sábado, 28 de abril de 2012

EDITORIAL

Hay que bajar la edad





 Matías Rótulo



HAY QUE BAJAR LA EDAD, Y VOY A EXPLICAR POR QUÉ.

Hasta ayer éramos un país tranquilo. Una sociedad solidaria. Una nación que crecía y crecía. Un pueblo que creía, que estaba convencido de que la paz era el mejor camino. Nadie se enojaba con nadie, todos vivíamos cultivando nuestro jardín. Pues teníamos a los "menores" infractores más peligrosos encerrados bajo el cuidado del INAU. Y lo mejor de todo: sabemos que en el INAU no se la pasa bien, y por lo tanto, por suerte estaban siendo castigados por sus delitos, porque son irrecuperables.
Todo venía bien, incluso entregamos miles de firmas para asegurarnos que estén por fin todos encerrados, lejos de nosotros.
¿Quiénes somos nosotros? Nosotros somos la sociedad educada y trabajadora que no comete ninguna falta y que pide que nadie nos moleste, que esos niños, niñas y adolescentes (en realidad son "menores") que nacieron y no supieron ver por sí solos que para ser buenas tenían que trabajar y estudiar y no delinquir... Qué pibes nabos, tuvieron que haberse dado cuenta que si seguían por el camino de sus padres, o de su barrio terminarían igual. ¿Cómo alguien no puede darse cuenta de eso?
Bueno, no pensemos más en ellos, hagamos como bien hace Pedro que pide olvido del pasado, nosotros debemos ser igual. Lo hecho, hecho está.
Ayer escaparon trece, o doce, según las versiones de prensa. Desde ayer volvimos a ser una sociedad bárbara. Ayer éramos un paraíso (porque los menores estaban encerrados) y hoy somos un infierno.
De hecho, hoy vi a dos conductores peleándose, algo que nunca ocurre en Montevideo. Una señora tiró mugre por la ventana de un ómnibus, jamás había visto un acto así en esta ciudad. Algunos otros estafaron a clientes, y clientes a contratantes y empleados a patrones, y patrones a empleados, y tal vez, en muchos de los casos nunca nos enteraremos. ¿Todo por qué? Porque desde ayer están sueltos estos salvajes que vienen a molestarnos a nosotros que trabajamos y estudiamos mientras ellos hacen nada más que daño.
Por eso ayer en el Parlamento algunos legisladores se gritaron, en el medio de un homenaje de ocho comunistas asesinados. Por eso la interna de un partido político en elecciones presiona a trabajadores, por eso los ómnibus de Montevideo no pueden llevar en hora a la gente de mañana porque ya está colmada la capacidad aunque pagamos uno de los boletos más caros del mundo, con la nafta más cara del mundo: y TODO POR LA CULPA DE LOS MENORES QUE SE ESCAPARON DEL INAU.
Hay que bajar la edad, de una vez por todas HAY QUE BAJARLA. Permitir que alguien menor de 35 años se postule a Presidente de la República, que alguien menor de 25 se postule a diputado, para que no sean los mismos viejos de siempre los que toman las decisiones por los jóvenes de hoy. Esos viejos (no digo viejos de forma despectiva), los que generan opinión, los que votamos o no votamos, algunos son mis propios colegas.
Esos viejos liberales, neoliberales, modernos, que no entendieron todavía las teorías liberales y modernas que explican que la educación de los más jóvenes, la educación de la sociedad, la formación de los ciudadanos, depende de los adultos, de lo contrario no pedirían castigo para los más jóvenes, porque de esa forma, están pidiendo que se les adjudique la responsabilidad a ellos mismos, a esos viejos, que no supieron hacer bien su trabajo.


NO A LA BAJA DE LA EDAD DE LA IMPUTABILIDAD (aunque lo de bajarla es una mentira legal, ya que los menores desde los 13 años ya son responsables legalmente por sus delitos).
NO A LA ESTIGMATIZACIÓN DE LOS JÓVENES.
LOS PIBES NO NACEN CHORROS. 

Amplia repercusión  tuvo nuestra edición especial RICARDO BLANCO: AL RESCATE DE LA MEMORIA.
Varios colegas y amigos nos comunicaron que difundieron la información  aportada  por HUM BRAL.
Para aquellos que quieran guardarla, imprimirla o  enviársela a un amigo o familiar a continuación les dejamos ese trabajo en formato libro que puede ser leído en línea o descargado en forma gratuita.

Hablando de bueyes perdidos
“MAL COMPAÑERA…

Ángel Juárez Masares

“…de viaje, es la soledad”, dice la canción. “Me atrapa cuando estoy para milonguear” –sigue- pero no la escucho más. Ahora pienso en la cantidad de soledad que nos llega todos los días y a cada rato desde todas partes. Yo que soy un adicto convicto y confeso a la radio lo puedo asegurar. Me llega en la madrugada la voz de esa señora que llama a Radio Mitre y confiesa su amor por quien conduce un programa a esa hora. El hombre le agradece con amabilidad y pone “al aire” otra llamada. La historia se repite, y el hombre agradece nuevamente; luego viene la tanda, y después leerá las portadas de los diarios. Todos lo días y en todas la radios ocurre lo mismo. Gente que se aferra a una voz, porque muchas veces no ha visto el rostro del destinatario de su admiración.
De estas cosas puedo hablar con propiedad, porque lo he vivido antes; hace algunos años. Recuerdo que me molestaba el “lenguaje papal” que suele utilizarse en las radios, es decir, estar solos con un micrófono delante y decir “nosotros”, y que también suele utilizarse en los periódicos. Quizá por eso hoy quise escribir en primera persona.
Las madrugadas en la radio tienen ese… ¡que se yo!... ¿viste?, y la voz de Amelita Baltar cantando Balada para un Loco calza justo con mi pensamiento. Si… las madrugadas de la radio tienen ese “¡que se yo!” tan ligado a la soledad que si uno se pone a pensar mucho es aterrador, porque la soledad es aterradora cuando no se sabe convivir con ella. Y… ¡caramba si es difícil hacerlo!
Les aseguro que casi sin esfuerzo puedo recordar las voces… y los nombres de la gente, y la ansiedad por que los escuchara, pero no porque fuera yo, con nombre propio, simplemente porque “estaba ahí” en ese momento, pues nada hay mas “infiel” que quien escucha radio en la madrugada. ¿Por qué digo esto? Porque cuando ya no estás  llamarán a otro, y le contarán sus problemas, y le dirán cuánto le quieren.
Pero no solo en la radio se ve la soledad. Uno la encuentra en cualquier calle de este pueblo pequeño, o cualquier otro, en una plaza, a la orilla del río, viene con forma de señor que pasea el perro y se detiene para comentar cualquier cosa, y uno sabe que es un pretexto para hablar. O esa señora que en la fila para pagar comenta cómo aumentó el costo de la energía eléctrica, pero de inmediato me dice que advirtió a su familia para que no tenga encendidas luces innecesarias; y de ahí pasa a contarme que, bueno…estos días es diferente porque vino la hija de Buenos Aires y a veces se quedan hasta mas tarde, y que además los nietos…¿vio como son los chiquilines?... y así llegamos a la ventanilla, pago y me voy sin saludar, pero no importa porque la señora ahora le cuenta algo al cajero, que seguro estará mas atento al “vuelto” que a una historia familiar.
“Entre tantas cosas que aprendimos allá –decía mi Amigo refiriéndose al Penal de Libertad- quizá la mas importante fue a convivir con la soledad. Era como si tomara cuerpo. Estaba allí, y había que aceptarla y quererla, porque lo contrario era arriesgarse a perder la cordura”.
Yo lo entendía porque había vivido en grandes ciudades, y no hay lugar donde el hombre esté mas solo que entre millones de sus congéneres.
Sin embargo se me ocurre que no debemos pensar que la soledad es un enemigo. A veces la necesitamos para encontrarnos a nosotros mismos, depende de las circunstancias y el momento que esté atravesando cada uno. En mi caso es bueno estar solo ahora, cuando aún no amanece y me pongo a hablar de bueyes perdidos, pero… ¿lo estoy acaso?...
Hecha un ovillo bajo la mesa duerme mi anciana perrita… en el caballete un hombre que está tomando forma me mira con sus brazos apoyados en las rodillas; desde una radio en internet una voz en francés me dice algo que no entiendo, pero que tiene que ver con el próximo concierto.
Está amaneciendo, y ahora no se si en realidad la soledad existe, si es un ente que creamos para que nos acompañe, o si todo lo que escribí antes no es verdad. Si es así pido disculpas y admito que ignoro mas de lo que se, pero no puedo prometer escribir sobre las cosas que conozco… cabrían en cuatro líneas.
El cuentito medieval
DE COMO LOS GOBERNANTES SE JUNTARON PARA FABLAR DE LA UNIDAD DE SUS PUEBLOS



