más de treinta pintores de diferentes puntos de nuestro país, Argentina, y Chile. Ese “Encuentro de Pintores” permitió un intercambio de experiencias muy enriquecedor, además de un relacionamiento interactivo que aún se mantiene entre muchos de quienes asistimos.
Al año pasado la experiencia se repitió -esta vez en la localidad de Chapicuy- con idéntica respuesta. Cabe esperar que los nuevos Gobernantes departamentales tengan la visión suficiente para continuar apoyando esos Encuentros y –por qué no- la idea sea adoptada por otros en beneficio de la sociedad.

Investigan el robo del Códice Calixtino de Santiago


Expertos de la Brigada de Patrimonio de la Comisaría Central de la Policía Nacional de España, junto a agentes de la Policía Científica y Judicial, asumieron la investigación en torno a la sustracción del Códice Calixtino de la Catedral de Santiago. El delegado del Gobierno en Galicia, Miguel Cortizo, señaló que en el lugar donde estaba no había “signos de violencia”.
El Códice Calixtino, considerado una de las joyas de la identidad gallega, desapareció misteriosamente el martes 5 de la Catedral de Santiago de Compostela. La obra, que recoge la tradición de las peregrinaciones y la Ruta Jacobea, estaba custodiada en el Archivo catedralicio.
Cortizo precisó que la denuncia se formalizó el miércoles 6 “en torno a las siete de la tarde” en la Comisaría de Santiago, 24 horas después de la desaparición del Códice, aunque indicó que “desde el primer momento” se pusieron en marcha los protocolos previstos en este tipo de casos, ya que responsables de la Catedral se pusieron previamente en contacto con personal de la comisaría.
El delegado del Gobierno en Galicia evitó hablar por el momento de robo y, al respecto, subrayó que “el hecho es que no está”, y confirmó que no existen “signos de violencia”, pese a que, según explicó, el Códice se encontraba “en teoría en una caja fuerte o en un armario acorazado”.
En concreto, explicó que se encontraba “en unas dependencias privadas de acceso restringido” al que no podía acceder el público, y añadió que ahora se están estudiando las medidas de seguridad que había en torno al Códice.
Asimismo, informó que se ha puesto en conocimiento de unidades especializadas europeas su desaparición para intentar evitar la posible comercialización de esta joya del siglo XII.
El delegado del Gobierno en Galicia insistió en que se han puesto en marcha los protocolos previstos “porque los canales de comercialización de estos objetos son reducidos”, apuntó, en caso de que se intentase su venta, aunque sin descartar otras hipótesis.
“Puede haber muchas razones”, admitió Cortizo, quien confirmó que no se tiene constancia de otros robos de objetos de arte recientemente. En cuanto al hecho de que la denuncia se presentase 24 horas después de la desaparición del Códice, lo atribuyó a la posibilidad de que se tratase de descartar que fuese “un despiste”, matizó.
El delegado del Gobierno en Galicia recalcó también que habrá “el máximo esfuerzo” y “el máximo interés” por parte del equipo multidisciplinar de la Comisaría Central y la de Santiago, que participan en el operativo de búsqueda, aunque evitó avanzar datos sobre la investigación “por prudencia”.
Según informa el diario El Correo Gallego en su edición digital, el Códice fue robado en la basílica compostelana sin que nadie reparara en ello. Su falta se descubrió el martes 5 a última hora de la tarde, y desde entonces, por mucho que han buscado y rebuscado en la Catedral de Santiago, no lo han encontrado.
El “Codex Calistinus”, a través de sus cinco libros, presenta el hecho, fundamental para Europa, de las peregrinaciones a Compostela, y permite conocer las dificultades de las rutas, sus usos lingüísticos y sus costumbres, describe los paisajes y sus gentes, anécdotas, milagros del Apóstol y sermones.
La obra la componen cinco libros, el primero y más extenso, denominado “Libro de las liturgias”; el segundo, de “Los milagros”; el tercero, “La traslación de Santiago”; el cuarto, “Las conquistas de Carlomagno”, y el quinto y último, “Guía del peregrino”.
El texto de este Codex es atribuido al monje cluniacense, de mediados del siglo XII, Aymerico Picaud, clérigo de Pitou, acompañante del pontífice Calixto, Guido de Borgoña, en su peregrinación a Santiago por el año 1109.
Por su parte, el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Santiago, Ángel Currás, calificó de “pérdida irreparable” la desaparición del Códice Calixtino del Archivo de la Catedral de Santiago, al tiempo que apuntó a “un robo premeditado”.
Currás, que recordó “la calidad artística única” del Códice Calixtino, aseguró que esta pieza es “insustituible” y su pérdida “irreparable”, máxime cuando este año se celebra el octavo centenario de la consagración de la Catedral compostelana.
“Cuando se trata de piezas tan valiosas, los robos se hacen de forma premeditada”, explicó Currás, al tiempo que aseguró que “Santiago tiene que recuperarlo, porque es la joya de la Catedral y de la ciudad”.
La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, también expresó su confianza en que la Brigada de Patrimonio de la Comisaría Central de la Policía Nacional recupere el Códice.
González-Sinde destacó que “afortunadamente” la Brigada de Patrimonio de la Policía Nacional “ha dado muy buenos resultados” en casos similares, ya que sus agentes “fueron capaces de recuperar todos aquellos documentos robados de la Biblioteca Nacional y también de otras bibliotecas autonómicas”.

