viernes, 20 de enero de 2012


Crisis capitalista en el marco de las democracias occidentales
                                                                                                                             

Carmen Malarée

El derrumbe de lo que se conocía como modelo socialista de la economía en los países de Europa del Este y la entonces llamada Unión Soviética dio paso a una noción general de triunfo del otro modelo económico: el capitalismo. Con la derrota del primero la única alternativa factible al mundo era acoger y afianzar las estructuras que promueven la iniciativa privada, el libre mercado, la competencia, la ganancia e inversión de capitales para el crecimiento económico de las naciones. La ideología del libre pensamiento y su libertad de expresión, el sufragio universal y el funcionamiento de instituciones políticas que respondan a la voluntad popular, son parte integrante de este proceso, aunque existen excepciones como la China, que se ha integrado al mercado capitalista manteniendo estructuras de poder que no calzan con la noción democrática de Occidente. A poco más de dos décadas del predominio ideológico mundial de este modelo, cunde el descontento popular en la esfera de países desarrollados, que se manifiesta en protestas callejeras organizadas principalmente gracias al manejo de la moderna tecnología de comunicación. Las protestas comenzaron en forma puntual cada vez que tenía lugar una conferencia en la cumbre de los G20, pero actualmente intentan ser parte integrante, activa y permanente de la sociedad. En esta nueva versión de protesta callejera son visibles las pequeñas tiendas de campaña en donde se despliegan pancartas con slogans apuntando el dedo acusador a la voracidad de inversionistas, expertos en malabarismos financieros que tienen como objetivo crear dinero por medio de la especulación. En el Reino Unido y los Estados Unidos se han levantado con el nombre de “Occupy”, que las identifica con un objetivo común: ocupar con su presencia emplazamientos urbanos notorios de operaciones de inversión capitalista como Wall Street en New York. Desde allí el movimiento se ha extendido a otras regiones del país con sus propias denominaciones, en las que se identifica el propósito político y la situación geográfica en que se encuentran, como por ejemplo “Occupy Boston”, “Occupy Oregon”, “Occupy Chicago”, “Occupy Los Angeles”. En el Reino Unido, en Londres, el grupo “Occupy” se ha instalado en el recinto de la Catedral de Saint Paul, cercano a “The City” centro de operaciones financieras de la capital. Esto ha desencadenado la condena del gobierno, divergencias de opinión dentro de la iglesia anglicana y orden judicial de desalojo de los ocupantes. Ante tal amenaza el lema de los que protestan en grandes letras ha sido “What would Jesus do?” (“¿Qué haría Jesús?”). Este llamado remece la conciencia cristiana, llama a recordar las enseñanzas de Jesús frente al dinero contenidas en el Nuevo Testamento, que dicen que más fácil sería pasar un camello por el ojo de una aguja que hacer entrar a un rico en el reino de los cielos, como también su reacción ante los mercaderes, a quienes expulsó violentamente del templo, y de dar al César lo que es del César. Con ello el movimiento de protesta ha impulsado a la iglesia a pronunciarse ante el conflicto, objetivo que ha logrado en parte. El primer ministro, David Cameron, ha declarado en cambio que no se puede permitir que la gente monte sus tiendas en el primer lugar de Londres que se les antoje, en tanto que el líder de la oposición, Ed Miliband, escribiendo en The Observer, semanario nacional, ha demostrado tener una actitud conciliatoria aduciendo que la protesta de “Occupy” refleja el sentir de muchos ciudadanos con respecto a los valores que representan la clase política y el mundo de los negocios, y que en definitiva es una advertencia a los políticos acerca del sentir popular. Son, dice, “señales peligrosas”, “una advertencia” que sólo políticos irresponsables pueden ignorar. En el Reino Unido otras manifestaciones de descontento popular han tenido lugar en los últimos meses: desde el norte de Inglaterra el 1 de octubre salió una marcha cubriendo 330 millas organizada por “Youth Fight for Jobs” (“La Juventud Marcha por Trabajo”), rememorando la famosa “Jarrow March” de 1936, cuando 200 desempleados marcharon desde Jarrow, al noreste de Inglaterra, a Londres, con una petición firmada por 12.000 personas para que el gobierno de entonces creara puestos de trabajo. Principalmente compuesta por jóvenes, la marcha actual tomó cinco semanas en llegar a Londres, donde terminó con una petición en la casa de gobierno, 10 Downing Street, llamando a reabrir los servicios comunitarios juveniles que el actual gobierno ha cercenado, a un plan gubernamental para abrir nuevos puestos de trabajo para el aprendizaje de ocupaciones técnicas y a una revisión de la política de gobierno acerca de las matrículas universitarias, cuyo monto puede alcanzar 9.000 libras esterlinas (cerca de 14.000 dólares) por cada año de estudios. Este movimiento juvenil hace un llamado a la organización de la juventud a nivel mundial. Consideran que la educación superior es un derecho ciudadano y un escape a la pobreza. Declaran que la marcha Jarrow es parte de una revuelta a nivel mundial de la juventud provocada por la crisis capitalista. Esta revuelta se manifiesta en España con el movimiento “Los indignados”, una juventud desempleada que reclama trabajos como medio de sobrevivencia; en Chile, con el movimiento estudiantil de la educación superior y secundaria que exige fin a la educación como medio de lucro, el derecho a la educación diciendo NO a la exclusión donde el acceso a educarse es una mercancía.

Extractado de: www.letralia.com 
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