                                                                                                                                   Ángel Juárez Masares


Estimados Cofrades: hace un par de días un hombre desos que viajan por estas comarcas cantando las noticias y aconteceres de lejanas tierras, llegóse al scriptorium del humilde para ofrecerle antiguos pergaminos a cambio de algunas piezas de oro. Como vosotros sabéis, mi talego suele estar siempre tan vacío como mi estómago (pues “hay gente” que no paga mis escritos) de manera que el mozo solo me permitió leerlos y tomar algunos apuntes a cambio de toda mi fortuna: dos “feudales”, moneda muy devaluada últimamente, pues se necesitan 903 dellas para comprar UN maravedí.
Fuese así que me entero de una reunión de gobernantes, reyes, y Señores que realizóse en otras regiones y a la que llamaron “Cumbre de las Coléricas”. Grande fue mi sorpresa ante la magnitud de tal suceso. Ahora sí –pensé- la unión de las Comarcas fortalecerá el intercambio entrellas; los comerciantes llenarán sus bodegas con productos exóticos, y los artistas viajarán a otros lares para aprender de otras culturas. Lanzas y espadas se colgarán de las paredes, y el tahalí habrá de usarse para sostener los estandartes en las festividades populares.
Deste talante leí con avidez parte del discurso de uno dellos: “… en política, la liberación tiene valor solo como tránsito hacia intereses mas elevados. No llegar a eso determina quedarse en un estadio transitorio. El liberalismo político liberta a los pueblos y crea un orden justo…”
¡Por la capa de Rodrigo Díaz de Vivar! –me dije- quien fabla desta guisa loado debe ser por su pueblo.
“…es preciso avanzar para crear un nuevo orden, una nueva estructura con justicia social. No basta con gobernar en base a leyes y ordenanzas tenues, que hace que todos los gatos sean pardos, la inteligencia y la actitud de cada súbdito debe ser evaluada y compensada de acuerdo a sus méritos” –dijo otro.
En otro pergamino se aludía al ejemplo de algunos líderes y pro hombres “que habían dejado como heredad sus afanes por una Gran Comarca unida”.
“Todas las crisis que inquietan al mundo son necesarias para que las sociedades se fortalezcan en la adversidad y salgan airosas enarbolando los estandartes de la unión de los pueblos”, dijo quien reinaba desde una coqueta y enorme casa blanca rodeada de parques y fuentes.
Y así fui repasando los discursos de los gobernantes, reyes, y Señores, hasta que llegué a la declaración final, que en resumen dejaba en claro que nadie estaba de acuerdo con nadie; que los británicos continuarían colonizando cuanta isla encontraran sus barcos, que cada comarca grande engulliría a la mas chica, y que la palabra empeñada (y firmada) sería llevada, arrastrada, y desaparecida por la mas débil brisa.
Alegróme sobremanera entonces, no haber tenido mas monedas para comprar los pergaminos, que solo hubieran sido útiles para alimentar el fuego donde cocinaba mis legumbres.
Alegróme también que la pequeña y lejana comarca estuviera gobernada por hombres tan pequeños, lejanos, y  previsibles, que fácil era conocerlos a través de la escritura. Así es, amados Cofrades… si queréis ver el alma de tu próximo haz que escriba algunas líneas; provócalo, incítalo, dile que es maravilloso, y a poco lo tendrás frente a ti tan desnudo como al mundo vino.
Ya los señores han tornado a sus palacios. Los alcahuetes aclamaron el regreso;  los enemigos se agazapan en las sombras, los inútiles se arrastran por alfombras, y los honestos descansan, pues mañana tomarán la hoz para la siega, la harina para el pan, la fragua para el hierro, y la pluma para que estas historias no se pierdan.



Moraleja:
 Sabio es desconfiar de los hombres que detentan el Poder, mas aún cuando se juntan todos ellos, pues nada en beneficio de sus pueblos habrán de hacer.
Si te van a matar, no te suicides


“De puro miedo a la muerte de los periódicos, los periodistas terminaremos pegándole un tiro al periodismo. La peor manera de suicidarse es limitarse a vocear distintas versiones. Periodismo es indagar y buscar la verdad”. Tales afirmaciones corresponden a la periodista Soledad Gallego, y son parte de una Conferencia –de la cual compartimos parte de la misma- dictada en el Patronato de la Escuela de Periodismo del diario “El País” de Madrid  el 16 de marzo pasado.

