sábado, 24 de agosto de 2013


 A 102 AÑOS DEL ROBO DE LA GIOCONDA



El cuadro recuperado… ¿es en realidad el que pintó Leonardo?




La Gioconda (La Joconde en francés), también conocido como La Mona Lisa, es una obra pictórica de Leonardo Da Vinci. Adquirida por el rey Francisco I de Francia a principios del siglo XVI, desde entonces es propiedad del Estado Francés, y actualmente se exhibe en el Museo del Louvre de París.
Su nombre, La Gioconda (la alegre, en castellano), deriva de la tesis más aceptada acerca de la identidad de la modelo: la esposa de Francesco Bartolomeo del Giocondo, que realmente se llamaba Lisa Gherardini, de donde viene su otro nombre
: Mona (señora, del italiano antiguo) Lisa.
Es un óleo sobre tabla de álamo de 77 x 53 cm, pintado entre 1503 y 1519, y retocado varias veces por el autor. Se considera el ejemplo más logrado de sfumato, técnica muy característica de Leonardo, si bien actualmente su colorido original es menos perceptible por el oscurecimiento de los barnices. El cuadro está protegido por múltiples sistemas de seguridad y ambientado a temperatura estable para su preservación óptima. Es revisado constantemente para verificar y prevenir su deterioro.
Por medio de estudios históricos se ha determinado que la modelo podría ser una vecina de Leonardo, que podrían conocerse sus descendientes y que la modelo podría haber estado embarazada. Pese a todas las suposiciones, las respuestas en firme a los varios interrogantes en torno a la obra de arte resultan francamente insuficientes, lo cual genera más curiosidad entre los admiradores del cuadro.
La fama de esta pintura no se basa únicamente en la técnica empleada o en su belleza, sino también en los misterios que la rodean. Además, el robo que sufrió en 1911, las reproducciones realizadas, las múltiples obras de arte que se han inspirado en el cuadro y las parodias existentes contribuyen a convertir a La Gioconda en el cuadro más famoso del mundo, visitado por millones de personas anualmente.

Acerca del robo
Un comerciante argentino llamado Eduardo Valfierno convenció al carpintero italiano Vincenzo Peruggia (ex empleado del Museo del Louvre) para que robase el cuadro, con el fin de venderlo por una cifra millonaria. El 21 de agosto de 1911, Peruggia llegó al Museo del Louvre a las 7 de la mañana, vestido con un blusón de trabajo blanco como los utilizados por el personal de mantenimiento del museo, descolgó el cuadro y a continuación, en la escalera Visconti, separó la tabla de su marco, abandonando éste último. A continuación salió del museo con el cuadro escondido bajo su ropa, colocándolo posteriormente en una valija. Cuando poco después el pintor Louis Béroud entró a la sala para ver el cuadro notó su ausencia y avisó de inmediato a la policía. El museo permaneció cerrado durante una semana para proceder a la investigación.
Valfierno hizo un gran negocio con cinco coleccionistas estadounidenses y uno brasileño, a quienes vendió seis falsificaciones, realizadas por el pintor Yves Chaudron, cobrando a cada uno trescientos mil dólares.
Unos años antes el museo había sufrido el robo de otras varias piezas, lo cual hizo suponer a la policía que ambos acontecimientos estaban relacionados. Esta suposición se mantuvo hasta el 6 de septiembre de 1911, cuando se capturó errón
eamente al escritor Guillaume Apollinaire, quien fue declarado inocente más adelante. Su propuesta de quemar el museo, aduciendo que allí se "encarcelaba el arte", le había hecho sospechoso . Junto con él fue investigado el pintor Pablo Picasso, debido a que tenía antecedentes de comprar objetos de arte de origen dudoso. Picasso posteriormente también fue declarado inocente. Al mismo tiempo que se realizaban las investigaciones sobre el robo, se capturó al aventurero belga Honoré-Joseph Géry Pieret, quien confesó ser el autor de otro robo acaecido en 1906, pero no del de La Gioconda. Durante su ausencia en el museo, la afluencia de visitantes se mantuvo; acudían (en menor número) a apreciar el hueco dejado en la pared por el cuadro que había sido hurtado.
La pintura fue recuperada dos años y ciento once días después del robo, registrándose la captura de Peruggia. El detenido intentó vender el cuadro original al director de la Galleria degli Uffizi, Alfredo Geri, quien se hizo acompañar de la policía. Peruggia alegó que su intención era devolver la obra a su verdadera patria, y que él sólo era víctima de un estafador; el jurado lo sentenció a un año de prisión. Antes de regresar al museo, la pintura se exhibió en Florencia, Roma y Milán. En 1931, Valfierno contó su historia a un periodista estadounidense, revelando la identidad de los estafados con las falsificaciones.
Tras dicho robo, algunos pintores afirman que puede dudarse de la originalidad del cuadro en exhibición, puesto que fácilmente puede ser una copia. Durante la Segunda Guerra Mundial, el cuadro fue custodiado en el castillo de Amboise y posteriormente en la abadía de Loc-Dieu.


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