viernes, 21 de septiembre de 2012


Apuntes de Pintura

El arte como expresión de la realidad

 

 
Ángel Juárez Masares

 

 
Toda manifestación artística lleva implícita naturalmente la impronta del autor. Como tal circunstancia abarca un cúmulo de aspectos muy complejos, solo tomaremos algunos que nos parecen fundamentales, como la convivencia con el arte (no excluyente) en la primera infancia; el incentivo recibido para ingresar en ese mundo y el contacto con maestros, y particularmente la sensibilidad que naturalmente posea cada uno para crear.
La capacidad para desarrollarse vendrá luego de la mano del trabajo, pues nos aferramos a la teoría (no tan teoría) que no es necesario ser un iluminado para ser un buen artista. Estamos convencidos que no existen elementos místicos que promuevan la creación, aunque para no desestimar a los creyentes en la “inspiración”, otorguemos a ella el 1% para cada disciplina de las artes, el 99% restante será trabajo diario, búsqueda, y un extremo rigor con lo que se hace (asunto recurrente en nuestros comentarios). El éxito o el fracaso (si es que existen) estarán determinados por el “techo” intelectual de cada uno.
Leyendo el artículo sobre el Arte Conceptual (en esta misma edición) nos atrevemos a asegurar que las formas de expresión del arte, como las de todo medio de comunicación público, deben tener un componente mas o menos “convencional”, pues nada impide al genio mas original servirse de ciertas “reglas de juego” que le ayuden a hacer comprensible su obra. No hablamos de utilizar la exageración de los contenidos (que puede transformar la obra en un panfleto). Cada uno sabrá componerla integrando rasgos que propongan una lectura mas o menos sutil, pues el exhibicionismo extremo puede llegar a conspirar contra la misma. Es verdad que las fronteras entre estos conceptos no están claramente delimitadas, o en todo caso son fluctuantes, pero su manejo adecuado también forma parte del “ser artista”. Cuanto más firmes los fundamentos que se posean, cuantos mas profundas sus raíces, tanto mas tiempo perdurará una obra en el colectivo al cual va destinada.
Creemos que es posible –por ejemplo- deformar la figura humana, pero para hacerlo hay que aprender primero a “construirla”, y si alguna duda nos acosa, basta solo ver al gran Leonardo y sus cientos de bosquejos previos a cada obra.
Naturalmente que lo anterior no es –ni pretende serlo- un manual sobre “cómo pintar”. Cada uno hará uso de su libre albedrío en estas lides, pero siempre es bueno recordar que la pintura, como la música, la poesía, o la literatura, poseen reglas para que sean tales. Eso permitirá que un cuadro nos “cuente” algo, para lo cual no necesariamente debe ser figurativo, pues un buen abstracto puede “decir” mas que un paisaje mal resuelto, y una poesía mal construida puede tornarse en una recopilación de frases incoherentes.
Si volvemos a mirarnos en el espejo de los grandes maestros, veremos que la reflexión crítica no impide la creación de obras valiosas, todo lo contrario. Rubens, Cézanne, Delacroix, el mismo Leonardo, trabajaron compatibilizando la pasión (con todos sus misterios e interpretaciones), con estudios y operaciones absolutamente racionales.
En nuestros días suele existir una tendencia pública a aplaudir cualquier cosa que esté mas allá de la comprensión humana, en el entendido que el artista es un ser superior dotado de facultades especiales para ello.
Sin embargo quizá nada esté mas lejos de la realidad, y que el artista sea quien pone delante de los ojos de la gente el mundo tal cual es.

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