Cuando miremos para atrás dentro de unos años, cuando miren ustedes para atrás, se darán cuenta de que, antes que nada, esta fue una época apasionante para el periodismo. Una época de auténtica conmoción, que ustedes tuvieron la oportunidad de presenciar en primera fila; mejor todavía, la oportunidad de ser los protagonistas. Los que acaban hoy el máster, los que inician este año su formación, serán los protagonistas de una formidable transformación y, si hay algo irresistible para un buen periodista, es estar ahí, asistir a un cambio radical, ser testigo de una revolución.
Obviamente, esta transformación no se limita a la aparición de nuevas herramientas. Sería demasiado simple. Es mucho más. Lleva aparejada también un profundo cambio del modelo de la empresa periodística, que es ya una empresa de comunicación y, si me apuran, de telecomunicación, un cambio del modelo de negocio, y, consecuentemente, de las formas de trabajar; una revolución, incluso de conceptos que parecían inconmovibles y que han saltado por los aires. En algunos casos, ya se observan los fundamentos de la nueva obra que se está levantando. Pero en otros, nadie sabe todavía como proseguir ni en que acabará el nuevo edificio.
Lo que los periodistas hemos constatado siempre es que en todos los periodos de cambios radicales, en todas las transformaciones tan brutales como esta a la que estamos asistiendo, suele haber muertos. Decenas de muertos por el camino. Y la pregunta que nos hacemos no es cuántos periodistas quedarán en el camino (que son muchos), sino si el propio periodismo será una de esas víctimas, porque las transformaciones le lleven a ser engullido por esa cosa mucho más extensa, y muy diferente, que es la comunicación.
Lo más triste es que de puro miedo a que nos maten, los periodistas terminemos pegándole un tiro al periodismo. De ahí el título de esta charla, que puede parecer un poco extraño: si te van a matar, no te suicides.
Yo creo, he creído siempre, que no hay nada más tonto que dejarse matar dando facilidades. Y eso es lo que nos puede pasar, si no reflexionamos, sin miedo, sobre lo que está ocurriendo.
Esto va muy deprisa, evoluciona rápido y de manera impredecible (casi como la Unión Europea, diría yo) y la capacidad de influir que tenemos los periodistas en esta vertiginosa transformación parece estar cada día, cada minuto, más en declive. Nuestro papel en el debate es cada vez menor y ese es un dato relevante.

El debate y el análisis como salvaguarda
Les voy a explicar las muy variadas posibilidades que tenemos los periodistas de suicidarnos. Una especie de suicide, mode d´emploie que diría un francés, con la pretensión de que, si las identificamos, quizás podamos huir de todas las oportunidades que se nos presentan, y se nos ofrecen, de abrirnos las venas.
a) Una manera de suicidarse es creer que el periodismo es "nuestro", de una generación determinada de periodistas, que nos hemos convertido en sus guardianes, en los guardianes de sus esencias y que somos los únicos con derecho o autoridad para ejercer su control. Esa es una idea bastante letal y funesta, porque lleva a no aceptar cambios, a negarse a ver las nuevas realidades y, sobre todo, porque impide precisamente lo que más necesitamos, un debate abierto entre periodistas de todas las generaciones y de todos los distintos medios, que nos permita recuperar influencia como profesionales.
Creer que hay un grupo que debe proteger al periodismo de los cambios o de nuevas influencias es absurdo. Nos suicidaremos si, entre todos, no favorecemos el debate y el análisis de esas nuevas transformaciones, muchas de ellas imprescindibles, pero algunas de ellas absolutamente contraproducentes.
Hay que hablar sobre los beneficios de la rapidez, de la conectividad, de la interrelación con los ciudadanos, pero también de sus inconvenientes, de sus peligros, de lo que favorece y de lo que perjudica al trabajo periodístico.
Las utopías regresivas no valen de nada. Pero tampoco hay que tener miedo a decir qué cambios creemos que perjudican el trabajo periodístico.
Por ejemplo, yo creo que uno de esos cambios que perjudica es creer que la conversación con los lectores, la intercomunicación, puede sustituir a la indagación de los hechos; que, como veremos más adelante, para mí es la esencia de este oficio.
b) El problema no es si sigue existiendo el periódico en papel o en la tableta.
Uno de los mayores peligros es que la comunicación asfixie al periodismo 
El problema es: qué es el periodismo en esta nueva época, cómo le afectan esas nuevas herramientas y si esas herramientas y nuevos procesos pueden deteriorar, o romper incluso, las reglas básicas de nuestra profesión.
Y merece la pena también plantearse si sigue existiendo el concepto mismo de periódico. Que como su nombre indica, no está relacionado con la instantaneidad sino con la periodicidad, con la fijación de agendas y con la valoración propia, e interpretación, de un momento fijo.
A mí me da igual el papel o la tableta. Lo que no me da igual es si sigue existiendo el periodismo o no. Aunque, todo sea dicho, tengo una relación de agradecimiento con los lectores del papel, una especie de historia de amor. Son seguramente pocos, en relación con los millones que acceden a nuestro trabajo hoy día a través de la web, pero han sido lectores fieles, durante decenas de años, y nosotros hemos procurado serles leales. Como comprenderán, no quiero hacer nada que pueda acelerar el fallecimiento de ese grupo de personas, ni tan siquiera que les ponga en una situación incómoda. Yo, personalmente, les debo mucho, les estoy muy agradecida y les tengo un gran respeto.

Otro modo de suicidarse es confundir periodismo y comunicación.
Cuanto más sé del mundo de la comunicación, más exigente me vuelvo con el mundo del periodismo. ¿Todo es periodismo? Desde luego que no. Quizás todo es comunicación, pero el periodismo tiene reglas, normas y objetivos determinados.
Uno de los mayores peligros de esta apasionante etapa es que se confunda las dos cosas, que la formidable fortaleza y expansión de la comunicación asfixie al periodismo y a sus reglas, como algo antiguo e innecesario.
El peligro es que vayamos olvidándonos de esas reglas, porque las nuevas herramientas presionen tan fuertemente sobre ellas que no seamos capaces de defenderlas. Tenemos que hablar de todo esto.
¿Qué reglas son esas? Las que elaboraron Kovach y Rosenstiel en su libro "Elementos del periodismo" son un buen resumen. Seguramente, los que acaban hoy el máster ya las conocen. Pero no viene mal recordarlas de vez en cuando:
"La primera obligación de un periodista es la verdad. Debe lealtad ante todo a los ciudadanos. Su esencia es la disciplina de la verificación. Debe mantener la independencia con respecto a aquellos a quienes informa. (Y con respecto a sus fuentes, diría yo). Debe ejercer un control independiente del poder..."
También puede ser una buena regla para los periodistas no pensar nunca en "usuarios", sino en lectores, oyentes, televidentes, que es algo más personalizado. Es como cuando los médicos hablan de "clientes" en lugar de "pacientes". La confianza en el médico sufre un bajón muy explicable.
Con "usuarios" se consigue, sin duda, mucha audiencia. Pero con "lectores, oyentes y televidentes"  se consigue influencia, que es algo a lo que debe aspirar el periodismo.
La influencia del periodismo en basa en su capacidad para imponer agendas públicas, agendas relacionadas con el interés público (del que hablaré más adelante). Es algo que es realmente difícil en la actualidad, debido a la enorme fragmentación de los medios en los que los ciudadanos buscan su información, pero que debe seguir siendo uno de los grandes objetivos del periodismo. Influir es: decir explícitamente las cosas sobre las que creemos que hay que hablar colectivamente.
Esas agendas públicas son también las que marcan las diferencias con la prensa amarilla o sensacionalista, porque ese tipo de medios lo que quiere es imponer una propia como si fuera pública. El ejemplo más claro son los sucesos puestos en primera página. Si aparecen en la sección de sucesos, invitan a la reflexión sobre la insondable condición del ser humano. Si aparecen en la primera página, exigen declaraciones sobre la pena capital, la cadena perpetua o la reforma de incontables leyes (sobre todo, si afectan a los menores).

