viernes, 21 de septiembre de 2012


Ministerio e industria

 

 

La Dirección de Cultura forma agentes literarios para apoyar al sector editorial.
 
 
Como parte de un programa que busca identificar carencias para potenciar la industria editorial uruguaya, la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) está preparando un grupo de agentes literarios que puedan colocar la producción uruguaya en el exterior, así como hacer valer los derechos de los autores en la cadena comercial. En este marco, el agente literario mexicano Víctor Hurtado estuvo en Montevideo durante la última semana de agosto para brindar un taller a sus futuros colegas uruguayos.
 
 
Desde 2009, el Departamento de Industrias Creativas (Dicrea) puso en marcha un Plan de Refuerzo a la Competitividad del Conglomerado Editorial, que identificaba necesidades en áreas como asociatividad, innovación y tecnología, articulación con el Estado y especialización e internacionalización. Para mejorar en este último punto, se llegó a la conclusión de que, además de distribuir catálogos en el exterior -para ello el año pasado se editó Books of Uruguay-, debían formarse agentes literarios que negociaran la colocación de la producción uruguaya en otros países.
 
El mexicano Víctor Hurtado (Mante, 1974) estuvo en 2010 participando en la elaboración del plan y hace 15 días fue el encargado de impartir, junto a la uruguaya Ana Valdez, un taller dedicado a cinco postulantes convocados en un llamado abierto. Uno de los seleccionados (Victoria Estol, Ariel Collazo, Ilana Marx, Julia Ortiz y Mirtha Villa) representará a nuestro país en las ferias del Libro de Frankfurt y Guadalajara, las más importantes del mundo y América, desde el punto de vista de negociación de derechos de edición, traducción y adaptación al cine.
 
Antiguo integrante de la organización de la Feria de Guadalajara, Hurtado dio en 2006 el salto hacia Europa de la mano de la agente española-estadou-nidense Antonia Kerrigan, cabeza de la agencia que lleva su nombre. Para él, lo importante de la visita a Montevideo fue transmitir su experiencia en la profesión: “Todos nos formamos trabajando, no hay una carrera de agente literario”, dice Hurtado, con quien hablamos poco antes de que regresara a España.
 
-¿Es común que te convoquen desde una institución estatal?
-Hemos dado cursos en distintos ámbitos, pero creo que lo más importante es que cuanto más se hable de derechos de autor, mucho mejor para el sector editorial, para cualquiera de sus componentes, sea un autor, un editor, un traductor y, sobre todo, el lector. Cuantas más herramientas haya para que el libro circule entre países, mucho mejor para la diversidad cultural y literaria del mundo. Esto aplica para cualquier tipo de lengua. Es difícil que los libros en español viajen a otras partes y ésa es una de las tareas fundamentales de los agentes literarios.
 
-Las multinacionales también tienen un papel importante en eso, ya que deciden cuáles de sus autores se editan en las distintas filiales locales.
-Sí, pero esas decisiones también se toman localmente. Los grandes grupos, como cualquier empresa, tienen que cumplir con un objetivo de catálogo y cada una de las casas filiales tiene un límite máximo de libros para publicar al año; dentro de ese límite sabe que cierta cantidad vendrá de otras filiales o de la casa matriz, que suele estar en España. Por ejemplo, si un autor colombiano logra un éxito tremendo, lo más seguro es que las otras filiales también quieran beneficiarse de esto, pero teniendo en cuenta que también tienen que seguir publicando a autores locales. Los directores editoriales de los grandes grupos buscan un balance entre la producción nacional y también incorporar los libros que comercialmente ven factibles desde España y las muy diferentes voces de países donde hay filiales.
 
