sábado, 25 de julio de 2015

Carlos Liscano: “María Julia Muñoz me dijo que no se va a ocupar de la cultura”

Carlos Liscano habló con El Telescopio sobre sus inicios en la literatura a partir de una decisión tomada en la Cárcel, donde estuvo recluido como preso político entre 1972 y 1985. Escribió narrativa, teatro y poesía, y confiesa que en su casa paterna “nunca hubo libros”.
El reconocido autor uruguayo contó cómo llegó a ser director de la Biblioteca Nacional hasta que, debido a fuertes diferencias con la actual ministra de Educación, María Julia Muñoz, tuvo que dejar el cargo. Aunque piensa que su salida del puesto ya estaba “decidida” desde antes.

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¿Cómo comenzó su actividad en la literatura?

Empecé a escribir el 1 de febrero de 1981, lo recuerdo perfectamente. En 1980 estaba en el Penal de Libertad y me propuse dejar de estudiar matemática y comenzar a escribir una novela. Como cuando uno empieza un régimen para adelgazar, lo fui posponiendo pero finalmente el 1 de febrero del año siguiente comencé. Escribí una novela durante seis meses a pesar de que estaba prohibido escribir en el penal. Lo hacía a mano y con letra pequeña. La novela se llamaba La Mansión del Tirano. Aquella versión original no fue publicada porque un oficial me la requisó. Un año después, de puro tozudo, volví a escribirla pero no me salió igual.
La escritura era una disciplina intelectual que me ayudaba a vivir en ese contexto. Nunca más la recuperé aquel original, aunque la he pedido al Ministerio de Defensa.


¿Qué fue lo más difícil a la hora de narrar sus historias?
Yo nunca supe escribir una historia, con principio, medio y final. Aún no lo sé. Lo mío tiene tendencia a la abstracción, al juego, al trabajo con el lenguaje. En la cárcel uno trata de no escribir sobre la cárcel. El personaje de mi novela se llamaba Hans porque no había ningún Hans en el Penal.
En aquel momento pensé que la obra no tenía referencia a la cárcel. Lo que era ingenuo porque después los críticos dijeron “pero esto es notorio que es un reflejo de la cárcel aunque no nombra la nombra en ningún momento”. Las condiciones materiales se imponían aunque yo trataba de que no aparecieran de forma directa.
Yo me creía escritor, no que iba a ser escritor. Yo me convencí que ya era escritor. Cosa que es un delirio como cualquier otro de un preso que se cree profeta o santo. Me creía escritor y cuando salí de la cárcel, salí para ser escritor solamente. Ninguna otra cosa.

¿Cómo se involucra luego con la cultura?
Nunca me propuse vincularme a la cultura. He sido curioso y estudioso, y la literatura es un vínculo muy fuerte con la creación cultural.
Estudié matemática y di clases en Suecia, cosa que me sirvió para ganarme la vida. También fui profesor de español. Escribí con una compañera un libro para la enseñanza del español a los suecos. Esos materiales aún se usan y seguimos cobrando derechos de autor por ellos luego de veinte años.
Cuando volví a Uruguay en 1996 no tenía ni oficio, ni profesión. Recuerdo que la gente fue muy solidaria en ese momento. Empecé a escribir en El País Cultural, en Brecha. Fui director de una editorial y leía los originales. Además di clases en la ORT. También tuve un taller literario. Hice muchas cosas para sobrevivir.
Luego de venirme para acá, me empezó a ir muy bien en Francia con el teatro. Cuando regresé pensé que nunca más iba a ir a Europa y terminé viajando con mucha frecuencia. Sobre todo a Francia a los festivales de teatro. Luego empezó a publicarse mi narrativa en ese país. Como resultado del vínculo me dan el título de Caballero de las Artes y las Letras. Es una condecoración que da el Ministerio de Cultura de allá. Fue propuesto por el embajador de Francia, a mis espaldas. Es una distinción honorífica. Es un orgullo porque mis padres fueron hasta tercer año de escuela rural. En mi casa no había libros. Que su hijos haya llegado a ser viceministro de Cultura, Director de la Biblioteca Nacional, Caballero de las Artes y las Letras…sé que estarían muy orgullosos.

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¿Cómo llega a la Biblioteca Nacional?