“Somos responsables porque nos falta independencia”
Me gustaría también recordar las recomendaciones de Albert Camus a los periodistas. Sus reglas. Eran estas:
"Reconocer el totalitarismo y denunciarlo. No mentir y saber confesar lo que se ignora. Negarse a cualquier clase de despotismo, incluso provisional".
El descrédito del periodismo viene cada vez más unido del descrédito de la democracia y entraña los mismos peligros. Los periodistas hemos sido, y somos, responsables de buena parte de ese descrédito, hemos ayudado a esa pérdida de reputación, porque no cumplimos con nuestras obligaciones.
Somos responsables, porque nos falta independencia, porque no cumplimos con la obligada verificación, ni con la obligación de controlar los poderes. Porque no creamos los foros de discusión crítica, que deberíamos promover. Porque, como denunciaba Camus, ejercemos el despotismo, amigándonos con las fuentes.
En momentos como estos, colaborar con ese descrédito es mortal para esta profesión. Alguien dijo que hacer funcionar lo público es competencia de la izquierda. Pues bien, hacer funcionar el periodismo es competencia de los periodistas. No se retiren del debate. Participen. Y tengan autonomía en esa discusión. Seamos abiertos, pero no sean ingenuos.
Me preocupa que ahora el periodismo de investigación, el periodismo de calidad, esté siendo financiado en Estados Unidos, sobre todo, por fundaciones sin ánimo de lucro, porque eso quiere decir que las grandes empresas periodísticas norteamericanas ya no se lucran del periodismo de calidad y de investigación. Y eso me parece peligroso.
Peligroso que desaparezca el papel de la empresa como impulsora del periodismo de calidad. Si el periodismo de investigación tiene que depender de la filantropía, malo. Malo también que se confíe e impulse exclusivamente el periodismo público, el periodismo amateur, como si pudiera sustituir al profesional.
Es peligroso limitarse a atender lo que quiere la audiencia. Eso no es el centro del periodismo
e) Otra manera de suicidarnos es rendirse a la prisa. Siempre ha habido prisas en este oficio. Desde aquellos tiempos en que Reuters decidió enviar una paloma mensajera para adelantar algunas informaciones económicas, siempre hemos tenido que trabajar bajo presión. Pero una cosa es trabajar con prisas y otra, suprimir completamente el contexto de los hechos para ganar tiempo. La instantaneidad es un fenómeno formidable, pero no debe suplir a la obligación de proporcionar ese contexto.
Por eso creo que necesitamos los periódicos, sean en papel o en tabletas. Un periódico es una publicación que transmite hechos, contextos, análisis y opinión al respecto de esos hechos en un momento concreto. Además genera un espacio público de discusión, de discusión política, no de comunicación.
f) La peor manera de suicidarse es dejar de indagar los hechos y limitarse a vocear las distintas versiones. Eso no es periodismo. Volvemos a la comunicación, que consiste en compartir mensajes, y no en averiguar qué tienen de cierto.
Periodismo, insistamos, es indagar en hechos, acontecimientos que tienen interés público y hacerlo respetando unas reglas.
¿Qué es de interés público?, se preguntan algunos. Desde luego, no lo que más interesa al público, sino algo muy distinto.
La definición más clara que he encontrado es la que proporciona el Código de Práctica de la Press Complain Commission, del Reino Unido. Dice así:
"Es de interés público detectar y exponer delitos o graves fechorías. Detectar o exponer una seria conducta antisocial. Proteger la seguridad y la salud pública. Evitar que los ciudadanos sean confundidos por declaraciones o hechos de un individuo". (Especialmente si su conducta no se ajusta a lo que predica)
Los periodistas deben creerse estas reglas y estos objetivos porque es lo que da sentido a su trabajo. El gran periodista polaco Kapuchinsky decía que este no es un oficio para cínicos.
El periodismo de indagación sigue siendo un trabajo importante para la sociedad. Exige contexto, credibilidad, testimonio, verificación. Todas esas técnicas exigen un cierto tiempo y no deben abandonarse por ninguna circunstancia. Eso es algo que debemos tener claro. Si lo abandonamos, nos suicidamos.
Es peligroso limitarse a escuchar lo que quiere la audiencia. Eso no es el centro del periodismo. No es eso lo que piensan los periodistas guatemaltecos. Ellos ofrecen a sus compatriotas instrumentos de conocimiento de su sociedad, los pidan o no, sepan que los necesitan o no.
Nadie sabe nada del futuro. Los periodistas, menos que nadie. Limitemos a describir lo que pasa en el presente y expliquemos por qué pasa.
Las relaciones de los periodistas con el futuro son muy traicioneras. Solo después de analizar el presente y de explicarlo, podemos limitarnos, quizás, a decir lo que queremos para el futuro, pero poco más.
Las utopías regresivas no sirven de nada. Pero tampoco nos suicidemos con utopías venideras. Nosotros, a lo nuestro. Perdamos esta especie de cultura defensiva que nos atenaza y nos paraliza y empecemos a pensar y a discutir.
El periodismo ha servido a la democracia y a la sociedad y sigue siendo vital para su sostenimiento. Sobre todo en estas épocas de incertidumbre.
Los medios y los medios