Fuente: Europa Press


Hablando de bueyes perdidos

El hombre que se llevó
la cárcel a su casa


Ángel Juárez Masares

Estábamos sentados en la última fila de asientos de aquel 149 que rodaba por Carlos María Ramírez rumbo al Cerro. Ubicados por encima del resto de los asientos, podíamos ver todo el ómnibus como desde una tribuna.
Viajábamos con mi Amigo a visitar un compañero que -como él- estrenaba libertad, luego de 10 años de prisión…en el Penal de Libertad.
-¿No te parece que no hay nada más parecido al mundo que un ómnibus?- me dijo de pronto inclinándose un poco sobre mi hombro para que -sin levantar la voz- pudiera oírlo pese al ruido del motor que teníamos abajo.
Nada le dije, sabiendo que continuaría con su reflexión en ese tono que siempre estaba a mitad de camino entre diálogo y monólogo.
-Mirá esa mujer- dijo, haciendo que prestara atención a una vieja que acababa de subir y hurgaba entre una bolsa mugrosa buscando el motivo de su vida.
-Ella está en su mundo. Nada le importa de lo que hay alrededor. De hecho nada existe para ella que no sea encontrar lo que perdió en el fondo de la bolsa.
¿Y aquellos dos?...a la derecha de la puerta del medio…se besan como si estuvieran en medio de la nada. Y en realidad lo están-
Ahora ya no hay asientos libres, y los pasajeros comienza a amontonarse en el pasillo mientras el guarda golpea una moneda contra el pasamanos pidiendo que se corran, “que hay lugar”.
-Vas a ver que ahora comienza a achicarse el territorio, señala mi Amigo haciendo una pausa que no dura mucho, y continúa: cuando es poca la gente que está parada en el pasillo, hay una distancia entre ellos. Ese es su territorio. Pero cuando comienza a llenarse, ese espacio se achica hasta desaparecer cuando las personas quedan unas contra otras. Pero nadie se molesta porque saben que no hay espacio para compartir. Eso viene con la naturaleza humana. Allá…nosotros lo sabíamos muy bien. Lo aprendimos, a fuerza de compartir una celda de tres por dos durante años. Acá, la gente lo hace inconcientemente. Maneja el territorio propio sin hacerlo racional como nosotros-
Varias fueron las observaciones de mi Amigo con respecto al espacio. Al que rodea y le pertenece a la gente; a como se agranda si el hombre está sólo en medio de una cancha de fútbol, y a como se achica si está encadenado a un caño en una letrina. Todo eso mientras el destartalado cutcsa luchaba por su propio espacio en el tránsito de la avenida; dejaba a un costado el Cerro de Montevideo, y tomaba Camino Cibils rumbo a nuestro destino: Camino Tomkinson.
La casa del amigo de mi Amigo era inmensa. Estaba en medio de un campo donde se veían algunos árboles frutales, helechos e ibiscos descuidados crecían por todos lados, y un par de perros aburridos apenas se conmovieron con nuestra llegada.
Una de las hijas del ex preso nos recibió tratando de ser amable, pero antes de entrar nos advirtió sobre algunas actitudes de su padre.
Al fondo de un gran salón había un hogar con la leña pronta pero sin encender. Del techo colgaba una araña de bronce estilo holandés, y una mesa antigua rodeada de sillas ocupaba el centro del ambiente. Al otro lado, una ex biblioteca que llegaba hasta el techo había muerto de hambre de libros que –seguramente- alimentaron una hoguera de cuartel, allá por los años setenta.
Sentado en un rincón sobre un minúsculo banquito de madera, un hombre prematuramente envejecido apretaba un mate también minúsculo entre sus manos. Había colocado un sofá muy cerca pero con el respaldo hacia él, y del otro lado una mesa volcada lo “protegía” del resto de la sala.
Ahí estaba el hombre que se llevó la cárcel a su casa. El era uno de los “triunfos” del sistema represivo. Uno de los “quebrados” a los que nadie puede condenar porque no existen patrones para medir la resistencia al horror.
Charlamos, lo vimos armar unos cigarros extremadamente finos, y pitarlos hasta quemarse los dedos.
Nos fuimos con la esperanza de verlo libre un día, pero no pudo ser. Mi
Amigo murió al poco tiempo a causa de las secuelas de la tortura, y yo fui tan cobarde que no quise regresar a la casa de Camino Tomkinson.