-¿Cómo inciden los agentes en ese esquema?
-En la agencia Kerrigan la política es dividir los territorios dentro de una lengua, principalmente en español. Antonia Kerrigan fue de las primeras agentes en venir a Latinoamérica, buscar autores, promoverlos en el extranjero y lograr traducciones a muy distintas lenguas. Estamos hablando de negociaciones complejas, porque lo que era la tendencia, no sólo de los grandes grupos, sino de la mayoría de las editoriales, es pretender que la editorial se quedara con todos los derechos posibles de un autor en cuanto a la obra que ellos están publicando, mientras el agente procura el mayor rendimiento de cada una de las obras en distintos territorios. Nosotros vendemos por bloques: sólo España, sólo México, sólo Colombia, Uruguay o Argentina. Cuando un editor nos propone una contratación por derechos mundiales en español lo que nosotros decimos es ‘perfecto, ningún problema, pero vas a tener un período determinado para tener tus libros presentes en estos territorios’. Nos interesa que los derechos sigan vivos, para que ese autor circule en los muy distintos territorios, para que el libro no quede atrapado durante la vigencia del contrato. También tenemos en cuenta los acuerdos económicos entre países; por ejemplo, vendemos para el Pacto Andino, para el Mercosur o Cono Sur, México solo o México con Estados Unidos y Centroamérica. Ahora en España está muy activo que también se conserven los derechos de español para Estados Unidos.
 
-¿La idea al formar agentes aquí es que éstos terminen “exportando” autores uruguayos a esos territorios compartimentados?
-Sí, se vieron todas las posibilidades; que un libro uruguayo pueda cruzar a otro país en Latinoamérica, pensando en las posibilidades que puedan existir en otra lengua. Lo fundamental de que el Dicrea haya tenido la idea de lanzar este programa de capacitación es que se empiece a hablar del gran tema de los derechos de autor en Uruguay, que no se den cosas por sentadas, que haya unos lineamientos y una política editorial común y que el editor lo sepa y lo aplique y el autor sea consciente de que hay unos parámetros a seguir. Que los contratos deben tener una serie de elementos básicos, como pasa en cualquier país donde se introducen normativas para que el mercado sea igualitario. La formación de agentes viene a reafirmar eso: somos parte de un todo, esto es un equipo que involucra a autores, editores, a todos, de cara a trabajar en el extranjero. Y con esto no hablamos sólo de traducciones: es importante que la literatura uruguaya tenga presencia en otros mercados en este continente, como le pasa a la literatura de otros países. Es importante que Uruguay tenga una presencia formal en los circuitos de negociación de derechos de autor, para crear una cartera sólida de clientes en el extranjero, que permita un intercambio y una fluidez entre lo que está pasando en Uruguay y en el extranjero en tiempo real, para que la información llegue a quien pueda negociar con ella.
 
-Últimamente se habla mucho de “derechos de autor” en relación a la piratería, es decir, desde el punto de vista de la industria, en cambio en tu discurso se recupera el sentido anterior, el del autor dentro de la cadena comercial.
-Sí, aquí hablamos de la parte de negocios, no del esquema jurídico legal, que puede estar ya definido por diversas entidades gubernamentales o de control.
 
-El modelo de agente literario viene del mundo anglo, ¿no?
-Es que emanamos de allí. Kerrigan es estadounidense.
 
-Pero en Francia, que tiene una industria editorial desarrolladísima, no es común la figura del agente.
-Tiene que ver con la figura del editor tradicional, el que hace todo por sus autores. Y funcionó: los autores franceses son conocidos en todas partes y tienen una plusvalía tremenda. Pero eso es una política nacional, tiene que ver con una cultura, con una idiosincrasia muy particular de Francia. Por otro lado, ahora empieza el tema de las agencias en ese país. De hecho, la última se fundó en abril y la ha fundado un editor amante de la literatura extranjera, que dice “yo ya luché por los autores extranjeros aquí, creo que se puede hacer otra parte de ese camino siendo agente literario”.
 
-España igual tiene una adelantada en Carmen Balcells, que empezó hace medio siglo...
-Bueno, ella fue el boom. Fue fundamental, tanto por el momento en que decidió crear su agencia literaria como por lo que hizo, que fue fundamental para nosotros: establecer las reglas de juego en el mundo español, en la edición en español. Con ella dejamos atrás modelos que no eran favorables para el autor, por ejemplo. Sin ella los agentes literarios seríamos muy distintos hoy, quizá seguiríamos esquemas de otros países.
 