Gonzalo Perera

Ni es chiste ni es error de tipeo. Es que las Políticas de Comunicación que todo Estado debe tener- y muchísimo más cuando gobierna la izquierda- requieren tomar el toro por las guampas respecto a los medios y a los medios. Los medios de comunicación como usualmente los concebimos (canales de TV abierta o para abonados, radios, diarios, revistas, medios digitales) y los medios de transporte de las comunicaciones (o sea las telecomunicaciones, y, dentro de ello, lo que es el punto medular: la provisión de banda ancha o conexión a Internet, que es la tecnología  sobre la que casi todo tiende a transportarse).
Quien conozca de cerca el trabajo de Rafael Correa como presidente del Ecuador, a muy poco de observar, se habrá dado cuenta de tres cosas: 1) Que es una máquina de trabajar con una energía intelectual y física completamente excepcionales. 2) Que tiene una sensibilidad popular y una consecuente empatía con el ecuatoriano bien de a pie, realmente formidable, un carisma popular tan excepcional como genuino. 3) Que Correa va en serio en todo, con él no se jode, ni desde adentro del Ecuador ni desde ninguna multinacional Soy uno de los muchos intelectuales (en el viejo sentido del término, no en sentido funcional y contertulio de nuestros días, anoto) que suscribió una carta de apoyo Proyecto de Ley Orgánica de Comunicación de Ecuador, que el miércoles 11 de abril entró a consideración de la Asamblea Nacional de Ecuador, concretando en ley el principio general establecido en la Constitución del 2008, que es quizás la más avanzada en la materia en el continente: LA COMUNICACIÓN (integralmente entendida) ES UN DERECHO. Esta ley, por ejemplo, reparte las frecuencias de radio y televisión del modo siguiente: 34 % para medios comunitarios, 33 % para medios públicos y 33 % para medios privados. Los medios comunitarios son concebidos en dicha ley como «mecanismos para promover la pluralidad, diversidad, interculturalidad y plurinacionalidad» (Art. 92) y se prevé que las entidades estatales contraten publicidad y servicios en tales medios para la difusión de contenidos educativos y culturales. La ley impide además la concentración oligopólica tradicional de nuestra región, al establecer un límite para una misma persona (física o jurídica) de una sola frecuencia para AM, una para FM y una para televisión, en todo el territorio ecuatoriano. Actualmente cerca del 90 % de las frecuencias están en manos privadas y la ley establece las pautas de la «transición» cuya magnitud es obviamente revolucionaria.
Adicionalmente la ley obliga a incluir un 40 % de contenido nacional en los medios audiovisuales y 10 % de producción nacional independiente. En las radios, el 50 % de la música debe ser producida, compuesta o ejecutada en Ecuador. Por si fuera poco, la publicidad debe ser producida en el país. Naturalmente la derecha ecuatoriana ha puesto el grito en el cielo y al momento de escribir esta nota, es incierto el resultado de la votación legislativa, ya que literalmente, «le han tirado con toda la artillería» a la ley.
Eso motivó que la Red de Intelectuales En Defensa de la Humanidad apoyara la ley en una carta abierta que cuenta con firmas como las de Ignacio Ramonet, Ana Esther Ceceña, Carmen Bohórquez, Marta Harnecker y Oscar Ugarteche, donde se afirma que «será un aporte valioso a la democratización de las comunicaciones en toda Nuestra América».
Por cierto que sí y uno ve con alegría la sonrisa radiante de Rafael  Correa, ese ejemplar hijo del pueblo del Ecuador, en esta iniciativa,  en todo su esplendor. Pero permítame agregarle, querido lector, que, como vicepresidente de ANTEL tuve el honor de aportar un pequeñísimo granito de arena para ayudar al gobierno de Rafael Correa a darle oxígeno a la CNT (Corporación  Nacional de Telecomunicaciones), resultante de la fusión de las compañías Andinatel y Pacifictel realizada el 30 de octubre del 2008. Los Buccaram, Lucio Gutiérrez y otros personajes similares hicieron TRIZAS la presencia estatal en telecomunicaciones. Correa (como Chávez, como Evo) resolvió revertir ese disparate cipayo. Para ello confió en la ayuda de la experiencia uruguaya en materia de presencia del Estado en un sector ESTRATEGICO. Me disculpo por la inmodestia de la pequeña autoreferencia pero lo que viene al caso es que consta como a pocos el esfuerzo que hizo Correa para poner de pie al estado en «los otros medios»: los de Telecomunicaciones. ¿Y por casa como andamos? Se trabajó para elaborar una Ley de Medios, la critiqué por «light», pero era un paso en buena dirección ¿En qué quedó? ¿Usted lo sabe? Yo no. Veo, como simple ciudadano interesado en la temática, a ANTEL paradita muy firme en la cancha, desplegando FTTH (fibra óptica hasta los hogares, la mejor tecnología de telecomunicaciones «alámbrica») y LTE (la mejor tecnología «inalámbrica») para desesperación confesa (en entrevista en el Semanario «Búsqueda») del Presidente de la Cámara de Telecomunicaciones del Uruguay (pomposo nombre para la caja de resonancia pública de los intereses de Telefónica y el Grupo Slim en el Uruguay). Este motivo de alegría para mí ha sido matizado por el anuncio de que este año se discutiría en el parlamento una  Ley Nacional de Telecomunicaciones.
No porque no quiera una tal Ley, sino porque los lineamientos generales que al respecto se adelantaron, me parecieron de flojos para bajo. Por ende, ante el desconocimiento de la suerte de la ley sobre «Los Medios» y ante una posible discusión (que no arrancaría bien) sobre los otros medios en Uruguay, a la luz de la experiencia de Ecuador, hago votos para que el espíritu vital y generoso de Rafael Correa nos contagie un poco. Y manifiesto mi explícita adhesión a manifestación que escuché a militantes del Centro de Estudiantes de Ingeniería de nuestra Universidad de la República: hay que salir a la calle, que no todo es cuestión de redes y cartas, por una Ley de Medios «en serio», que democratice profundamente «Los Medios» (léase en particular bien clarito: que termine con los inverosímiles privilegios de la monarquía hereditaria que controla los medios hegemónicos) y por una ley de Nacionalización de «los otros medios» (concretamente de la infraestructura de telecomunicaciones del Uruguay). Sumo mi pequeñísimo apoyo al gran compañero Rafael Correa, sumo mi pequeñísimo apoyo al coraje cívico e inteligencia de los estudiantes uruguayos. Ojala sus virtudes conciten los necesarios apoyos y superen la tendencia a la resignación, el gran obstáculo subjetivo a remontar para  para todo gobierno realmente progresista.

