viernes, 21 de septiembre de 2012


ARTE CONCEPTUAL, NEO-DADÁ O SIMPLE IMBECILI-DAD-Á

 

Hace algún tiempo estuve en el Museo Nacional de Artes Visuales, efervescente de curiosidad por ver la muestra de los Premios Nacionales de Artes Visuales (Carmelo Arden Quin). Para mi sorpresa y desagrado, la gran mayoría de las obras pertenecían a la tan ambigua y desconcertante parcela denominada “Arte Conceptual”. Parrillas con leña, cuadros negros, videos ridículos, un tapón de termo, montoncitos de tierra… Esa gran tropelía de absurdas y descerebradas propuestas “artísticas”, y un par de cuadros bastante mal pintados (los Premios a lo mejor del Arte Nacional), convivían con la belleza pictórica del joven Sáez, de Cúnheo, de Barradas, de Figari, y etcétera. No les da vergüenza (a los vivos), no les dará tristeza (a los muertos). Pasó, esto se adhería, como con moco, a una reciente revisión de los “artistas” que Uruguay había enviado en los últimos años a las Bienales de Arte mas importantes del mundo, pero… pasó. Ahora bien, recientemente tuve oportunidad de retornar al Museo mas significativo del Arte uruguayo. En planta alta, una de las salas mas amplias y seductoras del Museo, me topé, choqué, colisioné, embestí con la muestra artística del aburridísimo Bassi, de quien Abbondanza dice: rara vez como aquí la maestría comparece con tan pocos halagos  (yo diría ninguno) y tanta exigencia (si, hay gente que se exige mucho para ser un epígono estúpido y tardío de los mas cuestionables modismos). Luego continúa: lo notable (escaso o nulo a mi humilde juicio)  del trabajo de Bassi, es que no desenvuelve del todo lo que presenta…Y aquí casi estuvimos de acuerdo. Cuando entré a la sala pensé, al ver esos grandes rectángulos negros con algunas rayitas blancas que lo atravesaban, que Bassi se había olvidado de desembalar los cuadros que trajo envueltos al Museo con esas grandes telas negras atadas con piolitas blancas. Grande fue el desconcierto al acercarme y comprobar que eso, en realidad, eran los cuadros. Las obras de un “artista” contemporáneo, no de un artista muerto hace 50 o 60 años. Completaban la muestra algunas jaulitas de pájaros de tamaños disímiles. Un bodrio. Para culminar con esta enumeración de exabruptos podríamos hablar de la reciente Bienal de Salto, una idea maravillosa malograda nuevamente, por criterios críticos y curatoriales que casi desestimaron por completo la gloriosa y trascendente “Pintura”, para seguir festejando este carnaval inconducente que nos impuso la maquinación del hombre y el culto a lo efímero, a lo tecnológico, y a la ocurrencia del fogonazo mas que a la luz inextinguible de las Bellas Artes. En fin, el estilo tamaño y forma de los insultos que podamos proferir sobre determinados críticos de arte uruguayos, y la reconfortante y sustentable complicidad de algunos artistas (o viceversa) se los dejo a  total criterio de sus buenas y malas costumbres.
Dicen que a partir de los últimos años de 1800, todas las corrientes o vanguardias sucumben en pocas décadas (a veces no llegan a serlo). Convengamos que estas manifestaciones, que ahora no son mas que payasadas, deben buena parte de origen al dadaísmo y a tantos buenos artistas que en su momento marcaron un oportuno y desconcertante rumbo para el Arte, y por ende, ya deberían estar oliendo a podrido.
 
Artículo firmado por Untal “El Sepulturero”, y publicado en el número 22 de la Revista Hipoética (Paysandú).
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