viernes, 27 de enero de 2012

Intercambiando mails con Leo Masliah

“Hay mucha música clásica que es burda
y simplota si se la compara
con un arreglo de la orquesta
de Pugliese o una canción de Jobim”


Aldo Roque Difilippo

Estuvo tocando en el festival Jazz a la Calle. Al pie del escenario le pedimos una entrevista y su respuesta fue  taxativa: “solo por mail. Mandame un correo que yo te lo contesto”. Y así lo hicimos.
Leo Masliah, el músico,  y escritor uruguayo respondió algunas interrogantes de  HUM BRAL con rigurosa meticulosidad. A cada pregunta indefectiblemente nos devolvió un mail con la pregunta y su respuesta.
No tengo carrera musical (ni de otra clase tampoco)” se limitó a afirmar cuando  intentamos preguntar sobre sus influencias musicales. Catalogó al actual movimiento generado en torno al rock uruguayo como “remasticaciones poco interesantes” que  se vente “a los jóvenes como si fueran algo joven y nuevo”. Aunque “la música verdaderamente joven debe estar encerrada en rincones a los que nadie presta atención ni difusión, aunque estoy seguro de que debe existir”.

¿Qué impresión recogió de la actuación  de “La Orquestita” en el
Encuentro Jazz a la Calle?
-Fue algo muy positivamente destacable en muchos aspectos: excelentes condiciones técnicas, gran asistencia de público y particularmente de público sensible y de mente abierta.


Ud. es un caso raro dentro del panorama musical uruguayo, ya que
constantemente ha fusionado la  música denominada  culta con la
popular. ¿Cómo percibe,  desde el escenario, que ese mensaje es
recibido por el espectador?

-Esto de la música popular y la culta es bastante complicado, y me parece que en las últimas décadas se vino complicando todavía más, de tal manera que esa clasificación me parece que no logra reflejar lo que sucede en la música en cuanto a estratos o grandes campos (si es que lo logró alguna vez; tiendo a creer que no, ni siquiera en la clasificación del musicólogo Carlos Vega, que incluía un tercer estrato que llamado “mesomúsica”). Se da que hay varias cosas que no se dejan aprisionar ni en lo “culto” ni en lo “popular” (sin ser tampoco de “frontera” entre ambos), y que muchas cosas de música “culta” son mucho más populares y difundidas que cosas de música “popular”. Esto da para hablar mucho, pero digamos que en mi quehacer musical no me rijo por esta división, no porque pretenda desconocerla, sino porque hay que hacer otras que sirvan mejor para describir lo que sucede musicalmente (por lo menos en el mundo “occidental”, o de la parte nuestra que forma parte de alguna parte de él).

En Uruguay, en cada pueblo o ciudad, hay muchas academias o profesores de  música, pero paradójicamente  no es común la masificación de la denominada música culta, o aquellas más elaboradas.
Por lo general predomina la música comercial y más simple. ¿Eso se debe a  la falta de una política de Estado  a través del Ministerio de Educación y Cultura, o a la propia formación de los  profesores que no incentivan al alumno a explorar nuevas cosas, buscar nuevos caminos,
etc.?
-Bueno, la “simpleza” de una música no tiene nada que ver con el estrato musical en el que haya surgido. Hay mucha música clásica que es burda y simplota si se la compara con un arreglo de la orquesta de Pugliese o una canción de Jobim, o con un hecho musical folclórico cualquiera. Por otra parte, es muy difícil medir la complejidad de una música, y eso no tiene nada que ver con su calidad. Tampoco el carácter comercial (o no) de una música tiene siempre que ver con la calidad. Algunas de las cosas más comerciales del siglo XX fueron también de las mejores que se produjeron en ese período (la música de los Beatles, por ejemplo). De todos modos, aunque en las escuelas estatales (Escuela Universitaria de Música y Escuela Municipal, en Montevideo) siga predominando la formación tradicional basada en la música clásica europea, la llamada música “culta” dejó de tener el monopolio de la educación musical “formal”; y para desempeñarse en áreas tradicionalmente vinculadas a lo que se llama música “popular” se necesita una formación mucho más exigente y rigurosa que para tocar música “culta” (tanto “clásica” como “contemporánea”; al menos en relación con los cánones habituales en nuestro país).