Extraído de: Semanario El Popular
América Latina x 2


En esta edición les dejamos la posibilidad de escuchar dos  programas de América Latina. Nos ponemos al día con el repaso semanal al programa conducido por nuestro coterráneo Federico Marota, en Radio Calviá.
Hoy compartimos con "Er Guri" (Miguel), de Huelva, junto a su guitarra, la poesía del uruguayo Ovidio Fernández Ríos. El maestro de música Alfredo Souza (Montevideo, Uruguay), residente en Ibiza, su historia de vida, sus interpretaciones a voz y guitarra, su academia de música. Claudia Martini de la Asociación Uruguay Departamento 20 en Baleares. "Artigas, la Redota" que se exhibe en Palma por primera vez. HUM BRAL  y su edición especial por Ricardo Blanco.
La música de Lita Elena Escobar (Tumaco, Colombia) que nos envía desde Ibiza. (radiocalviá.com).
Escúchelo en el siguiente sitio:
El antipoeta se quedó
en su casa



Cristóbal Ugarte, nieto de Nicanor Parra,
recibe el Premio Cervantes de manos del Príncipe
Felipe de Borbón. El poeta chileno no ha podido
asistir a la entrega del premio debido a su avanzada edad

Ocho textos y dos comentarios de texto. Cuarenta y cinco minutos. La entrega del Premio Cervantes, una de las más breves que se recuerdan, tuvo ayer algo de clase práctica de crítica literaria. Eso sí, en la Universidad de Alcalá de Henares fallaron el profesor —Nicanor Parra, galardonado de este año— y el alumno más esperado —el rey Juan Carlos, convaleciente de la operación a la que fue sometido tras romperse la cadera durante un safari en Botsuana, una polémica actividad extraescolar que a punto ha estado de convertirse en viaje de fin de carrera—. En el paraninfo, no obstante, no faltaron la estudiante aplicada —la cantante Patti Smith tomando notas— ni la displicente —Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, al lado de los Príncipes de Asturias y de Mariano Rajoy, consultando su móvil mientras hablaba el ministro de Educación—. En la calle, un grupo de funcionarios del Ayuntamiento de Alcalá protestaba ruidosamente contra los últimos recortes.
Nicanor Parra, de 97 años, estaba a 11.000 kilómetros, en su casa de Las Cruces, en la costa chilena, mientras era su nieto Cristóbal Ugarte, Tololo, de 19, el encargado de enfundarse el chaqué y pedir en nombre de su abuelo “prórroga de mínimo un año” para “poder perigueñar un discurso medianamente plausible”. A los pies del púlpito desde el que tradicionalmente intervienen los galardonados estaba la máquina de escribir a la que Parra llama máquina del tiempo. Su nieto no subió a ese púlpito sino que, a pie de auditorio, recordó que el creador de la antipoesía llegó hace años a una conclusión: “Hay que hablar por escrito. Yo demoro seis meses en armar un discurso que se lee en 45 minutos y que parece que estuviera improvisado”. También desveló que había dejado a su abuelo rodeado de libros sobre Cervantes y enciclopedias “con las páginas más importantes señalas con bolsitas de té en reciclaje”. De aquel caos surgió otro aviso: “Don Quijote no cabe en un fin de semana”.
En 2006 Nicanor Parra publicó Discursos de sobremesa, un poemario que es todo un subgénero, la respuesta de la poesía al protocolo: el agradecimiento en verso. Aquel libro brotó del chaparrón de premios y doctorados honoris causa que se le habían venido encima —del Juan Rulfo al Reina Sofía; de Concepción a Oxford— y puede que un día —tal vez al final del año de prórroga— se sume a sus páginas el discurso que ayer no pronunció. En su lugar, el joven Ugarte leyó ocho poemas de su abuelo, empezando por el que arranca con una pregunta: “¿Esperaba este premio?”. Quince minutos después llegó el último: “¿Se considera Ud. acreedor al Premio Cervantes? / —Claro que sí / —Por qué / —Por un libro que estoy por escribir”. Risas y aplausos. Hasta ahí, la lección no presencial del doctor Parra, físico de formación y profesor durante años de Mecánica Racional, asignatura que abandonó para explicar a Shakespeare, a Nietzsche o impartir un seminario sobre las implicaciones poéticas de la visita del Papa a Chile. Leídos los textos, llegó el turno de los comentarios en forma de discurso. Los pronunciaron el ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, y el príncipe Felipe.

“La seriedad de frac / es una seriedad de panteonero; / la verdadera seriedad es cómica”. Wert recurrió a estos versos para convocar al “equipo de fúbol sala —o de baby fútbol, como se dice en Chile—” que formarían Kafka, Chaplin, Chéjov, Quevedo y Cervantes y concluir que Parra encontró en los dos últimos “una literatura más ceñida a la realidad, de un tono más coloquial, más cotidiano y también una literatura que no plantea la comicidad como algo indigno, algo radicalmente ajeno a la poesía”. Ese sería, según el ministro, el árbol genealógico que, con Shakespeare, Eliot, Pound y William Carlos William, otro de ciencias, dieron lugar a Poemas y antipoemas, el libro que en 1954 revolucionó la poesía en lengua española, esa que hace 36 años inauguró con Jorge Guillén el palmarés del Premio Cervantes, actualmente dotado con 125.000 euros.
Poeta chileno Nicanor Parra en su
casa de Las Cruces. / FELIPE TRUEBA (EFE)


Al ascua cervantina arrimó también el príncipe Felipe la obra del último premiado, cuya falta de solemnidad no impidió que un solemne salón lleno de autoridades (civiles y militares) aplaudiera intervenciones trufadas de palabras como irreverencia o rebeldía. “¿Qué era el baciyelmo cervantino más que un artefacto de Parra?”, se preguntó don Felipe aludiendo a los poemas visuales del autor chileno. El propio Príncipe anunció que la familia del poeta depositará hoy en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes la vieja máquina de escribir que ayer, a su modo, presidió la entrega del premio. Junto a ella, un poema inédito que solo podrá leerse dentro de 50 años. ¿El poema del discurso del Premio Cervantes? No sabemos. El sábado pasado el diario chileno La Tercera publicó la crónica de una visita a Nicanor Parra en la que este desvelaba dos versos de un supuesto discurso del que ayer no se tuvo noticia en Alcalá de Henares: “Libro más aburrido que el Quijote no lo hay / Para tonteras tengo con la Biblia”. Habrá que esperar un año —o medio siglo— para saber quién ríe el último, cómo termina el chiste.

Extraído de: http://cultura.elpais.com 
Viaje a la isla de la demencia

San Servolo, un histórico manicomio de la laguna veneciana, contiene casi 40 mil historias clínicas y es uno de los mayores archivos de psiquiatría del mundo. Son los retratos de la locura.