Libros para ser libres

3 de agosto de 1815

Dámaso Antonio Larrañaga propuso al Cabildo la fundación de una Biblioteca Pública. Contaba para ello con todos sus libros y con los varios amigos "que han aplaudido mi proyecto". Se ofrecía gratuitamente como Director y solicitaba un edificio adecuado para instalarla. La iniciativa fue recogida de inmediato y trasmitida a Artigas, para dignificarla con el sello de una "sanción tan respetable". Artigas contestó manifestando: "Conozco las ventajas de una Biblioteca pública y espero que V.S. cooperará con su esfuerzo e influjo a perfeccionarla. Dará gracias a tan virtuoso ciudadano, prestándole mi íntima cordialidad y cuando dependa de mi influjo para el adelantamiento de tan noble empeño". Ordenando darle ese destino "si aún se halla en esa ciudad" a la biblioteca del finado cura Ortiz que la había legado a la de Buenos Aires, y que igualmente se dedicara a ese objeto "toda librería que se halle entre los intereses de propiedades extrañas".
Tres poemas de
Neil Leadbeater

Introducción, selección y traducción de Luis Benítez

El poeta
Neil Leadbeater es hoy uno de los más interesantes poetas británicos, entre otras razones, porque sus trabajos aúnan la buena digestión de los recursos minimalistas sin perder de vista lo trascendente escondido detrás de un lenguaje aparentemente llano y descriptivo. A diferencia de los neobjetivistas, en Leadbeater lo “real” que se expresa en sus versos no aparece como supuesta representación encerrada en sí misma, sino que amplía sus territorios a lo humano, abarcando un mundo que se extiende desde el reino de las cosas hasta el núcleo de la conciencia y la sensibilidad, que terminan siendo, al final de cada trabajo, las determinantes del poema. Sin embargo, no se presentan estos poemas como una suerte de “fábulas”, portadoras de algún mensaje moralizante o de otra clase; no hay un contenidismo buscado en ellos, sino una alusión sutil a elementos que parecen estar apenas insinuados, muy calladamente, para que el lector, mientras el poema elude su objeto principal, construya en su lectura el o los sentidos posibles. Por otra parte, Leadbeater participa de otra característica presente todavía en la poesía inglesa, como lo es la reminiscencia de aquella Inglaterra rural –“rural y marítima” señaladamente, en la poesía de Leadbeater-, desplazada hoy por la industrialización, que nutrió acabadamente la inspiración de otros autores. Aunque debo señalar que en Leadbeater los elementos referidos a una nostalgia de aquel pasado rural se encuentran amenguados, situándose el poeta en una visión general de cómo coexisten, hoy, las huellas de aquel paisaje con la actividad humana presente y las contradicciones que esa forzosa convivencia generan. El resultado de este punto de vista que participa de dos mundos a la vez es una visión más moderna, más abarcativa, y, sin duda, más efectiva en cuanto al impacto que causa en la sensibilidad y el intelecto del lector.

El hombre
El poeta y narrador Neil Leadbeater nació en 1951, en Wolverhampton, Inglaterra. Se graduó en Repton School, Derbyshire, University of London (1973). Su obra poética abarca, hasta la actualidad, los siguientes volúmenes:  Hoarding Conkers at Hailes Abbey (Littoral Press, 2010); Amazing World (Atlantean Publishing, 2010) y Librettos for the Black Madonna (White Adder Press, 2011). Sus obras forman parte de las siguientes antologías: The Review of Contemporary Poetry (Ed. Gary Bills) (Bluechrome Publishing, 2005); 101 Poets For a Cornish Assembly (Ed. Les Merton) (Boho Press, 2006) y The Real Survivors Anthology (Ed. Barry Tebb) (Sixties Press, 2006). Poemas y cuentos de su autoría han sido publicados en las siguientes revistas: Aabye’s Baby; Aireings; Aspire; Awen; Bard; Breathe; Candelabrum; Carillon; Chanticleer Magazine; Coffee House Poetry; Creature Features (Chipre); Critical Survey; Curlew; Dandelion Arts Magazine; Decanto; Dial 174; Earth Love; Envoi; Exile; Fife Lines; Fire; First Time; ibid; Inclement; iota; Island; Lines Review; Littoral Magazine; Markings; Never Bury Poetry; Oasis; Obsessed with Pipework; Panda Quarterly Poetry Magazine; Pennine Ink; Pennine Platform; Phoenix New Life Poetry; Poetic Licence; Poetry Cornwall; Poetry Greece (Grecia); Poetry Monthly; Poetry Monthly International; Poetry Nottingham International; Poetry Scotland; Pulsar; Purple Patch; Pushing Out The Boat; Quantum Leap; Quarry; Reach Poetry; Red Herring; Reflections; Sarasvati; Saw; Sepia; Superfluity; The Dawntreader; The Eildon Tree; The Journal; The Red Wheelbarrow; The Seventh Quarry; The Shop (Irlanda); Thorny Locust (Estados Unidos); Understanding; Urban District Writer; Urban Landscapes; Voice and Verse; Yorkshire Journal; Weyfarers y Writer’s Review.
Los siguientes poemas pertenecen a su poemario Hoarding Conkers at Hailes Abbey.


En Biblioteca HUM BRAL  incluimos tres poemas de Neil Leadbeater