-¿Qué diferencias hay todavía con el modelo original, el estadounidense?
-La diferencia es una, pero muy grande: en la cultura de la ley romana que aplicamos los pueblos latinos importa mucho el derecho moral, es decir, el reconocimiento de que una obra es creación de una persona y esa persona nunca perderá la condición de creadora. El modelo anglosajón se basa en derechos patrimoniales o de explotación, es decir, esto es un libro y como tal voy a sacar una ganancia de él. Quizá el matiz es muy pequeño, pero en el mundo anglosajón se trata de una industria del libro, que se protege y todo eso, pero que no olvida que esto funciona gracias a todos y todos estamos enriqueciendo al libro, que por lo tanto es un patrimonio de todos. En cambio, en España y el resto del mundo latino lo principal es el autor, no se le puede negar el derecho o cancelar el hecho de que es el creador y de que gracias a él tenemos una obra.
 
-¿Cuál es la ganancia del agente en un contrato estándar?
-La agencia gana cuando el autor gana. Ahí está nuestro principal interés en brindarle resultados al autor. La media mundial de comisiones sobre las ganancias del autor rondaba entre 10% y 15% en español, y ahora está entre 20% y 25%. Hago esta diferencia porque autores que representamos desde hace mucho tiempo siguen teniendo el trato anterior, pero para los nuevos la mayoría de las agencias hemos actualizado a 5% más.
 
-¿La mejora en comunicaciones y la edición digital no debería haber hecho bajar el precio del servicio de un intermediario como el agente?
-Pero sí consideramos que ese precio va en función de beneficios... Como colectivo no creemos que deba haber problema. Hacía años que no ajustábamos el porcentaje y todos los demás insumos sí que han subido. Hay que tener en cuenta que un agente literario está activo todo el año: con infraestructura física considerable, viaja mucho, participa en ferias, contrata su espacio en salones de derechos. Todo eso tiene un costo que a la vez va nutriéndose de los ingresos que vamos generando logrando negocios para los autores. El mundo digital es un mundo por descubrir. En cuanto a que pueda significar un cambio en la relación entre autor y agente, no lo veo así. Es como si me dijeras que un autor se está autopublicando; autopublicarse es más barato que tener un agente e incluso que tener un editor, entonces el autor sabrá ponderar qué le conviene más, si hacer sus cosas directamente, como han hecho algunos, que suben su libro en e-book y aparecen como los más vendidos en un ranking, o ser representado por un agente. Pero aquí también dependerá de la disciplina de cada uno de los autores en función del tiempo que dedique a la literatura. En Estados Unidos una autora joven muy famosa [Amanda Hocking] se hizo millonaria vendiendo libros digitales, y su última novela la vendió a una editorial tradicional. Su respuesta fue: no puedo seguir gestionándome las cosas y seguir escribiendo. Eso es lo que hace un agente, es alguien que da valor agregado y que está trabajando constantemente por tu obra, mientras tú, autor, te dedicas a crear.
 
-¿A Kerrigan les llegan manuscritos de autores, pedidos de las editoriales, ustedes hacen búsquedas?
-Pasa todo. Recibimos alrededor de 120 propuestas no solicitadas por semana de diversos autores de distintas procedencias. Hay autores que nos recomiendan autores amigos, también hay autores que nos piden de editoriales, pero esto es generalmente en el caso de autores de otras lenguas que nosotros representamos para el español y entonces las editoriales nos piden que les enviemos alguna obra porque saben que la tenemos.
 
-¿A qué sirve apostar como agente?
-Esto de los derechos de autor es una ruleta. Antonia dice que es como el póquer: uno piensa que tiene una carta ganadora, y la puede tener, pero resulta que el otro tuvo más suerte -y el otro puede ser un colega o un libro que aparece sorpresivamente- y termina ganando. Si uno no está convencido, se nota. Hay alegrías y también grandes incógnitas acerca de por qué algunos libros funcionan y otros no. De repente tenemos un libro por el que apostamos en grupo, todos estamos de acuerdo en que es fabuloso, pero pasan dos años y no logramos una venta. No lo entiendes. Y está el otro caso, en el que no nos convence mucho un libro, que llegamos a promoverlo en manuscrito, o sea, sin publicar en su lengua original, y logramos resultados fantásticos en otros países.
 
 José Gabriel Lagos
 
 Extraída de: http://ladiaria.com.uy
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