POR Matilde Sanchez

A pocas cuadras de San Marcos, si es que el laberinto admite otra medida que el tiempo invertido en orientarse, cuando la banquina aún no se pobló de turistas y amigos del arte, la Piazza San Zaccaria de Venecia es la más singular parada de transporte. Por un mar gris que confunde agua y arquitectura, la lancha lleva un cargo de estudiantes a la Universidad Internacional, en la muy próxima isla de San Servolo, donde por dos siglos y medio funcionó uno de los grandes manicomios italianos. Lo que me trajo aquí, a la periferia lacustre de la ciudad más estetizada del mundo, es el cotejo de imágenes de enfermos mentales, necesario para componer una “Internacional de los dementes”, en la que me empeño desde hace años, con el apoyo de la Fundación Civitella Ranieri en 2011. Del catastro original del hospicio se conservan unas pocas construcciones y la iglesia; en el nuevo edificio se guarda el archivo psiquiátrico.
Destierro del apestado, la enfermedad desconocida y más inquietante, semejanza y mímesis entre locos y cuerdos, sublevación social de los insanos: en el siglo XVIII la mayoría de los centros urbanos ya habían dispuesto la lejanía de los cementerios y manicomios. San Servolo conjugaba el régimen arcaico de la “nave de los locos”, en una tierra nunca del todo firme, con las tendencias científicas novedosas en su época: el enfermo podía restablecer su salud a través de la naturaleza y además, sus vistas reforzaban los beneficios de la hidroterapia, todo ello sin dejar de ser una isla. Y de pronto, el viaje se me presenta como estaciones de una peregrinación. Invocando el ensayo de Susan Sontag, esto es lo primero que pienso “ante el dolor de los demás”: si la ciencia ha sido la nueva religión del siglo XX, entonces las ruinas humanas de este archivo son sus mártires laicos. Otras invocaciones: la proximidad de la psiquiatría argentina con Cesare Lombroso, La simulación de la locura , de José Ingenieros, y en general, la figura del lunático, central en la literatura italiana (en el origen, Tasso y Ariosto; más cerca, Italo Calvino, Giuseppe Pontiggia y Ermanno Cavazzoni). También Marca de agua , el ensayo de Joseph Brodsky sobre Venecia.
Con sus casi 40 mil historias clínicas entre 1842 y 1978, San Servolo es un cementerio de papel, una biblioteca de intentos científicos eficaces en su hora –nada más poético que el lenguaje de las ciencias obsoletas, que deja al aire el esqueleto infantil de su optimismo. Y además, es un yacimiento de residuos fotográficos.
El registro burocrático del paciente es el primer peldaño de la tecnología hospitalaria. Como sostenía el sociólogo Erving Goffman, una sombra de papel acompañaba la vida en el asilo, a menudo transcurrida en reclusión hasta el final. San Servolo es el reservorio donde se conserva el pasado de la psiquiatría italiana, previo al gran cambio de paradigma que trajo la farmacopea psicoactiva, a comienzos de los años 50, y la desinstitucionalización impulsada por Giorgio Basaglia en 1978, en el asilo de Trieste. Son cientos de miles de folios, reliquias caligráficas de eminencias muertas, el rastro perdurable de los enfermos que reclaman al presente la moratoria impuesta a sus vidas. Pero también es una batería de historias –casi siempre un misterio de orden familiar, sus fotos, las joyas de sus nombres. Es tarde para saber qué les sucedió, ¿sirve de algo tantas décadas después? Si como apunta Sontag, la fotografía opera una alquimia y hace que todo “luzca mejor en una foto”, porque embellecer es una operación clásica de la cámara, estas fotos sirven a una pedagogía por la belleza.
Durante el siglo XIX, conforme las naciones europeas se reconfiguraban, cada Estado –mejor, cada lengua– buscó aportar a la psiquiatría, la disciplina médica más idiosincrática. El desafío de estos países era ordenar fenómenos de masas inéditos. Junto con el desempleo y la miseria, la sífilis y el alcoholismo –en una era de alcoholes baratos– arrojaban una marea de enfermos mentales. En rigor, en estos manicomios grandes como aldeas la mayoría no eran dementes funcionales, lo que desde hace más de un siglo se encuadra en la esquizofrenia, sino biológicos, enfermos de otros males que luego atacan el cerebro.
Manicomios de la laguna
Pocos estigmas como esta palabra: loquero. En el principio, hubo el morocomio-moros , loco en griego. San Servolo era la estación final de los “malatti di mente” del Veneto, donde recalaban incluso los desahuciados del Hospital de Incurables de Venecia, cerca de la Academia del Arte. Así, su historia está anudada a la fondamenta degli incurabili , donde se encontraba el Hospital Civil. Es revelador que tal sea el título que dio Brodsky a su relato sobre Venecia, publicado originalmente en Italia. El Hospital de Incurables era un centro para sifilíticos en fase de psicosis y otros infectados –los apestatti , los piagatti , o llagados, que el poeta ruso asocia con la melancolía extrema. La banquina de los Incurables, escribe, “evoca la peste, las epidemias que solían barrer la mitad de esta ciudad, un siglo tras otro, con la regularidad de un censor. El nombre conjura los casos desesperados de quienes, más que deambular, esperaban tumbados en las losas de piedra, literalmente al borde de la muerte y envueltos en sudarios, a que los montaran en un carro o, más exactamente, los embarcaran y llevaran lejos”.
Más allá de ese hospital de paredones morados, nuestra isla minúscula, a los cuatro vientos. En su día fue asentamiento de benedictinos, famosos por sus bibliotecas, su custodia de antiguos tratados farmacológicos y sus “huertos de simples”, con la botánica medicinal. Luego fue ocupado por un monasterio de la orden de San Leone. El Manicomio Central Masculino de San Servolo comenzó su vida en el siglo XVIII como hospital militar general y los primeros dementes fueron militares de origen patricio que pagaban pensión. Hasta fines de ese siglo, los pobres eran encerrados en una “stultifera navis”. La nave de los locos venecianos era conocida como la Fusta, un tipo de galeón, y estaba anclada frente al palacio del Dogo. En 1797, con la invasión napoleónica, la Fusta fue clausurada y sus 64 lunáticos, llevados a la otra isla.
En 1802, la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios (los Fatebenefratelli) asumió el manicomio por un largo período, junto a la gestión de la especiería , o laboratorio de drogas –el puerto de Venecia se abría a la medicina árabe. Hoy la farmacia integra el museo y conserva, en sus frascos de porcelana y cerámica, remedios muy preciados entonces, como la “piedra besoar”. Hasta 1873, cuando en la cercana San Clemente se abrió un asilo de mujeres, San Servolo también albergaba a enfermas.
A comienzos del siglo XX, centenares de pacientes salían curados gracias a una alimentación completa. San Servolo atendía a enfermos con los síntomas neurológicos propios de la pelagra, una desnutrición que priva al organismo de niacina y que atacaba a quienes subsistían a base de polenta de sorgo o maíz. Identificada en 1735, la pelagra se caracterizaba por las “tres d”, diarrea, dermatitis y demencia. Los enfermos literalmente se despellejaban –hay numerosas fotografías de ellos–, antes de que sobreviniera la depresión severa. En todo el Véneto existían decenas de pelagrarios. La región siguió teniendo una alta incidencia del mal cuando ya se había erradicado del resto de Italia.
Para acceder a ese pasado, hay que mirar en las historias clínicas los particulares oficios de estos enfermos crónicos y de quienes fueron “traicionados” y depositados en el asilo: campesinos, marineros, mimbreros, soldados. El archivo conserva las fichas de los ingresos a través de la policía, con una hoja de admisión en la Sala de Observación (de alienados) casi idéntica a la que se empleó en Argentina por décadas. Los boletines se atienen al orden del asilo. El archivo no se rige por la fecha de ingreso del enfermo sino por su desenlace en la institución, su salida o su muerte. La caligrafía del médico es extremadamente doctrinaria, con el nombre del enfermo en gótica y la historia en cursiva curricular.
Además de una biblioteca abierta a los sociólogos de la marginación, el archivo es un álbum fotográfico de excedentes humanos. Hablamos de unos 40 mil primeros planos de pacientes, convertidos en entidades subciviles por las reglas de los grandes manicomios. Por eso hay que soportar también la mirada que nos mira, su tiempo arcaico y a la vez perpetuo. Como dice el fotógrafo Raymond Depardon, quien filmó en San Servolo a fines de los 70, bajo el influjo de Michel Foucault: “Hay que ser un voyeur de la desdicha. Mira al fotógrafo, la desmitificación del héroe, el que vive sobre todo de los demás. Pero al psiquiatra también le gusta deambular por estos corredores del siglo XIX...”
¿Qué hay en el retrato?
Los internos de San Servolo eran retratados por un fotógrafo de Venecia que acudía a las casas con su caja fotográfica o los recibía en su estudio, y que más tarde prestó servicio en el hospicio. El encuadre no estaba sujeto al protocolo de Bertillon, como sí sucedía en el Hospicio de las Mercedes, el gran asilo que luego se convertiría en el Hospital José T. Borda. Se trata de retratos ovales desde el siglo XIX hasta los años de 1930, al aire libre o bien con un fondo neutro, en un largo banco. En la isla no se enmascara la inducción de la pose. Si el interno no levanta la cabeza, lo cual es un síntoma psiquiátrico, e impide revelar las facies (expresión) y la moral, entraban en el cuadro manos anónimas. Los brazos del enfermo suelen aparecer, con las manos relajadas sobre cada pierna. Algunos pacientes aparecen con chaleco de fuerza o con chaquetas que cumplen la misma función, de brazos cruzados. También hay fotos de perfil, para mostrar las orejas. Así, el fotógrafo pasa a ser el primer médico, como lo son hoy los analistas de imágenes. La fotografía fue usada en San Servolo hasta mediados de 1970. Cada historia clínica incluye un estudio de cráneo.
Su paciente más estudiado fue Matteo Lovat, un veneciano a quien Lombroso da por zapatero. Padeció “una monomanía religiosa” que lo llevó a la autocrucifixión, murió de marasmo poco después. En la vecina San Clemente murió Ida Dalser, la amante de Benito Mussolini, declarada insana. Desde Margot , la loca de Brueghel, hasta la iconografía de histéricas de Albert Londe, el retrato de la locura en la mujer difiere mucho. Como en el grueso de los manicomios occidentales, se las fotografía de cuerpo entero, al aire libre y casi siempre en movimiento. El encuadre no fija los estigmas de la crimonología sino la manifestación expresiva, casi teatral, de una demencia que se ligaba al aparato reproductor.
Tras la ley Basaglia de desmanicomialización, efectiva desde los años 90, el asilo de San Clemente fue desarmado; hoy es uno de los resorts más caros de Venecia. En una vitrina, el “Guante volumétrico de Mariano Patrizi” evoca toda la imaginación científica de la época. Precursor de la máquina de la verdad, registraba las variaciones del pulso y la reacción emocional a una pregunta: sintetiza hasta qué punto a comienzos del siglo XX la locura se definía por su relación con la verdad y, por lo tanto, vibraba tan cerca del delito.