Creo no haberme expresado bien. Quise decir que si bien en Uruguay proliferan las academias de música, es decir que hay un amplio sector de la población que conoce por lo menos los rudimentos de  un instrumento musical, o ha participado de coros o conjuntos, ¿por qué la música que mayormente “consumimos” es de muy baja calidad? Apuntar que el mercado manda, parecería un facilismo, si es que tenemos una sociedad musicalmente culta como para discernir más allá de lo que se le pretende imponer.
-Bueno, creo que la enseñanza de la técnica de un instrumento musical no va unida necesariamente a un desarrollo del gusto o de inquietudes que puedan llevar a ampliar la sensibilidad. Pero también creo que la incidencia de las escuelas de música en cuanto a qué música quiere oír la gente y qué música tienen que tocar los músicos para poder trabajar, es muy pequeña. La publicidad y los medios de difusión masiva tienen mucho más incidencia.

Más allá de los géneros o los estilos (el candombe, la murga, etc.), ¿Uruguay tiene una identidad propia de hacer música?
-Creo que está asentada en sólidas bases la opinión de varios musicólogos en cuanto a que las fronteras culturales no coinciden con las fronteras políticas.

¿Qué influencias reconocés en tu obra al momento de componer?

-El momento de componer sería el menos indicado como para pensar en eso… Pero aparte, pienso que los periodistas preguntan demasiado a menudo irreflexivamente eso. ¿De dónde sacan que un músico puede estar especialmente
calificado para saber qué cosas lo influyeron en ese aspecto? Así reciben su merecido, pero el que paga es el público, porque la mayor parte de los músicos contestan nombrando músicos que les gustan, y nunca nombran cosas de las que abominan y que pueden haberlos influido –sin saberlo ellos- mucho más que las que les gustaron en algún momento, y siendo que esas que les gustaron pueden no haberlos influido prácticamente en nada, más allá de alguna generalidad. Y el público cree lo que le dicen. Yo creo que esa pregunta es para exegetas que sepan mucho, pero mucho, de música y de sicología.


¿Qué o quiénes te marcaron o reconocés como una influencia en tu carrera musical?

-No tengo carrera musical (ni de otra clase tampoco).


¿Qué autores, compositores, o intérpretes uruguayos considerás fundamentales?, si tuvieras que  mostrárselos a un espectador foráneo.

-Eso de “si tuvieras” no funciona conmigo. Para poder preguntar eso tenés que postular muchas más hipótesis, construir un mundo alternativo en el cual el que yo “tenga” que hacer eso sea compatible con el resto de mi modo de vida (si existo en ese mundo) y con todo el resto de lo que pasó durante siglos en los distintos continentes (si los hay en ese mundo).

¿Por qué?

-Porque no podés postular un cambio en el universo dando por sentado que el resto de las cosas se van a mantener incambiadas.


En un medio tan chico como el uruguayo, ¿el mercado condiciona la creación al momento de componer o grabar?

-No creo que el tamaño del medio incida en eso. Hay gente más condicionada y gente menos condicionada en todos lados.

¿Cómo ves el fenómeno que se viene dando con la música uruguaya en los últimos años, donde han surgido grupos, fundamentalmente del rock que  han logrado llegar masivamente al público?

-No estoy cerca de eso. Lo poco que escuché no me interesó. No oí nada que no fueran remasticaciones poco interesantes de cosas que se vienen haciendo desde hace 50 años, y que se venden a los jóvenes como si fueran algo joven y nuevo. La música verdaderamente joven debe estar encerrada en rincones a los que nadie presta atención ni difusión, aunque estoy seguro de que debe existir.
Quién sabe si, como la música de Morton Feldman, suena a tan pocos decibeles que los ruidos de cualquier calle medianamente transitada la vuelven inaudible.
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