En la última edición del 2008 de Brecha escribí una crítica al gobierno de Vázquez por todo lo que no había hecho en materia de cultura. Entre las críticas estaba el nombramiento de Jorge Brovetto como ministro de Educación y Cultura, ya que era también presidente del Frente Amplio. Dos trabajos tiempo completo. No podes aceptar un trabajo así si sos presidente del FA. No se pueden encarar los dos por la demanda que conllevan.
También mencioné la confusión (todavía vigente) entre cultura y educación, que son cosas totalmente diferentes. Si uno mezcla cultura con la educación, para qué queremos la opera, el ballet. Los niños tienen que aprender a dividir, a escribir sin faltas de ortografía. En el gobierno siempre van a confundir y van a decir que el fútbol, la taba y las artesanías son cultura. Pero la cultura es el ballet de Julio Boca, la ópera, la literatura. Es el estímulo a la creación. La alta cultura es tomada como burguesa y es despreciada, pero es lo que tira para arriba el resto de la sociedad.
Luego en 2009, durante las elecciones, hubo unas renuncias en el ministerio. Una noche me llamó Miguel Ángel Toma (que ahora también es secretario de la Presidencia) para ofrecerme el cargo de Subsecretario. Le pregunte: “¿Tabaré Vázquez está bien de la cabeza?” y me dijo “sí, está muy bien”. Y le dije: “pero mire que yo de administración del Estado no sé nada”, y me dijo que no importaba porque iba a tener todos los asesores que necesitara. El cargo era por seis meses y acepte. La ministra era María Simón y me encomendó que me encargara de la Biblioteca Nacional que tenía problemas. Y no sé si como premio, o como castigo, me dejaron en la la Biblioteca. El edificio tiene 15 claraboyas y en ese momento se llovían todas. Estaba lleno de baldes negros para las goteras. A la noche, cuando el personal se iba se tapaban las mesas con nailon para que los materiales no se mojaran. No había personal de mantenimiento, la instalación eléctrica era un peligro. Muchos baños estaban tapados. Estábamos lejos de cualquier teoría. Yo contraté una cooperativa de trabajo del Ministerio de Desarrollo (lo cual me costó mucho trabajo) y empezamos a trabajar con el Ministerio de Obras Públicas. La cooperativa aún sigue trabajando y ha transformado toda la biblioteca. Yo controlaba todas las obras, a las nueve de la mañana me reunía con ellos y les preguntaba que iban a hacer.

¿Cuáles fueron las principales dificultades que tuvo al asumir las en esa institución?
Lo más difícil fue que nadie sabía nada sobre qué es la Biblioteca Nacional ni para que servía. Nadie en todo el país. Y todos decían que había que hacer cosas: una biblioteca infantil, por ejemplo. Y yo tenía dudas y para salir de ellas organizamos un simposio en abril de 2011 para ver qué Biblioteca debía tener Uruguay. Invitamos a la Escuela de Bibliotecología, a la Asociación de Bibliotecólogos, a representantes de las bibliotecas nacionales de Argentina, Brasil, Chile, Francia y Alemania. También vino el presidente de la Comisión de Patrimonio de España.
En ese debate de tres días empezamos a tener claro qué era lo que no había que hacer. Nada de biblioteca infantil, nada de estímulo a la lectura, nada de reclutar lectores jóvenes. Los que van a estas bibliotecas son los investigadores: los historiadores, los periodistas, los académicos, los críticos literarios y los estudiantes universitarios de nivel muy avanzado. Nos quedó claro que tiene solamente dos tareas: el control bibliográfico nacional (debe tener todo lo que se imprime en el país, incluyendo los volantes que se tiran en la calle o la publicidad) y debe investigar y producir conocimiento nuevo sobre su propio acervo.
Una biblioteca es un catálogo, sin él es un montón de libros. La nuestra es pública. Vos podes ir a pedir Balzac o FoucaultEn la de México no pasa eso, solo podes ir a pedir libros de ese país o que hablen sobre él. En cambio acá hay que catalogar libros extranjeros. Tenés que catalogar las obras de Balzac cuando no hemos podido hacerlo con autores nacionales por falta de personal y de tiempo.
Reflotamos la política de archivo. Yo mismo iba a las casas de las viudas de los autores y les comentaba que los documentos de ellos se pierden si se quedan en la casa.
También reestructuramos el departamento de Investigaciones y generamos condiciones de trabajo adecuadas. En cinco años hicimos 40 indagaciones originales sobre el acervo de la Biblioteca en diferentes áreas y también publicaciones de homenaje. Todo esto ubicó al departamento como un referente académico nacional e internacional.
Informatizamos la Biblioteca. En 2009 no había computadoras en el edificio.
Creamos un espacio para los jóvenes porque ellos lo que necesitan es el espacio, no lo materiales. Los muchachos que vienen a estudiar al centro, ya sean de la periferia o de otros departamentos, pasan el día y no tienen donde ir. No se pueden ir a un boliche porque cuesta plata. Queríamos que los jóvenes se dieran cita en nuestra institución. En área que creamos pueden estudiar en grupo, tomar mate, etc. En seguida se llenó.