Agradecemos al IRSESC, Instituto para la Investigacion y el Estudio de la Marginacion Social y Cultural, Italia.





Premios Florencio para niños 2012


Se conocieron los ganadores de los premios Florencio para niños.
Como se sabe desde hace años los Premios Florencio se entregan separados de los  Florencio de espectáculos para adultos. Un evento que tradicionalmente se realiza en diciembre.
En esta oportunidad los Florencios de niños se entregaron en el Teatro del Notariado
Espectáculo niños:  El árbol de la bruja
Espectáculo pre-adolescente: Colón agarra viaje a toda costa
Espectáculo musical:   Compartido. Cazadores de canciones y El soldadito de plomo
Director: Yamilha Castilhos (Colón agarra viaje a toda costa). Angie Oña (El árbol de la bruja).
Director de Musical: Diego Melano y Federico Pereyra (Cazadores de canciones),  Rafael Pence ( El soldadito de plomo).
Actor:  Leonardo Pacella ( Martín y la casa violeta)
Actriz:  Cynthia Patiño ( La Super Pocha)
Actor de reparto:  Juan Gamero ( El soldadito de plomo)
Actriz de reparto:  Lucía Di Pietro
Elenco:  Robin Hood
Vestuario: Angie Oña ( El árbol de la bruja)
Revelación:   Compartido. Paolo Hernández ( La magia del tulipán), Karina Vignola ( Palabras mágicas).
Escenografía: Freddy González ( El árbol de la bruja)
Iluminación:  Juan José Ferragut ( La magia del tulipán )
Letras de canciones: Diego Melano ( Cazadores de canciones)
Texto de autor nacional: En busca de la lente espía ( Estela Mieres)
Ambientación sonora: Diego Melano ( Cazadores de canciones )
Coreografía: Ignacio Cardozo ( Robin Hood)
Menciones por Trayectoria: Ignacio Cardozo, Estela Mieres, Títeres de Cachiporra, Roy Berocay.   

El jurado estuvo integrado por  María Rosa Carbajal, Myriam Caprile, Antonio Baldomir (todos pertenecientes a la Asociación de Críticos Teatrales del Uruguay -ACTU-) y como asesor Hugo Blandamuro.

* (Información aportada por Enrique Sena)

Federico Marotta
con Alessandra
Fernández (arriba)
y Claudia Martini.
Nuestra América
Lita Elena Escobar (Tumaco, Colombia) nos pasea por su Colombia, nos hace conocer la música con raíces afro de Totó la Momposina y del Grupo Socavón. Claudia Martini (Montevideo, Uruguay) y Alessandra Fernández (Trinidad, Uruguay) nos hablan de la Asociación Uruguay Departamento 20 en Baleares, el retorno de uruguayos, sus vidas en Montevideo y Trinidad, la emigración. Claudia nos trajo la música de Laura Canoura y Alessandra poemas de Mario Benedetti.
Los invitamos a escuchar el programa conducido por nuestro coterráneo Federico Marotta en el siguiente enlace: