viernes, 2 de marzo de 2012

Julio Ricci (1920-1995)
La  cara secreta del mundo


Wilfredo Penco

Tuvo como preocupación central, para su literatura, según el mismo indicó “servir al hombre y a la condición humana”. Ya sobre el final de su vida, Julio Ricci volvió a confesar, sin equívocos, sus objetivos literarios. “Escribo para mostrar los problemas del hombre de hoy”, le dijo a Bernard Bretonniere, en el que sería  el último de sus libros, “Le désamement”, publicado el año pasado en Saint Nazaire, Francia, como edición bilingüe. Junto a la entrevista, que resume con precisión sus opciones ideológicas y estéticas, se incluye un par de relatos concebidos como manifestación, casi denuncia, de la deshumanización colectiva.
Esas narraciones cierran una larga serie que Ricci comenzó a publicar en su madurez (el primer libro, Los maniáticos, es de 1970), todas variantes de una misma visión desoladora e implacable, abastecida por personajes patéticos perdidos en callejones sin salida que protagonizan situaciones sórdidas, patológicas, abrumadoras, siempre extremas  paradigmáticas de soledad.
Cada cuento es una muestra perdurable de incomunicación e incertidumbre, de ferocidad y desencanto  y también de humor corrosivo. La cara secreta del mundo, oculta bajo apariencia de lo normal, queda al descubierto en una operación que invierte valores y costumbres y no deja lugar a la esperanza: cuando ésta se realiza es inevitablemente “sin pena ni gloria”.
El grongo (1976), Ocho modelos de la felicidad (1980))Cuentos civilizados (1985), Los mareados (1987), Cuentos de fe y esperanza (1990) y Los perseverantes (1993) son, junto a los dos antes señalados, los títulos de sus libros de narrativa, en los que apela a procedimientos diferentes que  pueden rozar el modelo de la ciencia ficción, desplegar recursos alegóricos, desmedirse en inflexiones grotescas, incursionar en parodias, incluso apoyarse en los límites de lo fantástico,  todo  al servicio de la perspectiva de una objetividad virtual, donde se confunden  miserias y abyecciones y se desploma el peso descomunal de la alienación en las sociedades contemporáneas.
Su dominio de varios idiomas le permitió trabajar sobre el lenguaje original desde estructuras  diferentes. También el lunfardo abasteció con naturalidad sus necesidades expresivas. Esos enfoques habilitaron una compaginación deliberadamente buscada entre la marginalidad de seres devorados por el vacío de una rutina demoledora, la precariedad de su desamparo y el alienante desarrollo tecnológico sin control acompañado por una monstruosa burocracia que aplasta vidas sin concesiones.
Egresado del Instituto de Estudios Superiores como profesor de literatura española,  se especializó en lingüística, materia sobre la que  dictó cursos en centros de  formación docente y realizó trabajos de investigación. Tradujo al  español diversas obras literarias, sobre todo del sueco, tuvo una acotada experiencia como editor, promovió al injustamente olvidado y notable narrador L.S. Garini y dirigió la revista “Foro Literario” (1977-1988) cuyos 17 números presentan notorios desniveles en la calidad de sus colaboraciones.
En su bibliografía crítica se destacan estudios de Fernando Aínsa, Giovanni Meo-Ziiio y Roberto Bula Píriz  y dos volúmenes, “El hombre fracturado en la narrativa de Julio Ricci” (1990) y “El inmovilismo existencial en la narrativa de Julio Ricci (1993), que recogen cada uno de los siete ensayos  (de Matilde Bianchi, Martha Canfield, José Angeles, Ketty Corredera, Isolde Jordan, entre otros) sobre la obra y el último  también un entrevista de Fernando Buttazzoni. A diferencia de su lo habitual, el reconocimiento a su labor no fue póstumo.

  • Semanario Brecha, 29 setiembre 1995, Montevideo.
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(*) Si desea seguir leyendo puede encontrar más información sobre Julio Ricci y sus consideraciones sobre la obra de L.S. Garini, puede encontrarla en la edición especial de HUM BRAL, “Garini, las máscaras de un raro”
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