¿Cómo se dio el choque que tuvo este año con la actual ministra de Educación, María Julia Muñoz? Usted dijo que el tema venía desde 2009.
Lo que pasó con Muñoz era crónica de una muerte anunciada, tarde o temprano íbamos a chocar. Tiene un estilo de funcionamiento totalmente distinto al de Erlich. Con él nos reuníamos todos los directores del Mec y todos discutímos, opinábamos, y él escuchaba. Yo podía decirle que no, porque estaba defendiendo mi institución. Un buen jefe valoraría eso. Con la nueva ministra lo que se imponía era el silencio. Primero ella dijo que no se iba a ocupar de Cultura. Me lo dijo en enero. Ahora si no se ocupa de eso, ¿de qué se ocupa?
Hasta 2009 no ocupé ningún cargo. Me prometí que nunca iba a tener un jefe político y terminé como terminé. Es lo peor tener un jefe político porque entonces ya no sos libre de opinar.

¿La ministra les explicó de qué se iba a ocupar?
De educación. Empezamos mal porque ella no se iba a ocupar, y por lo tanto, no se iba a reunir con nosotros nunca. Nos derivó al Director de Cultura.

¿Qué argumentó? ¿Qué le llevaba mucho tiempo? ¿Qué no había recursos?
Nada. No dijo nada. Cuando salimos de esa reunión dijimos “bueno esto es un bajón”. Pero pensábamos que si no se iba a ocupar, capaz que tampoco molestaba.

Yo era presidente del Consejo de Autor desde 2013, un cargo honorario. Éste tenía cinco integrantes, una funcionaria que trabajaba 4 horas por día y un contador. Después llevé dos asesores letrados honorarios. Ese personal apenas cubría las necesidades. Entonces en los primeros días de marzo nos enteramos que la ministra se llevó a la única funcionaria que teníamos. Por lo tanto, ya no había quien atendiera el teléfono, abriera una carta, nada. En abril nos enteramos que se llevó al contador. Quedó desierta la oficina. Además me dijo que la oficina tenía que ir para la Biblioteca Nacional. Yo le dije al director de Secretaría del Ministerio que me parecía inconveniente porque allí no hay lugar. La ministra dijo que igual había que trasladarla. Entonces me negué a cumplir la orden. Un periodista de El País me preguntó y le dije que el Consejo no estaba funcionando porque no tenía personal. Salió el artículo en el diario y Muñoz me hizo llamar por el director de Secretaría, Jorge Papadópulos, para decirme que si bien lo que dije era cierto, eso se conversaba internamente no en la prensa y que, por lo tanto, renunciara a la Biblioteca. Le dije que me parecía excesivo porque era información conocida. Le pedí que reconsiderara la medida porque además era absurdo que me sacara de la Biblioteca y no del Consejo. Dos horas después me llamó para decirme que tenía que presentar la renuncia. Y le dije: “mirá yo no renuncio a mi me nombró el Presidente de la República, no la Ministra. Si quieren hagan el trámite para que Vázquez me sustituya”. Después de eso hubo declaraciones de ella, declaraciones mías y saque una carta en Búsqueda. Luego supimos que esto estaba decidido en marzo. Yo asumí el 1º y el 23 ya le habían ofrecido el cargo a la actual directora de la Biblioteca, que es la mujer del subsecretario del Ministerio de Turismo. Y bueno como dice el refrán: “otros vendrán y bueno me harán”.

Extraído de: http://eltelescopio.com.uy/
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